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PSICOPATOLOGÍA DE LA VIDA AMOROSA: ATRAPADOS EN UNA CREENCIA:

Ilustración de Riki Blanco

“Fabio es un psiquiatra que desea obtener la especialización para la habilitación en psicoterapia. Se dirige a nosotros porque sus siete años de psicoanálisis no le han proporcionado, como él mismo dice, los instrumentos para hacer frente a dificultades recurrentes en las relaciones sentimentales, que ahora se vuelven a plantear con su actual compañera, también psiquiatra.
La idea de atravesar el límite teórico de otro modelo de intervención en el ámbito clínico lo llena de curiosidad por una parte, por otra le suscita temor. []
Así que Fabio comienza enseguida una especie de anamnesis remota y próxima -de acuerdo con su modelo profesional- de su vida sentimental.
Conscientes de que los problemas de amor tienen más necesidad de lamentaciones que los demás, dejamos el “púlpito” a Fabio, que cuenta que está viviendo su segunda experiencia importante. Hace seis años que convive con su actual compañera, tras un matrimonio anterior de quince años. Su objetivo es no repetir con su compañera el modelo de relación que tenía con su mujer y que lo condujo al divorcio. Para él sería un fracaso total, la pérdida inevitable de su autoestima.

 “Tranquilo, Fabio”(Fotograma de
“La naranja mecánica” de Kubrick)

La lamentación de Fabio es la siguiente: cada vez que, en una conversación a solas, la compañera expresa su contrariedad por lo que él ha dicho o hecho -sobre todo por cosas banales y cotidianas- se desencadena su reacción automática emotiva, la rabia. Él, en primer lugar por educación, luego por profesión, intenta controlarla, evitando manifestarla ante su compañera por miedo a dañar irreparablemente su relación. El esfuerzo por contener esta emoción, cargada de presión emotiva, lo transforma en un bombero que trata de echar agua al fuego. Su instrumento, el lenguaje interior, lo lleva a repetirse siempre la misma frase: Tranquilo, Fabio, en una especie de letanía que al poco rato deriva en lo que podríamos considerar un cambio de cualidad devastadora: ¡Si me amase de verdad no me diría las cosas así! [] Adopta una expresión dura, evitando además la mirada de ella. Hielo. Luego ella le preguntará -como hace siempre- si le pasa algo, y él, cada vez más distante, responderá obviamente que no. Hielo. Pero ya sabemos que el pensamiento, sobre todo si se alimenta del fuego de la rabia, no se detiene…y de hecho Fabio sigue pensando y alimentando la duda. ¿Cómo es posible que ella no entienda que no deberían ocurrir en una pareja que funciona bien y en la que los dos se aman del mismo modo?

“Mujer enojada” de Rufino Tamayo

El lenguaje descalificador del reproche es intolerable para Fabio. [] ¡Podría decirme algo, pero sin reprocharme! Se admite la discrepancia, pero sin el ingrediente de la emoción por parte de ella. En otras palabras, Fabio querría que nada alterase nunca su “estado de gracia” hacia ella. []
Para él es un problema agobiante, porque la vida diaria está salpicada de “frases” de ella, y del consiguiente malhumor, que tarda en desaparecer: puede pasar incluso un día. []
Cuando el malhumor es tan evidente que ya no puede negarse, entonces la pareja decide sentarse y “hablar”. Bien, pero ¿qué significa hablar? [] Después de haber discutido sólo llegan a la conclusión de que cada uno vive las cosas de un modo subjetivo, sobre todo en el terreno sentimental…y eso está muy lejos de sus expectativas: si se aman, no debe haber disonancias.
Esta pareja de psiquiatras armados con los instrumentos del oficio trata sus dificultades subjetivas con modelos interpretativos mal utilizados. Resultado: disertaciones interminables sobre los orígenes remotos de sus pensamientos y comportamientos, con hipótesis sofisticadas sobre los vínculos relacionales con sus respectivas madres… que siempre conducen al mismo punto: Fabio y su compañera se prometen hacer un esfuerzo mayor cada uno con su psicoanalista. [] El objetivo deseado y previsto por ambos es formar una pareja perfecta ¡que nunca se intercambia mensajes descalificadores!
Tenemos ya suficientes indicios para sostener la hipótesis de que nos enfrentamos a un problema basado en una creencia consolidada, no sólo por parte de uno, sino de ambos componentes de la pareja. []
Para Fabio las divergencias expresadas con resentimiento pueden ser un síntoma de que algo no funciona en la pareja. Es como decir: Si sufro por esta forma desagradable de ser reprendido quiere decir que ya no hay sentimiento entre nosotros; por otra parte, si ella sabe -como en el fondo lo sabe- que me irrita, ¿por qué sigue haciéndolo?
La decepción continua y constante que siente Fabio parece realmente proporcionada de la rigidez de sus convicciones sobre cómo debería funcionar su relación.
Unas pocas preguntas, específicas del coloquio terapéutico estratégico muestran al paciente la creencia a la que se atiene de forma rigurosa e inconsciente.
-¿Querría cambiar su modo de reaccionar o el de su compañera?
<>
¿Se imagina, en su caso, una pareja exenta de conflictos y divergencias o una pareja capaz de superar las divergencias?
<>

Si no he entendido mal, lo que quiere decir es que si los dos no están afinados con la misma nota (en el sentido musical del término) siempre significa, y subrayo el siempre, que la partitura estará llena de disonancias. ¡No existe entonces para usted la belleza de la armonía!   

Concierto para violín de Brahms en Re mayor (Si escucháis este enlace podréis apreciar desde el minuto 8:00 al 8:23 bellísimas disonancias, ¡vivan las disonancias!)

Hasta ahora el objetivo de Fabio siempre ha sido construir una pareja perfecta, ¡en la que no existan divergencias y afinada en todo! Una convicción, un modelo de referencia ideal que, asumido como tal, ha comportado una serie de actitudes mentales y de conducta -un autoengaño, justamente, que hacen que Fabio persiga un objetivo imposible. []
Fabio no discute su reacción de rabia, que considera adecuada, sino que cree que no debe manifestarla porque si sale al exterior podría destruir la pareja. [] Resultado: el malestar que siente es provocado por esta lucha por el control de las emociones negativas, por las dudas sobre la calidad de la relación y por el miedo a perder a la mujer que ama. [] Su postura ante el problema está constituida -técnicamente hablando- por auténticos dobles vínculos que lo atrapan en un impasse sin solución, basado en el autocontrol: cualquier cosa que haga amenaza su creencia (el doble vínculo es un constructo psicológico elaborado por Bateson, Jackson, Haley y Weakland y utilizado luego por otros miembros de la Escuela de Palo Alto: en una relación significativa una de las dos partes se coloca en una situación tal que cualquier reacción suya es equivocada). []
En realidad se trata de una pareja simétrica en la que se niega la simetría (“Todos los intercambios de comunicación son simétricos o complementarios, según estén basados en la igualdad o la diferencia”, Watzlawick, Beavin, Jackson. Tenemos una interacción simétrica cuando el comportamiento de un miembro de la pareja tiende a forzar el del otro y viceversa). Aunque la simetría expresa sería la máxima aspiración de Fabio, no puede ponerla en práctica porque si manifestase divergencia, desde su punto de vista la pareja ya no sería como él cree y quiere. En realidad, Fabio es un luchador que no sabe cómo luchar.
La terapia se desarrolló en dos niveles:
-Mediante el coloquio terapéutico al paciente a modificar su propia creencia disfuncional. A través de la “inoculación de la duda“, que es una táctica específica de intervención, se le indujo a añadir otros puntos de vista al suyo propio, a fin de hacer emerger el límite de la creencia sin renunciar al objetivo prioritario del trabajo terapéutico: salvar la pareja.
-Al mismo tiempo se introdujeron pequeñas simetrías explícitas, aunque protegidas por la “táctica de la anticipación“: por ejemplo, se le pidió al paciente que en los momentos de control de la rabia le dijera a su compañera:
Voy a decirte una cosa que puede herirte, cuando me hablas de este modo me pongo furioso por dentro, aunque no te lo digo…

Ilustración de Riki Blanco

Al principio Fabio contempló con desconfianza esta indicación y durante un tiempo no fue capaz de ponerla en práctica por miedo a causar un daño irreparable a su relación. Cuando finalmente puso en práctica la prescripción, ella replicó ¡con un beso apasionado!
Como cabe imaginar, esto permitió a Fabio interrumpir su maldito esfuerzo por controlar sus pensamientos y sus reacciones. De este modo se fue resolviendo la forma de comunicarse de ambos, hasta llegar a asimilar la idea de que la diversidad y la divergencia pueden ser ingredientes de la “pareja perfecta”. []
En el caso de Fabio, como de tantos otros -tal vez la mayoría de nosotros-, las convicciones acerca del funcionamiento de la pareja suenan así: “Mi pareja, para estar en la situación ideal, debe funcionar así y así”. Es ese “debe” el que expresa la rigidez de la creencia, el anquilosamiento progresivo en la utilización de las soluciones intentadas disfuncionales. []
La mayoría de las veces las parejas explotan porque no reconocen o subestiman las certezas a las que cada uno de los dos se remite, porque frente a la primera manifestación de malestar cada uno reacciona según sus propias convicciones y su propio autoengaño”.

