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ERICKSON EDUCANDO A SUS HIJOS: “NO TENGO POR QUÉ HACERLO”

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“Niña leyendo el periódico” de Pedro Bas

Un domingo, todos en la familia estábamos leyendo el periódico, cuando de pronto Kristi (que tenía entonces dos años) se acercó a su madre, le arrancó el periódico de las manos y lo tiró al piso. Su madre le dijo: “Kristi, eso que hiciste no está bien. Recoge el periódico y devuélveselo a tu madre. Dile que le pides perdón.”

No tengo por qué hacerlo“, contestó Kristi.

Todos los integrantes de la familia aconsejaron lo mismo a Kristi, y su respuesta fue idéntica en todos los casos.

En 1948, Milton Hyland Erickson, MD, se trasladó con su familia de Eloise, Michigan a Phoenix, Arizona. El clima cálido y seco, se le dijo, podría mejorar su salud. Así se estableció en el Valle del Sol, donde vivió y trabajó hasta su muerte en 1980. Con su esposa, Elizabeth, el Dr. Erickson pasó los últimos diez años de su larga y distinguida la vida en una casa modesta, de estilo ranchero en Hayward Avenida. La casa se encuentra cerca de la majestuosa montaña de Phoenix preservar el cual abarca Piestewa Peak (anteriormente conocido como Squaw Peak), uno de los paisajes naturales locales favoritos, del Dr. Erickson.

En 1948, Milton Hyland Erickson, se trasladó con su familia de Eloise, Michigan a Phoenix, Arizona. El clima cálido y seco, se le dijo, podría mejorar su salud. Así se estableció en el Valle del Sol, donde vivió y trabajó hasta su muerte en 1980. Con su esposa, Elizabeth, el Dr. Erickson pasó los últimos diez años de su larga y distinguida la vida en una casa modesta, de estilo ranchero en Hayward Avenida. La casa se encuentra cerca de la majestuosa montaña de Phoenix (anteriormente conocido como Squaw Peak), uno de los paisajes naturales locales favoritos, del Dr. Erickson.

Entonces yo le pedí a mi hija Betty que la levantara y la llevara al dormitorio. Me acosté en la cama y Betty la dejó caer a Kristi junto a mi. Kristi me miró desdeñosamente y empezó a escabullirse, pero yo la agarré de un tobillo. “¡Soltame!”, gritó. Yo le contesté: “No tengo por qué hacerlo“.

Eso duró cuatro horas. Me pateó y lucho conmigo; pronto consiguió liberar ese tobillo pero yo le tomé el otro. Fue una batalla terrible, un combate silencioso entre dos titanes. Al término de las cuatro horas, ella se dio cuenta de que no podía ganar y dijo: “Levanto el periódico y se lo doy a mami.

Fue allí cuando descargué el golpe: “No tienes por qué hacerlo“, le dije.

Ella puso su cerebro a trabajar a mayor velocidad y replicó: “Levanto el periódico y se lo doy a mami. Y le pido perdón.”

No tienes por qué hacerlo“, le repetí.

Se lanzó a toda velocidad: “Levanto el periódico. Quiero levantar el periódico. Quiero pedir perdón a mamá.”

Está bien“, acepté yo.

 

Erickson podría haberla dejado ir a Kristi una vez que ella “se dio por vencida”, pero persistió hasta que la niña trocó su “No tengo por qué hacerlo” en un “Quiero hacerlo“. En ese momento había interiorizado la actividad socialmente conveniente. Nunca se describió de una manera tan sucinta, como hace Erickson en esta historia, el desarrollo de la conciencia moral o superyó.

 

(Extraído de aquí)

   (Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta oficial del Centro di Terapia Breve Strategica dirigido por Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

CÓMO CONVERTIRNOS EN PADRES DE NUESTROS PADRES Y ACOMPAÑARLOS HASTA EL FINAL

 

Imagen de la película "Blade Runner", de Ridley Scott

Imagen de la película “Blade Runner”, de Ridley Scott

 

