PRESCRIPCIONES PARA UN DEPRESIVO RADICAL

 

PRIMER TIPO DE DEPRESIÓN:

“Esta definición (la de depresivo radical), decididamente fuerte, ha sido escogida precisamente para indicar la intromisión y la persistencia del sufrimiento ínsito en su naturaleza. Es la forma más fácil de reconocer, quizás la más difícil de tratar; caracterizada por la generalización del pensamiento negativo, [] se distingue por la temporalidad: es decir, todas las personas que la sufren dicen haber estado siempre así. []
Se supone que se ha construido una creencia, con características muy precisas, a la que la persona se adhiere, perpetuando el
doloroso sistema disfuncional. [] <<Total…no lo consigues, no eres capaz, tienes mala suerte, no tienes recursos para…>> o <<Total...no puedo, no soy capaz[.]>> Derrotas sucesivas, no importa si son sólo temidas o reales, construyen la creencia en la propia <<debilidad>>, en la propia desventaja, con comportamientos relacionados y repetidos que acaban siempre por confirmarla y reforzarla. La derrota se convierte en la prueba irrefutable de la propia incapacidad y la justificación de la propia renuncia y, precisamente, no sucede que la derrota sea real: creer que no se puede hacer ya es no poder hacerlo. En este sentido, evitaciones sucesivas y repetidas en el tiempo pueden llevar a la renuncia. Esto nos indica que la persona se construye una creencia, que se convertirá en una profecía que se autodetermina como ingrediente añadido a un fracaso garantizado. [] El comportamiento ralentizado, cansado y desmotivado, que no responde a lo que el paciente sabe que tiene que hacer, pero no lo consigue, confirma y alimenta la creencia de que es él quien está equivocado; el mundo es correcto.[…]

Siguiendo la estratagema de “crear de la nada”, se puede intentar llevar a la persona a que descubra los recursos que cree que nunca ha tenido. Hemos de producir una creencia antagonista a la que mantiene el problema.
La técnica del como si” [] se prescribe al paciente de este modo:

Desde hoy hasta la próxima vez que nos veamos, quisiera que usted dedicara todos los días algunos minutos a pensar qué haría de diferente de lo que ahora hace “como si” el problema no existiera. Entre todas las cosas que piense, quisiera que escogiese la más pequeña pero concreta y la llevase a cabo. Cada día una cosa diferente; tráiganos la lista de todo lo que ha hecho.

 

Es evidente el objetivo de esta prescripción: abrir nuevos escenarios de ideas y actuar enseguida, aún consciente del autoengaño, haciendo algo concreto. Sin embargo, para evitar la paradoja del “sé espontáneo”, en este caso “sé capaz”, se prescribe que se lleve a cabo solo algo mínimo.

Se debe valorar caso por caso la utilización de eventuales técnicas de problem solving (técnicas específicas que rompen la persistencia del problema), especialmente en presencia de rumiadura mental consistente y una lamentación dirigida a terceros. En este caso nos guiamos por estratagemas como “si quieres enderezar alguna cosa aprende a retorcerla aún más” o “apagar el fuego añadiendo leña”. La aplicación más frecuente de estas estratagemas es la del “ritual nocturno” y “la conjura de silencio”.

 

<<Cada día daremos media hora de espacio a sus problemas (prescripción del ritual familiar o nocturno). De aquí a la próxima sesión, todas las noches, antes o después de cenar, tendrá que hacer algo muy importante. Han de estar todos juntos; todos estarán sentados; él de pie. Ponga un despertador para que suene media hora más tarde. Ustedes permanecerán en religioso silencio, escuchando, usted tendrá media hora para hablar de todo lo que quiera, de lo que le hace estar mal, podrá lamentarse cuanto quiera de todo lo que quiera, ellos le escucharán en religioso silencio, sin decir palabra. Cuando suene el despertador, STOP, se deja para la noche siguiente. A lo largo de todo el día han de evitar hablar del problema, si no, mientras más se habla de ello, más nos arriesgamos a hacer como si se regase una planta con fertilizante, la hacemos crecer más; hay que evitar hablar de ello fuera del espacio nocturno>>.

 

La prescripción del púlpito del deprimido o ritual familiar, bloquea el intento de las personas cercanas de pedir al paciente que haga lo que no puede, exponiéndolo aún más a la convicción de incapacidad. Al mismo tiempo, permite a la persona expresar todos los sentimientos de culpa, autorreproche, autoconmiseración, llevándolos al agotamiento en cuanto ejecuta como prescripción lo que se cree involuntario.
Al final de la sesión se le pide al paciente que vuelva a pensar que, como escribía Goethe, “La renuncia es un suicidio cotidiano”.

