LA DECISIÓN SENTIMENTAL: LA ENCRUCIJADA DE ELEGIR ENTRE DOS HOMBRES

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Probablemente uno de los terrenos de toma de decisiones más enrevesados y sufridos sea el sentimental. []

Nuestro caso trata de una diseñadora gráfica de treinta y tres años que se hallaba en la encrucijada de tener que elegir entre dos hombres: por una parte su novio de toda la vida, del que había estado enamorada y con el que había tenido un hijo y, por otro, un fascinante publicista y creativo, un hombre pasional y cautivador.

Hacía años que se debatía entre uno y otro sin ser capaz de decidir quién era el más adecuado. Intentó dejar tanto a uno como a otro para tratar de comprender con cuál estaba mejor, pero el resultado siempre era el mismo: después de un tiempo echaba de menos al otro, de modo que terminaba llamándole y retomando la relación. Había sido sincera y había informado a los dos de sus circunstancias, pero ambos se habían mostrado dispuestos a esperar su decisión, aunque luego manifestaban sus celos, que acababan explotando en furiosas discusiones.

Ante situaciones como esta, que no son tan raras como podría parecer, normalmente, con cierta ironía, aclarobridgesmadisonco_058pyxurz desde el principio una cuestión importante: “Si cree que alguien, en este caso el abajo firmante, va a decidir por usted quién es el más adecuado de los dos, ya puede ir escribiéndole una carta a Papá Noel“.

Y es que desde el principio es importante evitar que quien no es capaz de decidir delegue en quien considera “experto”, pues esta estrategia nunca funciona. En este caso, la mujer se anticipó a mi al declarar que no quería que yo le diese la respuesta correcta, sino que le ayudase a tomar por sí sola una decisión definitiva. []

Tras escuchar su historia y analizar sus fallidos intentos de resolver el dilema le propuse una perspectiva algo diferente:

¿Ha pensado alguna vez que los que tengan que decidir sean ellos y no usted?

Ella, sorprendida, respondió:

¿Qué quiere decir con que sean ellos quienes decidan?

No me refiero a que ellos tengan que tomar una decisión, sino que dependa de ellos convencerla, mejor dicho, uno de los dos debe merecer más su amor que el otro…¿Sabe? Como en los torneos medievales, en los que los caballeros se miden en duelo por la mano de la princesa.

Y ella dijo sonriendo:

¿Quiere decir que tengo que organizar un duelo entre los dos?

Y yo:

imagesLo que quiero decir es que parece que ambos la complementan perfectamente, de manera que usted no puede renunciar a ninguno de los dos. Por eso, si alguien puede cambiar las cosas es uno de ellos, mereciéndose su amor más que el otro.

Interesante perspectiva-comentó ella sonriendo-. Así que debería dejar que ellos decidieran en lugar de verme obligada a tener que elegir.

Exactamente-respondí-. Es más, debería dar lo mejor de si misma a cada uno para ponerlos en la misma situación…Así veríamos quién gana el duelo amoroso.

Unas semanas más tarde volví a ver a la joven: estaba serena y sonreía. Me dijo que por fin después de mucho tiempo se sentía liberada de la angustia de tener que elegir entre ambos. Y no solo eso sino que había sido capaz de vivir bien las dos relaciones a la vez. No obstante le había asaltado la duda de si esta condición se mantendría durante mucho tiempo: a ella le resultaba cómoda y mientras tanto los dos hombres esperaban llenos de atenciones y de mimos. Discutimos sobre esta posibilidad y llegamos a la conclusión de que si ellos estaban de acuerdo y ella también, ¿dónde estaba el problema? Pero en realidad se trataba de una paz aparente; de hecho en la siguiente sesión casi un mes después la mujer me contó una cosa muy distinta. El creativo fascinante y pasional sucumbió y la agredió golpeándola e insultándola; le mostró una parte insospechada de su personalidad. Ella se asustó muchísimo y pese a que había reconocido que le había hecho agotar la paciencia precisamente por la serenidad con la que ella vivía las dos historias paralelas, no podía aceptar la violencia sufrida y sobre todo la fragilidad emocional que el hombre había mostrado por primera vez. Por eso, pese a las excusas y los repetidos intentos de reconciliación por parte de él, la mujer se negaba a verlo.emvideo-youtube-rbjqfhfj_sy

Me contó que ahora sentía un auténtico rechazo físico y psicológico hacia él: algo se había roto. Luego dijo que había comprendido la estrategia que le había sugerido, es decir, poner contra las cuerdas a los dos hombres en lugar de encontrarse ella en esa situación, para sacar la verdadera naturaleza que en el caso de ese hombre no solo le había asustado sino que también le había repugnado.

