LA PEOR FANTASÍA: REDEFINICIÓN DE SUS EFECTOS

Imagen de la aterradora película Babadook
Imagen de la aterradora película Babadook

 

En los últimos minutos de la segunda sesión damos una nueva prescripción paradójica (“La peor fantasía“):

Puesto que la semana pasada usted ha sido bueno peleando con su problema, le voy a dar ahora una tareababadook_1 que le parecerá más bien extraña e incluso más absurda de la que acaba de realizar. Sin embargo, como acordamos, ha de seguirla al pie de la letra. Creo que por ahora me he ganado un poco de su confianza, ¿de acuerdo? Entonces, creo que tendrá un despertador en su casa -ya sabe, como éstos que tienen una alarma detestable-. Bien, cada día, a la hora acordada, usted cogerá este despertador y lo pondrá para que suene media hora más tarde. Durante esta media hora se aislará en una habitación, se acostará o se sentará en un sofá, y durante ese tiempo se esforzará voluntariamente en evocar sus peores fantasías relativas a su IMG_25952problema, pensando que está solo, que siente cómo le entra el pánico…Usted permanecerá en este estado durante el resto de la media hora. Tan pronto como suene la alarma, stop, la para, suspende el ejercicio, deja los pensamientos y las sensaciones que ha provocado, sale de la habitación, se lava la cara y vuelve a sus actividades habituales. 

La prescripción sigue el proverbio de los antiguos chinos, “para apagar el fuego hay que añadir leña”. O, como reza una máxima islámica, “enfrentándose al propio miedo uno se vuelve audaz”.

Esta prescripción tiene dos clases de efecto posible. El primero es: “Doctor, realmente no pude llegar a estar completamente absorto en la situación. Lo intenté, pero todo me pareció tan ridículo que acabé riéndome. Curiosamente, en lugar de hacer que me sintiera peor, estuve completamente relajado”, o “casi me duermo”. El segundo es “Doctor, conseguí hacer tan bien la tarea que sentí las mismas sensaciones que antes de venir aquí. Fue muy angustioso; algunas veces grité; luego, por suerte, sonó la alarma y todo se acabó.”vlcsnap-2015-02-05-18h29m31s75

Muchos pacientes de ambos grupos de respuesta no experimentan momentos de crisis fuera de la tarea de la media hora, mientras que otros pacientes informan de que solamente han tenido episodios poco frecuentes de ansiedad de los que se recuperaron fácilmente.

En la segunda sesión, cualquiera que sea el informe del paciente respecto a los efectos de la prescripción, redefinimos nuevamente la situación en términos de cambio positivo. En el caso del primer tipo de respuesta, nuestra redefinición será como sigue:

tumblr_inline_nheeqhVwuh1qbjwu4Como usted ha tenido la suerte de ver, su problema puede aliviarse provocándolo de forma voluntaria; es una paradoja, pero sabe, a veces nuestra mente trabaja de forma paradójica en lugar de hacerlo con el sentido común. Usted ha empezado a aprender a no caer en la trampa de su trastorno y de sus “soluciones intentadas” que complican su problema en lugar de resolverlo. Toda la sesión continúa en el mismo tono.

Con el segundo tipo de respuesta, la redefinición se expresa como sigue:

Muy bien. Usted está aprendiendo a modular y gestionar su trastorno. Asi como usted puede provocar de forma voluntaria los síntomas, también podrá limitarlos, y cuanto más pueda provocarlos durante un tiempo dado más podrá limitarlos y hacerlos desaparecer. Cuanto más pueda usted provocarlos durante la media hora, mucho mejor será capaz de controlarlos durante el resto del día.

Y así durante el resto de la sesión.

Babadook visiones

Por lo tanto, en ambos casos nuestra redefinición del efecto de la prescripción se enfoca a reforzar la conciencia y la confianza del paciente en el cambio en curso y en el hecho de que esta persona está aprendiendo nuevas y eficaces estrategias para tratar con posibles miedos futuros.

El paciente ha recibido una incuestionable prueba práctica de que el trabajo emprendido junto con el especialista es eficaz. Esto crea una excepcional alianza de colaboración que ayuda a liderar otros cambios progresivos en la percepción de la realidad del paciente.

