TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO EN NIÑOS

 

Sin duda el problema que en esta franja de edad (6-11 años) crea más temores y dificultades tanto a los padres como al niño, y que tiende a estructurarse ya como una propia y verdadera psicopatología, es el trastorno obsesivo compulsivo. El niño pone en marcha compulsivamente rituales, que pueden ser acciones, fórmulas mentales, cantinelas verbales, espasmos físicos, muy frecuentemente etiquetados como tics. También en este caso las fases de la intervención terapéutico son como las aplicadas en los adultos pero, de nuevo, el rol de terapeuta será desarrollado por los padres. El método puesto a punto [] se articula en unas precisas indicaciones que los padres deben poner en práctica y conseguir que ponga en práctica el niño.

-La “conjura de silencio” respecto al problema, es decir, evitar hablar de él: sabemos que el solo hecho de hablar alimenta el trastorno. Al contrario, normalmente los padres hablan de ello muchísimo, y el problema se convierte en el centro de la comunicación familiar. Dejar de poner en práctica este guión descualifica la importancia del trastorno.
-Durante el trascurso del día el padre invitará con frecuencia a poner en práctica voluntariamente y delante de él la ritualidad durante un minuto. De la misma manera, cada vez que el niño pone en marcha el ritual fuera de los momentos en que el padre lo pide, si está éste presente, deberá pedirle que lo continúe haciendo durante un minuto exacto delante de él. Como el lector interesado puede profundizar en los textos específicos (consultar aquí), esta técnica adopta un tipo de lógica particular: la prescripción es un contrarritual terapéutico con el que el padre se apodera de la obsesión, porque ésta se produce tras la orden y no ya de manera compulsiva. La repetición de este nuevo guión conductual extingue la compulsión porque transforma completamente la dinámica en la percepción del niño. Ahora, de hecho, es el padre el que impone el hacerlo, no ya la obsesión; el niño, rebelándose a los padres, descubre que puede oponerse y no hacerlo. En este punto la obsesión y la compulsión se han hecho controlables, y si son controlables ya no se consideran patológicas.

(De “Aiuitare i genitori ad aiuitare i figli. Problemi e soluzioni per il ciclo di vita“. Giorgio Nardone. Ponte alle Grazie)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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LLANTOS, PATALETAS Y CAPRICHOS: LA TÉCNICA DEL MUÑECO QUE LLORA Y RÍE

 

“La técnica que he definido (habla Massimo Bartoletti) como el muñeco que llora y ríe vendrá descrita detalladamente a continuación.
Esta técnica está indicada en las situaciones en las que el niño de entre 3 y 4 años manifiesta un llanto prolongado e inconsolable, rabietas y caprichos.
Las soluciones intentadas adoptadas por los adultos en estas situaciones son normalmente: explicaciones con finalidad persuasiva, mimos, ignorar, prometer regalos a cambio de un cambio de actitud por parte del niño (“si lo haces así…tendrás…“), castigos.
Cuando las precedentes modalidades de intervención surten efectos parciales o inexistentes, los padres tienden a aumentar la intensidad, pensando que aún no han hecho bastante. De hecho, sin embargo, una estrategia reiterada e incrementada pero que no produce efectos contribuirá a mantener y a exacerbar la dificultad, transformándola en un problema de difícil solución, en lugar de resolverla.
En las situaciones de dificultad los padres o adultos de referencia tienden a hablar del problema con el niño, en un primer momento para comprender el problema y sucesivamente para tratar de resolverlo con explicaciones persuasivas.
Creo que es fácilmente intuíble que hablar repetidamente con el hijo del problema, y entre adultos en su presencia, produce como efecto un beneficio secundario para el niño, el cual recibe una enorme cantidad de atenciones por su comportamiento a cambiar.
Para cada niño la actividad prevalente es la búsqueda de atenciones por parte del adulto. Por ello, recibir atenciones en ausencia de una motivación precisa, convierte cualquier comportamiento en particularmente útil.
Igualmente negativo, aunque por un motivo diferente, es el hablar entre adultos del problema sin que el niño esté presente. Este comportamiento, de hecho, no produce un benefico secundario directo al niño, pero hipersensibiliza a los adultos a tal comportamiento. Es suficiente que el niño lo sugiera para que se desencadene en los adultos la reacción de pensar: Ea, ya empezamos, haciendo como si el comportamiento del niño se diese por descontado. Se trata, en otros términos, de un efecto análogo a las profecías negativas que se autorrealizan.
Para bloquear esta solución intentada disfuncional, el primer paso es pedir a los padres que establezcan una “conjura de silencio” en relación al problema. Hasta la cita sucesiva los padres deben evitar hablar de ello ya sea con el niño (asumiendo en lugar de ello una actitud de observación sin intervención), ya sea entre ellos. Si los parientes o amigos que son conscientes de la situación preguntasen que cómo van las cosas, se les sugiere responder: Bien, no nos quejamos. Y cambiar rápidamente de tema, en presencia o ausencia del niño.

