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AUTOHIPNOSIS PARA EL INSOMNIO

(Habla el medallista olímpico Aldo Montano en relación a su trabajo con Giorgio Nardone:)

Otro aspecto importante de la sesión es el trabajo sobre mi dificultad con el sueño. Hasta aquel momento tenía problemas para dormir y mis noches eran a menudo agitadas, pero mediante aquel simple ejercicio autohipnótico comencé a dormir muy bien. Este “truco” me fue bien de inmediato: cierro los ojos, miro en dirección a la punta de la nariz y me concentro mirando más a fondo en aquella dirección, con la extraña sensación de ver con los ojos cerrados una luz que se transforma. Poco a poco me duermo. 

Desde la Antigüedad, egipcios y chinos definen la hipnosis como “el sueño mágico”. Tal definición pone de relieve cómo la inducción de trance ha sido utilizada siempre como técnica para evocar el sueño restaurador mediante el efecto de determinadas maniobras sugestivas. La técnica utilizada aquí se basa en la tradición india introducida por los faquires: mirarse la punta de la nariz hasta sentir el cansancio de los ojos y la mente confusa, cerrar los párpados manteniendo la concentración en la punta de la nariz, hasta que se entra en un estado de conciencia alterado que se transforma en un sueño profundo.

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado oficial en España del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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M. CEBERIO Y WATZLAWICK: TRASTORNOS DEL SUEÑO

"El sueño" de Frida Kahlo

“El sueño” de Frida Kahlo

 

En los trastornos del dormir resulta de bastante ineficacia el recurso de las tareas directas, más aún  en aquellos casos en donde la persona ha generado tal efecto dominó de soluciones intentadas fracasadas. Basta la suceptibilidad de no lograr conciliar el sueño algunas noches seguidas para abrir el tramo de una secuencia que convierte la dificultad de poder dormir en el problema de un trastorno del sueño.

En la medida que pasan las horas en el intento por lograr dormirse, la persona ensaya numerosas técnicas, propias y recomendadas por su entorno []. Pero nada, nada es efectivo. La persona da vueltas en la cama. Piensa y piensa, hasta llegar a la rumia mental. Pasan las horas y las sensaciones de tensión, angustia y ansiedad perturban cualquier mínima posibilidad de dormir. Cuanto más se intenta, menos se duerme. []

imagesEl problema pega sus coletazos hacia el resto de la vida de la persona. Por ejemplo, su permanente mal humor a raíz de la falta de sueño ha creado diferentes conflictos con sus amigos, compañeros de trabajo, amigos, su pareja está agotada puesto que cada noche es un calvario, ha disminuido notablemente su efectividad en el trabajo ya que se duerme durante el día, se dispersa, tiene jaquecas, etc. Pero sobre todo y como en la mayoría de los trastornos, la autoestima ha descendido a niveles catastróficos. []

Una prescripción del síntoma, refinada y sutil, permite desmontar paulatinamente tal carga para luego, o de manera paralela, redefinir los juegos relacionales y reorganizar la vida de la persona y su sistema. El terapeuta deberá prescribir el no permitir dormirse hasta la hora en que frecuentemente la persona logra establecer el sueño. O sea, lo que espontáneamente se produce, se transformará en un acto voluntario.

T. Le propongo que hoy a la noche, en vez de desaprovechar el tiempo en intentar más y más el lograr dormirse, lo capitalice con otras actividades. Si ya sabe que no va a dormirse, por qué no pensamos en qué cosas podría aprovechar ese tiempo. En principio, ¿a qué hora , en general, concilia el sueño o entre qué horas?

P. En general, creo que entre las tres y las tres y media de la madrugada, a veces a las cuatro. 

La Bella Durmiente sin perturbaciones

La Bella Durmiente sin perturbaciones

 

T. ¿Y se acuesta?

P. Siempre entre las once y las doce.

T. ¿Qué sucedería si usted se acostase sabiendo que no se va a dormir hasta las cuatro de la mañana? Es decir, puede acostarse, pero debe tener en claro que tiene prohibido dormirse hasta las cuatro. 

P. (Desconcierto)…No voy a tener problemas, si hasta esa hora no logro dormirme normalmente…

T. No, pero aquí es diferente, no se trata de que espontáneamente surja la imposibilidad sino que usted no deberá dormirse.

P. No sé, no sé, me parece raro, yo quiero sacarme esto de encima…

T. Mire, ha intentado tanto, déjeme imponer a mi las reglas de este nuevo juego, ¿ok?

P. Bien…

T. Al saber que no podrá dormirse hasta las cuatro dígame qué actividad le provoca mucho placer y podría realizarla en esas cuatro horas que tiene por delante. []

Comenzar a  implementar en la prescripción términos como soportar, tolerar, aguantar hasta la hora señalada introducen -hipnóticamente- atribuciones diferentes a las construidas hasta el momento. No es lo mismo padecer el no lograr dormirse que soportar el no poder dormirse. La imposición de ciertos términos construyen realidades diferentes en la acción.

Con respecto a los resultados traerá, como es esperable, dos consecuencias: o ha logrado realizarla, razón por la que ha comenzado a controlar el síntoma; o no ha podido hacerlo y se quedó dormido antes, comenzando a regularizar el sueño. De cara al primer resultado, a posteriori, se trabajará con prescripciones directas, puesto que bajo el hecho de dominar el síntoma es factible que paso a paso logre erradicarlo definitivamente. De lo contrario, en la segunda posibilidad, el terapeuta podrá pensar que la persona se ha equivocado:

T. ¿Está segura de que realizó la tarea correctamente? A ver, me repite detalladamente los pasos de lo que hizo. Necesito una descripción casi obsesiva.

Henri Toulouse-Lautrec, “La cama”

Henri Toulouse-Lautrec, “La cama”

 

Frente a cierto escepticismo o incredulidad del terapeuta, la persona repetirá la tarea y será instado a realizarla nuevamente aumentando en algunos grados su complejidad. Si en el resultado se continua disminuyendo la sintomatología, el terapeuta resignado optará por connotar positivamente el avance, entrando en una segunda etapa de exploración con el objetivo de comprender el significado del síntoma. O también, lograr observar qué modificaciones en el sistema ocasionó el cese del síntoma. Es frecuente que se muestren las anomalías que mediante el síntoma se desfocalizaban manteniendo la cohesión y la unión del sistema. []

Chequear el paulatino incremento de la autoestima implica alentar pero en dirección contraria la producción sintomática. Aumentar la buena autoestima es aumentar la seguridad y la potencia, disminuyendo la duda y la angustia subsecuente.

 

 (Extraído de aqui)

       (Extraído de aqui)

 

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta oficial del Centro di Terapia Breve Strategica dirigido por Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

MILTON ERICKSON FRENTE AL INSOMNIO

 

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Un día un anciano vino y me dijo: “Pasé despierto toda la noche, sin poder dormirme, revolcándome de un lado a otro. Nunca consigo dormir más de dos horas. Por lo general me duermo a las cinco de la madrugada y me despierto a las siete”. “Bien”, contesté yo, “lo que usted quiere es corregir su insomnio. Lo único que tiene que hacer es lo que yo voy a decirle. Me dice que entre usted y su hijo se reparten la tarea de la casa. ¿De qué manera se la reparten?” Contestó: “Mi hijo hace las cosas que le gusta hacer, y yo las que me gustan a mí”. “¿Qué es lo que más le disgusta a usted?”, le pregunté. “Encerar los pisos”, replicó. “Tenemos pisos de madera y me gusta conservarlos encerados. Yo haría todo lo que me toca a mí y todo lo que le toca a mi hijo, con tal de que él se encargue de encerar los pisos. Yo no lo soporto.”

Muy bien”, le dije. “Estoy pensando en un remedio para usted. Le costará ocho horas de sueño. ¿Piensa que es gatos-nocturnoscapaz de tolerar la pérdida de ocho horas de sueño?”. “Por supuesto que puedo”, respondió. “He estado perdiendo esas horas de sueño todas las noches durante un año”.

“Esta noche, proseguí, cuando llegue a su casa, tome un tarro de cera para pisos Johnson y un trapo, y lustre el piso durante toda la noche, hasta la hora en que habitualmente se levanta por la mañana. Luego váyase a su trabajo. Solo habrá perdido dos horas de sueño. La noche siguiente, empiece a encerar el piso a la hora de acostarse, encérelo toda la noche y váyase a trabajar en el horario de costumbre. Con ello sumará cuatro horas de sueño perdidas. La noche siguiente vuelva a encerar los pisos toda la noche y habrá perdido otras dos horas de sueño”.

