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COMPULSIONES PLACENTERAS: SI QUIERES HACERLO, HAZLO MEJOR

 

Una mujer distinguida (Klimt)

Una mujer distinguida (Klimt)

Una mujer distinguida, muy elegante y decididamente perfumada entró en mi consulta con paso leve, como una bailarina, se sentó mientras se quitaba el precioso sombrero y los largos guantes como una perfecta diva; después, mirándome con dulzura expuso su problema.

Doctor, estoy aquí porque me han hablado bien de usted…

A lo que inmediatamente repliqué:

No se si estaré en condiciones de ayudarla, tendré que ganarme su estima, no me la conceda antes...

También me han dicho que era encantador…-insistió a señora.

Como cualquier lector con un poco de experiencia podrá intuir, esta paciente era muy seductora y, por tanto, solo en apariencia colaboradora.

klimt_judith_400Expuso su problema afirmando que era algo muy embarazoso para ella, puesto que contrastaba con su estilo personal. En efecto, el trastorno era una clásica forma de irrefrenable compulsión de procurarse pequeñas torturas: la paciente se comía, hasta hacerse sangre, la cutícula de los dedos; además, se rascaba los talones con las uñas hasta despellejarlos; también, de vez en cuando se pinchaba con agujas la palma de la mano causándose dolorosas heridas. Obviamente todo esto estaba en claro contraste con la fina y elegante imagen que ofrecía. Por tanto, este trastorno, además de ser incontrolable y fastidioso, aunque agradable en su ejecución, le creaba muchos problemas en las relaciones interpersonales, dado que al avergonzarse de ello tendía a evitarlas. []

Le dije a la mujer que podía ayudarla, pero que tenía algunas dudas respecto del hecho de que probablemente mis indicaciones le parecerían decididamente ilógicas o incluso ridículas. Por consiguiente, me declaré bastante escéptico en cuanto a mi capacidad para ayudarla.klimt_emilie_floge

Este tipo de comunicación, como comprenderá el lector, era una útil maniobra retórica para transformar su disposición hacia mi en real colaboración. En efecto, la paciente respondió diciendo que, considerada la estupidez de sus problemas, ninguna propuesta terapéutica podía ser estúpida. Después continué:

Bueno, considerando eso, quiero que siga al pie de la letra mis instrucciones hasta cuando volvamos a vernos, dentro de dos semanas.

Ante todo quítese de la cabeza la idea de conseguir no torturarse, porque esto me parece que no se puede plantear; es más, lo que quiero es que usted aprenda a hacerlo mejor…puesto que solo si aprende a hacerlo bien conseguiremos luego cambiar las cosas…por tanto, quiero que cada vez que comience a comerse la cutícula de los dedos lo haga con método y de manera rigurosa, o sea, que comience por el meñique y pase por todos sus dedos; aunque usted tuviera la intención de comerse una sola cutícula, deberá empezar por el meñique, pasar al anular, luego al medio, al índice y por fin al pulgar. Luego pasará a la otra mano, empezando siempre por la cutícula de la uña del meñique.

Pero ¡así me machacaré de verdad!-me advirtió ella.

La mujer escucho horrorizada la prescripción

La mujer escuchó horrorizada la prescripción

Eso no es todo, aún falta lo mejor…-advertí, continuando con la prescripción-. Eso por lo que se refiere a la cutícula de las manos. Por lo que se refiere a sus talones, cada vez que empiece a despellejarlos deberá también en este caso usar un método preciso. O sea, deberá comenzar por la derecha, yendo hacia la izquierda y luego volviendo a la derecha y luego hacia la izquierda, en toda la planta de su pie, haciendo lo mismo con ambos pies.

Pero, perdone, doctor, así me despellejaré todo el pie , no solo el talón-dijo ella.

Precisamente, quiero que lo haga meticulosamente y de manera completa -insistí de nuevo-. En fin, en cuanto a su juego con las agujas, quiero que haga lo siguiente. Cómprese una caja de agujas y téngala siempre consigo; todos los días a la misma hora, elija la que le resulte más cómoda, coja una aguja de la caja por vez y pínchese la palma de la mano; decida usted cuánto debe presionar, si hacer o no hacer que le salga sangre; lo importante es que presione una vez con cada una de las agujas.

Después de haberme mirado horrorizada durante toda la prescripción, la distinguida señora afirmó que todo eso le parecía muy extravagante, pero que de todos modos intentaría realizarlo al pie de la letra.

