Archivo de la etiqueta: dejar de fumar

CÓMO DEJAR DE FUMAR (II): EL MÉTODO ESTRATÉGICO

“Hemos comprendido que las prohibiciones no funcionan, más bien aumentan el problema. []
Está absolutamente prohibido prohibir (lo cual aumenta la transgresión).
Es más evidente que el hecho de fumar pone sus propias raíces en el placer: es fácil quererse liberar del miedo, del sufrimiento y del dolor, pero, ¿quién me obliga a hacerlo si la cosa me gusta? Todo fumador puede confirmarlo: fumar gusta.
Cuando los problemas se basan en el placer, su resolución requiere una estrategia muy sutil, elaborada y refinada, por lo que cambia la dirección de la intervención. Esto lo hemos aprendido en el trabajo cotidiano, por ejemplo, con las vomitadoras. Empiezan con el vómito (desagradable) como técnica para mantener y/o disminuir el peso; sin embargo, la simple repetición lleva después a convertir lo desagradable en agradable. [] Acciones, rituales, situaciones agradables no se pueden afrontar con las habituales técnicas paradójicas, que tan maravillosamente funcionan con las bulímicas no vomitadoras, sino que hay que cambiar de registro: de la cantidad a la calidad. Hay que producir un cambio en la percepción de la calidad del comportamiento.
Giorgio Nardone, en numerosos escritos sobre la formación de los problemas, nos enseña una ley fundamental respecto al problema del placer: el límite de todo placer es sólo uno: ¡un placer mayor! Por lo tanto, ¿quiero eliminar “el placer”? Evitaré los esfuerzos en hacer disminuir el número de cigarrillos. Tendré que reorientar al paciente para buscar el cigarrillo más agradable del día. []
El protocolo es muy simple y consta de cuatro fases:
1. La fase de apertura y la primera maniobra.
2. La fase de corrección de los primeros efectos.
3. La fase de consolidación en el tiempo.
4. La fase de cierre.

La primera fase es la fase de apertura y de captura. En ella se encuadra el problema y, al mismo tiempo, se pone al paciente en condición de actuar por sí solo utilizando lo que distingue estructuralmente la terapia estratégica evolucionada de todas las otras terapias: el diálogo estratégico.
Ejemplo de un coloquio de la primera fase:
T- ¿Cuál es el problema que le trae aquí?
P-Quisiera dejar de fumar. Estoy harto y ya no puedo más…
T-¿Fuma desde hace tiempo o bien es un hábito reciente?
P-Fumo desde hace más de 10 años.
T-¿Se las arregla con pocos o muchos cigarrillos al día?
P-Un paquete al día, pero muchos los enciendo sin fumarlos…me olvido.

