LAS INCAPACIDADES ESTRATÉGICAS O EVOLUCIONADAS

“En los casos en que no exista ninguna excepción al guión redundante o no se consiga reproducir la excepción, nos hallamos frente a una persona que ha sido verdaderamente hábil en atraparse en un guión rígido y disfuncional. En estos casos hemos de estudiar [] el tipo de resistencia personal al cambio [], es decir, las incapacidades que se expresan en su Solución Intentada Redundante. Con este propósito distinguimos dos tipologías de incapacidad que se colocan en otros tantos niveles: las incapacidades evolucionadas (nivel cognitivo) y las incapacidades primarias (nivel emotivo-perceptivo).
Una vez valorada con la persona la falta de excepciones utilizables, el coach procede con la tercera y más compleja fase del modelo de coaching, partiendo de la observación de la tipología de incapacidad que está en la base de la SIR (solución intentada redundante) de la persona. Con este propósito el coach guía al cliente a distinguir entre cuatro tipologías diferentes de incapacidad evolucionada:
-Incapacidad estratégica o de encontrar la solución
-Incapacidad de acción (o de aplicar la solución)
-Incapacidad en la constancia (o de mantener la solución)
-Incapacidad de gestión (o de sostener y gestionar los efectos colaterales)

INCAPACIDAD ESTRATÉGICA O DE ENCONTRAR LA SOLUCIÓN:
Frente al mismo tipo de problema la persona no consigue encontrar una estrategia eficaz para resolverlo. Aunque se esfuerza, no encuentra la vía de salida.
Ponemos en práctica un intento de solución que sabemos que no es funcional o eficaz, pero, racionalmente, no conseguimos encontrar otro alternativo. Este tipo de incapacidad puede relacionarse claramente con las sensaciones de base y con las incapacidades anteriores vinculadas al pathos.
La persona puede estar enfurecida y es incapaz, por tanto, de no reaccionar, y tan distraída que no es capaz de encontrar la solución más idónea.
O bien puede estar asustada y es incapaz de reaccionar porque está bloqueada por el miedo y no alcanza a ver más allá de esa sensación.
O también puede estar tan presa del placer de ser impulsiva que no consigue encontrar una solución alternativa que implique poner freno a sus impulsos en relación con lo que funciona mejor, prescindiendo de lo que le gusta.
El dolor puede ser tan apremiante que no deja ver ninguna solución al problema, mientras que la rabia, si es excesiva, ciega y oscurece cualquier horizonte posible.

INCAPACIDAD DE ACCIÓN O DE APLICAR LA SOLUCIÓN
La persona ha encontrado la estrategia eficaz pero no es capaz de aplicarla; tiene la consciencia de lo que debería hacer (tiene, por tanto, capacidad estratégica) pero no consigue ponerla en práctica.
Es decir, tenemos un problema, encontramos una solución alternativa a las intentadas, que son ineficaces, pero no somos capaces de aplicarla.
Es el caso, por ejemplo, de quien entiende que debería dejar a su pareja porque la relación ya ha llegado a su fin pero no es capaz. Son las situaciones, por ejemplo, en las que, por la intensidad emocional vivida o la dimensión del tiempo dedicado a la relación, la persona no ha tenido la posibilidad de mantener o cultivar una autonomía personal suficiente. La relación ha sido tan absorvente que se ha convertido en la única realidad de referencia: medida de la propia felicidad, pero también fuente de los propios recursos. A pesar de que la persona siente que ya no está enamorada de su pareja, por tanto, el solo pensamiento de dejarla determina en ella emociones fuertemente limitantes capaces de bloquear cualquier intento de resolución: Mejor soportar los males que tenemos que no volar hacia otros que desconocemos. (Shakespeare, Hamlet)

INCAPACIDAD DE CONSTANCIA O DE MANTENER LA SOLUCIÓN
La persona ha encontrado la estrategia adecuada, ha comenzado a aplicarla pero no es capaz de mantener la ruta emprendida. Cuando la persona resulta intermitente y discontinua en la aplicación de la estrategia, acaba por invalidar su eficacia final. Con las palabras de Séneca, nada impide tanto la curación como cambiar a menudo los remedios. Es una incapacidad característica de las personas inconstantes.

