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CÓMO DEJAR DE FUMAR (II): EL MÉTODO ESTRATÉGICO

“Hemos comprendido que las prohibiciones no funcionan, más bien aumentan el problema. []
Está absolutamente prohibido prohibir (lo cual aumenta la transgresión).
Es más evidente que el hecho de fumar pone sus propias raíces en el placer: es fácil quererse liberar del miedo, del sufrimiento y del dolor, pero, ¿quién me obliga a hacerlo si la cosa me gusta? Todo fumador puede confirmarlo: fumar gusta.
Cuando los problemas se basan en el placer, su resolución requiere una estrategia muy sutil, elaborada y refinada, por lo que cambia la dirección de la intervención. Esto lo hemos aprendido en el trabajo cotidiano, por ejemplo, con las vomitadoras. Empiezan con el vómito (desagradable) como técnica para mantener y/o disminuir el peso; sin embargo, la simple repetición lleva después a convertir lo desagradable en agradable. [] Acciones, rituales, situaciones agradables no se pueden afrontar con las habituales técnicas paradójicas, que tan maravillosamente funcionan con las bulímicas no vomitadoras, sino que hay que cambiar de registro: de la cantidad a la calidad. Hay que producir un cambio en la percepción de la calidad del comportamiento.
Giorgio Nardone, en numerosos escritos sobre la formación de los problemas, nos enseña una ley fundamental respecto al problema del placer: el límite de todo placer es sólo uno: ¡un placer mayor! Por lo tanto, ¿quiero eliminar “el placer”? Evitaré los esfuerzos en hacer disminuir el número de cigarrillos. Tendré que reorientar al paciente para buscar el cigarrillo más agradable del día. []
El protocolo es muy simple y consta de cuatro fases:
1. La fase de apertura y la primera maniobra.
2. La fase de corrección de los primeros efectos.
3. La fase de consolidación en el tiempo.
4. La fase de cierre.

La primera fase es la fase de apertura y de captura. En ella se encuadra el problema y, al mismo tiempo, se pone al paciente en condición de actuar por sí solo utilizando lo que distingue estructuralmente la terapia estratégica evolucionada de todas las otras terapias: el diálogo estratégico.
Ejemplo de un coloquio de la primera fase:
T- ¿Cuál es el problema que le trae aquí?
P-Quisiera dejar de fumar. Estoy harto y ya no puedo más…
T-¿Fuma desde hace tiempo o bien es un hábito reciente?
P-Fumo desde hace más de 10 años.
T-¿Se las arregla con pocos o muchos cigarrillos al día?
P-Un paquete al día, pero muchos los enciendo sin fumarlos…me olvido.

