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ESCUELA DE PALO ALTO: SABOTAJE BENÉVOLO COMO SOLUCIÓN A LA CRISIS ENTRE PADRES E HIJOS

 

"Puberty", de E. Much

Puberty“, de E. Munch

 

Se trata de una intervención eficaz en el tratamiento de otra típica y monótona crisis que se da entre padres y sus hijos menores de edad y rebeldes (si bien es también aplicable a otras situaciones en las que una de las partes se esfuerza intensa pero inútilmente por ejercer algún control sobre el comportamiento de la otra). En la mayoría de los casos, el problema es fácil de definir: el muchacho o la muchacha no obedece, no estudia ni tiene su cuarto ordenado; o bien es brusco, desagradecido, llega tarde a casa, fracasa en el colegio, se rodea de malas compañías, probablemente consume drogas, está a punto de entrar en conflictos con la ley o ha incurrido ya en ellos, etc, etc. La situación, por lo general, se repite de un modo estereotipado. La transición que se verifica en un adolescente, desde la niñez a la vida adulta, es uno de los varios períodos de cambio en las familias que exigen correspondientes cambios en cuanto a las normas de sus relaciones mutuas, es decir, cambio 2. Simplificando mucho esto último, mientras que a un niño de ocho años de edad puede bastar con decirle: Harás lo que te digo o de lo contrario…, puede ocurrir que el adolescente de catorce años replique: ¿O de lo contrario qué? y los padres tienen entonces que apelar al viejo repertorio de sanciones que ya hace años perdieron su eficacia. El sentido común y la receta de “más de lo mismo” del cambio 1 tan solo conducirán entonces a un callejón sin salida, en el que cuanto más cambien las cosas, más continuarán siendo las mismas. Los padres, por ejemplo, pueden intentar primeramente razonar con el menor, pero esto fracasa, ya que las premisas de su

El fracaso de las exhortaciones

El fracaso de las exhortaciones

razonamiento son diferentes; entonces impondrán algún castigo leve; el hijo se rebelará con éxito; entonces impondrán más sanciones que solo servirán para provocar más rebeldía, y finalmente la policía y las autoridades que se ocupan de menores serán llamadas para enfrentarse con lo que ya parece un comportamiento claramente recalcitrante e incontrolable. Está bastante claro que son las soluciones intentadas quienes crean y mantienen el problema, pero este hecho permanece velado dentro de la ceguera interpersonal tan típica en los conflictos humanos. Los padres no se atreven a relajar su presión, ya que “saben” que el comportamiento de su hijo se les escaparía entonces por completo de las manos; para el hijo, por otra parte, la rebelión es el único modo de asegurarse la supervivencia psicológica contra aquello que, en su opinión, es la amenaza de las constantemente crecientes exigencias paternales. [] Al observador exterior no le cabe duda de que si una de las partes quisiera hacer menos de lo mismo, la otra la seguiría inmediatamente.

A este fin, se instruye a los padres para utilizar un sabotaje benévolo. Éste consiste en adoptar una posición basada en admitir francamente ante el hijo que son incapaces de controlar su comportamiento. “Deseamos que estés en casa a las once, pero si no estás a esa hora no podemos hacer nada”; he aquí uno de los posibles mensajes. Dentro de esta nueva estructura, el adolescente se da cuenta rápidamente de que su actitud de defensa y desafío carece ahora de sentido. No resulta fácil desafiar al débil. Se indica luego a los padres que cierren todas

Abrir la puerta medio dormidos y preguntar "¿quién es?"

Abrir la puerta medio dormidos y preguntar “¿quién eeess?

las puertas y ventanas de la casa a las once, y que se acuesten, de tal modo que cuando el chico llegue a casa no pueda entrar y tenga que tocar el timbre o golpear la puerta. Luego le han de dejar fuera durante un buen rato, hasta abrirle la puerta, pero no sin preguntar medio dormidos y repetidamente, que quién es. Una vez le hayan abierto, le dirán que sienten haberle dejado fuera tanto tiempo y se volverán a la cama sin preguntarle, como de costumbre, dónde ha estado, por qué vuelve tan tarde, etc. A la mañana siguiente no se referirán para nada a lo sucedido, a no ser que el hijo lo haga, en cuyo caso adoptarán de nuevo una actitud de disculpa por haberle hecho esperar tanto hasta abrir la puerta. A cada fechoría de su hijo, tienen que responder tan pronto como les sea posible con algún acto adicional de sabotaje: si el hijo no hace su cama, la madre la hará por él, pero picará unas cortezas de pan y se las meterá entre las sábanas. Cuando él se queje, admitirá que estaba comiendo pan mientras le hacía la cama y que siente lo ocurrido. Si no guarda nunca bien su ropa, la madre cometerá otro error tonto (“No sé qué me pasa estos días que hago una tontería tras otra”) y le almidonará la ropa interior o le echará sal en lugar de azúcar en su postre favorito, o bien y como por casualidad, durante la cena le echará encima un vaso de leche cuando se haya arreglado para ir a alguna cita. En ningún momento deben mostrarse los padres sarcásticos o punitivos acerca de tales actos de sabotaje, sino disculparse siempre por ellos. []