Unida a la conjura de silencio propongo la técnica del muñeco que llora y ríe.
Pido a los padres que cuenten al hijo una historia con estas características:

– El protagonista es un niño/a de la edad del hijo/a
– Tiene un nombre diferente del del hijo/a
– Tiene un problema que lo hace sentir triste (la “llantina”, o el término que el padre considere más adaptado al comportamiento manifiesto del hijo/a.
– Al niño se le aparece en sueños un hada o un mago que, después de haber escuchado su problema, le indica como resolverlo.
– El cuento se le narra al niño utilizando términos de fácil comprensión.

Veamos ahora una intervención puesta en acto con una niña de 30 meses.
Aquí la historia propuesta:

Érase una vez una bonita niña de nombre Martina.
Martina se divertía mucho jugando con sus juguetes junto a su mamá y sus hermanos, pero cada cierto tiempo durante el día comenzaba a llorar y a gritar sin motivo: le venía la llantina.
No le gustaba nada esto, pero no conseguía dejar de llorar.
Una noche se le apareció en sueños el hada Desmemoriada y le preguntó que por qué lloraba. Martina le explicó su problema y el hada, después de pensárselo unos minutos, le dijo: Tengo yo la solución para tu problema. Cuando te vengan ganas de llorar haz un giro a la derecha, dos giros a la izquierda y verás que el llanto desaparecerá.

Después de haber contado la historia a la hija 4 ó 5 veces en los días sucesivos a nuestro primer encuentro, pido a los padres que construyan junto a la hija un muñeco de cartón, en nuestro ejemplo “Martina”, que por un lado ría y por otro llore, cuidando los detalles, si es posible involucrando también a la hija en su realización.
Sugiero a los padres que cuelguen al muñeco de un cordoncillo en una habitación de la casa que no sea de paso ni uso frecuente durante el día, a una altura a la que la niña no pueda llegar sola.
Desde ese momento, durante dos semanas, cada vez que la hija inicie el comportamiento objeto de intervención, deben tomar a la hija por la mano o un brazo y acompañarla a la habitación en que se encuentra el muñeco. Recomiendo a los padres que la intervención sea sistemática y oportuna. Entonces, observando al muñeco, deben proceder así:

-Si el muñeco está girado por la parte que ríe, los padres deben decir a la hija: Mira, (nombre de la hija), ¡Martina está riendo! ¿Como podemos reir también nosotros? Hagamos como ha dicho el hada. Cogiendo a la hija por la mano o el brazo los padres deben girar una vuelta a derecha y dos vueltas a la izquierda, y verán que también la pequeña habrá cambiado su expresión. Entonces sueltan la mano de la niña y se alejan de la habitación dejándola ante el muñeco.

– Si el muñeco está girado por la parte que llora, los padres deben decir a la hija: Mira, (nombre de la hija), Martina está llorando! ¿Cómo podremos hacerla reír? Hagamos como ha dicho el hada. Cogiendo a la hija por la mano o el brazo los padres deben girar una vuelta a derecha y dos vueltas a la izquierda, girar el muñeco del lado en que ríe y verán que también la hija habrá cambiado la expresión. Entonces sueltan la mano de la hija, o la posan en el suelo, y se alejan de la habitación dejándola ante el muñeco.

Finalmente digo a los padres: “Veremos cuál será su reacción. Según cómo sea, la próxima vez ajustaremos nuestra intervención”

En la cita siguiente, tras dos semanas, la situación está completamente cambiada: el hada ha hecho su magia. []

Sugiero entonces a los padres que gratifiquen a la hija (a través de expresiones verbales o no verbales) por los comportamientos adecuados, sobre todo los contrarios al comportamiento disfuncional anterior, dedicándole las mismas atenciones, si no mayores, que aquellas que obtenía antes en respuesta a los comportamientos inadecuados.”

