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CÓMO INTERRUMPIR LAS SOLUCIONES INTENTADAS DE LOS PADRES

padre e hijo

En los casos nada raros en los que los padres, dándose cuenta de que empeoran la situación, no consiguen salir de sus círculos viciosos, es necesario intervenir con prescripciones más directas (a la del cómo empeorar, se refiere).

Frecuentemente sucede que los padres deban solucionar sus propias dificultades personales (miedo, ansiedad, catastrofismo en relación al hijo) o guiones de interacción familiar ya rígidamente estructurados en el tiempo (por ejemplo hiperprotectivo, democrático-permisivo, autoritario, delegante, intermitente, sacrificante) que no consiguen modificar (Nardone, Giannotti, Rocchi, 2001).

En todos estos casos se hace necesario un trabajo ad personam con los padres, como en el caso de una terapia individual o familiar normal. La observación  clínica nos lleva a afirmar que cuando un padre se dirige a nosotros lamentando un problema relativo al escaso rendimiento escolar de los propios hijos, si consigue superar eficazmente las dificultades propias individuales (la mayor parte de las veces  de naturaleza fóbico-ansiosas), en el 90% de los casos se traduce también en un mágico mejoramiento de la actuación escolar del hijo. []

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Padre hiperprotector

Por ejemplo, una indicación típicamente usada para los trastornos de ansiedad, es la del diario de las preocupaciones (consistente en una anotación instantánea de las preocupaciones para aplazar eventuales correctivos conductuales) tiene el efecto de canalizar la atención del padre sobre una tarea que interrumpe sus usuales reacciones de ayuda. O bien la prescripción (dada al padre) de la peor fantasía sobre los resultados catastróficos de las dificultades escolares del hijo, que permite redimensionar la ansiedad de los padres, también en este caso empujándolo  por absurdo a evitar intervenir.

Análogamente, se asiste a mejorías milagrosas también cuando se consigue modificar (o suavizar) un modelo familiar disfuncional adoptado con constancia en la relación con el niño. []

La idea es la de introducir principios complementarios respecto al modelo dominante. Por ejemplo, en un sistema familiar hiperprotector el objetivo será el de hacer desarrollar la confianza de los padres en su hijos (por ejemplo, fiarse de su innata capacidad de aprendizaje). En un sistema excesivamente democrático-permisivo, será importante desarrollar la jerarquía (por ejemplo, establecer reglas concretas sobre los horarios dedicados a las tareas). En un sistema autoritario, improntado del sentido del deber, será fundamental introducir márgenes y grados de libertad en los hijos (por ejemplo, permitir pausas o momentos de distracción). Un sistema delegante requerirá que la madre y/o el papá asuman directamente la responsabilidad de ocuparse de los niños (por ejemplo, informándose de las tareas puestas por sus profesores). En un sistema intermitente, será deseable que los padres se pongan de acuerdo entre ellos (o con sigo mismos) sobre el modelo educativo más útil para el aprendizaje (por ejemplo, si permitir al niño empezar a estudiar a su capricho o a horas fijas). En un modelo sacrificante, finalmente, será necesario introducir introducir un poco de placer junto al esfuerzo, a las culpas y a los dolores del estudio (por ejemplo,…sonreir a los hijos!).

En conclusión, queremos exponer una indicación terapéutica adoptada transversalmente (prescindiendo del modelo de familia y de la tipología de ayuda paternal) para limitar e interrumpir el intervencionismo de los padres: la prescripción de observar sin intervenir.

Los famosos antropólogos Margaret Mead y Gregory Bateson

Los famosos antropólogos Margaret Mead y Gregory Bateson

Consiste en pedir a los padres que diariamente realicen una verdadera y propia observación antropológica-descriptiva de la evolución de la dificultad del hijo. El padre deberá hacerse con un cuaderno de observación en el que anotar en una columna todos los progresos y en la otra las dificultades aún no superadas. Al lector experto en antropología saltará a la  vista que se trata de una observación de antropólogo no participante. De hecho, la lógica de la indicación es la de dar a los padres una tarea que desvíe su atención sobre la observación activa, bloqueando la tendencia a intervenir.

“Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”. HEMINGWAY

En suma, en la consulta, una ayuda modesta es preferible a una ayuda molesta.

También transversal es la prescripción dada a los padres de la conjura de silencio. [] La prohibición de los padres de hablar de la problemática del hijo (sobre todo en su presencia) evita la creación del “caso”, o lo deshincha si ya se había hinchado. Hay un modo universal para evitar la creación del caso: la braquilogía, el hablar breve. Breve(mente) se dicen muchas más verdades.

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

TRATAMIENTO DEL VOMITING (I)

PRIMER ESTADIO:

“La captura del paciente es el objetivo fundamental de este estadio pues muy a menudo la paciente vomitadora, al igual que la anoréxica, no es colaboradora o hasta puede llegar a adoptar una postura de categórico rechazo de la terapia. Para esto, el terapeuta, desde la primera sesión, tiene que comenzar por recalcar el lenguaje y la visión de la realidad de la joven, anticiparle lo que siente y proponerle la metáfora del comer y vomitar como “amante secreto“:

Para ti el atracón es el mayor placer, ¿no es cierto?Por lo tanto es una cosa a la que es difícil renunciar porque es el placer más intenso, es como un amante secreto. Cada vez que comes y vomitas es como si encontraras un amante secreto, muy discreto, siempre disponible…

