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APLAZAR, POSTERGAR, PROCRASTINAR: PSICOTRAMPA Y SOLUCIÓN

Oswaldo Guayasamín (1919 – 1999)
“La Espera”, de la serie La Edad de
la Ira (1968 – 69)

La tendencia a posponer situaciones temidas o molestas es parecida a la evitación y a la renuncia. Sin embargo, si se analiza con atención, este guión funciona de forma muy diferente. El aplazamiento, en efecto, es una estrategia más sutil: ni renuncio ni evito, me digo a mi mismo: “Lo haré más tarde o mañana, en el futuro“. Esto no implica ceder ante nuestra debilidad, sino creer que somos capaces de hacer lo que estamos aplazando como si fuera una acción voluntaria o basada en nuestros deseos. Pero antes o después el truco se desvela y de pronto, cuando ya no nos queda otra que enfrentarnos a ciertas situaciones, nos damos cuenta de forma dramática de lo insano que es el autoengaño en el que hemos caído.13328956_1613775918913372_1358467429_n

Un koan japonés afirma: “La disposición a postergar anula la voluntad y hace medroso al hombre“. En efecto, el aplazamiento, como un virus, debilita nuestra iniciativa y nos hace cada vez menos capaces de actuar de forma voluntaria.

Desde el punto de vista del resultado, es indiferente si aplazamos por la molestia de tener que hacer algo que no nos gusta o por el miedo a una determinada situación: en ambos casos nuestra capacidad de decisión y la de afrontar la realidad se verán anuladas hasta quedar anuladas. Esto implica quedarse indefenso y ser incapaz de tomar cualquier iniciativa, mientras nos recluimos en nuestro mundo imaginario y protector.

SOLUCIÓN:

Empezar a temer el aplazamiento: el miedo terapéutico es el corrector más potente para nosotros mismos. En este caso, plantearse diariamente la sucesión de efectos devastadores que el aplazamiento puede ocasionar en nuestra vida es la mejor manera de activar nuestras reacciones aversivas respecto a este guion. En general, imaginar un escenario futuro espeluznante aparta del inmovilismo incluso a los sujetos más indolentes. Después de un poco de práctica disciplinada para evitar posponer aquello que debemos hacer, nos saldrá de forma natural y estará motivado por las grandes ventajas obtenidas.

William James

William James

En efecto, después de un poco de práctica disciplinada nos resultará bastante natural evitar el aplazamiento de aquello que debemos hacer, como consecuencia del nuevo hábito que hemos adquirido o de las ventajas que inevitablemente produce la instauración de este hábito. El gran psicólogo William James sugiere: “Si los jóvenes supieran con qué sutileza nos dominan los hábitos, pondrían mucha más atención en su adquisición”.

(Extraído de aqui)

(Extraído de aqui)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta oficial del Centro di Terapia Breve Strategica dirigido por Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

ESCUELA DE PALO ALTO: EL INTENTO DE DOMINAR UN ACONTECIMIENTO APLAZÁNDOLO

Los pacientes que se ven atrapados por esta contradicción suelen quejarse de estados de terror o de ansiedad, por ejemplo fobias, timidez, bloqueos en la escritura o en otras áreas creativas, bloqueos en el rendimiento (hablar en público, miedo a salir en escena), y de fenómenos similares. []
Las fobias constituyen un excelente ejemplo de esta categoría, y nos brindan una clara ilustración acerca de cómo surgen y se conservan los problemas de este tipo. Con gran frecuencia, las fobias comienzan de un modo inocuo. El futuro paciente fóbico no experimentaba ninguna dificultad para llevar a cabo determinada tarea pero, en un momento dado, choca con inconvenientes inesperados e inexplicables para realizarla. Se trata muy a menudo de una tarea que implica cierto riesgo, aunque sea muy reducido. Después de haber experimentado la dificultad, el futuro paciente comienza a especular sobre ella y se alarma al pensar que podría reaparecer en circunstancias peligrosas, mortificantes o humillantes para él.

A esto lo solemos llamar la feliz idea de “qué pasaría si…”: 
¿Qué pasaría si me da un vahído mientras voy conduciendo el coche, pero estoy en el puente y no puedo salir de la carretera?
¿Qué pasaría si se atasca el ascensor, no puedo salir, y pierdo el control de mi mismo?

El problemático estado de la cuestión suele agravarse al principio del proceso, cuando el futuro paciente decide que se está comportando como un tonto y que necesita probarse a sí mismo. Por lo común, su aprensión provocará una profecía que se cumplirá a si misma. Una vez confirmados sus peores temores, el sujeto se halla en disposición de adquirir una fobia perfectamente desarrollada.
El problema puede llegar a niveles fóbicos o limitarse a ser una reacción de ansiedad pero el futuro paciente considera que el acontecimiento temido es algo que él no está en condiciones de dominar. En es como si el acontecimiento fuese un dragón que el sujeto tiene que matar, pero para lo cual no posee el arma secreta que, al parecer, tienen todos los demás. El hecho de que la mayoría de las personas no parecen tener dificultades con el dragón constituye un factor que el futuro paciente utiliza como elemento de su intento de solución: se dice a sí mismo que, puesto que la tarea resulta en realidad algo sencillo y fácil para los demás, él no tendrá ninguna dificultad en llevarla a cabo. Al mismo tiempo se siente vulnerable y no se encuentra preparado para realizarla. (Sería extremadamente difícil desarrollar una fobia con respecto a una tarea considerada generalmente como algo arduo o peligroso, por ejemplo, el deporte de esquí. En tal eventualidad, uno se limitaría a definir el propio temor como perfectamente lógico y justificado, y aceptaría no poseer excesivo coraje.)

Así, el paciente se introduce en un problema inacabable, que aplaza al enfrentarse al dragón mediante una constante preparación para tal enfrentamiento. El estudiante que teme a los exámenes pide que se posponga una prueba, por más que haya estudiado para ella: el joven tímido que teme ser rechazado por una mujer, no la invita a salir. Por el contrario, esperará hasta hallarse con el estado de ánimo apropiado, o a que sus amigos más afortunados le hayan comunicado el truco del éxito seguro.
Esencialmente el intento básico de solución del paciente consiste en prepararse para el acontecimiento temido, de modo que ese acontecimiento puede ser dominado con antelación. El terapeuta debe evitar formular interpretaciones o directrices que sean meras variantes de esta solución. Este tipo de intervenciones sólo servirían para prolongar el problema. Lo que se requiere son directrices y explicaciones que expongan al paciente a la tarea, al tiempo que exigen una ausencia de dominio (o un dominio incompleto) de ella, como sucede en el siguiente ejemplo:

Terapeuta (a un estudiante con miedo a los exámenes): En el próximo examen, no me importa la calificación que usted obtenga sino más bien el hecho de que es una oportunidad para aprender algo más acerca de su problema. De hecho, le garantizo que, por más que haya estudiado, no obtendrá en él una nota superior a 90 sobre 100. Cuando le entreguen el cuestionario de examen, quiero que lea detenidamente las diez preguntas que aparecen en él. Entonces, elegirá una y la dejará sin respuesta, a pesar de lo mucho que sepa sobre el tema. Tengo el máximo interés en cómo elegirá usted dicha pregunta, porque gracias a este proceso aprenderá usted algo útil sobre su problema. []

En los casos en que el paciente teme ser rechazado por el sexo opuesto, se le pedirá que incremente deliberadamente las posibilidades de rechazo. Puede pedírsele que vaya a algún sitio donde la gente se reúne y que elija a la mujer más atractiva de las allí presentes, acercándose a ella con esta sencilla autopresentación: Me gustaría conocerla mejor, pero soy muy tímido al hablar con mujeres.
También hay que decirle al paciente que, en tales circunstancias, es probable que se vea rechazado ya
que, después de todo, ha elegido a una mujer muy llamativa y su presentación es absurdamente sencilla. Incluso en el caso de que no sea rechazado, se le indica que no la invite a salir o a verse otra vez puesto que el objetivo propio de la tarea asignada es inmunizarlo al impacto del rechazo, y no conocer a las mujeres.

El hilo conductor de las estrategias de solución ante los problemas de miedo-evitación es, por consiguiente, exponer al paciente a la tarea temida, al mismo tiempo que se le impide que la acabe con éxito. Como ya se ha explicado, esta estrategia general puede usarse como plan global, dado que la solución más frecuentemente adoptada por los pacientes consiste en evitar la tarea al mismo tiempo que se obligan a sí mismos a dominarla.

(De “La táctica del cambio. Cómo abreviar la terapia“. Fisch, Weakland y Segal. Herder)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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