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PAUL WATZLAWICK: PREDICCIONES PARADÓJICAS

 

                                                        Todo es cuestión de elegir bien la escuela.

 

A comienzos de la década de 1940 hizo su aparición una nueva paradoja, particularmente fascinante. Aunque su origen parece desconocido, llamó enseguida la atención y se la ha tratado ampliamente desde entonces en una variedad de trabajos, nueve de los cuales aparecieron en la revista Mind. Como veremos, esta paradoja es de particular interés para nuestro estudio, porque deriva su fuerza y su encuentro del hecho de que solo resulta concebible como una interacción en curso entre dos personas.

Entre las diversas versiones de la esencia de esta paradoja, hemos elegido la siguiente:

El director de una escuela anuncia a sus alumnos que pondrá un examen inesperado durante la semana siguiente, esto es, cualquier día entre el lunes y el viernes. Los estudiantes, que parecen constituir un grupo

“Diré que el examen será sorpresa para que cuando piensen que es imposible que sea sorpresa los pille finalmente por sorpresa y los suspenda a todos”. Algo así debió pensar el profesor.

insólitamente ingenioso, le señalan que, a menos que viole los términos de su propio anuncio y no se proponga poner un examen inesperado algún día de la semana siguiente, tal examen no puede tener lugar. Argumentan que, si hasta el jueves no se ha puesto el examen, entonces es imposible ponerlo por sorpresa el viernes ya que este sería el único día posible que queda. Pero, si ello permite eliminar el viernes como posible día para el examen, el jueves también queda eliminado por idéntica razón. Evidentemente, el miércoles a la noche quedarían solo dos días: jueves y viernes. El viernes, como ya se demostró, queda eliminado, con lo cual solo queda el jueves, de modo que un examen puesto el jueves ya no sería inesperado. Mediante idéntico razonamiento, también resulta posible eliminar eventualmente el miércoles, el martes y el lunes: no puede haber un examen inesperado. Cabe suponer que el director escucha en silencio su “prueba” y luego, pone el examen por ejemplo, el jueves a la mañana. A partir del momento en que hizo el anuncio, él tenía planeado ponerlo ese día. Por otro lado, ellos se enfrentan ahora a un examen totalmente inesperado, inesperado precisamente de que se habían convencido de que no podía ser inesperado.

En este pasaje no resulta difícil distinguir los rasgos ya familiares de la paradoja. Por un lado, los estudiantes se han lanzado a lo que parece ser una deducción lógica rigurosa a partir de las premisas establecidas por el anuncio del director y han llegado a la conclusión de que no puede haber un examen inesperado durante la semana siguiente. El director, por su parte, evidentemente puede poner ese examen cualquier día de la semana sin violar en lo más mínimo los términos de su anuncio. El aspecto más sorprendente de esta paradoja radica en el hecho de que, un análisis más cuidadoso revela que el examen puede

“El pensador”. Dibujo de Kafka.

ponerse incluso el viernes y, no obstante, constituir una sorpresa. De hecho, la esencia de este episodio es la situación existente el jueves a la noche, mientras que la inclusión de los otros días de la semana solo sirve para adornar el relato y complicar secundariamente el problema. A partir del jueves a la noche, el viernes es el único día posible que queda, lo cual hace que el examen se convierta en algo previsible. “Debe ser mañana, si es que hay un examen; no puede ser mañana, porque no sería inesperado“; así es como lo ven los alumnos. Ahora bien, esta deducción misma de que el examen es previsible y por lo tanto imposible, permite que el maestro ponga un examen inesperado el viernes o, si a eso vamos, cualquier otro día de la semana, en completo acuerdo con los términos de su anuncio. Aunque los estudiantes comprendan que su conclusión de que no puede haber un examen inesperado es precisamente la razón por la cual se les puede poner inesperadamente, su descubrimiento no los ayuda en absoluto. Sólo sirve para probar que si el jueves a la noche esperan que el examen se ponga el viernes, con lo cual excluyen la posibilidad de que tenga lugar, de acuerdo con las reglas del director, entonces es posible ponerlo inesperadamente, lo cual lo convierte en algo completamente previsible, lo cual lo hace totalmente inesperado, y así sucesivamente ad finitum. Por lo tanto, no es posible predecirlo.