INCAPACIDAD DE SOPORTAR O GESTIONAR LOS EFECTOS

Tenemos un problema, somos capaces de encontrar la solución, de aplicarla y de mantenerla para que pueda tener tiempo de funcionar, pero no soportamos los efectos colaterales, por ejemplo en el caso de que nuestra actuación produzca dolor a algún ser querido. Incapaz de tolerar sus efectos, la persona acaba por cuestionar su estrategia y escoge de forma voluntaria cambiarla, realizarla sólo en una mínima parte o incluso abandonarla. De este modo intenta evitar llevar la situación a un nivel que resulte demasiado costoso para ella o para los demás miembros del sistema. El efecto, también en este caso, es el fracaso de todo el plano estratégico.
Pensemos, por ejemplo, en una persona que, atrapada durante años en un trastorno de ataques de pánico, empieza a recuperar su propia autonomía y descubre que sus recientes conquistas crean alarma e inseguridad en la pareja, habituada desde siempre a ser un punto de referencia indispensable. Frente a esta situación, la persona puede decidir interrumpir o sabotear su recorrido de emancipación del trastorno como acto de sacrificio para mantener fuerte la relación de pareja, determinando de este modo el fracaso de todo el nivel estratégico.
Pasando a la intervención, si queremos actuar para mejorar nuestra capacidad de gestionar las sensaciones de base, debemos recurrir a una lógica no ordinaria. En otras palabras, tendremos que poner en práctica las estratagemas terapéuticas o de aprendizaje que nos permitan reorientar una característica sin reprimirla.”

(De Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder. Y de Curar la escuela. El problem solving estratégico para profesionales de la educación. Elisa Balbi y Alessandro Artini. Herder)

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EL PLACER QUE IMPIDE SENTIR

“Imaginemos, por ejemplo, una joven mujer que empieza una nueva relación con el hombre de sus sueños. Por fin ha encontrado a aquel que parece que encarna todo lo que siempre ha deseado en un hombre y ya se siente fuertemente implicada en la relación. El deseo de que esta relación funcione es tan fuerte que la mujer es incapaz de “sentir” hasta el fondo que de la otra parte no hay el mismo entusiasmo y la misma implicación. Puesto que lo desea mucho, aún percibiendo la escasa implicación del otro no es capaz de traducirlo como tal y acaba por interpretarlo como “miedo a la relación” o “dificultad en dejarse llevar” o, con el más sublime de los autoengaños femeninos: “no me busca porque está demasiado loco por mí”. Nos encontramos frente a una incapacidad de sentir a causa del placer, que tiene como recaída una incapacidad estratégica en la gestión de la relación. En lugar de ponerse en el rol de quien debería hacerse desear -cosa que podría llevar gradualmente al hombre a dejarse implicar con más fuerza- la mujer es muy apremiante en la relación y literalmente corre el riesgo de hacer que el hombre de sus sueños “se escape”. En este caso, en que la dificultad está en el plano de sentir de manera adecuada, la primera estratagema que hay que utilizar es crear de la nada. Puesto que no podemos saber si la persona “siente” correctamente o no, es decir, cuál es la percepción adecuada respecto a la situación que está viviendo, la intervención ha de ser de descubrimiento, o sea experimental, orientada a desvelar “cómo funciona” la relación.
En esta óptica, se invita a la persona a que escoja un como si para que sea una guía operativa de lo que haga y, en virtud de esto, descubrir si sentía correctamente o no. En este caso, la mujer podría decirse:

Cuando él no me telefonea o no me busca como quisiera siento que quizás podría no estar implicado en la relación. Sin embargo, esto podría estar relacionado con su inseguridad o miedo y no necesariamente con nuestra relación. Como no tengo la respuesta a esta duda, me pregunto: ¿qué haría, cómo me comportaría como si estuviese segura de que siento lo correcto cuando siento que él no está bastante implicado?