 

(Extraído de aquí)
(Extraído de aquí)

 

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta oficial del Centro di Terapia Breve Strategica dirigido por Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone
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LA OBSESIÓN DE PERDER EL CONTROL DE LOS ESFÍNTERES

“Se presenta un señor de mediana edad, elegante y refinado, que al relatar el trastorno que lo ha traído desde una ciudad muy lejana hasta mi se expresa con un lenguaje extremadamente intelectual y prolijo, pero expone un problema verdaderamente tan grotesco en su naturaleza como trágico en sus efectos: el terror de hacer sus necesidades fisiológicas en público. En otros términos, sobre la base de progresivos problemas de colitis, el señor, que desarrollaba una profesión intelectual y artística de alto nivel, por lo cual debía mostrarse en público frecuentemente, había comenzado a imaginar la posibilidad de perder el control sobre su intestino recto, durante alguna de sus apariciones públicas, y por consiguiente perder el control de sus esfínteres.
Si bien nunca antes había tenido una experiencia concreta de este tipo, la duda que esto pudiera acontecer lo obligaba a tomar precauciones. []
La situación había presentado una escalada tal que en los últimos años este famoso personaje casi se había retirado en una especie de aislamiento defensivo, evitando cualquier situación pública en la cual se pudiese manifestar su problema. Todo esto, en vez de tranquilizarlo, lo había conducido a incrementar cada vez más su fijación fóbica, hasta el punto de inducirlo a tener siempre necesidad, cada vez que salía de su casa, de tener un baño cerca, para poder emplearlo en caso de emergencia. En la práctica, él tenía un mapa mental de todos los baños utilizables en caso de emergencia dentro de su limitado territorio, además comía solamente algunos alimentos que tenía la seguridad de poder tolerar. []
Después de la primera consulta caracterizada por ejercicios preliminares, las consultas posteriores se centraron en buscar la interrupción de las dos soluciones intentadas del paciente que mantenían el problema, es decir, su intención obsesiva de controlar el síntoma focalizándose siempre en escuchar su intestino y su resolución de evitar cualquier situación de riesgo, incluídos muchos alimentos y lugares en donde no hubiese un baño listo para el uso.
La técnica fundamental empleada en este caso fue la de la peor fantasía, que se aplica también en otros trastornos como el pánico, la depresión y los bloqueos de performance.
En la práctica, esta técnica se desarrolla mediante una serie de ejercicios sucesivos; el primero es el siguiente:

Bien, supongo que usted tiene un reloj despertador en su casa, de aquellos que tienen un timbre desagradable. Pues todos los días a la misma hora, que ahora acordaremos entre los dos, deberá activar este despertador y programarlo para que suene media hora más tarde. En esta media hora, usted se encerrará en una estancia de casa y, sentado en una butaca, se esforzará por sentirse mal, se concentrará en las peores fantasías relacionadas con su problema [] hasta producirse voluntariamente una crisis de ansiedad y pánico, permaneciendo en este estado durante media hora. Apenas suene el despertador, usted detendrá el timbre e interrumpirá la tarea [], irá a lavarse la cara y regresará a sus actividades habituales.
 

Nuestro paciente refirió haber tenido una reacción para él imprevisible, que por el contrario es la más usual cuando se asigna este ejercicio. No logró estar mal, no consiguió ni siquiera provocarse una crisis de miedo o ansiedad. Aunque imaginaba las peores fantasías posibles le llegaban incluso fantasías positivas, y todas las veces se había relajado mucho, dos veces incluso se había dormido.
De la manera habitual, le dije que éste era el efecto deseado [], podía comenzar a emplear esta técnica basada en la lógica de la paradoja, ejercitándose hasta aprender a cancelar el miedo, exasperándolo deliberadamente.
De este modo, asigné la siguiente prescripción:

De aquí a la próxima sesión, en vez de retirarse durante media hora para hacer nuestro ejercicio, usted lo realizará cinco veces por día durante cinco minutos cada vez, en donde esté, con quien esté, en los horarios que yo le daré: a las 9, a las 12, a las 15, a las 18 y a las 21 horas; usted mirará su reloj y durante cinco minutos, en el lugar donde se encuentre, tratará de esforzarse para que su trastorno se manifieste; recuerde, no se debe aislar, debe realizar la tarea en el marco de las actividades que esté desarrollando a esas horas.
 

El señor me miró asustado diciendo:

¿Pero usted quiere que haga mis necesidades en público?
 