Gran parte de la eficacia del sabotaje benévolo reside en un doble proceso de reestructuración: le quita al adolescente las ganas de rebelarse, ya que no le deja mucho motivo para ello, y virtualmente invierte la dinámica de la interacción familiar. En una familia típica en la que existe un delincuente juvenil, los padres son abiertamente punitivos y regresivos, pero ocultamente permisivos y seductores. El sabotaje benévolo da lugar a una situación en la que se vuelven abiertamente permisivos y desvalidos, pero ocultamente punitivos, y ello de un modo contra el cual el adolescente no puede rebelarse. En lugar de lanzar vanas amenazas, de utilizar razonamientos y exhortaciones, los padres asumen un modo tranquilo pero mucho más poderoso de manejar a su hijo. Este cambio impide una “solución” inútil que contribuía a mantener el problema.

 

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

ESCUELA DE PALO ALTO: EL INTENTO DE LLEGAR A UN ACUERDO MEDIANTE UNA OPOSICIÓN

Los problemas vinculados con esta solución (el intento de llegar a un acuerdo mediante una oposición) implican un conflicto en una relación interpersonal centrado en temas que requieren una mutua colaboración. Entre estos problemas se cuentan las riñas conyugales, los conflictos entre padres e hijos pequeños o adolescentes rebeldes, disputas entre compañeros de trabajo, y problemas entre hijos adultos y padres de edad avanzada.
Rara vez se presentan como clientes las dos partes contendientes. Por norma general, quien se pone en contacto con el terapeuta es la persona que piensa que la otra parte amenaza o niega la legitimidad de su propia posición. Puede ser el padre que considera que el hijo no respeta su autoridad o el cónyuge que se siente dominado por su pareja. Aunque quien solicita ayuda profesional intente obligar a la parte ofensora a buscar ayuda o a sumarse al tratamiento, estos intentos suelen fracasar, o en el mejor de los casos provocan una única visita de la parte ofensora.

Las personas aquejadas por este tipo de problemas ensayan la siguiente solución: sermonear a la otra parte sobre el deber de someterse a sus exigencias con respecto a conductas concretas y, lo que es todavía más importante, exigir que la otra parte les trate con el respeto, la atención o la deferencia que piensan que se les debe. En pocas palabras, la solución ensayada asume la forma de exigir a la otra parte que los trate como si fuesen superiores. Esta forma de solucionar el problema sirve precisamente para producir la conducta que se desea eliminar, ya sea que la exigencia de superioridad se formule como algo a lo que se tiene derecho o es exigible, ya sea que busque mediante amenazas, violencia o argumentación lógica.


Un modo de impedir esta solución consiste en hacer que el solicitante de ayuda se coloque en una actitud de inferioridad, es decir, en una postura de debilidad. Es difícil que el paciente efectúe la variación requerida en su solución previa, debido a la intensidad de la lucha interpersonal. Probablemente pensará que adoptar una actitud de inferioridad es una debilidad, un sometimiento, o el último paso hacia la abdicación de sus derechos como padre o como cónyuge. Sin embargo, en tales casos se suele exigir una inversión de este tipo: si el paciente abandonase sencillamente la solución ensayada sin dar ninguna explicación, la otra parte llegaría a pensar que todo sigue igual y que, en vez de quejarse, está esperando en silencio el momento propicio. Por consiguiente, es probable que la otra parte continúe en una actitud defensiva y provoque que el paciente siga utilizando su solución conservadora del problema.

La intervención en estos problemas exige que el terapeuta se preocupe por la formulación o “venta” de la intervención más que de establecer cuál es la acción concreta que debe realizar el cliente, cosa que puede resultar evidente. En líneas generales, el cliente necesita una explicación que le permita aprender a efectuar solicitudes cómodamente, en un estilo no autoritario, como por ejemplo: Te estaría muy agradecido si tú..., más bien que: Tienes la obligación de…, o: Es lo mínimo que puedes hacer.