T. Bien, resumo, y por favor, corríjame si me equivoco: usted es un fumador de un paquete al día, fuma desde hace diez años y a menudo enciende los cigarrillos y después no se los fuma. ¿Correcto?
P. Correcto.
T. ¿Ha intentado dejarlo alguna vez antes o ésta es la primera vez?
P. Hace tres años. Mi mujer me ha tocado tanto las narices que fui a la farmacia y compré los chicles de nicotina, pero conmigo no han funcionado. Continuaba masticándolos y masticándolos, pero nada… y además encendía los cigarrillos cuando estaba nervioso.
T. ¿Hizo la cura entera o la interrumpió?
P. Al cabo de un tiempo me cansé, lo dejé. Tres meses después lo volví a intentar…pero nada, como si fuera agua.
T. ¿Ha sido el único intento o ha probado alguna otra cosa?
P. Me metí en Internet y vi unos tests para rellenar y ver la motivación. Intenté hacerlos pero me cansé. Los hacía y fumaba…(ríe). Me di cuenta de que me estaba tomando el pelo yo solo. Fue el último intento. No tengo aptitudes.
T. Así pues, usted ha intentado dejarlo, una vez empujado por su mujer y otra usted solo, pero lo ha dejado porque no veía resultados y porque no se sentía con fuerzas suficientes. ¿Correcto?
P. Sí.
T. ¿Hoy ha venido porque le ha empujado su mujer o es una decisión suya?
P. Estoy aquí por mi. Me empieza a faltar resuello…Quizás hay métodos…
T….¿milagrosos?
P. Buena idea, quizás…
T. ¿Los intentos que ha hecho para dejarlo los ha vivido como un fracaso personal o estos métodos no le encajaban?
P. Bah, un poco las dos cosas…me daba rabia. En un cierto punto pensé: “¿Quién me obliga a hacerlo? ¿Por qué tengo que sufrir?” Sé que estoy equivocado…
T. Resumiéndolo todo: usted es una persona que fuma desde hace 10 años un paquete al día y a menudo enciende un cigarrillo sin fumárselo. Ha intentado dejarlo pero el intento ha fallado en cuanto el método autoinfligido le ha parecido demasiado constrictivo. Le gustaría dejarlo porque le falta el aliento, pero es difícil quitarse algo que, en definitiva, le gusta y le costaría mucho esfuerzo dejarlo. ¿Lo he entendido bien?
P. Exacto.
T. Discúlpeme, tengo curiosidad por saber una cosa. A veces se ha tomado unas pausas y luego ha vuelto a empezar. ¿Cómo eran los primeros cigarrillos, mejores de lo habitual o iguales a los otros?
P. Buenísimos. Como el de la mañana o los de después de comer…buenos.
T. ¿Me está diciendo por casualidad que, tras una pausa, como por la noche, el gusto del primer cigarrillo es francamente más acusado, mientras que los cigarrillos fumados en serie uno tras otro disminuyen el placer?
P. ¡Eh, sí!
T. Según usted, que de placer entiende, ¿si quiere aumentar el gusto de los cigarrillos, necesitaría concentrarse en los agradables o bien malgastar el placer en un número elevado?
P. Bien, quizás con alguna pausa entre uno y otro…
T. Desde ahora hasta la próxima vez le invito a continuar fumando, pero, por favor, concéntrese solamente en aquellos más agradables y gustosos, dosificando el gusto y saboreando al máximo el cigarrillo de turno.

La prescripción de fumar sólo los cigarrillos más agradables está construida bajo la estratagema: surcar el mar sin que el cielo lo sepa. Une la incapacidad del fumador a dejarlo en cuanto dependiente y la necesidad de dejarlo en cuanto necesario trasladando, precisamente, la atención del número de cigarros fumados a la selección basada en el placer, de la cantidad a la calidad, de lo incontrolable a lo controlable. La estrategia está en pedirle al paciente que haga algo posible en lugar de forzarlo a hacer lo que es totalmente incapaz. El resultado es un menor número de cigarros fumados. La maniobra es posible en cuanto calca la lógica del funcionamiento del problema: el cigarrillo gusta y el límite de todo placer es un placer mayor.

En la segunda fase del proceso se pregunta al paciente todo lo que ha conseguido hacer: ¿ha conseguido determinar los cigarrillos más agradables? ¿Cómo era el placer? ¿Después de qué espera eran más agradables? ¿Qué sensaciones ha tenido, de dominio o de dependencia? ¿A cuántos cigarrillos al día ha llegado? Se dedica tiempo a cada sensación descrita, a cada cigarrillo “vivido”. Se felicita al paciente por su contribución activa y se prescribe la misma maniobra. Intentamos destilar aún más el placer: ¡Queremos la esencia del placer!

Los movimientos de la tercera fase del protocolo irán siempre en la misma dirección: refinar el placer, cosa posible sólo procastinando y dilatando los tiempos de espera hasta el punto de encontrar (descubrir) la fuerza de dejarlo. Tras los primeros resultados, la bola de nieve se desliza pendiente abajo convirtiéndose en una avalancha. La avalancha significa tener la fuerza de fumar (el antepenúltimo, el penúltimo o, quizás) el último cigarrillo. Sin esfuerzo y al final de un proceso que, una vez activado, avanza por sí mismo.
Hay que decir que no es necesario eliminar todos los cigarrillos; dado que se trata de un placer, puede permanecer, si sabemos gestionarlo del mismo modo que una buena copa de vino. Al limitar la cantidad limitamos el daño y excluimos la dependencia en el placer. Esto es un arte.
Al principio el paciente cree que no es capaz, al final del proceso no puede no serlo. Inevitablemente. Inexorablemente. Creando de la nada.

