Archivo de la etiqueta: La mente contra la naturaleza

ANSIEDAD DE PRESTACIÓN: MIEDO A SER IMPOTENTE

      “No hacemos bien nada hasta que no dejamos de pensar el modo de hacerlo”
                                                                                  W. HAZLITT

“Un militar de carrera de unos 40 años está angustiado por un problema que en los últimos meses se ha agrandado hasta hacerle perder del todo la serenidad.
En una ocasión, aunque deseoso y motivado para tener una relación sexual con su pareja, no consigue tener una erección satisfactoria. Más bien, a medida que se va esforzando, sus intentos siempre se frustran. Desde entonces, vive cada relación sexual con la etiqueta del miedo al fracaso. Obviamente, esto determina una serie de reacciones neurovegetativas que, como se puede imaginar fácilmente, contribuyen a provocar otros fracasos, activando de este modo una reacción en cadena que se mantiene a sí misma según el esquema. En el intento por verificar si las cosas son efectivamente graves como parecen, nuestro paciente no encuentra nada mejor que ponerse a prueba cambiando repetidamente de pareja. Encadena así una serie de desventuras marcadas por repetidos fracasos, que hacen que se precipite en la más sombría desesperación. Autoconvenciéndose de ser impotente, intenta verificar el estado de su enfermedad frecuentando prostitutas que, según sus expectativas, deberían ser técnicamente más hábiles.
Éstas, en lugar de mostrarse como las terapeutas esperadas, le tratan apresuradamente (el tiempo es dinero) invitándole a espabilarse o, como alternativa, a marcharse; en una ocasión, el militar obtiene una burla sarcástica, que resulta ser la clásica gota que hace desbordar el vaso (de la depresión).
Después de haber escuchado la exposición del problema por parte del paciente, se procede a su redefinición funcional para el cambio. A través de una serie de preguntas en embudo, estructuradas con el fin de dar al paciente la ilusión de que es él quien descubre la solución al problema, se hace emerger el mecanismo que está en la base del problema mismo (Nardone, 2004). En este caso el mecanismo consiste en el hecho de que “ponerse a prueba” significa ponerse en una situación artificiosa, en la cual la tan deseada reacción fisiológica queda inhibida precisamente por el esfuerzo realizado para provocarla. Tras haber dado al paciente esta nueva clave de lectura de los hechos, se continúa dándole la siguiente prescripción:

De ahora en adelante, y hasta la próxima vez que nos veamos, le pedimos que haga este experimento. Queremos que usted, cuando esté a punto de tener una relación sexual, verifique mentalmente cuánto miedo tiene en aquel momento. Si el miedo va más allá de un cierto límite, le pedimos que declare “su malestar secreto”, es decir, deberá decirle a su pareja que a causa de su problema usted es impotente y no podrá efectuar la penetración. Si el miedo a fallar no va más allá de un cierto límite, sino que es aceptable, continúe con la relación sexual. En otras palabras, podrá no declarar su problema en el caso de que no haya mucha ansiedad; en caso contrario, deberá declararlo.

El principio sobre el que se basa el funcionamiento de esta prescripción es el del desplazamiento de la atención: el paciente cree que la parte difícil de la prescripción es la declaración del secreto por lo que, una vez llevado a cabo, se siente autorizado a no estar más en tensión; además, el haber declarado el secreto, ya no está obligado a poner en práctica las soluciones intentadas que servían para esconder precisamente dicho secreto. Ambos elementos hacen de modo que, una vez efectuada la prescripción, el paciente ya no advierta la sensación de tenerse que esforzar en realizar la actuación que resultaba inhibida, actuación que en aquel punto, en la mayoría de los casos, se lleva a término sin problemas. La estratagema del desplazamiento de la atención evoca la antigua estratagema china del surcar el mar sin que el cielo lo sepa, es decir, llevar a cabo una acción sin que sea visible. En efecto, desde la antigüedad, Gorgias, Protágoras y toda la tradición sofista hicieron gran uso de antilogías y paradojas, cuya aplicación en la vida concreta recuerda muy de cerca la filosofía de la antigua China, cuyos mecanismos hacen referencia específica a la lógica paradójica. []
En este caso actúa también otra estratagema terapéutica, la ilusión de alternativas: se pone al paciente frente a la elección de dos posibilidades, ninguna de las cuales está privada de riesgo según su punto de vista. Si elige declarar su problema, tendrá que afrontar la opinión de su pareja; pero elegirá declararlo solamente si establece mentalmente que el miedo ha sobrepasado un límite insuperable para él. Puesta la cuestión en estos términos, es probable que la persona elija de modo inconsciente el camino que comporte el menor esfuerzo.”

(De “La mente contra la naturaleza. Terapia breve estratégica para los problemas sexuales” Giorgio Nardone y Matteo Rampin. Integral)

A %d blogueros les gusta esto: