PAUL WATZLAWICK: LAS VENTAJAS DE LA CONFUSIÓN

“Por lo dicho hasta ahora, no cabría albergar, al parecer, muchas esperanzas sobre los aspectos positivos del fenómeno de la confusión. Pero no es del todo así. Imaginemos la siguiente situación. Entro en una habitación y todos los presentes rompen a reír a carcajadas. El lance me deja muy perplejo, porque o bien ellos contemplan la situación desde una perspectiva totalmente diferente, o bien poseen una información de la que yo carezco. Mi reacción inmediata consistirá en buscar la causa o el motivo de sus risas; por tanto, me volveré para ver si a mis espaldas alguien está haciendo gestos grotescos, o bien me miraré en el espejo para averiguar si tengo manchas en la cara, o bien, finalmente, les preguntaré por qué se ríen.
Así pues, tras una paralización inicial, todo estado de confusión desencadena una reacción de búsqueda de causas o motivos que arrojen luz sobre la incertidumbre y la sensación de inseguridad que ésta produce. De aquí se siguen dos cosas: Primero, si la búsqueda no da resultado, se amplía el campo a todas las conexiones imaginables e inimaginables y, en unas circunstancias dadas, se establecerán interrelaciones entre las cosas más insignificantes y disparatadas. Segundo, en un estado de confusión existe una fuerte tendencia a aferrarse a la primera explicación concreta que se cree percibir a través de la niebla de la confusión. Analizaremos en primer lugar la segunda secuencia. El doctor Milton Erickson, conocido hipnoterapeuta, la ha tomado como base de partida para desarrollar un método terapéutico sumamente eficaz, al que se aplica el nombre de “técnica de la confusión”. Llegó a este descubrimiento por puro azar. He aquí sus palabras:

Un día de tormenta (…) me hallaba luchando contra el viento en la esquina de una calle, cuando de pronto dio vuelta a la esquina un hombre con tal precipitación que chocó violentamente conmigo. Antes de que pudiera reponerse del susto y murmurar unas palabras, consulté con gran afectación mi reloj y, como si me hubiera preguntado la hora, dije cortésmente: “Son exactamente las dos menos diez minutos” (aunque la verdad es que eran casi las cuatro), y continué mi marcha. Tras haber caminado unos cuantos pasos, me volví y pude ver que todavía me seguía mirando, evidentemente confundido y extrañado por mi observación.

En situaciones confusas como la descrita, todo el mundo echa mano del primer cable aparentemente salvador, es decir, del primer punto concreto de apoyo y le atribuye, por tanto, una importancia y validez superior a las que en realidad poseen, incluso cuando el punto de apoyo en cuestión es totalmente erróneo o, al menos, insignificante. No tiene, pues, nada de extraño que en estas circunstancias resulte particularmente fácil sucumbir a ciertas sugestiones que aparecen en el instante crítico. Es patente que estas sugestiones no sólo pueden tener consecuencias negativas (ilusiones y faltas de crítica) sino también positivas (por ejemplo terapéuticas) en orden a la adecuación a la realidad para la persona que se halla en la mencionada situación.
Pero mucho mayor interés reviste para nuestro propósito la otra secuencia antes mencionada de la confusión, a saber, el hecho de que nuestra percepción se agudiza para poder captar los más mínimos detalles. En situaciones inhabituales, por ejemplo en presencia de un gran peligro, somos capaces de ciertas reacciones insospechadas que pueden caer totalmente fuera del ámbito de nuestra conducta diaria. En décimas de segundos y sin previa reflexión podemos tomar decisiones salvadoras de gran complejidad. Algo similar puede acontecer en circunstancias menos excepcionales, sobre todo cuando nos enfrentamos de forma descuidada y distraída con una situación habitual y rutinaria. ¿A quién no le ha ocurrido tener que buscar una palabra en el diccionario y abrir el libro justamente  en la página precisa? ¿O tomar de un montón de formularios exactamente, y como si fuera la cosa más simple del mundo, los 25 ejemplares que se necesitan? Si, extrañados, intentamos repetir la pequeña hazaña, fracasaremos, por supuesto, y tendremos la oscura sensación de que ha sido cabalmente nuestro propósito consciente la causa del fracaso. En la filosofía del lejano Oriente se ha producido una extensa literatura sobre este tema. Pertenece a este campo el concepto taoísta del wu-wei, es decir, la intencionada falta de intención, así como la regla de que es preciso olvidar lo que se quiere conseguir. Estas ideas han sido presentadas con una gran belleza en el pequeño libro de Herriguel sobre el zen y el tiro con arco.
Dejamos al juicio del lector dar una respuesta a la pregunta de si en todos estos procesos intervienen unos “más elevados poderes” del alma. En todo caso, lo que parece indiscutible es que una cierta dosis de intencionada distracción aumenta nuestra sensibilidad en el campo de las comunicaciones, sobre todo las pequeñas y averbales, lo que puede tener una crucial importancia en determinadas situaciones interhumanas o las que se producen entre personas y animales. Por esta razón, los fenómenos aquí aludidos revisten gran interés para la investigación de la comunicación y, en sentido más amplio, para nuestros análisis sobre la extraña naturaleza de eso que llamamos realidad.”