Cuarta fase: en la última sesión explicamos el proceso y despedimos al paciente fijando una cita para un control dentro de tres meses.”

(De “Cómo dejar de fumar. Estrategias para liberarse en tiempo breve de las dependencias del humo”. Branka Skorjanec. Prefacio de Giorgio Nardone. Rigden)

CÓMO DEJAR DE FUMAR (I): EL MÉTODO SPIEGEL & SPIEGEL DE HIPNOSIS

“Este escrito no aspira a profundizar los temas generales sobre la hipnosis, disponibles en otro lugar y mejor, sino que quiere describir un método particular, eficaz y breve, para resolver eñ problema de fumar: el método Spiegel & Spiegel (1978). Igual que Milton Erickson, los autores creen que el trance ligero es muy eficaz y, al tratarse siempre y de cualquier forma de varios grados de autohipnosis, enseñan a las personas cómo autohipnotizarse. Para hacerlo es necesario esforzarse en seguir la inducción en una única sesión. Después el paciente la repite cada hora, o cada dos horas, durante unos cuantos días, hasta perfeccionar la capacidad de entrar con rapidez en un estado de mayor consciencia. Por tanto, el propio paciente es el primer actor del cambio, y no la magia del terapeuta. []
La estructura de la intervención es sencilla y eficaz. No se busca influenciar la percepción del paciente, del tipo: “El cigarrillo tendrá un sabor desagradable…”, sino (y aquí está la estrategia) se unen dos necesidades antitéticas: la necesidad de fumar y la necesidad de proteger el propio cuerpo. A través del ejercicio reiterado de inducción se continúa reforzando la necesidad de proteger el cuerpo. Tratar de obligarse a no fumar es luchar contra algo que ha llegado a ser casi espontáneo, y todos sabemos que quien se controla pierde el control. Hay que igualar ambas necesidades y hacer que la necesidad de protegerse llegue a ser gradualmente inevitable. []
El punto central del ejercicio trata sobre tres puntos críticos que el paciente tiene que memorizar y repetir una vez alcanzado el estado de trance autoinducido:


1) Para mi cuerpo, fumar es veneno
2) Necesito mi cuerpo para vivir
3) Le debo a mi cuerpo respeto y protección. []


Para inducir el trance se utiliza la técnica de la rotación ocular y la levitación del brazo. La técnica de la rotación ocular es muy sencilla e induce rápidamente el trance. Se pide al paciente que gire los ojos como si tuviese que mirarse las cejas. Este movimiento facilita la inducción, aunque aún no está claro de qué modo.
Es la señal de inicio y de final.
La levitación del brazo ocurre sólo cuando la persona ha alcanzado este estado de mayor concentración interna; es la señal del cuerpo de que está en el punto correcto para repetir la fórmula terapéutica de tres puntos.
El proceso se compone de cuatro fases:
-Coloquio clínico
-Instrucciones sobre el proceso
-Inducción, trance y repetición hasta el aprendizaje seguro.
-Explicación de la utilización final.


COLOQUIO:
La parte más breve del proceso, no dura más de cinco minutos y trata sobre una serie de preguntas estándar:
-¿Cuántos años hace que fuma?
-¿Cuántos cigarrillos fuma al día?
-¿Cuánto gasta cada día en tabaco?
-¿Ha intentado dejarlo alguna vez?
-En caso afirmativo, ¿cuándo y qué métodos ha utilizado?
-¿Las personas que viven con usted fuman?
-¿Qué síntomas físicos acusa a causa del tabaco?
-¿Qué acontecimientos le han empujado a pedir ayuda? []
Watzlawick nos ha enseñado que no se puede no comunicar y ya el coloquio inicial significa poner al paciente estratégicamente “en la pista del cambio”. Por ejemplo, si resultase que en su casa su mujer continúa fumando, hay que preguntarle al paciente: “¿No cree que este hecho puede debilitarle e influenciarle con el tiempo? En otras palabras: ¿cree que podrá resistirse a los cigarrillos de su mujer?”. El aire de sutil desafío que surge de la pregunta refuerza normalmente al paciente. []