Y yo repliqué sonriendo:

Podría también suceder, pero usted ha tenido la innegable demostración que cada vez que se provoca voluntariamente este trastorno, éste no llega. Entonces, siga mi prescripción; además, acordamos en la primera sesión que usted realizaría cualquier cosa que yo le pidiera.
 

En la siguiente consulta, el paciente regresó por primera vez con una expresión sonriente, debido a que en la semana anterior había estado definitivamente mejor. No sólo durante varios de los cinco minutos de ejercicio paradójico no se había sentido mal, sino que, al darse cuenta de que de esta manera su miedo decrecía, se había aventurado espontáneamente a alejarse de su casa, más allá de los usuales límites de los baños conocidos.
De aquí en adelante, la terapia prosiguió aumentando las exposiciones al riesgo del sujeto, incrementando su confianza en la técnica de cancelar el miedo provocándolo deliberadamente, hasta conducirlo a ponerla en práctica también cuando el temido trastorno surgía de repente. [] Efectivamente, cuando surgía espontáneamente el miedo a cualquier señal de su intestino, bastaba con provocar el miedo deliberadamente para que éste se desvaneciera, junto con las sensaciones somáticas.
En el lapso de 10 sesiones nuestro intelectual recuperó completamente la autonomía y la capacidad de presentarse en cualquier aparición pública, sin tener más el terror de hacer sus necesidades en público, y además recomenzó también por su propia cuenta a comer alimentos de presunta intolerancia para su intestino, descubriendo que también podía tolerar y digerir alimentos grasos y pesados que pensaba que nunca más podría volver a consumir.”

(De “Psicosoluciones”. Giorgio Nardone. Herder)

 

MIEDO AL MIEDO

“Este tipo generalizado de trastorno fóbico (ataques de pánico con agorafobia) se mantiene gracias a las soluciones intentadas de evitación y solicitud de ayuda. Aquellos que sufren de esta patología evitan constantemente exponerse a los presuntos peligros o, si no, requieren la presencia constante de una persona en la que confían con el fin de enfrentarse a ellos.
Nuestra investigación ha mostrado que cuando una persona pide ayuda y la recibe, esta solución intentada confirma y alimenta el problema. Para interrumpir con rapidez este círculo vicioso, hemos ideado una reestructuración específica y elaborada:

Bien, antes que nada hay algo sobre lo que quiero que piense durante la próxima semana. Quiero que piense que, cada vez que usted pide ayuda y la recibe, está recibiendo, al mismo tiempo, dos mensajes. El primer mensaje obvio es <. El segundo mensaje, que es menos obvio pero más fuerte y más sutil, es . Por favor, fíjese que no le estoy pidiendo que deje de pedir ayuda, porque sé que en este momento usted no es capaz de dejar de pedir ayuda. Solamente le estoy pidiendo que piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, contribuye a mantener y empeorar sus problemas. Pero, por favor, no se esfuerce en evitar pedir ayuda, porque aún no es capaz de dejar de pedir ayuda. Sólo piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, está ayudando a que las cosas empeoren.

La técnica utilizada aquí es el miedo contra el miedo. El miedo a incrementar la gravedad del problema es mucho peor que los miedos que llevan constantemente a la persona a pedir ayuda. Cada miedo está limitado por un miedo mayor. [] Utilizamos un tipo de comunicación paradójica, que fuerza la incapacidad del paciente a actuar sin ayuda. En otras palabras, inducimos a la persona a actuar, sin pedirle directamente que lo haga. La prescripción se da normalmente al final de la primera sesión, junto con el diario de a bordo:

“Diario de a bordo”
para los ataques de pánico

 Para esta tarea usted necesita un bloc de notas de bolsillo en el que ha de copiar el esquema que le he preparado: fecha y hora, lugar y personas presentes, situaciones y pensamientos, síntomas y reacciones. Este bloc de notas se convertirá en un compañero inseparable, que ha de llevar consigo todo el día; y, cada vez que sienta que está empezando a tener uno de sus ataques de pánico o nota que tiene miedo, sacará inmediatamente su bloc de notas y anotará la fecha, el lugar…¿de acuerdo? Sin embargo, es importante que lo lleve a cabo correctamente en el momento en que siente que está teniendo el ataque, no antes, ya que entonces se trataría de una fantasía; tampoco después, porque sería un recuerdo…Necesitamos que lo haga en el momento exacto para tener una especie de fotografía de la situación. Así, aunque tenga la misma sensación cien veces, saque cien veces el bloc de notas y anótelo en el momento exacto, ¿de acuerdo?