(Traducción de “Aiutare i genitori ad aiutare i figli. Problemi e soluzioni per il ciclo di vita“. Giorgio Nardone y el equipo del Centro de Terapia Estratégica. Ponte alle Grazie”

VISITAS NOCTURNAS: ENURESIS

El último trastorno que queremos tratar en relación a este grupo de edad (6-11 años) suscita mucha preocupación en los padres: la enuresis nocturna. Durante la noche el niño se hace pipí en la cama una o más veces. A pesar de que no pueden culpar al niño, puesto que no se trata de un acto voluntario, los padres terminan a menudo por enfadarse. En la tradición de la terapia comportamental, el tratamiento de la enuresis ha representado siempre una prueba de eficacia. La intervención considerada como más válida es el pandbell, un artefacto aplicado al chico que emite un sonido o una leve descarga eléctrica para crear un mecanismo psicofisiológico de aversión en la confrontación del síntoma que producirá tal castigo. Aunque no se pueda negar la evidente eficacia del método, nos parece que esta forma de condicionamiento es excesiva. Y además existen otros métodos igualmente eficaces. El método puesto a punto por nosotros es de hecho una ordalía, pero hace que los padres y los hijos compartan la fatiga y el sufrimiento.

-Los padres deben controlar sistematicamente durante una semana cuál es el momento, o los momentos, en los que sucede la enuresis durante la noche. Con este fin, y aquí esta la primera tortura para los padres, deben despertarse por turnos cada hora e ir a controlar la cama del hijo.
– Una vez identificados los momentos cruciales, los padres, de nuevo por turnos, deberán poner el despertador 15 minutos antes de la fase horaria de riesgo, despertar al chico y llevarlo al baño a hacer pipí. Esto vale también si los episodios son más de uno. En la mayoría de los casos en el plazo de 4 semanas el trastorno desaparece. Pueden haber sin embargo casos más refractarios, sobre todo niños que se levantan sin despertarse del todo, van al baño sin hacer pipí, vuelven a la cama y se dejan ir. En tales situaciones el padre debe proceder con una ulterior pequeña ordalía, esta vez deberá obligar al hijo a despertarse del todo, lavar las sábanas y finalmente rehacer la cama para volver a dormir. Habitualmente son suficientes dos o tres de estas experiencias aversivas para que el niño acepte ser despertado para ir a hacer pipí durante la noche para después volver a dormir sin tener más enuresis. Si todo esto no funciona el problema se afronta modificando las relaciones en el interior de la familia para eliminar su posible rol de catalizador de las atenciones paternales. En estos casos la indicación es la de la “frustración del síntoma”, es decir, el total desinterés  declarado y puesto en práctica por parte de los padres en el caso de presentarse el problema, dejando la completa gestión de este al hijo mismo. Lo que significa la anulación de cualquier tipo de ayuda y el dejar de hablar de ello como si fuese un problema. Normalmente esta no fácil reestructuración de la intervención de los padres crea efectos realmente sorprendentes.

(De Aiutare i genitori ad aiutare i figli. Problemi e soluzioni per il ciclo di vita“. Giorgio Nardone y el equipo del Centro de Terapia Estratégica. Ponte Alle Grazie)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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LA TARTAMUDEZ Y SUS REMEDIOS