T. Bien, resumo, y por favor, corríjame si me equivoco: usted es un fumador de un paquete al día, fuma desde hace diez años y a menudo enciende los cigarrillos y después no se los fuma. ¿Correcto?
P. Correcto.
T. ¿Ha intentado dejarlo alguna vez antes o ésta es la primera vez?
P. Hace tres años. Mi mujer me ha tocado tanto las narices que fui a la farmacia y compré los chicles de nicotina, pero conmigo no han funcionado. Continuaba masticándolos y masticándolos, pero nada… y además encendía los cigarrillos cuando estaba nervioso.
T. ¿Hizo la cura entera o la interrumpió?
P. Al cabo de un tiempo me cansé, lo dejé. Tres meses después lo volví a intentar…pero nada, como si fuera agua.
T. ¿Ha sido el único intento o ha probado alguna otra cosa?
P. Me metí en Internet y vi unos tests para rellenar y ver la motivación. Intenté hacerlos pero me cansé. Los hacía y fumaba…(ríe). Me di cuenta de que me estaba tomando el pelo yo solo. Fue el último intento. No tengo aptitudes.
T. Así pues, usted ha intentado dejarlo, una vez empujado por su mujer y otra usted solo, pero lo ha dejado porque no veía resultados y porque no se sentía con fuerzas suficientes. ¿Correcto?
P. Sí.
T. ¿Hoy ha venido porque le ha empujado su mujer o es una decisión suya?
P. Estoy aquí por mi. Me empieza a faltar resuello…Quizás hay métodos…
T….¿milagrosos?
P. Buena idea, quizás…
T. ¿Los intentos que ha hecho para dejarlo los ha vivido como un fracaso personal o estos métodos no le encajaban?
P. Bah, un poco las dos cosas…me daba rabia. En un cierto punto pensé: “¿Quién me obliga a hacerlo? ¿Por qué tengo que sufrir?” Sé que estoy equivocado…
T. Resumiéndolo todo: usted es una persona que fuma desde hace 10 años un paquete al día y a menudo enciende un cigarrillo sin fumárselo. Ha intentado dejarlo pero el intento ha fallado en cuanto el método autoinfligido le ha parecido demasiado constrictivo. Le gustaría dejarlo porque le falta el aliento, pero es difícil quitarse algo que, en definitiva, le gusta y le costaría mucho esfuerzo dejarlo. ¿Lo he entendido bien?
P. Exacto.
T. Discúlpeme, tengo curiosidad por saber una cosa. A veces se ha tomado unas pausas y luego ha vuelto a empezar. ¿Cómo eran los primeros cigarrillos, mejores de lo habitual o iguales a los otros?
P. Buenísimos. Como el de la mañana o los de después de comer…buenos.
T. ¿Me está diciendo por casualidad que, tras una pausa, como por la noche, el gusto del primer cigarrillo es francamente más acusado, mientras que los cigarrillos fumados en serie uno tras otro disminuyen el placer?
P. ¡Eh, sí!
T. Según usted, que de placer entiende, ¿si quiere aumentar el gusto de los cigarrillos, necesitaría concentrarse en los agradables o bien malgastar el placer en un número elevado?
P. Bien, quizás con alguna pausa entre uno y otro…
T. Desde ahora hasta la próxima vez le invito a continuar fumando, pero, por favor, concéntrese solamente en aquellos más agradables y gustosos, dosificando el gusto y saboreando al máximo el cigarrillo de turno.

La prescripción de fumar sólo los cigarrillos más agradables está construida bajo la estratagema: surcar el mar sin que el cielo lo sepa. Une la incapacidad del fumador a dejarlo en cuanto dependiente y la necesidad de dejarlo en cuanto necesario trasladando, precisamente, la atención del número de cigarros fumados a la selección basada en el placer, de la cantidad a la calidad, de lo incontrolable a lo controlable. La estrategia está en pedirle al paciente que haga algo posible en lugar de forzarlo a hacer lo que es totalmente incapaz. El resultado es un menor número de cigarros fumados. La maniobra es posible en cuanto calca la lógica del funcionamiento del problema: el cigarrillo gusta y el límite de todo placer es un placer mayor.

En la segunda fase del proceso se pregunta al paciente todo lo que ha conseguido hacer: ¿ha conseguido determinar los cigarrillos más agradables? ¿Cómo era el placer? ¿Después de qué espera eran más agradables? ¿Qué sensaciones ha tenido, de dominio o de dependencia? ¿A cuántos cigarrillos al día ha llegado? Se dedica tiempo a cada sensación descrita, a cada cigarrillo “vivido”. Se felicita al paciente por su contribución activa y se prescribe la misma maniobra. Intentamos destilar aún más el placer: ¡Queremos la esencia del placer!