(De “Las caras de la depresión”. Emanuela Muriana, Laura Pettenò y Tiziana Verbitz. Herder Editorial)




 

SÉ QUE HAY UN MICRÓFONO ESCONDIDO EN LA OFICINA

“La mayoría de los terapeutas cree que una terapia no puede ser productiva hasta que el paciente reconoce que su creencia no tiene ninguna base razonable. Si, al enfrentarse al reto, el paciente persiste con su delirio, el terapeuta suele pensar que dicha persistencia es una señal de la gravedad del caso en lugar de demostrar la inutilidad de su procedimiento.
Como con cualquier otro tipo de problema, nos interesan más los intentos fallidos, aunque persistentes, para cambiar una conducta indeseable. []
En un tratamiento tradicional -en el que se intenta poner en entredicho la creencia del paciente-, básicamente se le dice: <>
Para desviarse de esa solución intentada, la alternativa principal del terapeuta es la de adoptar la postura: <>[]
Puede que cueste mantener esta postura, sobre todo cuando el delirio se expresa de un modo amenazador y cuando el paciente se muestra capaz de emprender una acción drástica para protegerse de la persecución. Conviene tener en cuenta que intentar que el paciente acepte que su creencia es infundada es lo mismo que discutir, y que lo más probable es que una discusión polarice la situación. []

-Este primer ejemplo es de un caso que trató Don Jackson (fundador y guía espiritual del Instituto de Investigación Mental) a principios de los años 60. Nos lo presentó como una manera innovadora de tratar a un paciente diagnosticado como paranoico. []
El paciente era un hombre casado de cuarenta y pocos años que había ocupado un cargo de responsabilidad y al que le habían sugerido que pidiera la baja por enfermedad cuando insistió en decir a sus compañeros de trabajo que una organización gubernamental -la CIA, el FBI u otra por el estilo- lo espiaba y lo seguía, le vigilaba la casa y le había intervenido los teléfonos. Tras mucho insistir, la empresa lo convenció de que pidiera ayuda psiquiátrica y al final lo derivaron a Jackson.
Poco después de dar los habituales datos personales, el paciente dijo con toda naturalidad:
<> En lugar de poner en entredicho su afirmación [] Jackson se irguió y, con una expresión de clara preocupación e irritación, exclamó: <> Acto seguido, se puso a buscar en los cajones del escritorio, a palpar debajo de la mesa y a examinar el teléfono. El paciente, que seguía sentado, se sorprendió al ver la reacción de Jackson y la intensidad de su búsqueda..
Jackson se volvió hacia él y le dijo: <> Jackson se lo repitió al ver que el paciente vacilaba, hasta que al final el hombre se levantó y, titubeante, hizo esfuerzos por buscar debajo de las sillas, sin dejar de mirar a Jackson para ver qué hacía. De vez en cuando, Jackson le preguntaba: <> y cuando el otro le contestaba que no, le decía: <> Al cabo de un rato, el paciente se sentó, pero Jackson le insistió en que siguiera buscando el micrófono.
Al final, el paciente dijo en tono cansado: <> Al oirlo, Jackson paró de buscar, se sentó y preguntó: <> Tanto esa sesión como las posteriores transcurrieron de la misma manera, sin que el hombre volviera a mencionar al FBI ni los teléfonos intervenidos. […]
El lector habrá advertido en estos ejemplos que aceptar el delirio en lugar de ponerlo en entredicho conlleva cierta picardía. Se puede evitar la triste lucha para conseguir que el paciente reconozca que sus ideas no son reales y que se basan en algún tipo de psicopatología y, en cambio, se pueden buscar las contradicciones internas en el propio delirio. De hecho, a menudo el paciente que supuestamente tiene delirios no actúa de un modo coherente con el delirio en cuestión. []
A veces cuestionar una idea puede dar lugar a que el individuo se retracte de ella, pero en el caso de alguien con delirios paranoicos, cuestionarla hace que la persona se mantenga en su posición con mayor firmeza. Esa conducta nos plantea la pregunta: ¿es la persistencia de una idea extraña una manifestación de una paranoia fija o una respuesta a los continuos desafíos a esa idea?
Nosotros tendemos a actuar de acuerdo con esta última explicación.”
(De “Cambiando lo incambiable. La terapia breve en casos intimidantes”.Richard Fisch y Karin Schlanger. Herder Editorial)