(De “Es real la realidad? Confusión, desinformación, comunicación.” Paul Watzlawick. Herder)

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SUGESTIONES INDIRECTAS POR JEFFREY ZEIG

“Prueban una sugestión directa cortada a la medida y no funciona. Y después prueban sugestión directa con hipnosis y tampoco funciona. ¿Qué harían entonces? Sugestión indirecta. Y es en este punto en donde el enfoque ericksoniano puede ser más valioso. Si están bloqueados en un punto, las siguientes técnicas estarán enfocadas a incrementar lo indirecto. Esta es la segunda ley de Zeig, que nunca será famoso. Esta ley establece que la cantidad de indirección que tiene que emplearse es directamente proporcional a la resistencia percibida. Hay toda una lista de intervenciones que aprendemos de la hipnosis y que son maneras de envolver las ideas como regalo. Le puedo decir al paciente: “¡Alégrate!” usando sólo sugestión directa, hipnosis y sugestión directa, reenmarcando, usando directivas, prescripción de síntomas, desplazamientos, orientación hacia el futuro. Puedo usar cualquiera de estas técnicas para envolver como regalo la idea de “Alégrate”.
Lo primero que yo haría sería usar una sugestión indirecta simple, por ejemplo, una forma de lenguaje llamada presuposición. Debe haber diez o tal vez quince formas distintas de sugestión indirecta, la presuposición es sólo una de ellas. []
Podemos utilizar presuposiciones respecto al tiempo, al lugar o al proceso. [] Se vuelven hacia el paciente y le dicen Yo no sé cuándo te vas a alegrar. Esto presupone que se va a alegrar, es sólo cuestión de tiempo. “Yo no sé cuándo te vas a alegrar”, “tú no sabes cuándo te vas a alegrar”, “tu mente consciente no sabe cuándo te vas a alegrar, sólo tu mente inconsciente lo sabe”. Todas estas son presuposiciones de tiempo. También puedes hacer presuposiciones de lugar: “Tú no sabes dónde te vas a alegrar”, “yo no sé dónde te vas a alegrar”, “no podemos predecir todos los lugares en los que vas a descubrirte a ti mismo feliz”. Esto presupone que la persona puede cambiar su estado de ánimo, es sólo una cuestión de lugar. Proceso: “Yo no sé cómo te vas a alegrar”, “no puedes predecir todas las maneras en que te vas a alegrar”, presuponen. []
¿Ustedes creen que una simple sugestión indirecta es ya una terapia adecuada? No, muy pocas veces es suficiente, aunque esté bien cortada a la medida y bien envuelta. Pero a veces puede ser que sí hagan terapia con una sola sugestión indirecta. Hay un caso de Erickson que podemos juzgar si fue exitoso o no. Estaba dictando una conferencia a una audiencia de médicos. Uno de ellos, llevó a un jovencito que tenía un problema caracteriológico y estaba realizando actuaciones (actings out) , para que fuera sujeto de una demostración de terapia. El muchacho estaba creando problemas a su comunidad con su mala conducta. Se sentó en el escenario junto a Erickson. Erickson dictaba su conferencia a la audiencia de médicos mientras el muchacho estaba sentado de cara frente a ellos. En ningún momento Erickson hizo ningún tipo de terapia con él. No hizo hipnosis, no hizo ninguna demostración. Sólo dictó su conferencia a la audiencia. Al final de la exposición, justo cuando Erickson ya se iba, miró al muchacho y le dijo: “Realmente yo no sé cómo vas a cambiar tu comportamiento; realmente no sé cómo”. la historia termina en que el joven creció y se convirtió en un abogado. No sabemos si fue un caso exitoso o no (se ríe). Por lo tanto, es posible hacer terapia con una sola sugestión indirecta. Pero para mí la sugestión indirecta es como escalar una montaña. Cambiar el estado de ánimo de un paciente deprimido se vive como escalar una montaña. La sugestión indirecta es como dar el primer paso y todas estas técnicas son maneras de dar pasos. Para transmitir la idea “sé flexible en tu estado de ánimo” puedo necesitar sugestión directa, hipnosis, sugestión indirecta, prescripción del síntoma, anécdotas, etc. Después hacen lo mismo con ser positivo, y lo mismo con vivir a través del tiempo, y lo mismo con ser más activo y lo mismo con ser externo. Encuentren diferentes maneras de envolverlas, hasta que el paciente las tome.