Los movimientos de la tercera fase del protocolo irán siempre en la misma dirección: refinar el placer, cosa posible sólo procastinando y dilatando los tiempos de espera hasta el punto de encontrar (descubrir) la fuerza de dejarlo. Tras los primeros resultados, la bola de nieve se desliza pendiente abajo convirtiéndose en una avalancha. La avalancha significa tener la fuerza de fumar (el antepenúltimo, el penúltimo o, quizás) el último cigarrillo. Sin esfuerzo y al final de un proceso que, una vez activado, avanza por sí mismo.
Hay que decir que no es necesario eliminar todos los cigarrillos; dado que se trata de un placer, puede permanecer, si sabemos gestionarlo del mismo modo que una buena copa de vino. Al limitar la cantidad limitamos el daño y excluimos la dependencia en el placer. Esto es un arte.
Al principio el paciente cree que no es capaz, al final del proceso no puede no serlo. Inevitablemente. Inexorablemente. Creando de la nada.

Cuarta fase: en la última sesión explicamos el proceso y despedimos al paciente fijando una cita para un control dentro de tres meses.”

(De “Cómo dejar de fumar. Estrategias para liberarse en tiempo breve de las dependencias del humo”. Branka Skorjanec. Prefacio de Giorgio Nardone. Rigden)

VENTAJAS DE UN DIÁLOGO ESTRATÉGICO: EL PIGMALIÓN TEMEROSO

El egoísmo no consiste en vivir como nos parece, sino en exigir que los demás vivan como nos parece a nosotros.                                                      OSCAR WILDE

“Éste es un caso en el que el hombre pretende que su compañera se iguale en todo y para todo, no sólo a sus puntos de vista sino también a sus gustos y a su estilo de vida. En otras palabras, una especie de Pigmalión que quiere modelar a su compañera ideal como si fuera una estatua de arcilla. Sin embargo, como enseñan Ovidio, Shakespeare, Abelardo y Eloísa y su trágica historia de amor, o la locura artística de Auguste Rodin, ciertos tipos de relación son una especie de suicidio seguro de la pareja.
Si la que está sometida al plagio se rebela a su Pigmalión y patrón, como en nuestro ejemplo, alegando su derecho a ser libre de construirse una propia identidad autónoma, la relación se convierte en un campo de batalla. Sin embargo, si por el contrario la mujer se somete a las demandas de su modelador, lo que a primera vista parece una solución se transforma lentamente en una complementariedad patológica.
Veamos cómo la mujer es capaz, a través de un funambulesco diálogo estratégico, de reorientar esta peligrosa situación de su relación de pareja.

ELLA: Me he dado cuenta de que últimamente entre tú y yo hay discusiones; ¿tú crees que se derivan de alguna incompatibilidad o del hecho de que estamos cometiendo errores al relacionarnos?
ÉL: No creo que tú y yo seamos incompatibles como personas…creo que tú eres demasiado rígida en tus posiciones y por eso no me sigues ni apoyas mis deseos ni mis expectativas.
ELLA: Perdóname, pero lo que dices indica que, desde tu punto de vista, para superar nuestras fricciones, ¿sería suficiente que yo me sometiera a tus solicitudes y me adecuara a tus expectativas y no, al contrario, que me vuelva rígida en mis posiciones que no estén en línea con las tuyas?
ÉL: Claro, parece precisamente que para ti sea una obligación discutir mis ideas y hacer de modo diferente a como quisiera yo…eso me hace enfurecer…
ELLA: Pero ¿tú crees que para ponerse de acuerdo hay que estar obligatoriamente de acuerdo en todo o pueden haber posiciones diferentes y a la vez respetarse?
ÉL: Creo que en una pareja cuanto más se está en la misma línea más unido se está; se respetan los amigos por sus ideas diferentes, pero de la propia mujer es justo pretender que siempre esté de tu parte y que se comporte como sabe que le gusta a su propio marido.