LA TÉCNICA DEL “COMO SI” O EL ARTE DE “CREAR DE LA NADA”

“<<Todo lo que es creído existe..>> Este aforismo indica el principio básico de la estratagema <<crear de la nada>>, o sea, algo que no existe puede producir efectos concretos si es considerado existente. Creer en algo -toda la historia del hombre nos lo enseña-induce a elegir y a actuar. El hombre no ama la incertidumbre y, por tanto, se aferra a las creencias y las vuelve verdaderas para crearse una base sólida en la que apoyarse. Nuestra estratagema se aprovecha de esa necesidad humana: se basa en el principio de hacer creer al adversario una realidad inventada que lo induce a reaccionar como desearíamos. Para obtener este resultado, nuestra mentira debe parecer más significativa que la verdad. Por lo demás, para decirlo en palabras de Oscar Wilde: <<La verdad no es más que la última mentira considerada verdadera>>.[]
Nos guste o no, continuamente somos artífices y víctimas de nuestros autoengaños. Aprender a utilizar estratégicamente esta tendencia nuestra significa transformarse en amos de ella en vez de en siervos inconscientes. Saber utilizar esta estratagema en relación a los demás significa decidir si usarla o no y, por tanto, convertirse en efectivamente responsables, en lo bueno y en lo malo, de lo que nos ocurre.
Una vez más, vale la regla del arte de la guerra: saber combatir nos vuelve libres. No combatir es una elección nuestra y no una renuncia dictada por el miedo. Los romanos afirmaban: <<Si quieres la paz prepárate para la guerra>>. Es sólo la conciencia de nuestros recursos lo que nos tranquiliza, nos hace capaces de vivir con serenidad.
Volviendo a nuestra estratagema, el ejemplo magistral está representado por la segunda y menos conocida parte de la ya citada <> de Pascal. Él propone a los cristianos con crisis de fe que vayan de todos modos a la iglesia, que honren los sacramentos, que se comporten <<como si>> creyeran: la fe no tardará en llegar. []
Este procedimiento, si se repite, hace -como el lógico noruego Jon Elster ha demostrado en sus investigaciones- olvidar la decisión inicial y convertir la fe en algo natural.
Comportarse <<como si>> una cosa fuera verdadera, aunque no esté demostrado que lo sea, después de un tiempo nos induce a considerarlo como tal. []

El experimento científico que más evidencia esta estratagema está representado por el muy conocido trabajo de Zimbardo en la universidad de Stanford en los años 70: [] organizó una falsa cárcel con falsos guardias y falsos prisioneros, que eran estudiantes ofrecidos como voluntarios para el experimento. Los guardias debían hacer respetar las reglas, los encarcelados interpretaban su papel, incluidos algunos comportamientos de rebelión a las reglas. El experimento fue interrumpido tras pocas semanas, porque guardias y encarcelados habían llegado a una real e incontrolable escalada de violencia y sevicias, olvidándose de que se trataba de una ficción con fines investigativos. []

Invito al lector a analizar esta secuencia: entro en un local convencido de que las personas que están en su interior me consideran una persona desagradable, o incluso que la tienen tomada conmigo. [] Los que están en el local ven entrar a alguien que los mira con recelo, tiene una actitud defensiva que suena como un rechazo o incluso como una ofensa. Reaccionan poniéndose rígidos y mirándolo a su vez con recelo. El resultado final será que he tenido la confirmación de que soy desagradable y rechazado.

En realidad, ha sido una construcción mía, efecto de una convicción que yo mismo, con mis acciones, he vuelto <>. La contraprueba de esto es la secuencia contraria: entro en el mismo local [] convencido de que soy simpático, [] de que soy muy querido. Mi postura será suelta y relajada y mi mirada será abierta y en busca de contacto. [] Esto les hará sentirse honrados y gratificados y, por tanto, reaccionarán de manera especular, devolviéndome señales amistosas. []
Ninguna magia, sólo el efecto de una secuencia interactiva creada de la nada. []
La habilidad de “crear de la nada” no es sólo uno de los vehículos fundamentales del poder personal e interpersonal, sino una competencia básica que nos permite pasar de la posición de quien construye lo que sufre a la de quien construye lo que gestiona. ”

(De “El arte de la estratagema (o cómo resolver problemas difíciles con soluciones simples)”. Giorgio Nardone. RBA Integral)