Dos semanas después la paciente contó que se había quedado sorprendida por el efecto de las tareas, puesto que había aplicado al pie de la letra las tres prescripciones y aquello no le había agradado en absoluto. No porque la tortura fuese mayor que las anteriores, sino sencillamente porque al tener que realizarlas de la manera prescrita ya no eran tan placenteras e

Helene y Gustav Klimt

Helene y Gustav Klimt

irrefrenables, sino que se habían convertido en algo desagradable y por consiguiente rechazable. Ante esta afirmación pedí explicaciones, fingiéndome sorprendido del “mágico

efecto” de mis indicaciones. Ella expuso con más detalle el hecho de que ahora su primer deseo irresistible había cambiado, era como si se hubiera roto un hechizo, y desde la primera ejecución prescrita, en los días siguientes solo con imaginar que debía comerse las cutículas, dedo por dedo, o el despellejamiento metódico del pie de derecha a izquierda, o tener que pincharse la palma con una decena de agujas, la inmediata reacción era el rechazo total. En otros términos, la irresistible compulsión por la tortura se había transformado en una desagradable tortura prescrita y por tanto rechazable.

Klimt portando su gato

Klimt portando su gato

 

En efecto, la manera más eficaz de romper una compulsión irrefrenable es ritualizarla mediante un preciso contrarritual terapéutico. Una vez más hacer subir al enemigo al desván y luego quitar la escalera y lanzar el ladrillo para recibir el jade. []

La distinguida señora volvió a verme después de algunos meses y como corresponde a tan noble estirpe, venía seguida por dos personas, sus servidores, que me entregaron un precioso regalo.

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(Extraído de aquí)

 

EL PLACER QUE IMPIDE SENTIR

“Imaginemos, por ejemplo, una joven mujer que empieza una nueva relación con el hombre de sus sueños. Por fin ha encontrado a aquel que parece que encarna todo lo que siempre ha deseado en un hombre y ya se siente fuertemente implicada en la relación. El deseo de que esta relación funcione es tan fuerte que la mujer es incapaz de “sentir” hasta el fondo que de la otra parte no hay el mismo entusiasmo y la misma implicación. Puesto que lo desea mucho, aún percibiendo la escasa implicación del otro no es capaz de traducirlo como tal y acaba por interpretarlo como “miedo a la relación” o “dificultad en dejarse llevar” o, con el más sublime de los autoengaños femeninos: “no me busca porque está demasiado loco por mí”. Nos encontramos frente a una incapacidad de sentir a causa del placer, que tiene como recaída una incapacidad estratégica en la gestión de la relación. En lugar de ponerse en el rol de quien debería hacerse desear -cosa que podría llevar gradualmente al hombre a dejarse implicar con más fuerza- la mujer es muy apremiante en la relación y literalmente corre el riesgo de hacer que el hombre de sus sueños “se escape”. En este caso, en que la dificultad está en el plano de sentir de manera adecuada, la primera estratagema que hay que utilizar es crear de la nada. Puesto que no podemos saber si la persona “siente” correctamente o no, es decir, cuál es la percepción adecuada respecto a la situación que está viviendo, la intervención ha de ser de descubrimiento, o sea experimental, orientada a desvelar “cómo funciona” la relación.
En esta óptica, se invita a la persona a que escoja un como si para que sea una guía operativa de lo que haga y, en virtud de esto, descubrir si sentía correctamente o no. En este caso, la mujer podría decirse:

Cuando él no me telefonea o no me busca como quisiera siento que quizás podría no estar implicado en la relación. Sin embargo, esto podría estar relacionado con su inseguridad o miedo y no necesariamente con nuestra relación. Como no tengo la respuesta a esta duda, me pregunto: ¿qué haría, cómo me comportaría como si estuviese segura de que siento lo correcto cuando siento que él no está bastante implicado?

