SABIOS Y SENTENCIAS: OSCAR WILDE

Me gusta contemplar a los hombre geniales y escuchar a las mujeres hermosas

Ser natural es la más difícil de las poses

Discúlpeme, no le había reconocido. He cambiado mucho.

La mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella.

Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.

La ambición es el último refugio del fracaso.

El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas es la pesadilla de la vida.

Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable.

Cuando me da por pensar de noche en mis defectos me quedo dormido inmediatamente.

Adoro los placeres sencillos, son el último refugio de los hombres complicados.

La mejor base para un matrimonio feliz es la mutua incomprensión.

Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.

El egoísmo no consiste en vivir como uno quiere sino en exigir que los otros vivan como queremos nosotros.

Los hombres que intentan hacer algo por el mundo son siempre insufribles. Pero se vuelven encantadores en cuanto el mundo hace algo por ellos.

Uno siempre debe jugar limpio cuando tiene los ases en la mano.

El sentimentalismo es simplemente el día festivo del cinismo.

En todo asunto importante lo esencial es el estilo, no la sinceridad.

La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos.

En este mundo sólo hay dos tragedias: una, no conseguir lo que se desea; otra, conseguirlo. Ésta última es la verdadera tragedia.

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AFORISMO

Perdona siempre a tu enemigo.
No hay nada que le enfurezca más.

OSCAR WILDE

VENTAJAS DE UN DIÁLOGO ESTRATÉGICO: EL PIGMALIÓN TEMEROSO

El egoísmo no consiste en vivir como nos parece, sino en exigir que los demás vivan como nos parece a nosotros.                                                      OSCAR WILDE

“Éste es un caso en el que el hombre pretende que su compañera se iguale en todo y para todo, no sólo a sus puntos de vista sino también a sus gustos y a su estilo de vida. En otras palabras, una especie de Pigmalión que quiere modelar a su compañera ideal como si fuera una estatua de arcilla. Sin embargo, como enseñan Ovidio, Shakespeare, Abelardo y Eloísa y su trágica historia de amor, o la locura artística de Auguste Rodin, ciertos tipos de relación son una especie de suicidio seguro de la pareja.
Si la que está sometida al plagio se rebela a su Pigmalión y patrón, como en nuestro ejemplo, alegando su derecho a ser libre de construirse una propia identidad autónoma, la relación se convierte en un campo de batalla. Sin embargo, si por el contrario la mujer se somete a las demandas de su modelador, lo que a primera vista parece una solución se transforma lentamente en una complementariedad patológica.
Veamos cómo la mujer es capaz, a través de un funambulesco diálogo estratégico, de reorientar esta peligrosa situación de su relación de pareja.

ELLA: Me he dado cuenta de que últimamente entre tú y yo hay discusiones; ¿tú crees que se derivan de alguna incompatibilidad o del hecho de que estamos cometiendo errores al relacionarnos?
ÉL: No creo que tú y yo seamos incompatibles como personas…creo que tú eres demasiado rígida en tus posiciones y por eso no me sigues ni apoyas mis deseos ni mis expectativas.
ELLA: Perdóname, pero lo que dices indica que, desde tu punto de vista, para superar nuestras fricciones, ¿sería suficiente que yo me sometiera a tus solicitudes y me adecuara a tus expectativas y no, al contrario, que me vuelva rígida en mis posiciones que no estén en línea con las tuyas?
ÉL: Claro, parece precisamente que para ti sea una obligación discutir mis ideas y hacer de modo diferente a como quisiera yo…eso me hace enfurecer…
ELLA: Pero ¿tú crees que para ponerse de acuerdo hay que estar obligatoriamente de acuerdo en todo o pueden haber posiciones diferentes y a la vez respetarse?
ÉL: Creo que en una pareja cuanto más se está en la misma línea más unido se está; se respetan los amigos por sus ideas diferentes, pero de la propia mujer es justo pretender que siempre esté de tu parte y que se comporte como sabe que le gusta a su propio marido.

En este punto el diálogo podría evolucionar en la dirección de un encendido conflicto en cuanto el hombre declara su férrea voluntad de someter a su pareja, pensando que éste es su rasgo fundamental de una buena relación. Sin embargo, es precisamente esta posición rígida lo que provoca la reacción no deseada de la mujer, quien, en cambio, es paradójicamente acusada de ser la más rígida de los dos. Como “si tú me quisieras de verdad tendrías que ser en todo y para todo igual que yo“.
En otras palabras, éste es el hombre ideal, irónicamente hablando, para una mujer que quiera realizarse a si misma y ver realizadas sus propias aspiraciones. Las dos únicas posibilidades en la relación son el enfrentamiento y la sumisión, pero, como veremos, gracias a la técnica del diálogo estratégico también esta situación aparentemente sin salida puede cambiarse.