(De “Psicopatología de la vida amorosa”. E. Muriana y T. Verbitz. Herder)

EJEMPLOS DE DOBLES VÍNCULOS TERAPÉUTICOS

Paul Watzlawick


“Es probable que la técnica de prescribir el síntoma haya sido utilizada por los psiquiatras intuitivos desde hace largo tiempo. Por lo que sabemos, fue introducida en la literatura por Dunlap en 1925, en un pasaje sobre la sugestión negativa. Aunque sólo lo describe brevemente, su método consistía en decir a un paciente que no podía hacer algo, con el propósito de motivarlo para que lo hiciera. Frankl se refiere a esta intervención como una “intención paradójica”. La expresión prescripción del síntoma apareció por primera vez en el curso del proyecto Family Therapy in Schizophrenia del grupo Bateson.
Haley ha mostrado que este tipo de instrucción paradójica desempeña un papel esencial en casi todas las técnicas de inducción de trance, y ofrece numerosos ejemplos de su empleo en la hipnoterapia, tomados de su observación de la técnica de Milton Erickson y de sus propias experiencias con ella. []
Desde el punto de vista estructural, un doble vínculo terapéutico es la imagen en espejo de uno patógeno. [] Se le coloca al paciente en una situación insostenible con respecto a su patología. Si obedece, ya no es cierto que “no puede evitarlo”; lo hace, y esto, como hemos intentado demostrar, lo hace imposible, cosa que es el propósito de la terapia. Si en un doble vínculo patógeno el paciente “pierde si lo hace y pierde si no lo hace”, en un doble vínculo terapéutico “cambia si lo hace y cambia si no lo hace”. Aunque la instrucción sea lógicamente absurda, constituye una realidad pragmática: el paciente no puede dejar de reaccionar frente a ella, pero no puede hacerlo en su forma sintomática habitual.


Ejemplos:

Una mujer de mediana edad fue enviada a un psiquiatra debido a sus cefaleas persistentes e incapacitantes. . Los exhaustivos exámenes médicos no lograron poner de manifiesto nada que pudiera explicar las cefaleas. Al estudiar su caso, el psiquiatra comprendió que en vista de esa historia de fracasos médicos, cualquier sugerencia de que la psicoterapia podía ser una ayuda condenaría a ese tratamiento desde el comienzo. Por lo tanto, comenzó por informar a la paciente que por los resultados de todos los exámenes previos y en vista de que ningún tratamiento le había proporcionado el menor alivio, no cabía duda de que su estado era irreversible. Como resultado de tan lamentable hecho, lo único que podía hacer por ella era ayudarla a aprender a vivir con su dolor. [] Cuando la paciente volvió para la segunda entrevista, una semana más tarde, anunció que durante ese lapso había sufrido mucho menos a causa de sus cefaleas. El psiquiatra [] expresó su temor de que éste volviera inevitablemente con su antigua intensidad y ella se sintiera aún más desgraciada por haber experimentado una absurda esperanza, debido a una disminución meramente temporal de su percepción del dolor. Repitió que cuanto antes abandonara toda esperanza de mejorar antes aprendería a vivir con su dolor. A partir de ese momento la psicoterapia se volvió algo tormentosa, y el psiquiatra se mostró cada vez más escéptico con respecto a la posibilidad de serle útil porque ella no quería aceptar que su estado era irreversible, mientras que la paciente afirmaba airada e irritablemente estar cada vez mejor. Con todo, buena parte de las sesiones entre estas vueltas del combate, pudieron utilizarse para explicar otros aspectos significativos en las relaciones interpersonales de esta paciente, quien eventualmente abandonó el tratamiento, muy mejorada, por propia decisión, después de haber comprendido que su juego con el psiquiatra podía proseguir de manera indefinida.


