ATAQUES DE PÁNICO Y MIEDO AL MIEDO

“Este tipo generalizado de trastorno fóbico (ataques de pánico con agorafobia) se mantiene gracias a las soluciones intentadas de evitación y solicitud de ayuda. Aquellos que sufren de esta patología evitan constantemente exponerse a los presuntos peligros o, si no, requieren la presencia constante de una persona en la que confían con el fin de enfrentarse a ellos.
Nuestra investigación ha mostrado que cuando una persona pide ayuda y la recibe, esta solución intentada confirma y alimenta el problema. Para interrumpir con rapidez este círculo vicioso, hemos ideado una reestructuración específica y elaborada:

Bien, antes que nada hay algo sobre lo que quiero que piense durante la próxima semana. Quiero que piense que, cada vez que usted pide ayuda y la recibe, está recibiendo, al mismo tiempo, dos mensajes. El primer mensaje obvio es <. El segundo mensaje, que es menos obvio pero más fuerte y más sutil, es . Por favor, fíjese que no le estoy pidiendo que deje de pedir ayuda, porque sé que en este momento usted no es capaz de dejar de pedir ayuda. Solamente le estoy pidiendo que piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, contribuye a mantener y empeorar sus problemas. Pero, por favor, no se esfuerce en evitar pedir ayuda, porque aún no es capaz de dejar de pedir ayuda. Sólo piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, está ayudando a que las cosas empeoren.

La técnica utilizada aquí es el miedo contra el miedo. El miedo a incrementar la gravedad del problema es mucho peor que los miedos que llevan constantemente a la persona a pedir ayuda. Cada miedo está limitado por un miedo mayor. [] Utilizamos un tipo de comunicación paradójica, que fuerza la incapacidad del paciente a actuar sin ayuda. En otras palabras, inducimos a la persona a actuar, sin pedirle directamente que lo haga. La prescripción se da normalmente al final de la primera sesión, junto con el diario de a bordo:

“Diario de a bordo”
para los ataques de pánico

 Para esta tarea usted necesita un bloc de notas de bolsillo en el que ha de copiar el esquema que le he preparado: fecha y hora, lugar y personas presentes, situaciones y pensamientos, síntomas y reacciones. Este bloc de notas se convertirá en un compañero inseparable, que ha de llevar consigo todo el día; y, cada vez que sienta que está empezando a tener uno de sus ataques de pánico o nota que tiene miedo, sacará inmediatamente su bloc de notas y anotará la fecha, el lugar…¿de acuerdo? Sin embargo, es importante que lo lleve a cabo correctamente en el momento en que siente que está teniendo el ataque, no antes, ya que entonces se trataría de una fantasía; tampoco después, porque sería un recuerdo…Necesitamos que lo haga en el momento exacto para tener una especie de fotografía de la situación. Así, aunque tenga la misma sensación cien veces, saque cien veces el bloc de notas y anótelo en el momento exacto, ¿de acuerdo?

El diario de a bordo es una prescripción que se da en la primera sesión en el tratamiento de los trastornos fóbicos, con la intención de desplazar la atención del paciente, en un momento de necesidad, de los síntomas a la ejecución del ejercicio, aunque es presentado al paciente como un medio para controlar el ataque de pánico (es la estratagema surcar el mar a espaldas del cielo).
Normalmente en la segunda sesión los pacientes nos informan de que en ningún momento han solicitado ayuda en la semana anterior;  la mayoría de las veces han empezado a hacer las cosas por sí mismos, [] sin experimentar miedo alguno.
Cuando la solución intentada principal es la evitación, invitamos al paciente a que piense que haciéndolo así podría parecer una ayuda en el momento de necesidad, pero, en realidad, esta conducta terminará por confirmar su incapacidad frente a la situación temida, la cual aumenta más su miedo. Así, en estos casos, se invita al paciente -no se le impone- a que evite evitar. []
Otros pacientes revelan que normalmente tienden a evitar situaciones de miedo y llegan a un punto en que sienten la necesidad de ponerse a prueba forzándose a enfrentarse a situaciones de miedo planificadas, con la intención de medir sus propios fracasos. A estos pacientes [] se les induce a comprender que su particular solución intentada está, finalmente, manteniendo y empeorando su miedo. []
Después del primer cambio importante, obviamente son necesarias toda una serie de maniobras terapéuticas posteriores para alcanzar la solución definitiva. []
La segunda fase de la terapia se preocupa de los intentos del paciente por mantener el control de sus reacciones. Para ello, los pacientes tienden a evitar incluso el pensar acerca de sus miedos, pero esto, paradójicamente, los lleva a pensar aún más en ellos. Hemos establecido una prescripción específica para cambiar este sistema perceptivo-reactivo (la prescripción de “la peor fantasía“):