En este punto el diálogo podría evolucionar en la dirección de un encendido conflicto en cuanto el hombre declara su férrea voluntad de someter a su pareja, pensando que éste es su rasgo fundamental de una buena relación. Sin embargo, es precisamente esta posición rígida lo que provoca la reacción no deseada de la mujer, quien, en cambio, es paradójicamente acusada de ser la más rígida de los dos. Como “si tú me quisieras de verdad tendrías que ser en todo y para todo igual que yo“.
En otras palabras, éste es el hombre ideal, irónicamente hablando, para una mujer que quiera realizarse a si misma y ver realizadas sus propias aspiraciones. Las dos únicas posibilidades en la relación son el enfrentamiento y la sumisión, pero, como veremos, gracias a la técnica del diálogo estratégico también esta situación aparentemente sin salida puede cambiarse.

ELLA: Bien, corrígeme si me equivoco. Tú crees que las cosas entre nosotros dos no van bien porque yo me obstino en no querer adecuarme a tus solicitudes y en comportarme de modo diferente de como tú quisieras. [] En otros términos, me opongo como un adolescente rebelde a tus indicaciones sólo por las ganas de llevarte la contraria. Una pareja, según tú, para funcionar bien tiene necesidad de una completa conjunción de miras por parte de los dos componentes. Y como, en nuestro caso, tú eres el que posee la sacrosanta verdad y yo soy la que se opone, yo tendría que suavizarme y modelarme a imagen y semejanza de tus deseos y de tus ideas ya que son indiscutiblemente correctas.
ÉL: Dicho así me parece un poco fuerte…parece que yo esté absolutamente convencido de poseer la verdad absoluta y que desee forzarte de manera autoritaria a ser como yo quisiera…En realidad, creo que si tú sabes lo que me gusta, si no lo haces es como si me rechazaras. Eso es lo que crea problemas entre nosotros. `

Como queda claro, la mujer no cae en el error de contestar simétricamente el hecho, es decir, alegar a su vez el derecho a imponer cambios, sino que evita cuidadosamente activar un forcejeo. []
El hombre empieza de este modo a aflojar y corregir sus posiciones, y pasa de una forma moralista de recriminación a una declaración casi de víctima. []

ELLA: Bien, y si no lo he entendido mal, lo que hace que te enfurezcas y te empuja a darme sermones rabiosos y aburridos es el hecho de que cuando yo me comporto de forma diferente a como tú quisieras, te sientes rechazado y crees que nuestra relación está en peligro porque no se basa en una conjunción total de miras.
ÉL: Sí, me parece precisamente así.
ELLA: A la luz de estas consideraciones, ese quererme modelar y corregirme tuyo, ¿te parece un acto de fuerza o de debilidad? []
ÉL: Desde esta perspectiva, diría que por debilidad, o por temor a que nuestra relación acabe en una vía muerta.
ELLA: Perdóname, pero esto significaría que tú te comportas así sólo porque temes que las cosas entre nosotros puedan deteriorarse hasta romperse.
ÉL: ¿Cómo?…Aún no lo habías entendido…
ELLA: De acuerdo, corrígeme si me equivoco, tú en realidad me estás diciendo que tu búsqueda de modelarme a imagen y semejanza de tus ideas y deseos es tu manera de controlar la situación entre nosotros para evitar que vaya en una dirección autodestructiva y que haces todo eso por el temor a que ésta sea una realidad.
ÉL: Así es.

En este punto la situación ha cambiado radicalmente. El presunto verdugo de la pareja se descubre como el más débil y no el más fuerte de los dos, sin por ello ser juzgado ni condenado. Ahora se requiere, para que el diálogo evolucione constructivamente, que se introduzcan los elementos del cambio constructivo.