Otra forma de envolver ideas es ofrecer directivas. Si quieren aprender sobre cómo dar directivas en terapia, consulten la obra de Jay Haley y Cloe Madanes que hacen un trabajo excelente con directivas estratégicas. Se trata de dar al paciente tareas. Por ejemplo, “esta semana salga de su casa, vaya a un parque y observe a los niños”. Con esta tarea, el paciente va a estar rodeado de gente que es flexible, positiva, externa, activa. Lo ponen en una situación en que va a empezar a entender estos comportamientos que son las metas que queremos lograr con él. Si no funciona, pueden probar la prescripción del síntoma. Para prescribir el síntoma, le dicen al paciente: “Yo no quiero que estés feliz esta semana”. Es una prescripción del síntoma con sugestión indirecta. Implica que la semana siguiente va a ser diferente. “No quiero que estés feliz en la casa”. Es una prescripción del síntoma con sugestión indirecta de lugar. “No quiero que descubras formas en que puedes ser feliz”, presupone que hay maneras de ser feliz. Son prescripciones del síntoma y al mismo tiempo sugestiones indirectas. [] Con pacientes desafiantes, utilicen la prescripción del síntoma para hacerlos salir del problema metiéndolos en una paradoja. El paciente desafiante se rebela contra la tarea y así se cura.
Supongamos que emplean la prescripción del síntoma cortada a la medida y tampoco funciona. Pueden entonces tratar con un reenmarque. Y pueden tal vez combinar un reenmarque con prescripción del síntoma y sugestión indirecta. Le dicen al paciente: “Yo no quiero que seas feliz todavía, no quiero que cambies tu estado de ánimo todavía porque tu esposo no puede enfrentar su depresión, y mientras tú permanezcas deprimida, él no tiene que enfrentarse con su propia depresión. Y todavía no está suficientemente fuerte como para hacerlo. Así tienes que permanecer deprimida hasta que logremos que él se fortalezca”. De este modo, la depresión queda reenmarcada. Ya no es una enfermedad sino que sirve al funcionamiento del sistema pareja. Ustedes siguen la trama del diagnóstico, determinan cuál es la función que tiene un problema en el sistema y lo prescriben. Si la depresión es una forma de cuidar a otros miembros de la familia, prescriben la función sistémica de ese problema, la reenmarcan. El reenmarque opera en el nivel de las actitudes. Cambian la actitud de la gente frente al problema. Lo que antes era negativo, se vuelve positivo. []
Otra técnica sería el desplazamiento. Pueden mover la depresión. La pueden desplazar del resto del cuerpo hasta los pies. Hipnotizan a la persona y le dicen que la depresión se está moviendo hacia los pies. Suena loco pensar en desplazar un problema, pero no es tan ilógico porque de hecho el paciente ya está desplazando el problema. Está, por ejemplo, tomando la ansiedad de la familia y transformándola en depresión dentro de su cuerpo. El paciente está tomando una preocupación y la está desplazando a un dolor de cabeza. Si el paciente desplaza en forma negativa, ustedes pueden desplazar en forma positiva.
Orientación al futuro. Ustedes pueden hacer que un paciente se imagine a sí mismo en el futuro y les describa cómo solucionó el problema. La hipnotizan haciendo una progresión en el tiempo, para que pueda mirar hacia atrás cómo solucionó el problema. []