Una prerrogativa ineludible de esta edad evolutiva de la familia está representada por el gradual cambio de roles entre los padres que envejecen y se debilitan, o enferman gravemente, y el hijo adulto que debe asumir su cuidado. El hijo se transforma gradualmente en el padre de sus propios padres. Este proceso evolutivo, que en el pasado sucedía de manera casi natural, hoy en virtud de las transformaciones de las relaciones y de los modelos familiares, no es tan espontáneo ni fácil de realizar. No pocas veces los sujetos adultos entran en crisis frente a la necesidad de hacerse responsables de sus propios padres. Si el hijo adulto no ha construido la propia 34-roy-arrives1autonomía y responsabilidad individual sino que ve todavía al padre como un punto de referencia, tal evolución será para él algo improponible y necesitará por tanto de una ayuda especializada para superar este difícil obstáculo. Pero también cuando el adulto es ya autónomo y plenamente responsable no es sencillo asumir el rol del que se hace cargo de sus propios padres. A menudo estos tienen actitudes y comportamientos contradictorios y ambivalentes; por una parte desean ser ayudados, por otra rechazan la ayuda; quieren sentir la presencia de sus hijos pero al mismo tiempo no quieren invadir sus vidas; no lo piden directamente pero a través de sus achaques incitan a sus hijos a ocuparse de ellos. La lista de las modalidades ambiguas de comunicación y relación entre el padre anciano y los hijos requeriría una publicación entera pero, para los fines de este texto, lo que queremos es resaltar tal ineludible realidad, para que el hijo evite el tratar de eliminar tales ambivalencias y aprenda a gestionarlas. Con esta finalidad ofrecemos seis reglas de oro al lector.

c2f62fc790c6dc361ed8590d21af8805Primera regla: evitar puntualizar las contradicciones, las ambigüedades o chantajes morales.

Segunda regla: evitar culpabilizar a los padres por su “no honesta” ni “clara” comunicación. No lo elige, le viene dado.

Tercera regla: más que ofrecer una ayuda directa, hacermurphy20130909ase sentir presente; una llamada o un saludo directo de cinco minutos son para el anciano el antibiótico para su soledad y posible depresión.

Cuarta regla: si el anciano es todavía eficiente, asignarle  pequeñas responsabilidades y tareas a seguir; así se sentirá todavía útil.

Quinta regla: sonreirles a menudo y tocarlos frecuentemente. Los ancianos, como los niños, son hipersensibles al contacto y al cariño empático.

Blade Runner Eye

“Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”

Sexta regla: cuando se equivoquen bromear sobre ello, nunca culparlos (ya lo hacen solos), sino convencerlos de aceptar autoirónicamente sus propios límites.

 

Un libro dedicado al papel de padre en el ciclo completo de la vida no puede eludir las fases en las cuales los papeles se intercambian y son los hijos los que cuidan a los padres. Pero si en la primera fase de esta circularidad evolutiva el padre se enfrenta al crecimiento, en la segunda los hijos deben afrontar el deterioro gradual de la salud y de la eficiencia del padre, incluso su pérdida.

Esta no es empresa fácil y si, como hemos visto, frecuentemente los hijos adultos que no han desarrollado aún la autonomía psicológica caen en depresión cuando el padre del que dependen comienza a perder las fuerzas y deben ser ellos los que asuman las responsabilidades más grandes, imaginen qué cosa puede suceder cuando se conoce que éstos en breve ya no estarán. No solo porque el hijo deberá ocuparse de disminuir el sufrimiento en lo posible en esta última etapa de vida del propio padre, sino porque no deberá mostrarle su propio sufrimiento o desesperación, sino hacerlo sentir atendido y mimado.

tumblr_m5teb3JdtW1ryy772o6_250En los años de la medicalización aséptica  se ha ido perdiendo el sentido natural de la muerte y con ello el vivir la fase final con modalidades familiares que hacen de este inevitable y doloroso proceso un rito de paso que por una parte acompaña dulcemente a apagarse al que está al final de sus días y por la otra representa una experiencia emotiva altamente profunda para cada miembro de la familia, cuyo compartir los une aún más y da incluso un sentido existencial a su vínculo. Lamentablemente la mayoría de las muertes suceden en el clima frío y aséptico de estructuras hospitalarias o de residencias donde aunque el sujeto pueda ser tratado mejor, no está en medio de los olores, sonidos, gestos, voces que lo han acompañado en su vida y se va sin la presencia de sus seres queridos.

A esta desnaturalización de la muerte se une el recurso cada vez más frecuente al <furor terapéutico>, que la mayoría de las veces pone al enfermo terminal bajo tortura. Lamentablemente, la palanca emotiva del deseo de mantener con vida al propio padre lo máximo posible hace perder de vista la calidad de este tiempo vivido, bajo el peso de terapias masacrantes que a menudo descompensan psiquicamente al enfermo, haciéndole perder dignidad y humanidad. De esta forma, la transición será una experiencia devastadora para todos. []

Es curioso notar como, en nuestra sociedad que rechaza rendir cuentas con la muerte, las líneas maestras para acompañar farmacológicamente a un enfermo terminal a una dulce muerte no vengan de los estudios sobre el anciano terminal sino de de los niños afectados por tumores incurables.