ELLA: Sabes que después de esta declaración siento menos el deseo de discutir tus solicitudes. Después de lo que nos hemos dicho, cuando reprochas y criticas mis acciones, ¿crees que eso hace que esté de acuerdo contigo o hace que tenga ganas de rebelarme?
ÉL: Ahora que me lo has hecho notar, entiendo que ésta es la mejor manera de provocar en ti la rebeldía y la discusión respecto a mis miras y expectativas.
ELLA: Permíteme aún…¿Cuándo tú actúas como un juez censor o un Pigmalión, crees que me induces a un mayor o un menor deseo de conjunción contigo?
ÉL: Bueno, está claro que produzco exactamente lo contrario.
ELLA: Bien, corrígeme si me equivoco: ahora tú eres consciente de que en realidad tu modo de reprenderme y quererme corregir es precisamente lo que hace que me rebele y discuta tus posiciones, llevándome hacia conflictos que ponen en peligro nuestra relación.
ÉL: Ahora que me haces ver las cosas desde ese punto de vista, todo esto me parece claro…pensar que yo lo hacía precisamente para evitar estos riesgos, en cambio, ahora comprendo que los estaba alimentando.

La condición inicial se ha invertido por completo. Ahora el hombre tendrá el temor, más que el deseo, de corregir a su compañera ya que ello llevaría precisamente a lo que él quiere evitar que se produzca”.

(De “Corrígeme si me equivoco”. Giorgio Nardone. Herder)

COMUNICACIÓN PERSUASIVA (II)

Blaise Pascal

“La primera regla que debe aprender un comunicador que desee ser persuasivo deriva de una máxima curiosa citada por Aristóteles, pero tomada de los sofistas: Si quieres persuadir a alguien, hazlo mediante sus propios argumentos. [] Pascal nos lo confirmará con más precisión aún en sus Pensamientos cuando, hablando de corregir las malas costumbres, afirma que antes de iniciar un correctivo hay que identificarse con el punto de vista desde el que el individuo percibe la realidad, hasta considerar razonable precisamente aquello que queremos corregir. Una vez hecho esto, y sin contradecir al interlocutor, se añadirá algo, alguna perspectiva nueva. Pascal cree que la mayoría de las personas se niegan a aceptar que han visto cosas erróneas, pero al mismo tiempo están dispuestas a admitir que no lo han visto todo y que tal vez quede algo más por ver. Esto, naturalmente, si no se las contradice y descalifica. []
La segunda regla consiste en evitar todas las fórmulas lingüísticas negativas y utilizar una modalidad dialógica orientada a lo positivo. En lugar de decir Lo que dices no es correcto, la expresión Podría funcionar, pero tal vez hay algo que funciona todavía mejor. O bien en vez de decir No lo has entendido, es mejor afirmar que nos hemos explicado mal. La tesis del adversario nunca ha de ser descalificada (Nardone, Watzlawick, 1990), porque además, cuanto más se le pide a alguien que no haga algo, por un efecto paradójico y transgresivo, más ganas tendrá esa persona de rebelarse y resistir.[]
Flexibilidad y suavidad, además de tolerancia, son características imprescindibles para un persuasor, que ha de ser capaz de ablandarse o  endurecerse según lo exija el contexto comunicativo en que interactúa.[]

LAS TÉCNICAS INDIVIDUALES DEL DIÁLOGO ESTRATÉGICO

Preguntas de ilusión de alternativas:

La ilusión de alternativas es un instrumento muy refinado que podemos utilizar cuando queramos hacer preguntas directas o bien cuando queramos inducir al que tenemos delante a hacer algo que no haría en respuesta a una petición directa. Las preguntas con ilusión de alternativas forman parte de la técnica más amplia y compleja del diálogo estratégico. Éste nació como evolución espontánea de la modalidad de realizar la primera sesión en el ámbito clínico, que pasó de ser un encuentro con finalidad diagnóstica a un momento esencial de intervención terapéutica. []