La técnica de la confusión es otro método para presentar una sugestión. Tienen una meta y crean una confusión, escuchen esto:

“Tu mente consciente tiene formas de entender las cosas y tu mente inconsciente tiene formas de entender las cosas, pero el tipo de entendimiento consciente que tu mente inconsciente puede entender, es diferente del tipo de entendimiento inconsciente que tu mente consciente puede entender, pero de vez en cuando hay malentendidos y puedes inconscientemente entender tus malentendidos conscientes mejor de lo que conscientemente puedes entender tus malentendidos inconscientes, pero la clase de malentendidos inconscientes que no puedes entender conscientemente, son diferentes de la clase de malentendidos inconscientes que puedes conscientemente entender pero tú no puedes realmente entender hasta que…te alegras esta semana”.


Ya para ese momento están confundidos, no deprimidos. Si lo hacen demasiado largo, deprimen al paciente. La técnica de la confusión es una de las contribuciones más originales de Erickson. []


La utilización establece que cualquier técnica que use el paciente para ser paciente, puede usarla el terapeuta para ser terapeuta. Esta es la Tercera Ley de Zeig: cualquier técnica que el paciente utilice para ser paciente, puede usarla el terapeuta para ser terapeuta. Si el paciente usa confusión para ser paciente, ustedes pueden usar confusión para ser terapeutas. Si el paciente usa desplazamiento para ser paciente, ustedes pueden usar desplazamiento para ser terapeutas. Si el paciente tartamudea para ser paciente, ustedes pueden tartamudear para ser terapeutas. Esto elimina la necesidad de memorizar una lista de técnicas. No tienen que aprendérselas de memoria, sólo observen al paciente. Sea cual sea la técnica que él utilice para ser paciente, ustedes utilicen la misma técnica para ser terapeutas. Envuelvan como regalo utilizando el estilo del paciente.”

(De “Terapia cortada a la medida. Un seminario ericksoniano con Jeffrey Zeig. Teresa Robles. Instituto Milton Erickson de la ciudad de México)

ESTRATAGEMAS TERAPÉUTICAS



Surcar el mar a espaldas del cielo:


La primera de la colección de las 36 estratagemas chinas representa aún hoy la esencia del pensamiento estratégico. Hacer algo que tiene evidentes efectos sin que nuestra acción sea advertida permite evitar las resistencias al cambio que queremos producir. Como hábiles prestidigitadores, debemos desplazar la atención de los demás hacia detalles de nuestra actuación poco relevantes, pero distrayéndoles, mientras a sus espaldas se ponen en marcha las acciones importantes.[]

Ilustración extraída del blog
El Elefante funambulista 

El ejemplo más sorprendente del poder de esta refinada estratagema parece el citado  por Oliver Sacks, quien recuerda a un paciente suyo con graves lesiones neurológicas que le impedían caminar. Un día, el famoso neurólogo se acercó a él haciendo botar una pelota de tenis y le dirigió la palabra mientras seguía caminando y haciendo botar la pelota. El paciente se puso a su lado caminando bien y rápidamente, respondiéndole mientras miraba los rebotes de la pelota: recorridos unos metros, Sacks le advirtió que estaba caminando y el paciente se bloqueó inmediatamente, empezando a quejarse. [] La mente distraída está en condiciones de hacer cosas que la mente atenta no puede ni siquiera soñar. Y gran parte de los fenómenos de anestesia hipnótica se realizan desplazando la atención de la mente del sujeto a una parte de su cuerpo distinta de aquella por anestesiar. El uso de esta estratagema para la superación de los miedos patológicos es quizás la aplicación más elegante y eficaz. Usando técnicas inspiradas en ella es posible hacer que las personas afectadas por estos trastornos afronten situaciones hasta entonces impensables. Esta estratagema resulta indicada para todas aquellas situaciones en las cuales afrontar directamente el obstáculo que se interpone entre nosotros y nuestro objetivo resulta ineficaz, peligroso o excesivamente costoso […]