La prescripción de elección
para la mayoría de los miedos:
“La peor fantasía”

Le voy a dar ahora una tarea que le parecerá más bien extraña e incluso más absurda de la que acaba de realizar. Sin embargo, como acordamos, ha de seguirla al pie de la letra. [] Bien, cada día, a la hora acordada, usted cogerá este despertador y lo pondrá para que suene media hora más tarde. Durante esta media hora, se aislará en una habitación, se acostará o sentará en un sofá y durante este tiempo es esforzará voluntariamente en evocar sus peores fantasías relativas a su problema, pensando que está solo, que siente cómo le entra el pánico…Usted permanecerá en este estado durante el resto de la media hora. Tan pronto como suene la alarma, stop, la para, suspende el ejercicio, deja los pensamientos y las sensaciones que ha provocado, sale de la habitación, se lava la cara y vuelve a sus actividades habituales.

La prescripción sigue el proverbio de los antiguos chinos, para apagar el fuego hay que añadir leña. O, como reza una máxima islámica, enfrentándose al propio miedo, uno se vuelve audaz.
En la sesión siguiente, [] la redefinición se expresa como sigue:

Muy bien. Usted ha aprendido a modular y gestionar su trastorno. Así como usted puede provocar de forma voluntaria los síntomas, también puede limitarlos, y cuanto más pueda provocarlos durante un tiempo dado, más podrá limitarlos y hacerlos desaparecer. Cuanto más pueda usted provocarlos durante la media hora, mucho mejor será capaz de controlarlos durante el resto del día []

En la tercera fase de la terapia, el paciente será conducido a utilizar esta reacción paradójica directamente en el momento de necesidad, cuando surja el miedo. Esto hará que pueda hacerlo desaparecer. Cuando la persona ha conseguido esta capacidad, la guiamos a que se exponga a las situaciones temidas previamente evitadas. Muy a menudo, los pacientes lo hacen de forma espontánea, cuando han recuperado la confianza en sus recursos. Este proceso, en su totalidad, lleva a una completa recuperación de los trastornos fóbicos”

(De “Conocer a través del cambio”. Giorgio Nardone y Claudette Portelli. Herder Editorial)