El imperio del astuto Alejandro Magno

Exactamente como hacía Alejandro Magno, que ganó casi todas sus batallas con un arma tal vez más poderosa, y con toda seguridad menos costosa, que las armas tradicionales. Lo que hacía era plantear al gobernante del territorio que se disponía a conquistar la pregunta: ¿Prefieres que destruya tus bienes, viole a las mujeres, mate a los niños, masacre a tus hombres, o seguir gobernando tu tierra, manteniéndote como regente en nombre de Alejandro?
El propio Milton Erickson, cuando intentaba hacer comer a su hijo, le preguntaba: ¿Quieres beber esta taza de leche ahora o prefieres beber dos dentro de un cuarto de hora?
La ilusión de alternativas consiste en ofrecer a nuestro interlocutor dos alternativas de respuesta, una de las cuales, con la imposición de un comportamiento, deberá ser mucho más costosa, inoportuna, dura y difícil que la otra, que es la que queremos que se realice. La técnica funciona muy bien precisamente porque, desde un punto de vista histórico y cultural, estamos habituados, siguiendo una visión maniqueísta, a separar las cosas en contrarios: blanco/negro, verdadero/falso. Si proponemos los dos marcos, construimos una especie de cuadro lógico dentro del que sólo se contemplan estas dos posibilidades. La ilusión es doble: la de tener únicamente dos posibilidades y la de ser nosotros -que respondemos- los que elegimos, mientras que quien pregunta ya sabe de antemano qué alternativa elegiremos. []
Muchas veces se asocia la intervención estratégica con el concepto de manipulación, pero muy pocas veces se tiene en cuenta lo que muy bien ha expresado Giorgio Nardone, replicando en una conferencia a esta crítica con las siguientes palabras:
Si vas a un cirujano y te extirpa un cáncer, ¿te manipula o no te manipula? Tiene que hacerlo. Si me lanzo al agua para salvar a una persona que se está ahogando, ¿la manipulo o no la manipulo? Pues bien, ¿Cuál es la diferencia si acude a mí una anoréxica de 30 kilos de peso que está en peligro de muerte? Tengo que extirparle el cáncer mental que la induce a seguir sin comer, y si utilizo una comunicación manipuladora y lo consigo, ¿es ético o no es ético? Si libero a una persona de un trastorno obsesivo-compulsivo que le induce a lavarse repetidamente hasta gastarse las manos o el cuerpo, y para ello utilizo técnicas manipuladoras, ¿es ético o no es ético? Sin duda, lo es. No es el instrumento en sí lo que es ético, sino el uso que de él hago.

La técnica de la anticipación

Extraordinariamente útil cuando sabemos que tenemos que decir a la otra persona algo provocador, o que afectará de manera profunda a su sensibilidad, o que sabemos que le resultará difícil de aceptar. Por ejemplo, diremos previamente: Sé que lo que voy a decirte te molestará, pero tengo que decírtelo, porque de lo contrario no te ayudo. De igual modo, si sabemos que lo que vamos a decir provocará una reacción airada o especial, lo anticiparemos diciendo: Voy a decirte esto, sabiendo que te va a provocar estas reacciones. Si el otro se enfadara después de habérselo anticipado, nos estaría dando la razón, cosa que en la mayoría de casos no querrá hacer; por lo tanto no se enfadará.

Reestructuración

Presentar varias perspectivas en vez de intentar corregir al otro, evitando así contradecir su postura, pero haciendo que éste cambie desde dentro.
Tras dos o tres preguntas, adoptando una posición one-down (la posición del que aparentemente se despoja del papel de experto, para que el interlocutor tenga la sensación de que es él quien dirige la conversación y el proceso de cambio), se utilizan las respuestas obtenidas para formular una definición del funcionamiento del problema que compruebe su correcta comprensión, sin proponer ninguna valoración o interpretación. La petición de confirmación por parte del experto no es sólo una comprobación de que el diagnóstico es correcto, sino que es ya en sí misma una inducción al cambio, al crear un clima de colaboración y persuadir al paciente de la pertinencia de esa visión. Una vez identificado el círculo vicioso patógeno, el individuo descubre que sus intentos de solución no sólo no mejoran su situación, sino que la mantienen e incluso la empeoran. Este descubrimiento provocará un cambio inevitable en sus reacciones respecto a las situaciones problemáticas. Si, por el contrario, el paciente no expresa su acuerdo respecto a la paráfrasis, es que estamos desencaminados y hay que corregir el tiro.