Mentir diciendo la verdad:


Cuando el otro espera que mientas, la verdad lo penetra como el mandoble de una espada inesperada. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes anunciaron varias veces el ataque a Francia sin ponerlo en práctica. Luego, cuando los franceses empezaron a considerarlo una falsa amenaza, los alemanes atacaron por sorpresa, encontrando a las tropas adversarias completamente relajadas. [] Entre dos maestros de combate se tiende a esperar elaboradas técnicas llenas de trucos y movimientos escondidos. Si uno de los dos ataca abiertamente como si fuera un principiante, tiene muchas probabilidades de coger por sorpresa al adversario, que no espera un ataque tan elemental. [] En efecto, el máximo de la complejidad es la simplicidad, no la complicación. [] Durante una importante conferencia de psicólogos y psiquiatras celebrada en París en 1993, Paul Watzlawick fue agredido verbalmente por uno de los participantes durante su ponencia. Él replicó, sin alterarse: <<¡Usted tiene toda la razón, desde su punto de vista!>>. Después de lo cual prosiguió con su exposición entre los aplausos del público, dejando descolocado a su agresor. [] Si mi interlocutor propone brutalmente sus posiciones como inamovibles, puedo replicar con prontitud: <<Mire, usted no me parece tan agresivo como quisiera, es más, su determinación y arrogancia me están ayudando, por tanto, le ruego que insista, porque eso me facilita las cosas>>. De esta manera se captura su fuerza y se la utiliza en su contra, neutralizando su intento. [] La aplicación a la comunicación interpersonal quizás más elegante está representada por la técnica de la confusión, que consiste en despistar al interlocutor con una complicada serie de afirmaciones retorcidas y carentes de sentido, para luego, de golpe, declarar directamente aquello de lo que queremos persuadirle. Él se aferrará a esta última afirmación como un náufrago al salvavidas.
Por su parte, Blaise Pascal prescribe: <> […]


Hacer subir al enemigo al desván y luego quitar la escalera:

Es la base de todo tipo de trampa, en la cual se hace entrar a nuestro adversario y de la cual le impediremos salir. [] Un espléndido ejemplo de aplicación nos es ofrecido por la tradición judía, que cuenta la historia de un juez astuto que debía juzgar a un codicioso comerciante sin escrúpulos por una pequeña estafa. Él deseaba dar una lección vital a aquel hombre más allá del delito cometido. Por tanto, le propuso al imputado tres alternativas para expiar su culpa: pagar una gran multa, sufrir un castigo corporal de cien varazos en la espalda, o comer 10 kilos de cebollas crudas. Naturalmente, el codicioso comerciante eligió comer las cebollas. Por desgracia para él, después del primer kilo tenía el paladar en llamas, el estómago en ebullición y una sed insoportable. Aguantó y comió otro kilo, después de lo cual, desesperado imploró agua y suplicó ser sometido a la vara. Los varazos en la espalda fueron tan dolorosos que al llegar a los 50, destruido por el tormento, pidió poder extinguir la pena pagando la multa. Con la trampa elegante basada en la ilusión de alternativas, el juez había conseguido hacer sufrir al imputado, a su elección, las tres condenas.
En el ámbito de la retórica de la persuasión, esta técnica representa un modo de convencer al otro haciéndole creer que es él mismo quien elige. Si yo quiero, por ejemplo, inducir a mi interlocutor a aceptar hacer algo que no quiere hacer, puedo declarar que hay dos modos de afrontar la situación. Luego le propongo la primera modalidad, que deberá ser decididamente costosa y comprometida. Después, le propongo la segunda alternativa, la que yo querría que practicase y que, por más que es difícil de aceptar, lo es mucho menos que la primera. Generalmente, la persona elige inmediatamente hacer aquella que queremos como si hubiera hecho un buen negocio, puesto que ha evitado una peor. “

(De “El arte de la estratagema. O cómo resolver problemas difíciles con soluciones simples” Giorgio Nardone. RBA Integral)