La edad escolar representa también el periodo en el que los trastornos del lenguaje, si no se superan, tienden a estructurarse como verdadero trastorno. El más frecuente es sin duda la tartamudez. Ésta puede consistir en un simple titubear sobre algunas letras u puede volverse un problema invalidante en la comunicación: el sujeto se atasca repetidamente y a menudo no consigue terminar lo que intenta decir. Para el tratamiento de la tartamudez existen algunos programas que han demostrado ser muy eficaces. Sin embargo, consideramos que es importante adaptar la intervención siempre a cada caso. A veces no es necesario someterse a tratamientos prolongados, y puede ser suficiente mucho menos para resolver el problema. Muy a menudo la tartamudez puede estar conectada a un trastorno de ansiedad, y la intervención resolutiva sobre tal malestar conduce a su consiguiente solución. Otras veces, la dificultad a expresarse emerge como efecto de la agitación que siente el sujeto frente a la necesidad de hablar, sobre todo en situaciones importantes o emocionantes. En este caso hemos experimentado que simplemente enseñando al sujeto a enlentecer el discurso y a hablar de barriga y no de garganta, como hacen los actores y cantantes líricos, es suficiente para eliminar el problema. En otros casos, a esto se une una suerte de adiestramiento a hablar usando los ritmos musicales (lento, adagio, andante, moderato, allegro, presto, prestissimo). Además de la modulación y la gestión del tono y del ritmo, lo que produce el efecto terapéutico es el hecho de que el sujeto, concentrándose en esta tarea, deja de combatir contra el evento temido, liberándose de la trampa del intento de control que hace perder el control. En casos todavía más complejos se guía al sujeto a provocar voluntariamente el síntoma para adquirir el control, generando un efecto paradójico que a veces consigue desarticular la tartamudez. En todo este trabajo, se implica a los padres para que guíen al hijo a poner en práctica las indicaciones, a menudo poniéndolas en práctica ellos mismos: no son raras las situaciones en las que la tartamudez afecta a más de un miembro de la familia.

(De “Aiutare i genitori ad aiutare i figli. Problemi e soluzioni per il ciclo di vita”. Giorgio Nardone. Ponte alle Grazie)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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GIORGIO NARDONE: MODELO FAMILIAR SACRIFICANTE

Sir John Everett Millais: Jesús en casa de sus padres

“Acudieron a nosotros unos padres muy humildes, que entraron en nuestro estudio como si se estuviesen presentando a un proceso abierto contra ellos por un inquisidor.. Se sentaron y nos expusieron su caso: tenían una hija de 22 años que les agredía constantemente, verbal y físicamente, acusándoles de ser los culpables de todos sus problemas. Desde hacía algunos años la hija había desarrollado un miedo irrefrenable a relacionarse con la gente de su edad, porque se sentía siempre juzgada y, como se sentía desagradable, prefería evitar el contacto con los demás. De esto les culpaba a ellos, agrediéndoles diariamente.[]
Al pedirles que nos describieran mejor el problema, nos explicaron que esta hija, que había llegado tras otras dos, era la persona sobre quien toda la familia había invertido más, ya que era la que tenía más facilidad para los estudios, mientras que sus dos hermanas mayores, ya fuera de casa, trabajaban una como dependienta y la otra como obrera, y estaban felizmente casadas. La hija había tenido siempre problemas con los de su edad; salía a menudo con alguien pero enseguida rompía repentinamente con auténticas crisis que se alargaban mucho tiempo. Durante estas crisis agredía constantemente a sus padres acusándoles de ser incapaces de ayudarla, pero sobre todo de haberla traído al mundo.

Picasso: La familia Soler

Preguntamos qué habían hecho ellos, como padres, para intentar ayudarla; por respuesta nos esbozaron un cuadro casi total de sacrificio familiar. Ambos trabajaban como operarios en una fábrica de cemento.[]
La hija tenía un coche propio, vestidos de marca, una habitación alquilada para ir a la universidad y dinero en abundancia. Los padres, además de trabajar en la fábrica de cemento, hacían otros trabajitos para redondear el sueldo y poder garantizar a su hija un estandar de vida igual al de sus amigos. A pesar de esto, la hija les acusaba continuamente de ser unos pobres muertos de hambre sin estilo. Cuando les preguntamos cuál sería el objetivo que una vez alcanzado pudieran decir “gracias, hemos resuelto el problema”, nos contestaron sencillamente que ella nos manifieste el afecto que nunca nos ha mostrado.[]
Les prescribimos que asumieran lo que nosotros llamamos la posición de quien dice “lo siento, pero no puedo”, interrumpir inmediatamente cualquier tipo de sacrificio. O mejor aún, utilizando su lenguaje y su lógica, les dijimos que se sacrificaran otra vez evitando sacrificarse para ayudarla, porque de otro modo empeoraría: usamos su sentido del sacrificio colocándolo en contra. De este modo los padres aceptaron la invitación. Les explicamos que tendrían que excusarse con su hija por su debilidad. Después de dos semanas, los padres nos dijeron que habían seguido las indicaciones al pie de la letra, declarando a su hija su incapacidad de seguir sacrificándose para poder garantizarle su estándar de vida, igual al del grupo de amigos que frecuentaba. Al principio la hija les agredió enfurecida, incluso golpeó a su madre que, como de costumbre, evitó contárselo al padre; pero después de aquel incidente, comenzó a ser más respetuosa en sus relaciones. Incluso unos pocos días antes les había dicho “si me necesitáis contad conmigo”, lo que parecía una especie de milagro.[]
Les pedimos que llevaran a cabo el siguiente paso de nuestro protocolo terapéutico:

Todos los días, de aquí a la próxima sesión, pregúntense los dos “¿qué podemos hacer que sea diferente de lo que normalmente hacemos, como si el problema con nuestra hija ya no existiese?

Replicaron que esto no iba a ser una tarea fácil, ya que el problema persistia, aunque había mejorado. Les dijimos que tenían que ser diligentes y tener paciencia. Después de tres semanas el matrimonio volvió explicando que, de forma extraña, la muchacha había empezado a preocuparse: había ayudado a su madre en las tareas domésticas, se había quejado menos en casa y, sobre todo, les había agredido mucho menos.
Sobre este pequeño paso propusimos a la madre, de acuerdo con la hermana mayor, que empezara cada día a hacer pequeñas descalificaciones en relación con su hija menor. Estas descalificaciones tenían que ser afirmaciones del tipo

Discúlpanos, hemos intentado hacerlo todo por ti, pero nos hemos dado cuenta de que ahora no somos capaces de hacerlo

Después de algunas semanas, los diligentes y obedientes padres explicaron que había sucedido algo muy extraño: la hija había comenzado a ayudarles en las tareas de casa, estudiaba y, sobre todo, había abandonado toda forma de agresión en sus relaciones. Los padres, profundamente sorprendidos, pensaban que habían sido objeto de un encantamiento; pero les explicamos que aquello era sencillamente el resultado de su cambio de actitud y comportamiento, ya que hasta ahora habían secundado cada petición de la hija, para después ser puntualmente agredidos. En el momento en el que habían empezado a declarar su impotencia, la hija ya no podía agredirles, sino tan sólo preocuparse por permanecer en el estándar de sus amigos.[]
Les pedimos que continuaran con declaraciones de impotencia :

Tienes que perdonarnos, pero por desgracia ya somos viejos y tememos que de un momento a otro uno de los dos se derrumbe. Te pedimos que nos permitas renunciar a algunas de nuestras tareas porque ya no podemos más. No podemos aguantar más trabajos después de nuestro trabajo; por tanto, te pedimos disculpas por no poder garantizarte todo aquello que te hemos dado hasta ahora.

William Pinillos: Elogio a la familia

 

Después de algunas semanas volvieron y, con una expresión de felicidad nos explicaron que su hija había reaccionado así: No tenéis que preocuparos porque puedo encontrar un trabajo de media jornada, ya habéis hecho demasiado por mí. Nos explicaron, además, que su hija estaba estudiando con regularidad, salía con sus amigos y que no les agredía por sus incapacidades. []
Después de cerca de un mes los padres se presentaron, esta vez con su hija que había pedido expresamente una ayuda psicológica para superar algunos problemas que tenía en sus relaciones con los demás. [] El tratamiento se llevó a cabo con éxito, según el protocolo usual puesto a punto por nosotros para este tipo de patología (fobia social). []
En el momento en que los padres abandonaron el guión del sacrificio, dieron a su hija, finalmente, la responsabilidad de realizar su presente y su futuro, liberándola del peso de su sacrificio. Esto hizo que la hija se diera cuenta de las dificultades propias y, no por ellos sino por sí misma, pidiera ayuda, con el resultado después de conseguir satisfacer las expectativas de sus padres sin hacerlo directamente por ellos, sino por sí misma.
Esta historia representa una situación ejemplar de cómo una actitud familiar sacrificante puede no sólo desfavorecer la realización personal del hijo, sino también inhibir completamente su capacidad. Y eso también ocurre en el caso de que sea el hijo mismo el que pide tales sacrificios.”

(De Modelos de familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Giorgio Nardone, Emanuela Giannotti y Rita Rocchi. Herder)

 

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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