El diario de a bordo es una prescripción que se da en la primera sesión en el tratamiento de los trastornos fóbicos, con la intención de desplazar la atención del paciente, en un momento de necesidad, de los síntomas a la ejecución del ejercicio, aunque es presentado al paciente como un medio para controlar el ataque de pánico (es la estratagema surcar el mar a espaldas del cielo).
Normalmente en la segunda sesión los pacientes nos informan de que en ningún momento han solicitado ayuda en la semana anterior;  la mayoría de las veces han empezado a hacer las cosas por sí mismos, [] sin experimentar miedo alguno.
Cuando la solución intentada principal es la evitación, invitamos al paciente a que piense que haciéndolo así podría parecer una ayuda en el momento de necesidad, pero, en realidad, esta conducta terminará por confirmar su incapacidad frente a la situación temida, la cual aumenta más su miedo. Así, en estos casos, se invita al paciente -no se le impone- a que evite evitar. []
Otros pacientes revelan que normalmente tienden a evitar situaciones de miedo y llegan a un punto en que sienten la necesidad de ponerse a prueba forzándose a enfrentarse a situaciones de miedo planificadas, con la intención de medir sus propios fracasos. A estos pacientes [] se les induce a comprender que su particular solución intentada está, finalmente, manteniendo y empeorando su miedo. []
Después del primer cambio importante, obviamente son necesarias toda una serie de maniobras terapéuticas posteriores para alcanzar la solución definitiva. []
La segunda fase de la terapia se preocupa de los intentos del paciente por mantener el control de sus reacciones. Para ello, los pacientes tienden a evitar incluso el pensar acerca de sus miedos, pero esto, paradójicamente, los lleva a pensar aún más en ellos. Hemos establecido una prescripción específica para cambiar este sistema perceptivo-reactivo (la prescripción de “la peor fantasía“):

La prescripción de elección
para la mayoría de los miedos:
“La peor fantasía”

Le voy a dar ahora una tarea que le parecerá más bien extraña e incluso más absurda de la que acaba de realizar. Sin embargo, como acordamos, ha de seguirla al pie de la letra. [] Bien, cada día, a la hora acordada, usted cogerá este despertador y lo pondrá para que suene media hora más tarde. Durante esta media hora, se aislará en una habitación, se acostará o sentará en un sofá y durante este tiempo es esforzará voluntariamente en evocar sus peores fantasías relativas a su problema, pensando que está solo, que siente cómo le entra el pánico…Usted permanecerá en este estado durante el resto de la media hora. Tan pronto como suene la alarma, stop, la para, suspende el ejercicio, deja los pensamientos y las sensaciones que ha provocado, sale de la habitación, se lava la cara y vuelve a sus actividades habituales.

La prescripción sigue el proverbio de los antiguos chinos, para apagar el fuego hay que añadir leña. O, como reza una máxima islámica, enfrentándose al propio miedo, uno se vuelve audaz.
En la sesión siguiente, [] la redefinición se expresa como sigue:

Muy bien. Usted ha aprendido a modular y gestionar su trastorno. Así como usted puede provocar de forma voluntaria los síntomas, también puede limitarlos, y cuanto más pueda provocarlos durante un tiempo dado, más podrá limitarlos y hacerlos desaparecer. Cuanto más pueda usted provocarlos durante la media hora, mucho mejor será capaz de controlarlos durante el resto del día []

En la tercera fase de la terapia, el paciente será conducido a utilizar esta reacción paradójica directamente en el momento de necesidad, cuando surja el miedo. Esto hará que pueda hacerlo desaparecer. Cuando la persona ha conseguido esta capacidad, la guiamos a que se exponga a las situaciones temidas previamente evitadas. Muy a menudo, los pacientes lo hacen de forma espontánea, cuando han recuperado la confianza en sus recursos. Este proceso, en su totalidad, lleva a una completa recuperación de los trastornos fóbicos”

(De “Conocer a través del cambio”. Giorgio Nardone y Claudette Portelli. Herder Editorial)