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TRATAMIENTO DEL VOMITING (I)

PRIMER ESTADIO:

“La captura del paciente es el objetivo fundamental de este estadio pues muy a menudo la paciente vomitadora, al igual que la anoréxica, no es colaboradora o hasta puede llegar a adoptar una postura de categórico rechazo de la terapia. Para esto, el terapeuta, desde la primera sesión, tiene que comenzar por recalcar el lenguaje y la visión de la realidad de la joven, anticiparle lo que siente y proponerle la metáfora del comer y vomitar como “amante secreto“:

Para ti el atracón es el mayor placer, ¿no es cierto?Por lo tanto es una cosa a la que es difícil renunciar porque es el placer más intenso, es como un amante secreto. Cada vez que comes y vomitas es como si encontraras un amante secreto, muy discreto, siempre disponible…

Y con este tono se prosigue durante toda la sesión. En la mayoría de los casos, en el momento en que el terapeuta logra sintonizarse con su lenguaje, las mismas pacientes vomitadoras describen claramente y sin ningún pudor cómo su ritual es efectivamente lo más agradable que existe, y refieren que en ocasiones se sienten como si fueran poseídas por un “demonio agradable”. Pero si la joven es una transgresora inconsciente, es decir, no acepta en absoluto la idea del ritual como amante secreto, esto permitirá al terapeuta aprovechar precisamente de ese aspecto como resorte para el cambio en el estadio sucesivo.[]
Al final de la sesión, después de haber investigado sobre la estructura del problema e individualizado las soluciones ensayadas disfuncionales que la agravan, el terapeuta indica las primeras prescripciones, idénticas para las tres tipologías:

1) prescripción de la fantasía del milagro;

2)prescripción de la conjura del silencio a la familia

Quiero que ustedes comprendan que lo que su hija está haciendo es un jueguecito de puro placer. Cuanto más intenten limitarlo, más lo provocarán, por lo tanto. De manera que, a partir de ahora, frente al problema de su hija hay que hacer una conjura de silencio, no se habla más del asunto. Tienen que ser capaces de evitar hablar de él, y pensar que cada vez que lo hacen están agravando el trastorno. Cada vez que hablen e intervengan, están aumentando el problema. Cada vez que intentan persuadirla para que no lo haga o intentan ayudarla o hablan, alimentan el trastorno.

3) prescripción de la lista de las comidas a la madre.

SEGUNDO ESTADIO:
En este estadio, la intervención se diversifica ampliamente según las distintas tipologías de pacientes vomitadoras.

1)Transgresoras inconscientes.

Con esta categoría de pacientes vomitadoras, más bien inhibidas y en general moralistas, se emplea una intervención provocativa similar a la elaborada para algunas pacientes bulímicas, con el objetivo de que esa misma moral se rebele contra la sintomatología. A menudo basta simplemente con hacerles ver a estas jóvenes que lo que están haciendo constituye una verdadera perversión sexual para interrumpir de inmediato el comer y vomitar, dado que esto entra en crisis con sus valores. Para esto y empezando por la pregunta sobre la utilidad positiva del problema (¿Cuál es para ti la utilidad positiva de este problema? ¿De qué te protege? ¿Qué te da?) se las ayuda a reconsiderar progresivamente su trastorno hasta que ellas mismas llegan a reconocer en la secuencia del comer y vomitar la analogía con una relación sexual:

Cuando sientes la compulsión, la necesidad irrefrenable de comer y vomitar, ¿qué sientes exactamente? ¿Tienes la fantasía, las imágenes de la comida? ¿Sientes realmente el deseo casi físico, que te empuja a comer? Y luego comes y comes hasta que te llenas y al final tienes que vomitar. Y cuando has vomitado estás bien, te sientes liberada, relajada. Oye. pero esta secuencia ¿qué te recuerda? ¿Cuál es la otra actividad vital de los seres humanos y los animales que comienza con un activarse, una suerte de impulso irrefrenable, seguido por una fase de consumación y luego por la fase de descarga y relajamiento?

Una vez que el terapeuta ha conseguido que la joven reconsidere la analogía entre las dos secuencias, le propone la fantasía de la sexualidad incontenible:

Ahora quiero que evite esforzarse por no comer, total, lo hará igualmente, pero cada vez que lo haga piense que es como si usted se despertara por la mañana presa de un deseo sexual incontenible, saliera a la calle y el primer hombre que encontrara, guapo o feo, da igual, a usted solo le interesa el sexo, lo agarra y lo empuja dentro de un zaguán y ahí mismo consuma la relación sexual más perversa, más transgresora, aunque también la más placentera, hasta obtener el mayor placer…Luego, apenas ha terminado, sale de ahí y se siente culpable, sucia y durante todo el día se siente mal. Pero por la mañana se despierta y tiene la misma compulsión incontenible []…y luego se siente culpable

El efecto de esta reestructuración es generalmente devastador. La idea de poder hacer algo así bloquea por completo la compulsión de darse un atracón y bloquea inmediatamente la compulsión sintomática, puesto que la simple idea de poder hacer algo tan perverso convierte a la secuencia, agradable hasta ese momento, en desagradable y vergonzosa (siguiendo la huella de la antigua estratagema china “azotar la hierba para espantar a las serpientes”).

(De “Las prisiones de la comida”. Giorgio Nardone, Tiziana Verbitz y Roberta Milanese. Herder)

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