¡Mientras vivas aquí tendrás que someterte a nuestras normas!

En lo que se refiere la educación filial, sobre todo con adolescentes, a menudo los padres tratan de conseguir sumisión mediante una exageración de su poder: ¡Es nuestra casa, y mientras vivas aquí tendrás que someterte a nuestras normas!Está bien, lo siento, pero ahora no puedes salir. Si lo haces te castigaré durante dos semanas. Por lo común, los padres no pueden o no quieren cumplir tales amenazas en la realidad. [] Nuestra experiencia nos indica que las amenazas incumplidas son, al mismo tiempo, provocativas y fáciles de reconocer como tigres de papel.

En estos casos la intervención comienza de hecho cuando el terapeuta pide reunirse primero sólo con los padres. Esta estructura del proceso confirma implícitamente que los padres son quienes solicitan ayuda. Al mismo tiempo, coloca a los padres en situación de consultar al terapeuta acerca de la educación de su hijo. []

Los padres insisten en el tema de la docilidad dada su legítima posición como autoridades del hogar. Él tiene que darse cuenta de que somos sus padres, y tenemos derecho a esperar que mantenga limpia su habitación. En cambio, el terapeuta reestructurará la situación padres-hijo, de una forma que a ellos les permita asumir una actitud de inferioridad, al tiempo que creen seguir ocupando una posición de autoridad.

Un planteamiento útil para tales problemas consiste en explicar a los padres que su hijo, en realidad, jamás presta atención a lo que ellos le dicen. Los padres se han vuelto tan repetitivos que el hijo se

Usted es demasiado previsible…

limita a desconectar su atención cuando le hablan. Si los padres desean hacerle mella de veras tienen que ganarse su atención, y una forma de conseguirlo es volviéndose imprevisibles.

Considérese el siguiente ejemplo, donde dicho planteo se ha utilizado como medio de influir sobre el padre para que asuma una conducta de inferior.
Terapeuta: ¿Existiría alguna forma de decir algo acerca del horario pero que resulte diferente a lo acostumbrado y por consiguiente imprevisible?
Padre: ¿Qué pasaría si le preguntásemos a qué hora piensa que es correcto volver a casa?
Terapeuta: Eso sería distinto, pero cabe el peligro de que conteste “a medianoche”. No, no creo que convenga, pero usted me ha dado una idea. ¿Sería impropio de ustedes el decirle: Nos gustaría que volvieses a las diez, pero no podemos obligarte a que vuelvas a casa a esa hora?
Padre: Si (riendo), sin duda que eso sería diferente. Pero ¿cómo reaccionaría él?
Terapeuta: Bien, no lo podrán ustedes saber en realidad hasta que lo prueben. ¿Se perdería algo si lo ensayamos esta semana?[]

Nos gustaría que volvieses a las diez, pero no podemos obligarte



A veces los padres no se apean de su postura de superioridad porque temen perder todo control sobre su hijo. [] En tal caso, se les puede ofrecer una espada mágica: en otras palabras, el terapeuta indica que ellos tienen a su disposición un medio más poderoso de conseguir docilidad, al cual nunca han apelado: el uso de consecuencias imprevisibles y no anunciadas. Sin embargo, la espada mágica exige una actitud verbal de inferioridad para ser efectiva. En pocas palabras, esta táctica, denominada , consiste en sugerirles a los padres que usen consecuencias reales en lugar de sermones. Dichas consecuencias deben producirse de una manera accidental, y los padres deben disculparse por ellas, si el hijo las pone en tela de juicio: Oh, lamento muchísimo que anoche hubiese migas en tu cama. Debo haber estado desayunando y caminando con una tostada en la mano mientras arreglaba tu cuarto. Trataré de que no vuelva a suceder otra vez.
sabotaje benévolo
Con algunos padres la intervención puede ser algo tan sencillo como definir reiteradamente la actitud de superioridad como una postura de debilidad, y la actitud de inferioridad como la posición de fuerza.  [] No es probable que esta táctica tan sencilla funcione con la mayoría de los padres, pero al terapeuta puede convenirle utilizarla con aquellos padres que dicen hallarse al final de su capacidad de resistencia, y que están dispuestos a ensayar cualquier cosa que tenga la más mínima probabilidad de éxito”.

(De “La táctica del cambio. Cómo abreviar la terapia“. Fisch, Weakland, Segal. Herder)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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