Una joven estudiante universitaria corría peligro de fracasar en sus estudios porque no podía levantarse a tiempo para asistir a clase a las ocho de la mañana. Por mucho que lo intentara, le resultaba imposible llegar a clase antes de las diez. El terapeuta le dijo que ese problema podía solucionarse de una manera bastante simple aunque desagradable, si bien él estaba seguro de que ella no cooperaría. Ello movió a la joven (que se sentía muy preocupada) a prometer que haría cualquier cosa que él le indicara. Se le dijo entonces que pusiera el despertador a las siete de la mañana. Al día siguiente, podía levantarse, tomar el desayuno y llegar a clase a las ocho, en cuyo caso ya no quedaba nada que hacer al respecto, o bien permanecer en cama, como de costumbre. Sin embargo, en éste último caso no se le permitiría levantarse poco antes de las diez, como lo hacía habitualmente sino que tendría que volver a poner el despertador a las once y permanecer en la cama esa mañana y la siguiente hasta que sonara. Durante esas dos mañanas, no podía leer, escribir o escuchar la radio o hacer otra cosa que no fuera dormir o simplemente permanecer acostada. Después de las once podía hacer lo que quisiera. A la noche del segundo día debía poner el despertador a las siete y, si tampoco podía levantarse cuando sonaba, tendría que permanecer nuevamente en cama hasta las once esa mañana y la siguiente, y así sucesivamente. Por último, el terapeuta completó el doble vínculo diciendo a la paciente que si no respetaba este acuerdo, que había aceptado por su propia voluntad, él ya no le sería de utilidad como terapeuta y, por lo tanto, interrumpiría el tratamiento. La muchacha quedó encantada con estas instrucciones aparentemente placenteras. Tres días más tarde, cuando tuvo la sesión siguiente, informó que, como de costumbre, no había podido levantarse a tiempo la primera mañana, se había quedado en la cama hasta las once, según las instrucciones, pero este descanso forzoso (en particular el lapso entre las diez y las once) le había resultado intolerablemente aburrido. La segunda mañana había sido aún peor, y le fue imposible dormir un minuto después de las siete aunque, por supuesto, el despertador no sonó hasta las once. A partir de ese momento asistió a sus clases matutinas y sólo entonces se pudo explorar los motivos que aparentemente la obligaban a fracasar en la universidad.


Una pareja solicita consejo porque discuten demasiado. En lugar de concentrar su atención en un análisis de sus conflictos, el terapeuta redefine esas peleas diciéndoles que en realidad están enamorados, y que cuanto más discuten, más se quieren porque les importa bastante el uno al otro como para discutir y porque pelear en la forma en que ellos lo hacen presupone una honda participación emocional. Por ridícula que la pareja considere esta interpretación, se empeñarán en demostrar al terapeuta que está equivocado. La mejor manera de hacerlo es poniendo fin a sus peleas, sólo para mostrarle que no están enamorados. Pero en cuanto dejan de discutir, comprueban que se llevan mucho mejor.”


(De “Teoría de la comunicación humana”. Interacciones, patologías y paradojas. Paul Watzlawick, Janet Beavin Bavelas y Don D. Jackson. Herder)

LÓGICA NO ORDINARIA: LA MAQUINARIA DEL TRASTORNO

La realidad no es aquello que nos sucede, sino lo que hacemos con aquello que nos sucede.

                                                                                           A. HUXLEY

“La lógica no es otra cosa que el método a través del cual el hombre, desde siempre, aplica sus propios conocimientos, resuelve problemas, de modo que es el puente entre teoría y aplicación directa. []
La lógica ordinaria es nuestra costumbre de discriminar las cosas a través de la negación –<>–, a través del reconocimiento asociativo [], a través de los silogismos [], a través del principio de no contradicción [], a través del principio de coherencia [], a través de la congruencia [].
Estamos acostumbrados a un tipo de lógica en la que el <> es un fuerte discriminante, aunque empíricamente se ha demostrado que no sólo es ineficaz sino también contraproducente cuando se quiere persuadir a alguien de algo. Continuamos utilizando este tipo de lógica sencillamente porque forma parte de nuestra idiosincracia cultural. Si esto funciona cuando analizamos fenómenos lineales, los fenómenos de causa-efecto, cuando vamos a aplicarlo a fenómenos complejos como la dinámica entre la mente y la mente o, como sugería Gregory Bateson, entre la mente individual y la mente colectiva, ya no encaja porque para el ser humano el estar en contradicción es una regla, no una excepción. ¿Cuántas veces nuestras emociones y nuestras sensaciones nos hacen hacer algo que no es coherente con nuestro habitual modo de actuar? Muchas veces nuestras reacciones no son congruentes con nuestras acciones.
Cuando hablamos de lógica no ordinaria ya no podemos hacer referencia a procesos puramente cognitivos de racionalización de las elecciones, de las decisiones y de las acciones, como haría, en cambio, la lógica ordinaria, precisamente porque cada uno de nosotros es parte del sistema y no puede controlar el sistema desde su interior. []

“El autoengaño es un don que
hemos de utilizar, dado que
no lo podemos evitar”

Hemos de partir del presupuesto de que, al ser nosotros el instrumento cognoscitivo de nosotros mismos, ya estamos contaminados y, en el acto del conocer, contaminamos todo aquello que conocemos.
Somos continuamente <> y desafío a cualquiera a que encuentre en su propia vida un ejemplo de aplicación -desde mi punto de vista, imposible- de lógica puramente ordinaria, sin ambivalencias; es dificilísimo encontrar alguna cosa que funcione sin que detrás exista un autoengaño. [] Todo es autoengaño. [] Tendemos a alterar la realidad que percibimos y a construir constantemente la realidad sobre la base de nuestros autoengaños. Tenemos ejemplos continuos de ello: me levanto por la mañana y he dormido mal, cada mínimo acontecimiento resulta fastidioso por efecto de lo que he experimentado anteriormente; es un autoengaño. [] También se autoengaña una persona que no se da cuenta  de que su pareja la está traicionando, cuando todos excepto ella lo saben. El autoengaño es un don natural que nos protege de las cosas que nos dañan; es algo positivo pero que, si se abusa de él, puede resultar patógeno. [] El autoengaño, por lo tanto, no es algo que hay que denigrar como quisieran hacer los cognitivistas y todos aquellos que piensan en virtud de la ilusión de control racional; el autoengaño es un don que hemos de utilizar, dado que no lo podemos evitar. 

Verse la nuca, una paradoja

La tradición interaccional-sistémica ha estudiado las ambivalencias lógicas en la comunicación e introdujo el constructo de doble vínculo, entonces identificado con la paradoja lógica, o un mensaje que transporta un contenido y su contrario. Watzlawick y otros fueron los primeros en llevar al campo de la Psicoterapia y de la Psicología el estudio de los niveles lógicos de Bertrand Russell, es decir, la lógica más refinada. Al estudiar las ambivalencias de la comunicación y las ambivalencias en las respuestas de las personas, llegaron a constituir precisamente la lógica de la paradoja, que se convirtió en uno de los conceptos básicos del enfoque estratégico tradicional. El fenómeno de la paradoja comunicativa con uno mismo, con los demás y con el mundo es el fundamento de la etiología de las patologías psíquicas más graves y, al mismo tiempo, el fundamento de la estructura de las intervenciones terapéuticas. [] Cuando dentro de mí siento una cosa y al mismo tiempo su contrario -<>- es una paradoja, así como cuando deseo una cosa y la temo al mismo tiempo. Sin embargo, cuando pienso que es correcto actuar de un modo pero luego hago lo contrario, o cuando realmente creo mucho en una cosa  y todas mis acciones van dirigidas a confirmar mi creencia, o aún, cuando un cierto pensamiento, repetido en el tiempo, y precisamente al repetirse se convierte en verdadero, no estamos en presencia de paradojas.

Paciente no ordinario

Es, entonces, posible construir subgrupos, subclases dentro de la lógica del autoengaño. Con este empeño hemos puesto a punto estratagemas terapéuticas no ordinarias para la mayoría de las patologías más importantes y protocolos de tratamiento relacionados. [] Conocer los diferentes criterios de lógica no ordinaria y el funcionamiento de dicha lógica, en consecuencia, resulta fundamental para un terapeuta estratégico. Obviamente, si un paciente nos trae lúcidamente la descripción de su problema y podemos negociar con él lúcidamente la solución, pasamos enseguida a la indicación directa y no tenemos necesidad de la lógica no ordinaria. El problema es que en mi experiencia, entre más de diez mil casos, quizás unas diez personas pertenecían a este tipo. Cierto, es posible que desde hace 20 años sólo vea pacientes extremos; sin embargo, si analizamos la mayoría de las denominadas patologías, vemos que funcionan sobre la base de criterios no ordinarios. Raramente se encuentra una patología que se funde en una lógica ordinaria. […]
La gran contribución de Gregory Bateson y más tarde de Don Jackson y Paul Watzlawick fue precisamente comenzar a estudiar estos fenómenos no lineales y buscar en su interior un nexo, un hilo lógico. Tomemos el famoso diálogo estructurado con el delirio de Bateson, que busca determinar su trama para introducirse en su interior y reconstruirla. Por desgracia, la tradición interaccional [] se detiene y se pierde dentro de la paradoja como si fuera el único criterio lógico existente opuesto a los criterios tradicionales. La lógica de la paradoja aplicada, en realidad, es una pequeña parte, ni siquiera el 30% de lo que usualmente se hace, mientras que la lógica de la contradicción y la lógica de la creencia ocupan los espacios restantes, que son mucho más extensos.”