Evocar sensaciones

Los cambios son inducidos a través de las sensaciones que se provocan; por tanto, es esencial recurrir al lenguaje evocador. La formulación ha de estar en sintonía con el estilo comunicativo y las características personales del sujeto, y ha de ser coherente con el estilo personal y relacional de quien lo utiliza. Además, ha de ser presentada en el momento más idóneo del diálogo y con la forma verbal y no verbal más eficaz. Utilizar la doble vía del hemisferio izquierdo, encargado de la comprensión a través de la explicación, [] cuya activación nos permite comunicar las informaciones de forma lineal, con referencias empíricas y con un lenguaje lógico, y del hemisferio derecho, relacionado con las sensaciones/emociones. [] El hemisferio derecho nos permite usar imágenes metafóricas o de la naturaleza, aforismos e incluso anécdotas de la vida diaria, relacionadas con las percepciones que no pasan por una codificación lógica, sino que son prerrogativa de la parte más antigua y visceral de nuestra mente.

Resumir para redefinir

Con una especie de hiperparáfrasis que redefine el proceso de diálogo estratégico llevado a cabo, se consolidan e incrementan los efectos anteriormente inducidos, haciéndolos confluir hacia el cambio. Ese marco conclusivo se fijará en el paciente como la representación mnemónica de algo que está ya realizado, y no por realizar, anulando así las resistencias e incrementando las expectativas positivas, así como la sensación de control por parte del sujeto. Finalmente, la redundancia en el resumen produce efectos fuertemente sugestivos que potencian el efecto de la maniobra misma, puesto que al proceso terapéutico en curso se añade también un efecto hipnótico. []

Prescribir como descubrimiento conjunto

Cuanto se ha descubierto, acordado y redefinido en el diálogo se traduce en deberes que hay que realizar. La evolución armoniosa del diálogo estratégico en las prescripciones que hay que cumplir hace que estas últimas sean no sólo aceptables, sino inevitables.
El arte de la terapia, en la práctica, no consiste en hacer deseable el cambio, sino en hacer que resulte inevitable. “

(De “Curar la escuela. El Problem Solving Estratégico para profesionales de la educación“. Elisa Balbi y Alessandro Artini. Herder)

LA COMUNICACIÓN PERSUASIVA (I).

La historia de las mujeres suicidas de Mileto

“Un ejemplo muy distante en el tiempo nos lo proporciona Plutarco, a propósito de una cadena de suicidios de jóvenes muy hermosas en la ciudad de Mileto. Cuenta el historiador que parecía que el aire estuviese envenenado, hasta el punto de empujar a las mujeres a quitarse la vida: una se arrojaba de una roca, otra se clavaba un puñal en el corazón, otra se colgaba…De nada sirvió que las familias o el consejo de la ciudad intentaran convencer a las jóvenes de que se trataba de una conducta absolutamente demencial; hasta que se decidieron a pedir consejo a un sabio, un sofista que vivía en una colina.
El hombre dijo al consejo de la ciudad que promulgara un edicto aproximadamente en los siguientes términos: A partir de mañana, el cuerpo de cualquier mujer suicida será expuesto, desnudo, hasta la putrefacción en la plaza del mercado.
Los suicidios cesaron de inmediato. A través de la comunicación, se creó la situación de que el suicidio, como acto heroico, se asociaba a la exposición pública de cuerpo y a la putrefacción de la belleza, lo que producía una inmediata reacción adversa hacia aquello que antes se anhelaba.[]
Existen unas dinámicas típicas de la comunicación de masas que pueden producir el efecto Werther, así como el efecto Lucifer (Zimbardo, 2008), por el que cuando se hacen públicos los actos brutales, su autor se convierte en un héroe, porque ha alcanzado el objetivo de que todo el mundo hable de él.
Un ejemplo muy actual es el ultra del fondo del estadio, que arroja un bote de humo o una piedra. La solución no es evitar hablar de ello, porque la censura, como todas las prohibiciones, tiene el efecto de hacer más transgresivo aún y, por tanto, más deseable, lo que está prohibido. Hay que hablar de ello, pero desmitificando al responsable del acto criminal.
En el caso del violador, por ejemplo, se pondrá en evidencia que el que violenta a una mujer es incapaz de tenerla de otro modo y no es fuerte como podría creerse sino débil, porque si fuese un hombre de verdad, con “h” mayúscula, sabría cortejar y conquistar a una mujer.