De hecho, en el manual de la OMS sobre la terapia paliativa del dolor para niños terminales se encuentran indicaciones sobre cómo proceder con los fármacos que, aliviando el sufrimiento físico, permiten hacer viable, incluso en situaciones extremas, el acompañamiento del sujeto hacia su fin biológico como un verdadero rito de  paso psicológico para toda la familia. []

Como el lector habrá notado, en este capítulo no se ha usado el formato precedente, es decir la secuencia <problemas contra soluciones>. La elección no ha sido casual, porque la muerte no tiene solución, en cuanto que no es un proble06e2c9ef8b3a3a5eb2f7815b9ea882ffma, sino una condición ineludible de nuestra existencia. Los problemas derivan de sus soluciones intentadas y de los efectos que la pérdida puede provocar. []

En lo que respecta al luto y la pérdida, para el primero no existe medicina porque decanta espontáneamente si se lo acepta. Todos estamos dotados bio-psicologicamente de la capacidad de absorber el luto, pero debemos aceptar los efectos psicológicos y somáticos, que pueden persistir durante un tiempo. Lo importante es no esforzarse por superarlo rápidamente, sino dejar que el proceso de decantación del dolor suceda con naturalidad, de otra manera en el esfuerzo de reducirlo se mantiene y se agudiza.

En lo que respecta a la pérdida, puede hacerse necesario una ayuda especializada, sobre todo cuando la figura perdida representaba un punto de referencia insustituible respecto a la autonomía personal del hijo. Por tanto la bladerunner-unicornayuda se orientará a la gradual adquisición de la confianza en los recursos propios personales y en la capacidad de asumir responsabilidades, antes delegadas a la figura de referencia.

De nuevo el ciclo de vida asume el aspecto de circularidad constante, como indicaba Heráclito con su concepto de enantiodromía:

“Las cosas evolucionan volviéndose continuamente sobre si mismas”.

Esto era para él el motor inexorable de todos los sistemas vivientes. 

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

 

Entrevista a Giorgio Nardone (italiano) sobre este libro

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Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

EN BUSCA DE SOLUCIONES

“Un caso de Michele (Weiner- Davis) ilustra otro aspecto de esta orientación centrada en las soluciones:
Una pareja fue a ver a Michele debido a su “monstruo” de 3 años. Janet, la madre, aseguró inmediatamente a Michele que su hija Mindy no era como los otros niños de su edad. Janet era una mujer culta de unos 30 años, que leía todos los artículos y libros sobre ser padres que le caían en sus manos. Estaba convencida de que la conducta detestable de su hija se salía de los límites normales de los “terribles 3 años”. Indicó que Mindy incordiaba todo el día, nunca aceptaba un “no”, interrumpía constantemente a los adultos, tenía rabietas sin ningún motivo, pellizcaba a su hermana cuando estaba sola y se negaba a irse a la cama por la noche. (La lista de quejas era en realidad mucho más larga.)
La pequeña traía de cabeza a toda la familia. Janet estaba segura de que lo que causaba la conducta intolerable de Mindy era su falta de capacidad como madre. Janet no sólo se sentía incapaz, sino también extremadamente culpable por no mostrar siempre sentimientos de cariño hacia Mindy, algo que ella creía que sentían todas las buenas madres. Para empeorar las cosas, Mindy se portaba bien en presencia de otras personas y recibía mucha atención de ellas, lo que convencía aún más a Janet de que ella era la causa del problema. Esto, a su vez, aumentaba sus sentimientos de incapacidad y alienación.
Ken, el padre, estaba también preocupado por su “monstruo”, en especial debido a que se sentía bombardeado por los informes negativos acerca de él en cuanto llegaba a casa por la noche.
También iba todos los días a comer a su casa, un acto de valor o de masoquismo, ya que mientras comía recibía un aluvión de detalles sobre la guerra Mindy-Janet. Pensaba que el matrimonio se estaba resintiendo del hecho de que Mindy fuera el único tema de conversación. Echaba de menos los ratos divertidos que solía pasar con Janet.
Durante la primera sesión parecía imposible conseguir que la pareja interrumpiera su letanía de quejas y se centrase en un punto de partida. Sin embargo, Janet hizo de pasada un comentario que sugirió un posible inicio. Contó que era capaz de predecir qué tipo de día tendría Mindy simplemente según cómo su hija se levantara por la mañana. Michele estaba deseosa de explorar más este tema.
Janet explicó que todas las mañanas la despertaba la voz de Mindy anunciando: “Mamá, ya estoy despierta”. A oídos de Janet, el saludo mañanero parecía unas veces de buen humor y otras sonaba quejumbroso. El tipo de saludo que recibía a su vez Mindy dependía de cómo Janet evaluaba la voz de su hija. Si le parecía alegre, Janet sabía que tendría un buen día. En estos casos entraba en la habitación de Mindy y empezaba la pequeña cantinela cotidiana que habían inventado:
“¿Cómo está la pequeña niña de mamá?” “Estoy bien”. “¿Quién quiere a Mindy?” “Mamá”. Entonces Janet y Mindy pasaban unos momentos juntas antes de bajar a desayunar. Habitualmente, el resto del día era relativamente pacífico.
Si a Janet la voz de Mindy le parecía quejumbrosa, iba a su cuarto con aprensión y rabia, y no empezaba la pequeña cantinela. Por supuesto, en ese caso Mindy confirmaba las predicciones de Janet y empezaba a quejarse, lo que marcaba el inicio de un día lleno de batallas.
Michele preguntó a Janet si estaría dispuesta a hacer un experimento. Sugirió que, tanto si Mindy se levantaba de buen humor como si se levantaba malhumorada, Janet entrase en la habitación de Mindy simulando que ésta estaba contenta. Esto significaba que Janet debía sonreír y empezar la canción inmediatamente, independientemente del humor de Mindy. Janet pensó enseguida que eso era una idea interesante y se mostró dispuesta a intentarlo.
A la semana siguiente, la pareja informó que habían tenido una semana mejor con Mindy. Parecía haberse centrado y era más agradable tenerla cerca. Janet y Ken comentaron los efectos positivos que eso tenía sobre su relación, más ratos relajados e incluso algunas risas. Lo que más les llamaba la atención era que, pese a que la conducta de Mindy estaba aún lejos de ser perfecta, aquella semana había aprendido totalmente y sin saber cómo a controlar sus esfínteres ¡por sí sola!
Varias sesiones más tarde, al revisar los progresos habidos antes de dar por terminado el tratamiento, Janet comentó que el experimento matinal había supuesto para ella el giro decisivo. Se dio cuenta de que podía conseguir que las cosas siguieran yendo bien pese a los desafíos de Mindy. Además, Janet y Ken habían aplicado esta idea con éxito a otras dificultades que tenían con Mindy.”