INSTRUCCIONES PRELIMINARES:
La hipnosis es un método para concentrarse. Es una especie de ligereza del cuerpo y de la muerte. Es como poseer una doble consciencia, estar aquí conmigo y al mismo tiempo dentro de sí mismo. Esto le hará capaz de llegar a ser mucho más receptivo a sus pensamientos.
Contaremos hasta tres. Al contar uno haremos una acción. Al contar dos, dos acciones. Al contar tres, tres acciones.
Al contar uno girará los ojos hacia arriba, como si fuese a mirarse las cejas, con los párpados abiertos. Al contar dos, cerrará los párpados e inspirará profundamente, Al contar tres, espirará, relajará los ojos y dejará que el cuerpo fluctúe. Y cuando note que el cuerpo fluctúa, permitirá a su brazo izquierdo vaciarse de peso y convertirse en un globo ligerísimo. El brazo se doblará por el codo y empezará a levantarse. Cada vez más. Le resultará imposible pararlo de lo ligero que será. Cuando el brazo izquierdo se alce en posición vertical, para usted será la séñal para entrar en un estado de meditación. []
En este estado de meditación, se concentrará en el estado de fluctuación, de ligereza del cuerpo y al mismo tiempo se concentrará sobre los tres puntos críticos (anteriormente citados).[]
Le ruego que note que la estrategia destaca una promesa PARA el cuerpo y no CONTRA el fumar.[]
Le propongo que realice el ejercicio unas diez veces al día durante dos semanas completas. [] El cambio sólo llega si doy prioridad a la promesa de proteger mi cuerpo en presencia de cigarrillos. El error más grande es prohibirse fumar. A la gente libre no nos gustan las prohibiciones. Nos rebelamos enseguida. Sin embargo, si elijo una cosa, como la promesa de hacer de guardián de mi cuerpo, es diferente…[] Lo que puede hacerse es ignorar el deseo. Lo puede hacer del modo siguiente: cuando tenga ganas de fumar, admítalo consigo mismo. Al mismo tiempo reconozca la promesa de respetar el cuerpo. []

Protegeré mi cuerpo…protegeré mi cuerpo…”

Tras haberse repetido los tres puntos críticos, saldrá de la meditación. Contará desde tres hasta uno. Al contar tres se preparará, al contar dos, con los párpados cerrados, girará los ojos hacia las cejas y apretará con fuerza el puño del brazo levantado. Al contar uno, abrirá los párpados, fijará un punto en el techo y poco a poco abrira el puño. Al hacerlo, todas las sensaciones del cuerpo volverán, aunque permanecerá dentro de usted un estado de relajación.
LA INDUCCIÓN:
Se siguen las instrucciones. [] El ejercicio se repite varias veces: primero con la guía del terapeuta. Después el paciente ha de repetirlo por su cuenta hasta que esté seguro de que lo ha aprendido.
EL USO FINAL:
Cada vez que tengas ganas de fumar y la mano vaya hacia el cigarrillo, admítaselo a sí mismo. Evite negárselo. Sin embargo, al mismo tiempo frunza el ceño. Este gesto evocará el ejercicio hecho y la promesa de protegerse el propio cuerpo. Como hemos visto antes, entre dos necesidades unidas, una queda ignorada.”

(De “Cómo dejar de fumar. Estrategias para liberarse en tiempo breve de las dependencias del humo”. Branka Skorjanec. Prefacio de Giorgio Nardone. Rigden)

Imágenes: fotogramas de “Sunset Boulevard”

A %d blogueros les gusta esto: