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LÓGICA NO ORDINARIA: LA MAQUINARIA DEL TRASTORNO

La realidad no es aquello que nos sucede, sino lo que hacemos con aquello que nos sucede.

                                                                                           A. HUXLEY

“La lógica no es otra cosa que el método a través del cual el hombre, desde siempre, aplica sus propios conocimientos, resuelve problemas, de modo que es el puente entre teoría y aplicación directa. []
La lógica ordinaria es nuestra costumbre de discriminar las cosas a través de la negación –<>–, a través del reconocimiento asociativo [], a través de los silogismos [], a través del principio de no contradicción [], a través del principio de coherencia [], a través de la congruencia [].
Estamos acostumbrados a un tipo de lógica en la que el <> es un fuerte discriminante, aunque empíricamente se ha demostrado que no sólo es ineficaz sino también contraproducente cuando se quiere persuadir a alguien de algo. Continuamos utilizando este tipo de lógica sencillamente porque forma parte de nuestra idiosincracia cultural. Si esto funciona cuando analizamos fenómenos lineales, los fenómenos de causa-efecto, cuando vamos a aplicarlo a fenómenos complejos como la dinámica entre la mente y la mente o, como sugería Gregory Bateson, entre la mente individual y la mente colectiva, ya no encaja porque para el ser humano el estar en contradicción es una regla, no una excepción. ¿Cuántas veces nuestras emociones y nuestras sensaciones nos hacen hacer algo que no es coherente con nuestro habitual modo de actuar? Muchas veces nuestras reacciones no son congruentes con nuestras acciones.
Cuando hablamos de lógica no ordinaria ya no podemos hacer referencia a procesos puramente cognitivos de racionalización de las elecciones, de las decisiones y de las acciones, como haría, en cambio, la lógica ordinaria, precisamente porque cada uno de nosotros es parte del sistema y no puede controlar el sistema desde su interior. []

“El autoengaño es un don que
hemos de utilizar, dado que
no lo podemos evitar”

Hemos de partir del presupuesto de que, al ser nosotros el instrumento cognoscitivo de nosotros mismos, ya estamos contaminados y, en el acto del conocer, contaminamos todo aquello que conocemos.
Somos continuamente <> y desafío a cualquiera a que encuentre en su propia vida un ejemplo de aplicación -desde mi punto de vista, imposible- de lógica puramente ordinaria, sin ambivalencias; es dificilísimo encontrar alguna cosa que funcione sin que detrás exista un autoengaño. [] Todo es autoengaño. [] Tendemos a alterar la realidad que percibimos y a construir constantemente la realidad sobre la base de nuestros autoengaños. Tenemos ejemplos continuos de ello: me levanto por la mañana y he dormido mal, cada mínimo acontecimiento resulta fastidioso por efecto de lo que he experimentado anteriormente; es un autoengaño. [] También se autoengaña una persona que no se da cuenta  de que su pareja la está traicionando, cuando todos excepto ella lo saben. El autoengaño es un don natural que nos protege de las cosas que nos dañan; es algo positivo pero que, si se abusa de él, puede resultar patógeno. [] El autoengaño, por lo tanto, no es algo que hay que denigrar como quisieran hacer los cognitivistas y todos aquellos que piensan en virtud de la ilusión de control racional; el autoengaño es un don que hemos de utilizar, dado que no lo podemos evitar. 

Verse la nuca, una paradoja

La tradición interaccional-sistémica ha estudiado las ambivalencias lógicas en la comunicación e introdujo el constructo de doble vínculo, entonces identificado con la paradoja lógica, o un mensaje que transporta un contenido y su contrario. Watzlawick y otros fueron los primeros en llevar al campo de la Psicoterapia y de la Psicología el estudio de los niveles lógicos de Bertrand Russell, es decir, la lógica más refinada. Al estudiar las ambivalencias de la comunicación y las ambivalencias en las respuestas de las personas, llegaron a constituir precisamente la lógica de la paradoja, que se convirtió en uno de los conceptos básicos del enfoque estratégico tradicional. El fenómeno de la paradoja comunicativa con uno mismo, con los demás y con el mundo es el fundamento de la etiología de las patologías psíquicas más graves y, al mismo tiempo, el fundamento de la estructura de las intervenciones terapéuticas. [] Cuando dentro de mí siento una cosa y al mismo tiempo su contrario -<>- es una paradoja, así como cuando deseo una cosa y la temo al mismo tiempo. Sin embargo, cuando pienso que es correcto actuar de un modo pero luego hago lo contrario, o cuando realmente creo mucho en una cosa  y todas mis acciones van dirigidas a confirmar mi creencia, o aún, cuando un cierto pensamiento, repetido en el tiempo, y precisamente al repetirse se convierte en verdadero, no estamos en presencia de paradojas.