La cuarta noche, antes de empezar a encerar, le dijo a su hijo: “Creo que le daré un descanso a mi vista durante un minuto”. Se levantó a las siete de la mañana. Ahora tiene siempre sobre su cómoda una lata de cera para pisos Johnson y un trapo de lustrar. Le dije: “Usted tiene un reloj luminoso. Si puede ver la hora quince minutos después de haberse ido a dormir, levántese y encere toda la noche“. Desde entonces no ha dejado de dormir ni una sola noche. []

Milton_H._Erickson

Erickson pidiendo muy en serio

Siegfried: Tengo una pregunta. En los ejemplos que usted da, la gente siempre hace lo que usted le sugiere; comparados con mis pacientes, parecen estar muy motivados. (Risas) Pienso que a menudo no deben hacer lo que les manda.

Erickson: Eso es lo que dice mi familia: ¿Por qué tus pacientes hacen todas las locuras que les pides? Mi respuesta es esta: Lo pido con mucha seriedad. Ellos saben que mi intención es genuina y totalmente sincera. Yo tengo la absoluta seguridad de que lo harán. Nunca me pregunto: ¿Hará el paciente esta cosa ridícula? No, sé que lo hará.

 

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

ESCUELA DE PALO ALTO: EL INTENTO DE FORZAR ALGO QUE SOLO PUEDE OCURRIR DE MODO ESPONTÁNEO

Pertenecen a este grupo la mayoría de los problemas de funcionamiento corporal o de rendimiento físico: rendimiento sexual (impotencia, eyaculación precoz, anorgasmia, coito doloroso, apatía sexual),

funcionamiento intestinal (estreñimiento, diarrea), función urinaria (urgencia, frecuencia, imposibilidad de orinar en un mingitorio público), temblores y tics, espasmos musculares, problemas del apetito, tartamudeo, dolor imposible de aliviar, dificultades respiratorias (hiperaeración), insomnio, sudor excesivo, problemas de carácter (depresión), obsesiones y compulsiones, bloqueos creativos y de la memoria.
Aunque muchas de estas dolencias parezcan no tener relación entre sí, se trata en todos los casos de actividades humanas, de orden mental o corporal. Normalmente, el rendimiento de estas actividades es fluctuante. La mayoría de las personas experimentan perturbaciones temporales en el sueño, la actividad sexual, el carácter, etc. Por regla general, no conceden demasiada atención a dichas fluctuaciones, es decir, no las consideran problemas que requieran especial atención o la ayuda de un profesional. En un lapso de tiempo más bien breve estas perturbaciones se corrigen espontáneamente. En cambio el paciente potencial define dichas fluctuaciones como problema y toma voluntariamente determinadas medidas que sirvan para corregirlas y evitar su reaparición. Tales medidas acostumbran a implicar un esfuerzo deliberado para asegurar un rendimiento normal o efectivo. Al realizarlo, el paciente potencial se ve atrapado por la dolorosa solución de tratar de imponerse un rendimiento que sólo puede obtenerse de modo espontáneo o “irreflexivo”. También puede haber otras personas que participen en este esfuerzo generador del problema y colaboren inconscientemente en potenciarlo. Por ejemplo, una mujer experimenta dificultades para llegar al orgasmo durante el coito. Su pareja, tratando de ayudarla a superar este problema, puede dirigirse a ella durante el coito preguntándole por su nivel de excitación o, también, si está él utilizando las técnicas apropiadas para estimularla de modo conveniente. Así, él la está invitando a que trate con más fuerza aún de responder, cosa que en nuestra opinión sólo sirve para empeorar las cosas.
En esta clase de problemas es probable conseguir la solución cuando el paciente sencillamente renuncia a sus intentos de autocoacción y deja de esforzarse demasiado. Por ejemplo, un joven que se quejaba de ansiedad durante las situaciones sociales ofreció  el siguiente relato acerca de la modificación de una solución previamente ensayada:

Paciente:…Descubrí que yo tendía a ser una persona muy nerviosa, incluso…Oh, bueno, está bien, aquí otra cosa interesante. El sábado yo…Siempre he pensado que me sentiría mucho más cómodo con la gente si utilizase lentes de contacto; siempre he pensado que se trataba de los lentes de contacto. Pero ahora estoy descubriendo que la mayor parte de ello se debe sencillamente a mi modo de ser…que el sábado, cuando estaba con la chica -Susan, estaba con Susan-, descubrí que estaba sintiendo muchas cosas que me iban saliendo dentro. Antes, siempre había tratado de ocultarlas. Por ejemplo, que me sentía nervioso, o torpe. Pero esta vez me ocurrió algo un tanto distinto; me dije a mi mismo: “Estoy nervioso”. Me puse a repetirlo una y otra vez, y era agradable estar nervioso, y podía estar allí sin problemas, divirtiéndome por estar nervioso. No sé si esto tiene o no un sentido. Es como si me hubiera dado cuenta de que todas estas cosas diferentes me rondaban por la cabeza, sabe, por ejemplo, “estoy nervioso”, o “me siento aterrorizado”…Pero ahora, en vez de intentar eliminar estos sentimientos, llegaba incluso a estimularlos, y me decía “estoy aterrorizado”. Soy yo quien está aterrorizado. Soy yo quien está nervioso. Y resulta agradable. Me gusta que no me pase en todo momento, pero casi es reconfortante decirme a mí mismo: “Ahora estoy nervioso”.