(De “En busca de soluciones. Un nuevo enfoque en psicoterapia”. W. Hudson O´Hanlon y M. Weiner-Davis. Paidos)

MODELOS DE FAMILIA: DEMOCRÁTICA-PERMISIVA

“La característica que mejor distingue este modelo es la ausencia de jerarquías. Ya en el momento en que se forma la pareja, habitualmente, el contrato prevé un amplio margen de libertad para los cónyuges, a menudo diplomados o licenciados, y ambos insertos en el mundo del trabajo. La mayoría de las veces se observa una situación paritaria desde un punto de vista económico y la tendencia a una distribución de las competencias en la gestión de la vida cotidiana.
A menudo este modelo es el fruto de premisas ideológicas que puede madurar en el seno de la familia de origen en la que ya estaba en vigor un estilo educativo democrático; o bien en contextos juveniles de compromiso social, cultural o político; o aun como rebelión al modelo de la propia familia de origen.

Los presupuestos que hemos notado con mayor frecuencia son los siguientes:
-Las cosas se hacen por convencimiento y consenso, y no por imposición
-El consenso se obtiene a través del diálogo fundado en argumentos válidos y razonables.
-Las reglas se pactan.
-El contrato es el único enemigo de la prevaricación.
-La finalidad principal que se debe perseguir es la armonía y la ausencia de conflictos.
-Todos los componentes de la familia tienen los mismos derechos. []

En el momento en el que las relaciones se vuelven más complejas por el nacimiento de un niño, los hijos se convierten en dominantes y los padres sufren sus deseos y caprichos.
Pero, ¿cómo es posible que padres tan preparados y atentos en no convertirse en dictadores se conviertan en rehenes de los hijos y que éstos se transformen en “pequeños tiranos”?
Es uno de estos casos clarísimos en los que la mejor intención, en este caso la salvaguardia de la democracia, produce una consecuencia opuesta.
Con la llegada de los hijos [] la pareja recurre a la situación del sometimiento, sobre todo si ha funcionado en la relación a dos.[]