La lógica de la maniobra es la de escoger una sola entre las percepciones discordantes de la realidad que la mujer está viviendo y hacer como si fuese correcta. En efecto, no sólo la persona no sabe cuál es la percepción correcta, sino que su columpiarse entre la una y la otra acaba por ofuscar todavía más su capacidad de sentir. Eligiendo de forma voluntaria una única percepción como si fuese la adecuada, por lo tanto, la mujer introduce un cambio en sus propios comportamientos que producirá cambios concretos en la relación y la ayudará a comprender mejor cómo funciona el mecanismo. Es como si se lanzaran globos-sonda que ayudaran a comprender cómo está hecho el territorio. Al comportarse como quien no se siente del todo deseada, de hecho, la mujer empieza a disminuir sus llamadas telefónicas, a dejar de proponer a su pareja que se vean o que se vayan juntos de vacaciones, es decir, se coloca en la posición de quien espera ser buscado en lugar de perseguir. Este cambio de actitud, estratégicamente seleccionado en la vía del como si, puede, por lo tanto, producir dos efectos: llevar al hombre a perseguir más a la mujer porque nota que “se aleja”, o guiarlo a separarse a su vez porque realmente no está interesado. En el primer caso la mujer podrá obtener finalmente el efecto deseado (una mayor implicación del hombre); en el segundo, acabará por descubrir que el otro no está en verdad implicado en la relación y que, por tanto, desgraciadamente, “sentía” correctamente. En este punto será libre de decidir cómo actuar de la manera más eficaz, al haber superado la incapacidad de base. Una vez más, vuelve a la mente el imperativo estético de von Foerster:

Si quieres ver aprende a actuar

(De “Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos”. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder)

EL PLACER: ESTRATAGEMAS DE INTERVENCIÓN

“El ámbito del placer encierra muchísimas emociones y sensaciones diferentes; el deseo, la alegría, la pasión, etc. Esta sensación fundamental está, muy a menudo, en la base de la incapacidad de no reaccionar.
Entre los ejemplos más significativos de esta incapacidad encontramos:

La dependencia por sobrecarga de información ( information overloading addiction), que se ha hecho cada vez más evidente y difusa con el desarrollo de Internet y el vertiginoso aumento de la cantidad de material informativo presente en este medio. Este trastorno se manifiesta por una búsqueda extenuante y prolongada en el tiempo de información, a menudo inútil e insuficiente, en el intento de alcanzar la mejor puesta al día posible a través del web surfing, es decir, pasando continuamente de un sitio al otro, o a través de indagaciones sobre materiales contenidos en diversos bancos de datos (Nardone, Cagnoni, 2002). [] Las horas al ordenador nunca son suficientes, el tiempo libre -y a veces también el laborable- queda completamente absorbido por esta entusiasta actividad de búsqueda. Las personas se alejan durante horas y días enteros, ya sea en su casa o en su lugar de trabajo, descuidando actividades que hasta aquel momento eran realmente importantes.

Poco a poco, al darse cuenta de la situación problemática en la que se halla, la persona en cuestión intenta “resistir”, procurándose periodos de abstinencia forzosa de ordenador, al que, sin embargo, siguen a menudo auténticos “atracones” informáticos, en los que la persona recupera todo el tiempo perdido en el breve periodo de privación.
En un caso como éste, en el que el aspecto del placer ligado a la búsqueda es determinante, de nada sirve el intento de limitar la actividad compulsiva de la persona, si no es para aumentar aún más su necesidad espasmódica de estas sensaciones que sólo la búsqueda en Internet parece capaz de proporcionarle. Intervenir sobre una situación como ésta, más bien, requiere que el coach apoye la lógica del cliente guiándolo, inicialmente, a ritualizar y puntualizar todavía más su búsqueda.
La demanda usual es la de esforzarse por entrar en la red a cada hora en punto y, durante cinco minutos exactos, pasar revista a todas las informaciones que se quiera; transcurridos los cinco minutos, hay que dejarlo hasta la hora siguiente y así sucesivamente durante el resto del día.
La respuesta habitual a esta prescripción es que la persona, que normalmente permanecía en la red mucho más que el tiempo prescrito, consigue mantenerse dentro de los espacios concedidos, sin el deseo de utilizar Internet en otros momentos. Y esto ya constituye normalmente una notable reducción cuantitativa del tiempo dedicado a la búsqueda respecto a los hábitos precedentes. De forma paralela, intervienen también elementos cualitativos, es decir, que el hecho de tener que controlar cada hora las novedades durante los cinco minutos prescritos induce a la persona a sentir la búsqueda ya no como una irrefrenable y agradable compulsión, sino como una obligación hacia el coach y, como tal, no tan deseable.
En este punto se prescribe a la persona que entre en la red durante cinco minutos cada dos horas. [] Actuando así se obtiene también otro efecto importante: la persona, al tener a su disposición mucho más tiempo libre, empieza a redescubrir todos aquellos placeres ligados al estar con los demás o dedicarse a otras actividades que había abandonado por su pasión por la red. Al disminuir posteriormente los espacios dedicados a la prescripción (cinco minutos cada tres horas, etc) y al aumentar los que se dedican a otros placeres, se guía a la persona hasta la completa superación de su anterior “dependencia”.