Es improbable que resulte efectivo limitarse a decirle al paciente que deje de esforzarse tanto. En primer lugar, éste cree que la solución que él aplica es el único modo lógico o razonable de afrontar el problema, y que actuar de otra forma solo serviría para empeorar las cosas. En segundo lugar, limitarse a decirle a alguien que abandone determinada conducta suele tener como consecuencia que el sujeto se haga más consciente de ella, con lo que se vuelve aún más difícil dejarla de lado. Como norma general, le pedimos implícitamente a un paciente que renuncie a una conducta concreta cuando le enseñamos explícitamente a que lleve a cabo otra conducta que de por sí excluya la conducta que deseamos eliminar. Por ejemplo, a un paciente que padece dificultades para dormir podría convencérsele de que utilice el tiempo que normalmente dedica a tratar de conciliar el sueño para efectuar una tarea pesada, por ejemplo, limpiar el horno de la cocina. Si se acepta esta directriz, queda excluida la forma habitual que tiene el paciente de afrontar su problema: tratar de obligarse a dormir. No puede intentar deliberadamente conciliar el sueño si debe mantenerse despierto para llevar a cabo la prescripción terapéutica. Los dos conjuntos de conductas se excluyen mutuamente.

La estrategia global que a menudo utilizamos para solucionar problemas de rendimiento se centra en invertir el intento del paciente de superar el problema, para lo cual le suministramos unas razones y unas directrices que lleven al paciente a fracasar en su rendimiento. Estas razones pertenecen de ordinario a dos grandes categorías posibles. Antes que nada, puede explicársele al paciente que es importante provocar la aparición del síntoma con propósitos de diagnóstico. En otras palabras, el terapeuta explica que aún hace falta gran cantidad de información necesaria para solucionar el problema. únicamente el cliente puede suministrar tal información, que exige que el cliente exhiba deliberadamente el síntoma, porque cuando el sujeto lo experimenta de modo espontáneo se encuentra demasiado absorto en la angustia de luchar contra el síntoma y no puede observarlo como conviene. Sin embargo, si planifica deliberadamente su aparición, estará en condiciones de advertir datos muy sutiles pero enormemente significativos que hasta ahora no había logrado percibir. []
En el segundo gran tipo de razonamiento justificativo se le manifiesta al paciente que hay que provocar la aparición del síntoma como paso inicial hacia su control definitivo. []
Una mujer perfeccionista que se queja de su falta de rendimiento, incluso en su afición a la artesanía en cerámica, recibe instrucciones para fracasar deliberadamente con propósitos de diagnóstico:


Todas las vasijas que usted tornee entre las once y las doce tienen que ser imperfectas. [] Me gustaría, además, que usted no tocase el torno fuera de ese momento.

En algunos casos puede influirse sobre el paciente para que deje de luchar contra su actuación o su carácter, si se define el síntoma indeseado como algo beneficioso, aunque de un modo que el paciente no había descubierto con anterioridad. Esta clase de redefinición exige una cuidadosa planificación, porque tiene que resultar absolutamente creíble para el paciente. Por ejemplo, un hombre deprimido se describía a sí mismo como un adicto al trabajo. Reconocía que se exigía cruelmente a si mismo, que nunca tomaba más de dos o tres días de vacaciones, y además cada mucho tiempo, etc. El terapeuta fue capaz de reformular su depresión como fuerza benéfica explicándole al paciente que la depresión le estaba obligando a apartarse del trabajo y a tomarse las cosas con tranquilidad en casa, un lujo -o quizás una necesidad- que él jamás se hubiese permitido expresamente. El paciente consideró que esta explicación constituía una interpretación profunda y útil, y dejó de realizar esfuerzos por sentirse más vivaz y activo. Como era previsible, su depresión disminuyó.

(De La táctica del cambio. Cómo abreviar la terapia”. Fisch, Weakland y Segal. Herder)



Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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