Le recordé las palabras de Oscar Wilde: “Para poner a prueba la realidad debemos verla en la cuerda floja. Cuando las verdades devienen acróbatas podemos juzgarlas“. Y ella, con sagacidad, me respondió que durante aquellos días había terminado de entender una cita de Nietzsche contenida en el libro que la había convencida de acudir a mí: “Un amor puede durar eternamente, siempre que ninguno de los dos encuentre el límite del otro

 

(Extraído de aquí)
(Extraído de aquí)

 

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado oficial en España del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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LA TIRANÍA DE LA DUDA: DELEGACIÓN POR INCAPACIDAD

Hay personas que convierten la delegación en un principio de vida, como subterfugio para evadir dudas e incertezas. En estas personas la inseguridad y la duda de equivocarse en la elección son tan profundas que las obliga a pedir apoyo constantemente y en ocasiones, ayuda concreta. Tal dinámica, que podría parecer extrema, es en realidad una de las situaciones más frecuentes observadas en los últimos 20 años. Como pusimos de manifiesto en un trabajo de 2001 (Nardone, Giannotti, Rocchi, 2001), la evolución de una familia y de una sociedad hacia modelos cada vez más hiperprotectores crea individuos incapaces de asumir responsabilidades y, por lo tanto, indecisos e inseguros ante las elecciones importantes.
Si los padres se muestran decididos y tranquilizadores, se advierte a menudo la tendencia a delegar en ellos las elecciones, pero si también el padre y la madre pertenecen a la categoría de los delegantes, la situación se complica aún más.
Si quien es fiable y protector es uno de los miembros de la pareja a menudo se tiende a delegar la responsabilidad en él o ella, de modo que las parejas acaban rigiéndose por la complementariedad entre un sujeto inseguro y que delega y otro decidido y tranquilizador.

Alicia delegando en el gato loco

Este fenómeno no es grave de por sí, pero llega a serlo cuando resulta excesivo, transformándose en una auténtica fuente de incapacidad personal y de dudas constantes sobre las propias potencialidades. El mecanismo ambivalente que se estructura en la interacción entre la persona que delega y la que lo soporta provoca un modelo redundante: Delego en ti la responsabilidad de esta decisión porque tengo la duda o la certeza de ser incapaz de tomarla yo; por otra parte tú, movido/a por las mejores intenciones, me ayudas asumiendo la responsabilidad en mi lugar.
Este modo de razonar, si bien me hace sentir sereno, protegido, tranquilizado, prueba también mi incapacidad de decidir en primera persona. Este doble mensaje produce un efecto asimismo doble: por una parte me hace sentir seguro, por otra, confirma y amplía las dudas sobre mis capacidades personales. La reiteración de este guión en el tiempo resulta contradictoria, dado que lo que me tutela, y a la vez me descalifica, hará que luego me sienta aún más incapaz y me llevará cada vez más a necesitar delegar en los otros la responsabilidad de mis elecciones: lo que habría debido liberarme de la tortura de la duda y la indecisión me aprisionará en una inseguridad y una desconfianza cada vez más profundas.

Resumiendo, las tipologías de la “duda tirana” gestionadas de manera contraproducente a escala interpersonal son:

– me tranquilizo al delegar decisiones para que me resulte más sencillo diluir las complicaciones que la vida me plantea: no elijo porque es demasiado complicado, pero me someto a las elecciones de los demás, renunciando al esfuerzo y entregando mi poder al otro;

– me considero bueno al delegar las decisiones que no soy capaz de tomar a quien, por el contrario, debería tutelar: caigo en el autoengaño de ser democrático al pedir a alguien que me sustituya en la asunción de responsabilidades exclusivamente mías;

– me tranquilizo al delegar a otras personas “capaces” lo que creo que soy incapaz de hacer: me niego la posibilidad de aprender a tener confianza en mí mismo y en mis recursos.

(De “Pienso, luego sufro. Cuando pensar demasiado hace daño“. Giorgio Nardone. Paidós)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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