Otro caso emblemático de la incapacidad de no reaccionar basada en el placer es el tipo de comportamiento que se define como adicción al sexo: una auténtica dependencia al sexo. [] Estas personas se encuentran constantemente atrapadas en una necesidad extrema de sexo “realizado” como solución liberatoria de una tensión creada por un sexo “pensado”. Sin solución de continuidad, cada gratificación física portadora de placer descarga la tensión, pero al mismo tiempo abre literalmente la puerta a nuevas situaciones imaginarias ahora siempre dispuestas a abrirse camino.[] Como sucede a menudo, cada prohibición lleva consigo el placer de la transgresión, y cada intento por no pensar no hace más que recordar todavía con más fuerza lo que se quiere olvidar. []
En este caso la alternativa estratégica que se ha revelado más eficaz consiste antes de nada en hacer que la persona sea consciente de la peligrosidad de cualquier forma de “prohibición” respecto al tema. [] Se le pide a la persona que se conceda diaria y obligatoriamente una hora de tiempo en la que abandonarse a todo aquello que tiene que ver con el tema en cuestión. [] El “lo hago porque tengo ganas y no puedo prescindir de ello” se transforma, en virtud de la prescripción, cada vez más en “lo hago porque debo hacerlo”, y un placer prescrito resulta ser indudablemente mucho menos agradable que un placer espontáneo. De forma paralela, se sugiere a la persona que determine todos aquellos aspectos, elementos y condiciones capaces de hacer aquella experiencia la más satisfactoria y agradable posible. Es decir, tendrá que concentrarse en la calidad de la experiencia vivida, desde el momento en que el tiempo de que dispondrá será “solamente” de una hora al día. [] La persona es guiada, de forma gradual, a especializarse en la búsqueda cualitativa del placer, descubriendo que, cuanto más consigue aumentar y destilar el placer en un espacio reducido de tiempo, tanto más éste no sólo es realmente más intenso, sino que también permite liberar espacio y energías para dedicar a todas las demás actividades agradables a las que la persona había renunciado en todo este tiempo. [] Trabajando sobre la ampliación del placer, se guía a la persona a que posponga día a día el espacio dedicado a la actividad sexual, incrementando cada vez más la calidad de la experiencia que vive, hasta conducirla a recuperar la sensación de libertad y control sobre la vida que la adicción al sexo le había privado.”

(De “Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos”. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder)

LA DIETA PARADÓJICA: LA GESTIÓN DEL PLACER

“El problema esencial de cualquier dieta no reside en su eficacia sino en su mantenimiento a lo largo del tiempo. [] Es más, la desilusión que se deriva de la repetición del fracaso habitualmente conduce a una actitud depresiva de renuncia. [] Pero si, como hemos dicho, el problema no está representado por las soluciones sino por su mantenimiento a lo largo del tiempo, la atención debería desplazarse al segundo factor en lugar de estar constantemente centrada en el primero. []
El motivo de que las dietas fracasen es que todas se basan en la idea de control, de la limitación y del sacrificio; por consiguiente, antes o después se vuelven insoportables porque chocan pesadamente con la sensación fundamental en la que se basa nuestra relación con la comida: el placer. []
Las reacciones que aparecen durante o después de un periodo de restricción alimentaria son numerosas y diferentes entre sí. A veces son incomprensibles, pero todas comparten el efecto de un intento de control que conduce a la pérdida de control. Esta es la estructura paradójica connatural a cualquier dieta.
Si se desea salir de esta trampa, el placer debe ser el fundamento básico y no el accesorio de un programa alimentario.
De ahí nace la idea de la dieta de la paradoja, es decir, de una gestión de la alimentación basada en el placer y no en el sacrificio y el control forzado. []
Además, es una evidencia para los lógicos y los terapeutas más sofisticados que un dilema representado por una paradoja puede resolverse sólo con una solución basada en una contraparadoja. […]
Como expresa un aforismo que utilizo desde hace años para comunicarme con las personas que presentan problemas con la alimentación: <>. Con esta sentencia se quiere indicar que la relación con cualquier cosa placentera, para que sea funcional y equilibrada sólo puede basarse en el placer. Sin embargo, para no vernos arrollados es necesario usar con uno mismo una estratagema particular que nos permita asumir el control. []
Mientras quien se abstiene carga siempre consigo el deseo del objeto de su abstención, quien se concede el placer de lo que desea, al cabo de cierto tiempo ya no lo desea tanto como antes. Si me concedo aquello que me gusta, al cabo de poco tiempo dejará de agradarme tanto y podré renunciar a ello sin esfuerzo ni frustración.
El primer paso para la elaboración de una dieta eficaz es concederse las comidas más deseadas para convertirlas gradualmente en algo cada vez menos atractivo y subyugante, procediendo así de forma paradójica respecto a las dietas habituales. [] Concederse todo aquello que a uno le gusta comer representa sólo la primera sugerencia de nuestra dieta de la paradoja, acompañada de la prescripción de hacerlo sólo y únicamente en las tres comidas. La indicación es:

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Esta regla se basa en la ambivalencia de ser libre de elegir a partir de los propios deseos, con el vínculo de las tres citas cotidianas. El procedimiento permite establecer una colaboración, en lugar de enfrentarlos, entre placer y deber, lo que induce a la autorregulación más que a un control forzado.
No es por casualidad que esto sea también la meta en el tratamiento de los desórdenes alimentarios graves, mientras que el equilibrio entre placer y regulación representa el punto de partida de la patología. []
Por otro lado, en las sociedades opulentas, el cuerpo ha olvidado el placer del movimiento pues casi nadie realiza trabajos manuales y se tiende a una vida sedentaria. Por lo tanto, es frecuente que para apreciar el placer del movimiento haya que superar una cierta inercia inicial que nos hace sentir como algo placentero el estar parados, el vagar, el no usar el cuerpo. El mejor sistema para salir de este estado de inmovilidad consiste en dedicarse a la actividad motriz con un poco de constancia. El cuerpo, si se lo sabe escuchar, no tardará en enviar señales positivas, de placer y bienestar. [] La selección del tipo de gimnasia o deporte se convierte en una cuestión crucial. [] Lo importante es que la actividad nos agrade porque así la practicaremos con constancia. [] Para que la actividad motriz se convierta en una exigencia agradable es necesario que ésta compense los posibles desequilibrios de nuestras obligaciones cotidianas.

Era una mujer elegante y refinada pero esos 5 ó 6 kilos de más la hacían un poco torpe, por más que ella se encargara de ocultarlos bajo una indumentaria adecuada a sus formas. [] Se había decidido a pedir ayuda porque le resultaba insoportable no sólo contar con unos kilos de más sino, especialmente, ser incapaz de controlar su tendencia a comer chocolate y dulces fuera de las comidas. [] No se trataba de atiborrarse, sino de unas porciones normales de bollería que, al ser una práctica cotidiana, no le permitían guardar la línea. Cuando le recomendé la dieta de la paradoja me preguntó atemorizada si esto quería decir que debía sustituir su sana alimentación por los dulces. Pero lo que más le desconcertó no fue mi respuesta afirmativa, sino la siguiente prescripción: siempre que comiese algo entre horas, debería comprometerse a comer cinco veces lo mismo. [] Probaría a seguir mis sorprendentes indicaciones. []
La experiencia le resultó realmente correctiva ya que a medida que iba comiéndose los pastelillos, dejaron de parecerle tan gustosos para convertirse en algo desagradable. Hasta tal punto fue así que para llegar a la dosis establecida tuvo que esforzarse mucho, procurándose un buen empacho. Desde entonces no volvió a haber paradas en la pastelería, es más, la mera idea de hacerlo le generaba una sensación de rechazo. No obstante, había aportado una variación a su dieta cotidiana al introducir platos más gustosos que los que se consideraban adecuados por ser más sanos. Pero lo más increíble era que había adelgazado dos kilos. []
En el curso de los dos meses siguientes su peso y equilibrio alimentario se estabilizaron: se permitía un café y bollos por la mañana, pasta o arroz, verduras y fruta al mediodía y carne o pescado con verduras o fruta por la noche y una chocolatina como colofón. La última vez que la vi me trajo como regalo una magnífica bandeja de dulces de lo más refinado de su pastelería favorita “

(De “La dieta de la paradoja. Cómo superar las barreras psicológicas que te impiden adelgazar y estar en forma”. Giorgio Nardone. Paidós)

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