ELLA: Bien, corrígeme si me equivoco. Tú crees que las cosas entre nosotros dos no van bien porque yo me obstino en no querer adecuarme a tus solicitudes y en comportarme de modo diferente de como tú quisieras. [] En otros términos, me opongo como un adolescente rebelde a tus indicaciones sólo por las ganas de llevarte la contraria. Una pareja, según tú, para funcionar bien tiene necesidad de una completa conjunción de miras por parte de los dos componentes. Y como, en nuestro caso, tú eres el que posee la sacrosanta verdad y yo soy la que se opone, yo tendría que suavizarme y modelarme a imagen y semejanza de tus deseos y de tus ideas ya que son indiscutiblemente correctas.
ÉL: Dicho así me parece un poco fuerte…parece que yo esté absolutamente convencido de poseer la verdad absoluta y que desee forzarte de manera autoritaria a ser como yo quisiera…En realidad, creo que si tú sabes lo que me gusta, si no lo haces es como si me rechazaras. Eso es lo que crea problemas entre nosotros. `

Como queda claro, la mujer no cae en el error de contestar simétricamente el hecho, es decir, alegar a su vez el derecho a imponer cambios, sino que evita cuidadosamente activar un forcejeo. []
El hombre empieza de este modo a aflojar y corregir sus posiciones, y pasa de una forma moralista de recriminación a una declaración casi de víctima. []

ELLA: Bien, y si no lo he entendido mal, lo que hace que te enfurezcas y te empuja a darme sermones rabiosos y aburridos es el hecho de que cuando yo me comporto de forma diferente a como tú quisieras, te sientes rechazado y crees que nuestra relación está en peligro porque no se basa en una conjunción total de miras.
ÉL: Sí, me parece precisamente así.
ELLA: A la luz de estas consideraciones, ese quererme modelar y corregirme tuyo, ¿te parece un acto de fuerza o de debilidad? []
ÉL: Desde esta perspectiva, diría que por debilidad, o por temor a que nuestra relación acabe en una vía muerta.
ELLA: Perdóname, pero esto significaría que tú te comportas así sólo porque temes que las cosas entre nosotros puedan deteriorarse hasta romperse.
ÉL: ¿Cómo?…Aún no lo habías entendido…
ELLA: De acuerdo, corrígeme si me equivoco, tú en realidad me estás diciendo que tu búsqueda de modelarme a imagen y semejanza de tus ideas y deseos es tu manera de controlar la situación entre nosotros para evitar que vaya en una dirección autodestructiva y que haces todo eso por el temor a que ésta sea una realidad.
ÉL: Así es.

En este punto la situación ha cambiado radicalmente. El presunto verdugo de la pareja se descubre como el más débil y no el más fuerte de los dos, sin por ello ser juzgado ni condenado. Ahora se requiere, para que el diálogo evolucione constructivamente, que se introduzcan los elementos del cambio constructivo.

ELLA: Sabes que después de esta declaración siento menos el deseo de discutir tus solicitudes. Después de lo que nos hemos dicho, cuando reprochas y criticas mis acciones, ¿crees que eso hace que esté de acuerdo contigo o hace que tenga ganas de rebelarme?
ÉL: Ahora que me lo has hecho notar, entiendo que ésta es la mejor manera de provocar en ti la rebeldía y la discusión respecto a mis miras y expectativas.
ELLA: Permíteme aún…¿Cuándo tú actúas como un juez censor o un Pigmalión, crees que me induces a un mayor o un menor deseo de conjunción contigo?
ÉL: Bueno, está claro que produzco exactamente lo contrario.
ELLA: Bien, corrígeme si me equivoco: ahora tú eres consciente de que en realidad tu modo de reprenderme y quererme corregir es precisamente lo que hace que me rebele y discuta tus posiciones, llevándome hacia conflictos que ponen en peligro nuestra relación.
ÉL: Ahora que me haces ver las cosas desde ese punto de vista, todo esto me parece claro…pensar que yo lo hacía precisamente para evitar estos riesgos, en cambio, ahora comprendo que los estaba alimentando.

La condición inicial se ha invertido por completo. Ahora el hombre tendrá el temor, más que el deseo, de corregir a su compañera ya que ello llevaría precisamente a lo que él quiere evitar que se produzca”.