LA DIETA PARADÓJICA: LA GESTIÓN DEL PLACER

“El problema esencial de cualquier dieta no reside en su eficacia sino en su mantenimiento a lo largo del tiempo. [] Es más, la desilusión que se deriva de la repetición del fracaso habitualmente conduce a una actitud depresiva de renuncia. [] Pero si, como hemos dicho, el problema no está representado por las soluciones sino por su mantenimiento a lo largo del tiempo, la atención debería desplazarse al segundo factor en lugar de estar constantemente centrada en el primero. []
El motivo de que las dietas fracasen es que todas se basan en la idea de control, de la limitación y del sacrificio; por consiguiente, antes o después se vuelven insoportables porque chocan pesadamente con la sensación fundamental en la que se basa nuestra relación con la comida: el placer. []
Las reacciones que aparecen durante o después de un periodo de restricción alimentaria son numerosas y diferentes entre sí. A veces son incomprensibles, pero todas comparten el efecto de un intento de control que conduce a la pérdida de control. Esta es la estructura paradójica connatural a cualquier dieta.
Si se desea salir de esta trampa, el placer debe ser el fundamento básico y no el accesorio de un programa alimentario.
De ahí nace la idea de la dieta de la paradoja, es decir, de una gestión de la alimentación basada en el placer y no en el sacrificio y el control forzado. []
Además, es una evidencia para los lógicos y los terapeutas más sofisticados que un dilema representado por una paradoja puede resolverse sólo con una solución basada en una contraparadoja. […]
Como expresa un aforismo que utilizo desde hace años para comunicarme con las personas que presentan problemas con la alimentación: <>. Con esta sentencia se quiere indicar que la relación con cualquier cosa placentera, para que sea funcional y equilibrada sólo puede basarse en el placer. Sin embargo, para no vernos arrollados es necesario usar con uno mismo una estratagema particular que nos permita asumir el control. []
Mientras quien se abstiene carga siempre consigo el deseo del objeto de su abstención, quien se concede el placer de lo que desea, al cabo de cierto tiempo ya no lo desea tanto como antes. Si me concedo aquello que me gusta, al cabo de poco tiempo dejará de agradarme tanto y podré renunciar a ello sin esfuerzo ni frustración.
El primer paso para la elaboración de una dieta eficaz es concederse las comidas más deseadas para convertirlas gradualmente en algo cada vez menos atractivo y subyugante, procediendo así de forma paradójica respecto a las dietas habituales. [] Concederse todo aquello que a uno le gusta comer representa sólo la primera sugerencia de nuestra dieta de la paradoja, acompañada de la prescripción de hacerlo sólo y únicamente en las tres comidas. La indicación es:

<>

Esta regla se basa en la ambivalencia de ser libre de elegir a partir de los propios deseos, con el vínculo de las tres citas cotidianas. El procedimiento permite establecer una colaboración, en lugar de enfrentarlos, entre placer y deber, lo que induce a la autorregulación más que a un control forzado.
No es por casualidad que esto sea también la meta en el tratamiento de los desórdenes alimentarios graves, mientras que el equilibrio entre placer y regulación representa el punto de partida de la patología. []
Por otro lado, en las sociedades opulentas, el cuerpo ha olvidado el placer del movimiento pues casi nadie realiza trabajos manuales y se tiende a una vida sedentaria. Por lo tanto, es frecuente que para apreciar el placer del movimiento haya que superar una cierta inercia inicial que nos hace sentir como algo placentero el estar parados, el vagar, el no usar el cuerpo. El mejor sistema para salir de este estado de inmovilidad consiste en dedicarse a la actividad motriz con un poco de constancia. El cuerpo, si se lo sabe escuchar, no tardará en enviar señales positivas, de placer y bienestar. [] La selección del tipo de gimnasia o deporte se convierte en una cuestión crucial. [] Lo importante es que la actividad nos agrade porque así la practicaremos con constancia. [] Para que la actividad motriz se convierta en una exigencia agradable es necesario que ésta compense los posibles desequilibrios de nuestras obligaciones cotidianas.

Era una mujer elegante y refinada pero esos 5 ó 6 kilos de más la hacían un poco torpe, por más que ella se encargara de ocultarlos bajo una indumentaria adecuada a sus formas. [] Se había decidido a pedir ayuda porque le resultaba insoportable no sólo contar con unos kilos de más sino, especialmente, ser incapaz de controlar su tendencia a comer chocolate y dulces fuera de las comidas. [] No se trataba de atiborrarse, sino de unas porciones normales de bollería que, al ser una práctica cotidiana, no le permitían guardar la línea. Cuando le recomendé la dieta de la paradoja me preguntó atemorizada si esto quería decir que debía sustituir su sana alimentación por los dulces. Pero lo que más le desconcertó no fue mi respuesta afirmativa, sino la siguiente prescripción: siempre que comiese algo entre horas, debería comprometerse a comer cinco veces lo mismo. [] Probaría a seguir mis sorprendentes indicaciones. []
La experiencia le resultó realmente correctiva ya que a medida que iba comiéndose los pastelillos, dejaron de parecerle tan gustosos para convertirse en algo desagradable. Hasta tal punto fue así que para llegar a la dosis establecida tuvo que esforzarse mucho, procurándose un buen empacho. Desde entonces no volvió a haber paradas en la pastelería, es más, la mera idea de hacerlo le generaba una sensación de rechazo. No obstante, había aportado una variación a su dieta cotidiana al introducir platos más gustosos que los que se consideraban adecuados por ser más sanos. Pero lo más increíble era que había adelgazado dos kilos. []
En el curso de los dos meses siguientes su peso y equilibrio alimentario se estabilizaron: se permitía un café y bollos por la mañana, pasta o arroz, verduras y fruta al mediodía y carne o pescado con verduras o fruta por la noche y una chocolatina como colofón. La última vez que la vi me trajo como regalo una magnífica bandeja de dulces de lo más refinado de su pastelería favorita ”