Por utilizar una analogía con el gobierno de un país, estas familias admiten a los hijos en el parlamento como si ya fuesen adultos maduros y responsables. []
El hijo, al ser admitido en la discusión o en la elección autónoma en edad precoz, queda cargado por una responsabilidad demasiado grande para él, ya que no posee ni mapas conceptuales ni competencias adaptadas para orientar sus propios comportamientos hacia su bienestar fisiológico (nutrición, ritmos de sueño y vigilia, movimiento y paro, o uso de los medios de comunicación) ni psicológico (valoración de seguridad o peligro, calibración de las experiencias emocionales y afectivas, cariño o desinterés).[]
Las premisas de la familia democrático-permisiva no prevén que las reglas sean impuestas con firmeza y decisión, y tampoco prevén sanciones: las reglas sólo se enuncian, se explican y argumentan co suavidad y con palabras. Una regla sin consecuencias pragmáticas puede definirse como un consejo o advertencia, pero no como una regla o norma, ya que su transgresión no prevé ningún efecto práctico sobre el comportamiento.
Conclusión: la familia democrático-permisiva vive en una constante fluctuación y transformación de las reglas.
La tolerancia al conflicto y a la discusión es muy baja, así como está poco desarrollada la capacidad de contener las emociones y superar la ansiedad; en el momento en que el deber educativo provoca tensiones y resistencia por parte de los hijos, aparece la solución del sometimiento que, en aquel momento, reporta la “paz familiar”.
Pero nosotros invitamos a reflexionar sobre el mensaje que este tipo de interacción sobrentiende. ¿Qué consecuencias extraerá un adolescente de un comportamiento de continua rendición por parte de los padres?: Cuanto más prepotente soy, más consigo. []
Se puede establecer una complementariedad patógena cuando los padres comienzan a disuadir al hijo con razonamientos, ejemplos y presuposiciones de graves consecuencias, sin darse cuenta de que al hijo le  llega un mensaje de incapacidad de pasar a la acción. En particular, el padre no consigue convertirse en un héroe, más que sin mancha sobre todo sin miedo, que lo pueda salvar de los peligros en los que se va a meter. Mientras más insistan los padres con los mítines, más harán probable los comportamientos de riesgo.
En este momento, los hijos podrán buscar fuera de los muros domésticos, entre compañeros ya metidos en contextos de transgresión, aquellos héroes fuertes y sin miedo que sean ejemplo y guía para ellos, ya que en los padres dóciles no se puede confiar en el momento de necesidad.[]

Las reglas:
1º El bien supremo que se debe perseguir es la paz familiar, la armonía, la amistad.
2º Todos los miembros de la familia forman parte, con los mismos derechos, del consejo familiar, desde el nacimiento.
3º Toda decisión debe originarse del deliberado y unánime consenso de todos.
4ª Hacer de padre no es solamente un hecho instintivo y natural, sino que comporta un proceso de información-formación.

Los significados que se desprenden:
-El desacuerdo de uno puede bloquear cualquier decisión
-Todos pueden modificar una regla a su propia conveniencia
-Si no se respetan las reglas no sucede nada grave
-Lo que quieren los hijos y lo que quieren los padres está en el mismo plano.
-Si uno juega la carta del obstruccionismo y de la amenaza al equilibrio tiene muchas posibilidades de salirse con la suya.
-Los comportamientos no son instintivos sino que provienen de la elaboración personal de teorías científicas, pedagógicas, filosóficas e ideológicas.[]
Los padres intentan poner en vigor normas de comportamiento y a este respecto es claramente visible la escalada simétrica entre hijos y padres: las reglas no se respetan, los padres proponen otras más blandas, en teoría aceptadas pero puntualmente desmentidas en la práctica y seguidas por otra regla nueva.
Como en el modelo hiperprotector, es como si las reglas no existieran, porque carecen de toda sanción y de sentido de responsabilidad para el adolescente.
Para parecer modernos, con el paso del tiempo, puede suceder que los padres imiten a los hijos en su modo de vestir, en sus gustos musicales o en la práctica deportiva. Sólo muy rara vez se dan cuenta de que con estas acciones se llega a un aplastamiento de las jerarquías y a una confusión en la distinción de roles. [] Esta ansia de juventud les puede hacer poco creíbles ya sea como amigos ya sea como apoyo y brújula en las dificultades.[]
A menudo el hijo no encuentra en los padres aquel sostén estable y tranquilizador y se inician las discusiones, las incomprensiones y los primeros enfrentamientos. habitualmente, el joven manifiesta comportamientos de rechazo y rebeldía, pero no consigue llegar a ser autónomo. Parece que haga pagar a sus propios familiares parte de sus dificultades y no es raro que se conviertan en auténticas patologías psicológicas (obsesiones, fobias, trastornos alimentarios, etc)”.

(De “Modelos de familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos”. Giorgio Nardone, Emanuela Giannotti y Rita Rocchi. Herder)

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