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LA NOVELA DEL TRAUMA

Escribir la historia es una forma de desembarazarse del pasado 

J. W. von GOETHE

“Quien llega a terapia padeciendo de un trauma está en una situación de emergencia, tiene prisa en ser comprendido, en ser ayudado y en liberarse del molesto pasado que obstaculiza la serenidad de su propio presente. [] Se trata de un paciente que quiere ser colaborador pero no puede serlo, porque está continuamente oprimido por ese conjunto de miedo, dolor y rabia que el acontecimiento traumático ha introducido en su vida. [] La situación que vive una persona con un trastorno causado por un trauma es un buen ejemplo de que el tener un perfecto insight sobre las causas del propio problema no es en sí mismo suficiente para permitir su superación. [] Frente a este tipo de trastorno una intervención terapéutica que se base en una lógica ordinaria, racionalización y conciencia, resulta absolutamente inapropiada. Si, en efecto, un sistema pide ser cambiado de forma cognitiva, pero emocionalmente se resiste al cambio (en virtud al fuerte miedo y dolor que esta situación comporta), no podemos pensar en modificarlo a través de la explicación, es decir, usando la lógica ordinaria. Como han demostrado todos los estudios sobre la homeostasis de los sistemas vivos, cuanto más alerto a la persona respecto a la necesidad de cambiar, más se resistirá ésta al cambio en virtud a la tendencia natural a mantener su propio equilibrio, aunque éste pueda ser realmente disfuncional. […]

“Si quieres salir, has de
pasar por el medio”

Puesto que la novela del trauma es la medida principal para el tratamiento del TEPT, creemos importante detenernos brevemente para analizar la lógica que subyace, que en encontramos expresada de manera eficaz en el aforismo de Robert Frost: Si quieres salir, has de pasar por el medio. La prescripción de la novela del trauma, que requiere que el paciente narre a diario en forma de novela lo que le ha sucedido, descendiendo a los detalles y volviendo a narrar cada vez la totalidad (como una especie de “novela policíaca”), produce cuatro efectos importantes. Ante todo permite al paciente exteriorizar todos sus recuerdos, las imágenes, los flashbacks que le apremian transfiriéndolos a la carta y, de este modo, librarse poco a poco de ellos. Como dice Hugo Ojetti: Quien describe su propio dolor, aunque llore, está a punto de consolarse. La expresión del dolor por escrito tiene un efecto canalizador: hace discurrir el flujo emocional y lo deja en el papel, [] la persona puede sacar fuera emociones y sensaciones que de otro modo permanecerían latentes en su interior y <> dentro de ella, turbando su equilibrio.
Escribir permite además concentrarse profundamente en los recuerdos  y expresarlos sin incurrir en el riesgo de expectativas de respuesta, cosa que, en cambio, sucede de manera inevitable cuando se habla de ello con los demás (puesto que es imposible no comunicar, el feedback reenviado por las personas que escuchan vuelve a poner inequívocamente en movimiento el círculo vicioso). []

“Quien describe su propio dolor,
aunque llore, está a punto
de consolars
e”

Estudios independientes sobre la memoria señalan que cuando una persona está influida negativamente por un trauma, las informaciones sobre el suceso quedan almacenadas en la memoria motriz (o de los sistemas corpóreos) más que en la narrativa, y la persona mantiene las emociones negativas y las sensaciones físicas del acontecimiento original. Es decir, el recuerdo de hechos que traumatizan activa  las zonas del cerebro antepuestas a la visión y a las emociones, mientras que los centros del lenguaje y de la expresión parecen desactivados. Es como si los recuerdos del trauma permanecieran bloqueados, encajados dentro del sistema nervioso. Sin embargo, cuando se elaboran, las informaciones pueden transferirse a la memoria narrativa (o verbalizable) y las sensaciones corpóreas y los sentimientos negativos asociados desaparecen. Como destaca Janssen, escribir ayuda probablemente a restablecer los ligámenes entre las diferentes zonas.
La repetición diaria de la narración, además, activa también una especie de proceso natural respecto a los recuerdos traumáticos análogo  a lo que Piaget ha definido como <> y Darwin como <>. En palabras de Esopo: La costumbre hace soportable incluso las cosas más espantosas.
Además, al buscar activa y cotidianamente los peores recuerdos y las sensaciones más espantosas para transcribirlas, la persona acabará por no vivirlas como algo intrusivo e incontrolable, sino como algo ahora gestionable, justo porque se ha buscado voluntariamente y ya no se padece.
Alejarse de un acontecimiento pasado significa entonces que el pasado sea recolocado temporalmente a su dimensión correcta: el pasado mismo. El trauma reposicionado puede así dejar de invadir el presente de la persona y limitar la construcción de su futuro. A través de la novela del trauma, la herida que el trauma ha dejado abierta se transforma poco a poco en una cicatriz que, sin llegar a desaparecer del todo, permite a la persona volver a apropiarse del presente. Tener que entregar, finalmente, la novela al terapeuta, representa una especie de ritual de paso, de superación del suceso traumático, que aumenta de manera sugestiva el efecto producido por la ejecución de la prescripción.
Obviamente, para que el paciente esté dispuesto a aceptar una prescripción tan dolorosa y contraria a lo que ha estado haciendo es indispensable que el terapeuta haya creado una óptima relación y que utilice una comunicación muy sugestivo-hipnótica al dar la prescripción. Es pues fundamental el recurso a imágenes intensamente evocativas (como la de la herida por cicatrizar, por ejemplo) capaces de reducir al mínimo la resistencia del paciente y aumentar su conformidad con la prescripción. []

Si la relación ha funcionado,
el paciente regresa

El drop-out es la interrupción de la terapia por parte del paciente dentro de las tres primeras sesiones. Desde el punto de vista estratégico, el drop-out es un fallo comunicativo-relacional. Cuando un paciente <huye>, huye del terapeuta. En el caso de la novela del trauma estamos frente a una excepción. [] Huye del miedo de tener que hacer una cosa tan dolorosa como el problema que le llevó a la sesión. Sin embargo, si la relación ha funcionado sucede otra cosa: el paciente regresa. Vuelve con quien, al no haber fracasado en la vertiente relacional, le ha dado la impresión de que ha comprendido y sentido su sufrimiento, aunque después le haya pedido realizar algo demasiado difícil.”

(De “Cambiar el pasado. Superar las experiencias traumáticas con la terapia estratégica” Federica Cagnoni y Roberta Milanese. Herder)

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