(De “La dieta de la paradoja. Cómo superar las barreras psicológicas que te impiden adelgazar y estar en forma”. Giorgio Nardone. Paidós)

EN CASO DE DISMORFOFOBIA

“Un trastorno postmoderno que tiene el mismo sistema perceptivo-reactivo que todos los demás trastornos fóbico-obsesivos es la dismorfofobia, es decir, el miedo obsesivo a la propia apariencia física, [] en conexión con la noción postmoderna de que hemos avanzado tanto que podemos cambiar incluso lo aparentemente inmutable, como nuestra apariencia física genéticamente determinada. []
La cirugía estética es en sí misma una ciencia útil y preciada; sin embargo, su utilización excesiva e impropia puede volverla realmente perjudicial y peligrosa. [] Cuando una persona se obsesiona sobre una peculiaridad estética que rechaza aceptar, su atención se concentra siempre en este . Vive con este tormento a lo largo de todo el día, que después se vuelve en pánico a la vista del espejo o de una mirada indiscreta.
Sin embargo, es necesario destacar que, en la mayoría de los casos, el estético es inexistente o insignificante, [] sólo es una fijación mental, a menudo conectada con problemas de relación con otras personas y un profundo sentido de inseguridad. La mente se agarra a un defecto estético para explicar los fundamentos de estos problemas y mantiene la ilusión de que, una vez suprimido o modificado, todo volverá milagrosamente a su lugar. []
La persona, contenta con los resultados obtenidos, siempre puede encontrar algo más en su cuerpo que puede ser mejorado, por lo que el paciente entra en una trampa aparentemente sin salida: empieza algo que le da la ilusión de tener el control sobre su aspecto físico, pero, en realidad, hace que pierda el control. Una intervención llevará a otra, después a otra, y así sucesivamente, [] haciendo que viva en la constante necesidad de sedar las reacciones de pánico provocadas por la idea de tener un defecto estético. []
Otra solución intentada común que toman los dismorfofóbicos es el aislamiento del contacto social, con el fin de evitar el sufrimiento y las crisis de pánico. []
Para ilustrarlo veamos el caso de Cinzia. Este caso fue tratado por el profesor Nardone y fue emitido por la televisión nacional italiana. []
Cinzia es una bella mujer mediterránea de 23 años que ya se ha sometido a una operación de agrandamiento del seno antes de ser enviada a nuestra clínica por su cirujano plástico, que rechaza llevar a cabo una segunda intervención quirúrgica: realzar el labio superior. []