La lógica de la maniobra es la de escoger una sola entre las percepciones discordantes de la realidad que la mujer está viviendo y hacer como si fuese correcta. En efecto, no sólo la persona no sabe cuál es la percepción correcta, sino que su columpiarse entre la una y la otra acaba por ofuscar todavía más su capacidad de sentir. Eligiendo de forma voluntaria una única percepción como si fuese la adecuada, por lo tanto, la mujer introduce un cambio en sus propios comportamientos que producirá cambios concretos en la relación y la ayudará a comprender mejor cómo funciona el mecanismo. Es como si se lanzaran globos-sonda que ayudaran a comprender cómo está hecho el territorio. Al comportarse como quien no se siente del todo deseada, de hecho, la mujer empieza a disminuir sus llamadas telefónicas, a dejar de proponer a su pareja que se vean o que se vayan juntos de vacaciones, es decir, se coloca en la posición de quien espera ser buscado en lugar de perseguir. Este cambio de actitud, estratégicamente seleccionado en la vía del como si, puede, por lo tanto, producir dos efectos: llevar al hombre a perseguir más a la mujer porque nota que “se aleja”, o guiarlo a separarse a su vez porque realmente no está interesado. En el primer caso la mujer podrá obtener finalmente el efecto deseado (una mayor implicación del hombre); en el segundo, acabará por descubrir que el otro no está en verdad implicado en la relación y que, por tanto, desgraciadamente, “sentía” correctamente. En este punto será libre de decidir cómo actuar de la manera más eficaz, al haber superado la incapacidad de base. Una vez más, vuelve a la mente el imperativo estético de von Foerster:

Si quieres ver aprende a actuar

(De “Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos”. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder)

COACHING PERSONAL: TRANSFORMAR LOS LÍMITES EN RECURSOS

“El coaching personal se define como una forma de intervención que la persona realiza sobre sí misma con el fin de que emerjan los propios talentos y se desbloqueen los recursos que se hallan como enjaulados, ya sea por una serie de dificultades, ya sea por modelos de conducta o de relación que se repiten en el tiempo y de los que no consigue escapar. Desde la óptica del learning by doing, el trabajo sobre el coaching (Milanese, Mordazzi, 2008) ha permitido identificar cuatro sensaciones de base -miedo, dolor, rabia, placer- que anteceden a la emoción y atañen a la más primitiva percepción. []
Se creía que nuestros sentidos -vista, tacto, oído, olfato y gusto- reaccionaban al ambiente externo de una manera lineal y que las reacciones no adecuadas se producían por desviaciones cuantitativas de los sentidos. []
La psicología ha demostrado que, en realidad, los puros sentidos no son nunca puros, por el principio de indeterminación de Heisenberg. Somos nosotros los que influimos constantemente en lo que los sentidos nos remiten y, a su vez, las señales de nuestro cuerpo influyen en nuestra conducta y nuestros conocimientos. La percepción es esta interacción entre el sujeto, sus características psicofisiológicas, su experiencia, su cultura y sus sensaciones. Por tanto, percibir es mucho más que sentir. [] Lo que interesa al problem solver es la interacción, lo que la desencadena y cómo se pone en marcha. []
El miedo es, de las cuatro, la sensación dominante, la esencial para la supervivencia y la que anula a todas las demás cuando es alertada. La reacción será diferente según sea la experiencia vivida en situaciones semejantes, de modo que, si durante años hemos desarrollado la tendencia a huir ante el mínimo estímulo alarmante, desencadenaremos reacciones de alejamiento; en cambio, si domina en nosotros un espíritu combativo, asumiremos una posición defensiva o de reacción agresiva. Todo esto en una fracción de segundo.
Así que nuestras sensaciones no son por definición negativas, sino algo circular: como el yin y el yang del taoísmo chino, interactúan constantemente y pueden ser peligrosas o útiles, según sean gestionadas.
Si consideramos el placer, pensemos en el concepto católico de santidad, que se alcanza a través de la abstinencia de los placeres: ésta conduce al éxtasis, que no es más que un estado de placer. De modo parecido, las anoréxicas se abstienen del placer de comer y pierden progresivamente peso hasta traspasar el umbral que puede soportar el organismo. Éste, para defenderse de la desnutrición, desprende neurotoxinas, que tienen el mismo efecto que produce el consumo de cocaína y que se evidencia en la dilatación constante de las pupilas, el primer indicio con que nuestro cuerpo manifiesta un estado de placer.
Si al miedo y al placer se les pueden atribuir connotaciones positivas, éstas no son tan evidentes si hablamos del dolor, y sobre todo de la rabia. Respecto al dolor, sin embargo, parafraseando a Nietzsche, es válida la idea de que lo que no mata fortifica, puesto que superar cierta dosis de dolor nos hace mucho más capaces de resistir los golpes que nos da la vida. []
La rabia, en nuestra cultura, tiene una connotación más negativa aún, porque si una persona está enfurecida quiere decir que ha perdido el control. Existen diversos niveles de rabia: la contrariedad, el fastidio y la reacción de rabia que, si bien no es explosiva, como el miedo, aumenta la capacidad de pensar y de obrar. Desde luego, si se la orienta de un modo constructivo.
Así pues, las cuatro sensaciones de base activan inevitablemente reacciones que, como veremos, pueden incrementar o invalidar nuestra capacidad estratégica. Dado que las incapacidades personales que analizaremos están justo alimentadas por estas cuatro sensaciones, si queremos llegar a ser mucho más capaces debemos aprender a gestionarlas.

