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LA DESTRUCCION DE UN MODELO

“He aquí otro caso semejante: se trata de la interacción entre Jeff Zeig, entonces estudiante de terapia y Milton Erickson (Zeig, 1985). En aquel tiempo yo era un consumado fumador en pipa. Era mi hobby. Tenía muchas pipas caras, mezclas de tabaco hechas expresamente para mí y otros accesorios. Se adaptaba a mi autoimagen como .
Erickson me vio fumar en pipa en su patio antes de nuestra sesión. Cuando nos encontramos, empezó a contarme una larga y vaga historia a propósito de un amigo suyo que fumaba en pipa. El amigo, me dijo, tenía planteado un buen número de dificultades ligadas a esta actividad. Por ejemplo, no sabía dónde poner la pipa en la boca: ¿tenía que ponerla en el centro, un centímetro a la derecha, un centímetro a la izquierda? En suma, fumar en pipa era incómodo para él.
Además, sentía vergüenza al poner el tabaco en la pipa. ¿Tenía que usar el instrumento previsto para ello? ¿Tenía que usar el pulgar? ¿Tenía que usar el índice? También eso lo incomodaba.
Es más, el amigo se sentía a disgusto cuando tenía que encender la pipa: ¿era mejor hacerlo poniendo la llama delante, detrás, a la derecha, a la izquierda? Otra causa más de vergüenza.
Todo el tiempo estuve pensando: ¿Por qué me está contando esta historia? Me parece a mí que fumar en pipa no me incomoda. Erickson continuaba. El amigo no sabía cómo sostener la pipa. ¿Tenía que hacerlo con la izquierda o con la derecha? ¿Tenía que sostenerla por el hornillo o por la boca? Incomodidad.
El amigo no sabía cómo echar el humo de la boca. ¿Soplaba hacia arriba, hacia abajo, de lado? De incomodidad en incomodidad.
Finalmente se sentía incómodo porque no sabía si apoyar la pipa y, de ser así, dónde hacerlo. ¿Tenía que sujetarla en la mano? ¿Tenía que apoyarla en la mesa? No hace falta decirlo: otra causa más de incomodidad.
Erickson siguió contando la historia durante una hora. Jamás había pensado que hubiese tantos motivos para sentirse incómodo mientras se fumaba en pipa.
Al día siguiente a la sesión salí de Fénix para regresar a la zona de San Francisco, donde vivía entonces. Cuando llegué a California, me dije: No volveré a fumar. Dejé la pipa para siempre. No quería fumar en pipa. Desde entonces, nunca he vuelto a fumar en pipa. Nunca.
Una parte de la técnica de Erickson consistía en la destrucción de un modelo. Llegué a ser demasiado consciente del proceso de fumar y eso me hizo sentirme efectivamente incómodo. Además, si había alguien que yo quería que no pensara que me sentía incómodo, esa persona era Milton Erickson. Luego la pipa ya no me pareció atractiva. Pero el mérito de dejar de fumar fue sólo mío. La fuerza de la decisión vino de mí mismo. Erickson hizo poco. No me dijo que dejara de fumar. No me advirtió sobre los riesgos para mi salud. Sencillamente me contó una historia.  Fui yo quien hice algo constructivo.”


(De “Terapia breve estratégica. Pasos hacia un cambio de percepción de la realidad” Paul Watzlawick y Giorgio Nardone, compiladores. Paidós Terapia Familiar)

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