Terapeuta: ¿Antes de agrandarte el seno, estabas convencida de que tenías que arreglarte también los labios, o esta idea se te ocurrió después de haberte arreglado el seno?
Paciente: Mmmm…se me ocurrió después de haberme hecho agrandar el seno.
T: Por lo tanto, ¿tú has descubierto el defecto en tus labios solamente después de haber corregido otro defecto?
P: Sí, es correcto []
T: Ok. ¿Conoces el juego de las cajas chinas? Abres una caja grande y encuentras una más pequeña; abres la más pequeña y encuentras otra aún más pequeña; y después otra aún más pequeña…Y así sucesivamente…Me gustaría que empezases a pensar que después de cada intervención quirúrgica correctiva que ha funcionado estarás abrumada por el deseo de realizar otra…y después otra más…y así sucesivamente…[] ¡es la intervención correctiva la que hace que tú crees nuevas cosas que corregir! ¿Conoces a Michael Jackson? [] Una buena solución, si se repite, a veces puede llegar a ser un problema. []
T: Permíteme que te dé un consejo, en las próximas semanas diviértete mirándote en el espejo, cinco veces al día, cada tres horas durante cinco minutos. Coge un lápiz y un papel, y apunta todos tus defectos estéticos. Escríbelos y piensa en cómo podrías corregirlos. Es la manera perfecta de evitar el juego de las cajas chinas, ¿de acuerdo?
P: De acuerdo []

La prescripción paradójica, que llamamos chequeo estético, está destinada a reforzar el cambio producido durante la sesión. Esta prescripción tenía la intención de incrementar el miedo de la paciente a entrar en un círculo vicioso sin salida. []
A través del uso del diálogo estratégico, se hace sentir a la paciente, y no meramente entender, que lo que estaba a punto de emprender no iba a solucionar el problema. Por el contrario, esta solución intentada se convertiría en un problema que crearía otro problema, precisamente como en el juego de las cajas chinas. La analogía con las cajas chinas es una imagen metafórica muy fuerte que representa muy bien la posible caída en un círculo vicioso con peores consecuencias posteriores. El impacto producido por el diálogo estratégico utilizado a lo largo de la primera sesión fue tan inmediato y abrumador que la paciente no tuvo necesidad de poner en práctica el consejo dado por el terapeuta para experimentar el cambio”


 (De “Conocer a través del cambio”. Giorgio Nardone y Claudette Portelli. Herder Editorial)

PRESCRIPCIONES PARA UN DEPRESIVO RADICAL

 

PRIMER TIPO DE DEPRESIÓN:

“Esta definición (la de depresivo radical), decididamente fuerte, ha sido escogida precisamente para indicar la intromisión y la persistencia del sufrimiento ínsito en su naturaleza. Es la forma más fácil de reconocer, quizás la más difícil de tratar; caracterizada por la generalización del pensamiento negativo, [] se distingue por la temporalidad: es decir, todas las personas que la sufren dicen haber estado siempre así. []
Se supone que se ha construido una creencia, con características muy precisas, a la que la persona se adhiere, perpetuando el
doloroso sistema disfuncional. [] <<Total…no lo consigues, no eres capaz, tienes mala suerte, no tienes recursos para…>> o <<Total...no puedo, no soy capaz[.]>> Derrotas sucesivas, no importa si son sólo temidas o reales, construyen la creencia en la propia <<debilidad>>, en la propia desventaja, con comportamientos relacionados y repetidos que acaban siempre por confirmarla y reforzarla. La derrota se convierte en la prueba irrefutable de la propia incapacidad y la justificación de la propia renuncia y, precisamente, no sucede que la derrota sea real: creer que no se puede hacer ya es no poder hacerlo. En este sentido, evitaciones sucesivas y repetidas en el tiempo pueden llevar a la renuncia. Esto nos indica que la persona se construye una creencia, que se convertirá en una profecía que se autodetermina como ingrediente añadido a un fracaso garantizado. [] El comportamiento ralentizado, cansado y desmotivado, que no responde a lo que el paciente sabe que tiene que hacer, pero no lo consigue, confirma y alimenta la creencia de que es él quien está equivocado; el mundo es correcto.[…]

Siguiendo la estratagema de “crear de la nada”, se puede intentar llevar a la persona a que descubra los recursos que cree que nunca ha tenido. Hemos de producir una creencia antagonista a la que mantiene el problema.
La técnica del como si” [] se prescribe al paciente de este modo:

Desde hoy hasta la próxima vez que nos veamos, quisiera que usted dedicara todos los días algunos minutos a pensar qué haría de diferente de lo que ahora hace “como si” el problema no existiera. Entre todas las cosas que piense, quisiera que escogiese la más pequeña pero concreta y la llevase a cabo. Cada día una cosa diferente; tráiganos la lista de todo lo que ha hecho.