(De “Corrígeme si me equivoco”. Giorgio Nardone. Herder)

LA TÉCNICA DEL "COMO SI" O EL ARTE DE "CREAR DE LA NADA"

“<<Todo lo que es creído existe..>> Este aforismo indica el principio básico de la estratagema <<crear de la nada>>, o sea, algo que no existe puede producir efectos concretos si es considerado existente. Creer en algo -toda la historia del hombre nos lo enseña-induce a elegir y a actuar. El hombre no ama la incertidumbre y, por tanto, se aferra a las creencias y las vuelve verdaderas para crearse una base sólida en la que apoyarse. Nuestra estratagema se aprovecha de esa necesidad humana: se basa en el principio de hacer creer al adversario una realidad inventada que lo induce a reaccionar como desearíamos. Para obtener este resultado, nuestra mentira debe parecer más significativa que la verdad. Por lo demás, para decirlo en palabras de Oscar Wilde: <<La verdad no es más que la última mentira considerada verdadera>>.[]
Nos guste o no, continuamente somos artífices y víctimas de nuestros autoengaños. Aprender a utilizar estratégicamente esta tendencia nuestra significa transformarse en amos de ella en vez de en siervos inconscientes. Saber utilizar esta estratagema en relación a los demás significa decidir si usarla o no y, por tanto, convertirse en efectivamente responsables, en lo bueno y en lo malo, de lo que nos ocurre.
Una vez más, vale la regla del arte de la guerra: saber combatir nos vuelve libres. No combatir es una elección nuestra y no una renuncia dictada por el miedo. Los romanos afirmaban: <<Si quieres la paz prepárate para la guerra>>. Es sólo la conciencia de nuestros recursos lo que nos tranquiliza, nos hace capaces de vivir con serenidad.
Volviendo a nuestra estratagema, el ejemplo magistral está representado por la segunda y menos conocida parte de la ya citada <> de Pascal. Él propone a los cristianos con crisis de fe que vayan de todos modos a la iglesia, que honren los sacramentos, que se comporten <<como si>> creyeran: la fe no tardará en llegar. []
Este procedimiento, si se repite, hace -como el lógico noruego Jon Elster ha demostrado en sus investigaciones- olvidar la decisión inicial y convertir la fe en algo natural.
Comportarse <<como si>> una cosa fuera verdadera, aunque no esté demostrado que lo sea, después de un tiempo nos induce a considerarlo como tal. []

El experimento científico que más evidencia esta estratagema está representado por el muy conocido trabajo de Zimbardo en la universidad de Stanford en los años 70: [] organizó una falsa cárcel con falsos guardias y falsos prisioneros, que eran estudiantes ofrecidos como voluntarios para el experimento. Los guardias debían hacer respetar las reglas, los encarcelados interpretaban su papel, incluidos algunos comportamientos de rebelión a las reglas. El experimento fue interrumpido tras pocas semanas, porque guardias y encarcelados habían llegado a una real e incontrolable escalada de violencia y sevicias, olvidándose de que se trataba de una ficción con fines investigativos. []

Invito al lector a analizar esta secuencia: entro en un local convencido de que las personas que están en su interior me consideran una persona desagradable, o incluso que la tienen tomada conmigo. [] Los que están en el local ven entrar a alguien que los mira con recelo, tiene una actitud defensiva que suena como un rechazo o incluso como una ofensa. Reaccionan poniéndose rígidos y mirándolo a su vez con recelo. El resultado final será que he tenido la confirmación de que soy desagradable y rechazado.

En realidad, ha sido una construcción mía, efecto de una convicción que yo mismo, con mis acciones, he vuelto <>. La contraprueba de esto es la secuencia contraria: entro en el mismo local [] convencido de que soy simpático, [] de que soy muy querido. Mi postura será suelta y relajada y mi mirada será abierta y en busca de contacto. [] Esto les hará sentirse honrados y gratificados y, por tanto, reaccionarán de manera especular, devolviéndome señales amistosas. []
Ninguna magia, sólo el efecto de una secuencia interactiva creada de la nada. []
La habilidad de “crear de la nada” no es sólo uno de los vehículos fundamentales del poder personal e interpersonal, sino una competencia básica que nos permite pasar de la posición de quien construye lo que sufre a la de quien construye lo que gestiona. “

(De “El arte de la estratagema (o cómo resolver problemas difíciles con soluciones simples)”. Giorgio Nardone. RBA Integral)