(De “Surcar el mar sin que el cielo lo sepa”. Lecciones sobre el cambio terapéutico y las lógicas no ordinarias”. Giorgio Nardone y Elisa Balbi. Herder Editorial)

LA IMPORTANCIA DEL RITUAL

Paul Watzlawick (izq.), John Weakland (centro, con anteojos) y una sonriente Mara Selvini Palazzoli (1979)

“El ritual es la síntesis más universal y elegante en que pueden combinarse todas las diversas intervenciones descritas en este libro. []
Tal vez una de las enfermedades de la época moderna sea que llevados por la hybris de nuestro hemisferio cerebral izquierdo, hemos desterrado en buena parte de nuestras vidas el ritual. []
Serían muchísimas las personas que podrían aceptar mucho más rápidamente y con algo menos de sufrimiento el fracaso de su matrimonio, si la banal firma al pie del documento de divorcio pudiera revestirse de un ritual moderno. []
Hasta donde alcanzan mis conocimientos, la utilización consciente, planificada hasta en sus menores detalles, del ritual, fue introducida por vez primera en la terapia de la comunicación por Mara Selvini y sus colaboradores, del instituto de la Familia de Milán. Según esta autora, un ritual familiar es << una acción o serie de acciones, acompañada de fórmulas verbales, que se lleva a cabo con participación de toda la familia. Como todo ritual, tiene que consistir en la secuencia, sujeta a ciertas normas, de unos determinados pasos en un determinado momento y en un determinado lugar >>. Y añade: []

se trata más bien de un contrajuego que, una vez jugado, destruye el juego anterior. Con otras palabras, lleva a la sustitución de un ritual insano y epistemológicamente falso (por ejemplo del síntoma anoréxico) por un ritual sano y epistemológicamente correcto”



Añadimos aquí la descripción resumida de uno de sus ejemplos:


Un niño, cuyo electroencefalograma mostraba una perturbación cerebral mínima, fue llevado a una terapia de familia, porque su psiquiatra se negó a seguir el tratamiento. El niño parecía inaccesible al psicoanálisis y mostraba una agresividad poco menos que intolerable. Al cabo de 4 sesiones con los padres, dos en presencia del niño, llegaron los terapeutas a la convicción de que, aparte los conflictos intensos entre los cónyuges, el muchacho se hallaba inserto en una situación de doble vínculo de la que no podía liberarse. Declarado <<enfermo>> por los neurólogos y atiborrado de dosis masivas de tranquilizantes, abandonado por el psiquiatra como casi sin remedio, se le trataba en su casa como un perturbado mental y se le permitía, por consiguiente, comportarse de una manera que los padres no consienten a ningún niño en su sano juicio: dar fuertes puntapiés a su madre en la cara cuando ésta le ponía los zapatos; atacar con el cuchillo de mesa; arrojar los platos de sopa sobre el vestido de su madre, etc. En cambio, se le presentaban, en sermones y quejas inevitablemente prolijas, las “fechorías” que cometía, cuando se comportaba como un niño normal de su edad. Los terapeutas advirtieron de inmediato que su primera tarea consistía en eliminar aquella situación de doble vínculo, mediante el recurso de destruir la convicción de los padres de que su hijo era un <<enfermo mental>>. Pero también comprendieron que no podrían conseguir este objetivo con aclaraciones verbales, que hubieran sido inmediatamente rechazadas. Decidieron, pues, prescribir el siguiente ritual familiar: aquella misma noche, después de cenar, toda la familia [] debía dirigirse en procesión al cuarto de baño, donde el padre debería recoger todos los frascos de medicinas del niño, y dirigiéndose a éste, debía decirle en tono solemne: <>
A continuación, debería ir vaciando, uno tras otro, todos los frascos de medicina, echando su contenido al water y repitiendo en cada frasco: <>. A pesar del miedo de la madre de que, sin sus calmantes, el niño acabaría por matarla, el ritual fue tan eficaz que llevó a la desaparición del comportamiento agresivo. “


(De El lenguaje del cambio. Nueva técnica de la comunicación terapéutica”. Paul Watzlawick. Herder Editorial)

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