 

Es evidente el objetivo de esta prescripción: abrir nuevos escenarios de ideas y actuar enseguida, aún consciente del autoengaño, haciendo algo concreto. Sin embargo, para evitar la paradoja del “sé espontáneo”, en este caso “sé capaz”, se prescribe que se lleve a cabo solo algo mínimo.

Se debe valorar caso por caso la utilización de eventuales técnicas de problem solving (técnicas específicas que rompen la persistencia del problema), especialmente en presencia de rumiadura mental consistente y una lamentación dirigida a terceros. En este caso nos guiamos por estratagemas como “si quieres enderezar alguna cosa aprende a retorcerla aún más” o “apagar el fuego añadiendo leña”. La aplicación más frecuente de estas estratagemas es la del “ritual nocturno” y “la conjura de silencio”.

 

<<Cada día daremos media hora de espacio a sus problemas (prescripción del ritual familiar o nocturno). De aquí a la próxima sesión, todas las noches, antes o después de cenar, tendrá que hacer algo muy importante. Han de estar todos juntos; todos estarán sentados; él de pie. Ponga un despertador para que suene media hora más tarde. Ustedes permanecerán en religioso silencio, escuchando, usted tendrá media hora para hablar de todo lo que quiera, de lo que le hace estar mal, podrá lamentarse cuanto quiera de todo lo que quiera, ellos le escucharán en religioso silencio, sin decir palabra. Cuando suene el despertador, STOP, se deja para la noche siguiente. A lo largo de todo el día han de evitar hablar del problema, si no, mientras más se habla de ello, más nos arriesgamos a hacer como si se regase una planta con fertilizante, la hacemos crecer más; hay que evitar hablar de ello fuera del espacio nocturno>>.

 

La prescripción del púlpito del deprimido o ritual familiar, bloquea el intento de las personas cercanas de pedir al paciente que haga lo que no puede, exponiéndolo aún más a la convicción de incapacidad. Al mismo tiempo, permite a la persona expresar todos los sentimientos de culpa, autorreproche, autoconmiseración, llevándolos al agotamiento en cuanto ejecuta como prescripción lo que se cree involuntario.
Al final de la sesión se le pide al paciente que vuelva a pensar que, como escribía Goethe, “La renuncia es un suicidio cotidiano”.

(De “Las caras de la depresión”. Emanuela Muriana, Laura Pettenò y Tiziana Verbitz. Herder Editorial)




 

LA BOTELLA MEDIO LLENA O MEDIO VACÍA: LA “REESTRUCTURACIÓN” PARA VER MÁS ALLÁ

Mencionemos la vieja pero nada trivial pregunta humorística sobre la diferencia entre el optimista y el pesimista: el optimista ve la botella medio llena, el pesimista medio vacía. La misma botella y la misma cantidad de vino, pero dos concepciones totalmente opuestas, que crean dos realidades también radicalmente distintas. []
En esta posibilidad de ser diferentes las “realidades” subjetivas (realidades de segundo orden) radica el poder de las intervenciones terapéuticas conocidas como reestructuraciones. Recordémoslo una vez más: Nunca nos enfrentamos con la realidad en sí, sino sólo con imágenes o concepciones de la realidad, es decir, con interpretaciones. El número de posibles interpretaciones para cada caso es muy grande, pero, en virtud de la concepción del mundo del interesado, suele casi siempre quedar reducido, a nivel subjetivo, a una, que parece ser la única posible, razonable y permitida. En razón de esta única interpretación, la mayoría de las veces sólo se considera posible, razonable o permitida una sola solución, y cuando esta solución no lleva a la meta apetecida, se busca, típicamente, más de lo mismo. Aquí es donde entra en función la reestructuración, y con excelentes resultados, a condición de que se consiga prestar a una determinada situación un sentido nuevo, también adecuado o incluso más convincente del que le ha venido dando hasta ahora el paciente. []