LAS INCAPACIDADES PRIMARIAS:


Hemos hablado de las sensaciones fundamentales y también de la sensación/percepción. De ésta pueden derivar las incapacidades primarias: <>. De las percepciones pasamos por tanto a las reacciones, que no están mediadas por la mente, pero que influyen en nuestras reacciones a nivel consciente. []

INCAPACIDAD DE PERCIBIR

En virtud de lo que sentimos, podemos tener una percepción alterada de la realidad. Para el fóbico, por ejemplo, el menor crujido es alarmante. [] En el extremo opuesto está la inconsciencia, ese estado en que no sentimos miedo y por tanto podemos ser irresponsables y no percibir el peligro dondequiera que esté. Del miedo que bloquea a la incapacidad de utilizar el miedo, que se torna inconsciencia. [] Asimismo, en el caso del dolor, es posible padecer un dolor tan intenso que el organismo se defiende haciendo que lo percibamos de un modo atenuado, o bien que el temor a sufrirlo nos haga percibirlo de manera exagerada. []

INCAPACIDAD DE NO REACCIONAR

Afecta a las personas que tienen reacciones incontroladas, de las que a veces se arrepienten y piensan: <>, o cuyas reacciones van en una dirección distinta a la que deberían haber tenido. En estos individuos, por lo común, el umbral de activación es tan bajo que la reacción ocurre antes de la valoración de sus efectos. []
En el caso de la rabia, <>.

INCAPACIDAD DE REACCIONAR

Es propia de la persona que se bloquea porque no distingue cuál puede ser la acción correcta frente a una situación que requiere una reacción inmediata. el miedo puede paralizar y bloquear, impidiendo cualquier reacción. Las personas incapaces de reaccionar por placer, las que se definen a menudo como “tranquilas”, se encuentran tan bien que el estímulo no logra activar su umbral de reactividad, por lo que parecen calmadas y apagadas. El dolor inhibe la acción porque cualquier cosa hace daño. La rabia llamada “intrapunitiva” es la que nos hace implosionar, esto es, estallar por dentro, pero no explotar. []

Cada uno de nosotros ha desarrollado en su vida una o más soluciones intentadas, aunque en general se impone una, la que en la mayor parte de las circunstancias ha sido útil y que se asocia a una de las cuatro sensaciones de base. A veces, no obstante, en determinadas condiciones esa misma sensación que nos ha ayudado en otras ocasiones se convierte en lo que limita, modificando nuestra capacidad de percibir adecuadamente las cosas.
Mediante el coaching personal, es posible evitar que en determinadas condiciones la propia eficacia personal disminuya, conociendo primero y gestionando luego las propias incapacidades. En efecto, el carácter puede modificarse en gran parte -aunque algunas estructuras persistan- a fin de lograr que la persona sea capaz no sólo de descubrir los propios talentos, sino también de utilizarlos de la mejor forma en las diferentes circunstancias.”

(De “Curar la escuela. El problem Solving Estratégico para profesionales de la educación”. Elisa Balbi y Alessandro Artini. Herder)