Aquí entonces, tenemos otra verdadera paradoja pues

             Así ad finitum

  1. el anuncio contiene una predicción en el lenguaje de los objetos (habrá un examen);
  2. contiene una predicción en el metalenguaje que niega la posibilidad de predecir 1) esto es, “el examen (predicho) será imprevisible“;
  3. ambas predicciones son mutuamente excluyentes;
  4. el director puede impedir eficazmente que los estudiantes salgan de la situación creada por su anuncio y obtenga la información adicional que les permita descubrir cuál es la fecha del examen. []

Para cumplir con la predicción contenida en su anuncio, el director necesita que los estudiantes lleguen a la conclusión contraria (esto es, que un examen como el anunciado es lógicamente imposible), pues solo entonces surge una situación en la que su predicción de un examen inesperado puede justificarse.

                    Alumnos inteligentes destrozados por la paradoja

Pero esto equivale a decir que el dilema solo surge gracias a la capacidad intelectual de los estudiantes. Si no fueran tan ingeniosos probablemente pasarían por alto la sutil complejidad del problema y esperarían que el examen fuera realmente inesperado, con lo cual llevarían al director ad absurdum. Ya que si aceptan, ilógicamente, el hecho de que se debe esperar lo inesperado, ningún examen en momento alguno entre el lunes y el viernes sería inesperado para ellos. ¿No se tiene la impresión de que una lógica defectuosa daría a su enfoque una apariencia más realista? Pues no hay razón por la que el examen no pueda ponerse inesperadamente cualquier día de la semana, y solo los estudiantes muy inteligentes pasan por alto este hecho innegable.

En la labor psicoterapéutica con esquizofrénicos inteligentes, uno se siente tentado una y otra vez a llegar a la conclusión de que estarían en condiciones mucho mejores, mucho más normales, si de alguna manera pudieran reducir la agudeza de su pensamiento y aliviar así el efecto paralizante que tiene sobre sus acciones. []

Si como vimos en S.6.4.3.5., el doble vínculo determina una conducta muy similar a la de los subgrupos paranoide, hebefrénico y catatónico de la esquizofrenia, respectivamente, parecería que las predicciones paradójicas estuvieran relacionadas con conductas que sugieren la inercia y la abulia típicas de la esquizofrenia simple.

 

         (Extraído de aquí)

 

AFORISMO

Wassilij Grigorjewitsch Perow – Los padres

“La madurez es la capacidad de hacer algo aunque tus padres te lo hayan recomendado”

PAUL WATZLAWICK

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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PAUL WATZLAWICK: EL DELICADO ARTE DE REESTRUCTURAR

“Es sábado por la tarde y todos los chicos están de vacaciones, excepto Tom Sawyer, que ha sido condenado a enjabelgar treinta yardas de vallas de nueve pies de alto. La vida le parece vacía y la existencia una carga. No es solamente el trabajo aquello que encuentra intolerable, sino especialmente la idea de que todos los chicos que pasen se reirán de él por tener que trabajar. En este sombrío y desesperado momento, refiere Mark Twain, le ilumina una súbita inspiración. Nada menos que una grande y magnífica inspiración.
A los pocos instantes acierta a pasar por allí un chico, aquel ante el cual Tom teme más hacer el ridículo.
-Hola chico, con que trabajando ¿eh?
-¡Cómo! ¿Tú por aquí, Ben? No me había dado cuenta.
-Me voy a nadar. ¿No te gustaría venir? Pero ya veo que tienes que trabajar, ¿no te gustaría? ¡Apuesto a que te gustaría!
Tom contempló un momento al otro chico y le dijo:
-¿A qué llamas trabajar?
-¿Cómo? ¿Es que eso no es trabajo?
Tom reanudó su tarea de enjabelgar y contestó negligentemente:
-Bueno, puede que lo sea y puede que no le sea. Todo lo que sé es que le gusta a Tom Sawyer.
-Vamos, ¿no querrás decir que te gusta esto?
La brocha continuaba moviéndose.
-¿Gustarme? Bueno, no sé por qué no habría de gustarme. ¿Es que un chico tiene ocasión de encalar una valla todos los días?
Esto lanzó nueva luz sobre el asunto. Ben dejó de mordisquear su manzana. Tom hacía oscilar la brocha elegantemente de un lado a otro, dio un paso atrás para observar el efecto, agregó un toque aquí y allá, volvió a observar con ojo crítico el efecto obtenido. Ben observaba cada uno de sus movimientos y se mostraba cada vez más interesado, cada vez más absorto. De repente dijo:
-Oye, tom, déjame blanquear un poco.

Hace media tarde, la valla tiene tres capas de pintura y Tom está literalmente rebosante de riqueza: un chico tras otro ha repartido con él sus bienes por el privilegio de pintar parte de la valla. Tom ha tenido éxito reestructurando su ingrata faena y convirtiéndola en un placer por el cual hay que pagar y sus amigos, como un solo hombre, han seguido este cambio en cuanto a la definición de la realidad.”

(De “Cambio“. Paul Watzlawick. Weakland y Fisch. Herder)

PROBLEMAS CREADOS POR EL "MÁS DE LO MISMO"

“Opinamos  que la misma complicación está en la raíz de numerosos problemas humanos, de índole contumaz, en los que el sentido común indicaría que el modo de contrarrestar un hecho doloroso o perturbador consistiría en introducir su contrario en la situación. Así por ejemplo ¿qué sería más natural para los parientes y amigos que intentar animar a una persona deprimida? Pero lo más seguro es que esta última no sólo no se beneficie con ello sino que hunda más aún en su depresión. [] Guiados por la razón y el sentido común, son incapaces de ver (y el paciente es incapaz de decir) que lo que esta ayuda involucra es una exigencia de que el paciente tenga ciertos sentimientos (alegría, optimismo, etc) y no otros (tristeza, pesimsmo, etc). El resultado de ello es que si el paciente presentaba en un principio una tristeza tan sólo temporal, ésta se mezcle ahora con sentimientos de fracaso, de maldad y de ingratitud con respecto a aquellos que le aman tanto y están esforzándose tanto por ayudarle. Es esto último lo que constituye entonces la depresión y no la tristeza original. []

Una forma esencialmente idéntica y contraproducente de resolver problemas es la intentada por una persona que tiene dificultad en dormirse, trastorno muy corriente y conocido prácticamente por todo el mundo. El error en que incurren la mayoría de los que padecen insomnio es el de intentar forzarse a si mismos a dormir mediante un acto de voluntad, con lo que únicamente logran mantenerse aún más despiertos. El sueño, por su propia naturaleza, es un fenómeno que tan sólo puede tener lugar espontáneamente, pero no puede ocurrir por sí solo si se le desea mediante un esfuerzo de voluntad. [] La cura que intenta el insomne se convierte en realidad en su enfermedad. La fórmula de “más de lo mismo” puede dar aquí lugar a cambios dietéticos, a modificaciones en el horario de irse a la cama, a la toma de hipnóticos y a una subsiguiente dependencia con respecto a fármacos; cada uno de estos pasos, en lugar de resolver el problema, lo intensifica.

En la psicoterapia conyugal, se puede observar frecuentemente cómo ambos esposos adoptan conportamientos que cada uno de ellos considera como la reacción más apropiada frente a algo mal hecho por el otro. Es decir, cada uno de ellos considera el comportamiento correctivo particular del otro como aquel comportamiento que precisa corrección. Así por ejemplo, una mujer puede tener la impresión de que su marido no es lo suficientemente abierto a su respecto, como para decirle dónde va, qué es lo que piensa, qué es lo que hace cuando está fuera de casa, etc. Como es natural, intentará obtener la información que desea dirigiéndole preguntas, vigilando su comportamiento y sometiéndole a prueba de otros modos. Si él, por su parte, considera la conducta de su mujer demasiado entrometida, se negará a proporcionarle una información que en sí puede ser bastante inocente y carecer de importancia –para enseñarle a no meterse en lo que no le importa– ; pero en lugar de conseguir que ella renuncie a su actitud, tal tentativa de solución no solamente no da lugar a que ella cambie de comportamiento en el sentido que él desea, sino que hace que aumenten las preocupaciones y la desconfianza de ella: si no me quiere contar ni esas pequeñas cosas es que debe haber algo más.

Cuanto menos la informa él, más insistirá ella en enterarse, y cuanto más insista ella, tanto menos cederá él. Cuando por último acuden al psiquiatra, este diagnosticará el comportamiento de la esposa como de celos patológicos, siempre que no preste atención al modo de interacción de los cónyuges y a las soluciones que intentan y que constituyen el auténtico problema.
Lo que los ejemplos antes citados tienen en común y desean demostrar es que, en determinadas ciscunstancias, pueden surgir problemas como mero resultado de un intento equivocado de cambiar una dificultad existente y esta clase de formación de problemas puede surgir en cualquier aspecto del funcionamiento humano: individual, dual, familiar, sociopolítico, etc . En el caso de los dos esposos, el observador tiene la impresión de que se trata de dos marineros, inclinado cada uno de ellos a un lado de la barca a fin de mantener el equilibrio de ésta; cuanto más se incline uno de ellos fuera de la borda, tanto más se ha de inclinar el otro para compensar la inestabilidad creada por el primero en sus tentativas para estabilizar la embarcación, mientras que ésta última permanecería bastante estabilizada a no ser por los acrobáticos esfuerzos de sus tripulantes (ver fig. 3). No resulta difícil observar que para hacer cambiar tan absurda situación, uno de ellos debe hacer algo que parece bastante irracional, es decir: inclinarse menos y no más fuera de la borda, ya que ello forzará inmediatamente al otro a hacer lo mismo (a no ser que quiera acabar cayendo al agua) y así ambos acabarán confortablemente instalados en el interior de la embarcación, permaneciendo ésta bien equilibrada. []
Existen innumerables situaciones en las que una desviación de una norma puede retornar a ésta última mediante la aplicación de su contrario. En términos de la teoría cibernética, se trataría de un sencillo fenómeno de feedback negativo mediante el cual un sistema recupera y mantiene su estabilidad interna. []
A riesgo de parecer que nos enredamos en minucias semánticas, deseamos establecer aquí una clara distinción entre nuestro uso de los términos dificultades y problemas. Cuando en lo que sigue hablemos acerca de dificultades, nos referiremos sencillamente a un estado de cosas indeseable que, o bien puede resolverse mediante algún acto de sentido común (por lo general cambio tipo1) y para el cual no se precisan especiales capacidades para resolver problemas, o bien, con mayor frecuencia, nos referiremos a una situación de la vida, indeseable pero por lo general bastante corriente, y con respecto a la cual no existe solución conocida y que hay que saber sencillamente conllevar, al menos durante cierto tiempo. Cuando hablamos de problemas nos referiremos a callejones sin salida, situaciones al parecer insolubles, crisis, etc, creados y mantenidos al enfocar mal las dificultades. Existen fundamentalmente tres modos de enfocar mal las dificultades:


1- Intentar una solución negando que un problema lo sea en realidad: es preciso actuar, pero no se emprende tal acción.








2- Se intenta un cambio para eliminar una dificultad que desde el punto de vista práctico es inmodificable o bien inexistente: se emprende una acción cuando no se debería emprender.








3- Se comete un error de tipificación lógica y se establece un juego sin fin cuando se intenta un cambio1 en una situación que tan sólo puede cambiarse a partir del nivel lógico inmediatamente superior (por ejemplo, el problema de los nueve puntos o bien los errores de sentido común ilustrados en los ejemplos de la depresión, el insonmio y los celos) o bien, se intenta un cambio 2 cuando resultaría adecuado un cambio 1: la acción es emprendida a un nivel equivocado.”

(De “Cambio”. Watzlawick, Weakland y Fisch. Herder)

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