 


Ya hemos visto que en esta última (se refiere a la ilusión de alternativas) se trata de crear un marco dentro del cual se ofrecen, bajo la apariencia de libre elección, dos alternativas, aunque de hecho las dos persiguen el mismo efecto final, a saber, el cambio terapéutico. Se crea, pues, la ilusión de que sólo existen estas dos posibilidades, o dicho de otra forma, se crea una especie de ceguera para que no se vean otras posibilidades fuera del marco creado. La reestructuración recorre el camino en sentido contrario: se desbordan los límites de la ilusión, que es inherente a toda concepción del mundo, aunque de muy diversas maneras, de que existe un marco universal que excluye cualquier otra posibilidad y se muestre de este modo la posibilidad de ser diferente en el sentido de Aristóteles. Y esto se consigue poniendo a la vista alternativas y pares de contraposiciones de un orden superior. []


-Un estudiante inteligente experimenta crecientes dificultades para hacer frente a sus deberes académicos. Y esto le preocupa mucho, no sólo porque está cerca del fracaso, sino también porque siente un gran interés por la especialidad que ha elegido y no puede explicarse sus malos resultados. Tiene además sentimientos de culpabilidad respecto de sus padres, para quienes sus estudios significan una pesada carga financiera. [] La terapia puede apoyarse en sus dos premisas, a saber, que debería estudiar con gusto y que debe mostrarse honradamente agradecido a sus padres. Para ello, se reestructura su actitud y su crítica de sí mismo como arrealistas e inmaduras: incluso bajo las más favorables circunstancias, estudiar es un deber desagradable y la idea de que debería hacerlo con gusto es simplemente risible. Lo mismo ocurre con su deber de gratitud frente a sus padres: éstos tienen, desde luego, derecho a tal gratitud, lo cual está muy lejos de significar que deba estar gustosamente agradecido. Las dos reestructuraciones se dirigen, pues contra sus paradojas <>, que son la raíz de sus problemas. El terapeuta puede enfrentar al joven con la alternativa de afianzarse en su actitud, inmadura e irrealista, o de tener el valor propio de un adulto y de rechazarla.
Para facilitarle esta segunda alternativa, puede recomendarle que cada día dedique 5 ó 10 minutos a enfrentarse mentalmente a fondo con todos los aspectos desagradables del estudio: la competencia con los demás estudiantes, los miedos a los exámenes, [] y sobre todo, que repase las muchas cosas agradables y deseables que podría hacer si no tuviera que estudiar.


-Mi colega Fisch se enfrentó no hace mucho, [] con el siguiente problema: uno de los muchachos del albergue, de doce años de edad, tenía la costumbre de interrumpir las clases con sus constantes parloteos o con otras formas de comportamiento indisciplinado. En castigo, se le solía recluir en su cuarto y, como se negaba a permanecer allí, se recurrió incluso a cerrarle la puerta. Desde hacía algunos días había empezado a aporrear con manos y pies la puerta cerrada, hasta que le abrían y, si era preciso, persistía en esta actitud durante horas enteras. [] El muchacho se las arregló para conseguir que sus golpes se siguieran oyendo por toda la casa. []
Se recurrió, pues, a mi colega, bajo el supuesto, no del todo absurdo, de que este joven tenía algún problema psiquiátrico. Pero el psiquiatra consideró el caso como un problema de interacción entre los jóvenes residentes y los vigilantes y decidió reestructurar radicalmente la situación para los muchachos a base de proponerles un juego: se trataba de calcular cuánto tiempo duraría el estruendo de los golpes del chico castigado. El premio al cálculo más aproximado consistiría en una botella de coca-cola. Lo que, de una u otra forma, esperaba conseguir, se produjo con gran rapidez. Uno de los muchachos se escabulló de la clase, corrió a la ventana de la bodega y gritó: <>. Al instante cesaron los golpes.


(De “El lenguaje del cambio. Nueva técnica de la comunicación terapéutica”. Paul Watzlawick. Herder Editorial)