Paciente no ordinario

Es, entonces, posible construir subgrupos, subclases dentro de la lógica del autoengaño. Con este empeño hemos puesto a punto estratagemas terapéuticas no ordinarias para la mayoría de las patologías más importantes y protocolos de tratamiento relacionados. [] Conocer los diferentes criterios de lógica no ordinaria y el funcionamiento de dicha lógica, en consecuencia, resulta fundamental para un terapeuta estratégico. Obviamente, si un paciente nos trae lúcidamente la descripción de su problema y podemos negociar con él lúcidamente la solución, pasamos enseguida a la indicación directa y no tenemos necesidad de la lógica no ordinaria. El problema es que en mi experiencia, entre más de diez mil casos, quizás unas diez personas pertenecían a este tipo. Cierto, es posible que desde hace 20 años sólo vea pacientes extremos; sin embargo, si analizamos la mayoría de las denominadas patologías, vemos que funcionan sobre la base de criterios no ordinarios. Raramente se encuentra una patología que se funde en una lógica ordinaria. […]
La gran contribución de Gregory Bateson y más tarde de Don Jackson y Paul Watzlawick fue precisamente comenzar a estudiar estos fenómenos no lineales y buscar en su interior un nexo, un hilo lógico. Tomemos el famoso diálogo estructurado con el delirio de Bateson, que busca determinar su trama para introducirse en su interior y reconstruirla. Por desgracia, la tradición interaccional [] se detiene y se pierde dentro de la paradoja como si fuera el único criterio lógico existente opuesto a los criterios tradicionales. La lógica de la paradoja aplicada, en realidad, es una pequeña parte, ni siquiera el 30% de lo que usualmente se hace, mientras que la lógica de la contradicción y la lógica de la creencia ocupan los espacios restantes, que son mucho más extensos.”

(De “Surcar el mar sin que el cielo lo sepa”. Lecciones sobre el cambio terapéutico y las lógicas no ordinarias”. Giorgio Nardone y Elisa Balbi. Herder Editorial)

EL CONTROL PATOLÓGICO DEL MIEDO: TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

“El sistema perceptivo-reactivo típico de los síndromes obsesivo-compulsivos se mantiene por las soluciones intentadas  de evitación y control de las situaciones de ansiedad a través de rituales compulsivos de reparación o prevención. Los rituales de reparación se realizan para intervenir y reparar después de que el evento temido haya tenido lugar, para que el paciente no se sienta en peligro, y se orientan al pasado. Los rituales preventivos se enfocan a anticipar la situación aterradora para propiciar la cosa o evitar un resultado peor; por tanto se orientan hacia el futuro. Sin embargo, resultados de recientes experimentos empíricos revelan que existen dos variantes de rituales preventivos: los racionales-preventivos y los propiciatorios de razonamiento mágico. Los rituales racionales-preventivos surgen de la creencia del paciente de que haciéndolo de este modo previene ciertas situaciones de miedo del suceso, por ejemplo, contaminarse o infectarse, perder el control, etc. El otro tipo de ritual preventivo es una forma de razonamiento mágico altamente vinculada a creencias de fatalismo religioso, convicciones supersticiosas, confianza en poderes extraordinarios, y así. []
Es de extrema importancia apoyar y aceptar sus fijaciones y sus deformados y aparentemente ilógicos rituales. Sin embargo, aunque los rituales obsesivo-compulsivos van más allá de la noción ordinaria de las cosas, no son ilógicos sino que siguen una lógica no ordinaria. Para poder cambiar su equilibrio, necesitamos asumir la misma lógica no ordinaria cuando ideamos estrategias terapéuticas. []
El terapeuta debe pedirle que lo haga <>, sugiriéndole <> para gestionar sus necesidades y poder controlar su miedo. [] Al utilizar medios de contrarritual, el terapeuta puede reorientarla hacia su destrucción.
En otras palabras, la terapia necesita seguir la aparente lógica demente que subyace en las ideas y acciones del paciente, declarando al paciente que lo que siente y hace tiene sentido. Después, la intervención continúa dando al paciente un contrarritual específico preestablecido. [] Por ejemplo, si la compulsión es verificar algo una y otra vez para asegurarse de que se ha hecho correctamente, la prescripción, utilizando la lógica numérica del control patológico, será la que haga que el paciente lleva a cabo su verificación exactamente un número prescrito de veces (prescripción de las 5 ó 10 veces), cada vez que siente la necesidad de controlarse.

Desde ahora hasta la próxima sesión, cada vez que usted realice un ritual, ha de hacerlo 5 veces-ni una menos ni una más-. Puede evitar hacer el ritual; sin embargo, si lo hace, tiene que hacerlo exactamente 5 veces, ni una más ni una menos. Puede evitar hacerlo, pero si lo hace una sola vez, ha de hacerlo 5 veces…

La estructura lógica de esta aparentemente sencilla prescripción es la de una antigua estratagema: Dejar que el enemigo se suba al desván y después quitarle la escalera . La forma en cómo se comunica la prescripción es muy importante aquí. La comunicación se basa en una asonancia lingüística hipnótica, repetida redundantemente, y en un mensaje post-hipnótico, expresado en un tono de voz más marcado. [] De esta forma, el terapeuta asume el control de la ejecución del ritual. El paciente estaba antes forzado por su fobia a realizar sus rituales; sin embargo, ahora está impulsado por la terapia a hacerlo. Esto significa que el paciente adquiere indirectamente la capacidad de controlar la sintomatología en lugar de ser controlado por ella. [] El hecho de que ahora sea capaz de controlar las previas acciones patológicas siguiendo las indicaciones terapéuticas significa que llegará a un punto en que las podrá detener. Y normalmente esto es lo que ocurre. [] Explican que llevar a cabo sus rituales resulta muy aburrido y confiesan que, de forma extraña, ya no sienten la necesidad de realizarlos [].
En la fase siguiente del protocolo, se mantiene esta prescripción y normalmente el número de repeticiones que hay que realizar se aumenta, , mientras empezamos a guiar al paciente a enfrentarse directamente a las situaciones de miedo anteriores (prescripción de “la peor fantasía“). []
En el caso de fórmulas mentales rituales que se repiten compulsivamente, hemos ideado estratagemas que se basan en la lógica de matar la serpiente con su mismo veneno. []

Desde este momento hasta que nos volvamos a encontrar, cada vez que repita una de sus fórmulas, ha de repetirla al revés. Haga todas las repeticiones que hace normalmente, pero hágalas en sentido contrario. Por ejemplo, si usted siente que ha de repetir la palabra “día”, que sea “aid”. [] Si la fórmula se compone de más palabras y números, el ejercicio será más difícil. En todo caso, usted tiene una mente bien entrenada, ¿no es cierto? […]

Por ejemplo, pacientes que tienen miedo a la contaminación de alguna clase y se lavan continuamente, se limpian y se esterilizan a sí mismos, sus casas y otras pertenencias. Sin embargo, de forma paradójica, es cuando todo está totalmente limpio y esterilizado que tienen miedo de que la contaminación comience a crecer, por lo que surge la necesidad de llevar a cabo los rituales compulsivos. Una vez más es la solución intentada la que mantiene y complica la solución. En estos casos tenemos que actuar sobre las creencias que subyacen.[] Haríamos surgir dudas en el paciente sobre si realmente lo que teme es la limpieza absoluta en lugar de la suciedad:

¿Cuándo surge finalmente el problema, cuando usted está sucio o cuando está totalmente limpio? [] El paciente empieza a tener dudas porque finalmente necesita mantener limpia cualquier cosa que esté impecable. En otras palabras, corríjame si me equivoco, su miedo surge principalmente cuando algo está perfectamente en orden o cuando algo está perfectamente en orden y limpio, porque es entonces cuando usted tiene que mantenerlo intacto, ¿no es cierto? Por lo tanto, en realidad, usted teme más la limpieza total que la suciedad.

Así, de esta forma, empezamos reestructurando su percepción y, por tanto, su reacción hacia la situación que provoca el miedo. Tenemos que empezar a introducir la idea de que un pequeño desorden ayuda a mantener el orden:

[] Desde ahora hasta la próxima vez que nos veamos, tiene que tocar deliberadamente con su dedo alguna cosa sucia, algo que usted sepa que está sucio y mantener su dedo sucio durante 5 minutos, ni un minuto más, ni un minuto menos. Una vez hayan pasado los 5 minutos, es usted libre de lavar su dedo como quiera. Sin embargo, durante 5 minutos, ni uno más ni uno menos, mantenga su dedo sucio. Cinco veces durante 5 minutos, ¿de acuerdo?

Esta prescripción sigue la idea de que, con el fin de llegar a ser totalmente inmune y tener el control de alguna cosa, uno no puede evitarla ni prevenirla. Al contrario, uno ha de empezar a tomarla y a soportarla en pequeñas dosis hasta que llegue el día en que no tenga ningún efecto sobre uno. []

La última fase se dedica a guiar al paciente y a darle las explicaciones completas sobre el trabajo realizado y sus procesos, concentrándonos en atribuir el éxito de la terapia a su capacidad y recursos.”

(De “Conocer a través del cambio” Giorgio Nardone, Claudette Portelli. Herder)

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