La “Teoría de la
comunicación humana”

Hemos reproducido estos ejemplos para introducir el tema del poder de la comunicación a la hora de influir en el comportamiento y las visiones de los demás: un tema que no hay que subestimar, sobre todo por parte de quien desea desempeñar la función de líder de un modo eficaz y eficiente.
Un punto de referencia imprescindible de un buen comunicador es la Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas (Watzlawick, Beavin, Jackson, 1971). []
El primer postulado de la pragmática es que no es posible no comunicar. Ha habido diversos intentos de refutar tal afirmación, por ejemplo por parte de autores de tendencia racionalista-cognitivista, para quienes cuando se está en silencio no se comunica. Pero en realidad incluso en este caso se está trasmitiendo algo; por ejemplo, que no hay nada que decir. Otros han afirmado que si uno encuentra a un conocido y evita saludarle y mirarle, esto equivale a no comunicar, sin tener en cuenta que con esta actitud transmitimos al otro nuestro rechazo.

De este postulado fundamental deriva un segundo: no es posible no influir.[] No existe una comunicación neutra, cuya posibilidad se da por descontada con demasiada frecuencia, ya que cualquier acto comunicativo influye en nuestro interlocutor, del mismo modo que éste último influirá en nosotros mismos; se trata del concepto de feedback o retroalimentación. Todo lo dicho nos lleva a otro concepto fundamental, esto es, al de interacción: la acción produce un efecto de retroalimentación sobre la causa, convirtiéndola a su vez en efecto; la llamada causalidad circular, que implica reciprocidad, interdependencia e interacción entre los que comunican. []
Otro factor que hay que considerar es que todo acto comunicativo es al mismo tiempo digital -relativo a cómo hacer pasar las informaciones- y analógico -esto es, referente al marco que decidimos poner a las informaciones y que afectará a las sensaciones/emociones, traduciéndose en las distintas modulaciones de la voz, de la postura, de la mirada, de la sonrisa, así como en el orden de las palabras-. Se trata de un aspecto esencial, porque no es raro encontrarnos con personas que dicen cosas acertadas, pero que no nos satisfacen en el aspecto relacional. Prueba de ello es que los que obtienen mayor consenso desde el punto de vista de la deseabilidad no son personas perfectas, sino individuos que presentan siempre alguna pequeña imperfección y que por eso resultan más simpáticos; es decir, un pequeño desorden dentro del orden que, en la naturaleza, hace incrementar el orden. Dicho de otro modo, y utilizando las palabras de Heráclito: Lo opuesto concuerda y de las cosas discordantes surge la más bella armonía.[]
Existen instrumentos que permiten alcanzar antes y mejor el objetivo de persuadir a alguien, porque prevén la capacidad de controlar la propia performance comunicativa, que es lo más difícil de enseñar. Para aprender el arte de comunicar no basta la comprensión, sino que se necesita un ejercicio constante hasta que el aprendizaje se convierta en adquisición, que coincide con lo que llamamos espontaneidad.”

(De “Curar la escuela. El Problem Solving Estratégico para profesionales de la educación. Elisa Balbi y Alessandro Artini. Herder)

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