Y con este tono se prosigue durante toda la sesión. En la mayoría de los casos, en el momento en que el terapeuta logra sintonizarse con su lenguaje, las mismas pacientes vomitadoras describen claramente y sin ningún pudor cómo su ritual es efectivamente lo más agradable que existe, y refieren que en ocasiones se sienten como si fueran poseídas por un “demonio agradable”. Pero si la joven es una transgresora inconsciente, es decir, no acepta en absoluto la idea del ritual como amante secreto, esto permitirá al terapeuta aprovechar precisamente de ese aspecto como resorte para el cambio en el estadio sucesivo.[]
Al final de la sesión, después de haber investigado sobre la estructura del problema e individualizado las soluciones ensayadas disfuncionales que la agravan, el terapeuta indica las primeras prescripciones, idénticas para las tres tipologías:

1) prescripción de la fantasía del milagro;

2)prescripción de la conjura del silencio a la familia

Quiero que ustedes comprendan que lo que su hija está haciendo es un jueguecito de puro placer. Cuanto más intenten limitarlo, más lo provocarán, por lo tanto. De manera que, a partir de ahora, frente al problema de su hija hay que hacer una conjura de silencio, no se habla más del asunto. Tienen que ser capaces de evitar hablar de él, y pensar que cada vez que lo hacen están agravando el trastorno. Cada vez que hablen e intervengan, están aumentando el problema. Cada vez que intentan persuadirla para que no lo haga o intentan ayudarla o hablan, alimentan el trastorno.

3) prescripción de la lista de las comidas a la madre.

SEGUNDO ESTADIO:
En este estadio, la intervención se diversifica ampliamente según las distintas tipologías de pacientes vomitadoras.

1)Transgresoras inconscientes.

Con esta categoría de pacientes vomitadoras, más bien inhibidas y en general moralistas, se emplea una intervención provocativa similar a la elaborada para algunas pacientes bulímicas, con el objetivo de que esa misma moral se rebele contra la sintomatología. A menudo basta simplemente con hacerles ver a estas jóvenes que lo que están haciendo constituye una verdadera perversión sexual para interrumpir de inmediato el comer y vomitar, dado que esto entra en crisis con sus valores. Para esto y empezando por la pregunta sobre la utilidad positiva del problema (¿Cuál es para ti la utilidad positiva de este problema? ¿De qué te protege? ¿Qué te da?) se las ayuda a reconsiderar progresivamente su trastorno hasta que ellas mismas llegan a reconocer en la secuencia del comer y vomitar la analogía con una relación sexual:

Cuando sientes la compulsión, la necesidad irrefrenable de comer y vomitar, ¿qué sientes exactamente? ¿Tienes la fantasía, las imágenes de la comida? ¿Sientes realmente el deseo casi físico, que te empuja a comer? Y luego comes y comes hasta que te llenas y al final tienes que vomitar. Y cuando has vomitado estás bien, te sientes liberada, relajada. Oye. pero esta secuencia ¿qué te recuerda? ¿Cuál es la otra actividad vital de los seres humanos y los animales que comienza con un activarse, una suerte de impulso irrefrenable, seguido por una fase de consumación y luego por la fase de descarga y relajamiento?

Una vez que el terapeuta ha conseguido que la joven reconsidere la analogía entre las dos secuencias, le propone la fantasía de la sexualidad incontenible:

Ahora quiero que evite esforzarse por no comer, total, lo hará igualmente, pero cada vez que lo haga piense que es como si usted se despertara por la mañana presa de un deseo sexual incontenible, saliera a la calle y el primer hombre que encontrara, guapo o feo, da igual, a usted solo le interesa el sexo, lo agarra y lo empuja dentro de un zaguán y ahí mismo consuma la relación sexual más perversa, más transgresora, aunque también la más placentera, hasta obtener el mayor placer…Luego, apenas ha terminado, sale de ahí y se siente culpable, sucia y durante todo el día se siente mal. Pero por la mañana se despierta y tiene la misma compulsión incontenible []…y luego se siente culpable

El efecto de esta reestructuración es generalmente devastador. La idea de poder hacer algo así bloquea por completo la compulsión de darse un atracón y bloquea inmediatamente la compulsión sintomática, puesto que la simple idea de poder hacer algo tan perverso convierte a la secuencia, agradable hasta ese momento, en desagradable y vergonzosa (siguiendo la huella de la antigua estratagema china “azotar la hierba para espantar a las serpientes”).

(De “Las prisiones de la comida”. Giorgio Nardone, Tiziana Verbitz y Roberta Milanese. Herder)

PRESCRIPCIONES PARA UN DEPRESIVO RADICAL

 

PRIMER TIPO DE DEPRESIÓN:

“Esta definición (la de depresivo radical), decididamente fuerte, ha sido escogida precisamente para indicar la intromisión y la persistencia del sufrimiento ínsito en su naturaleza. Es la forma más fácil de reconocer, quizás la más difícil de tratar; caracterizada por la generalización del pensamiento negativo, [] se distingue por la temporalidad: es decir, todas las personas que la sufren dicen haber estado siempre así. []
Se supone que se ha construido una creencia, con características muy precisas, a la que la persona se adhiere, perpetuando el doloroso sistema disfuncional. [] <<Total…no lo consigues, no eres capaz, tienes mala
suerte, no tienes recursos para…>> o <<Total…no puedo, no soy capaz[.]>> Derrotas sucesivas, no importa si son sólo temidas o reales, construyen la creencia en la propia <<debilidad>>, en la propia desventaja, con comportamientos relacionados y repetidos que acaban siempre por confirmarla y reforzarla. La derrota se convierte en la prueba irrefutable de la propia incapacidad y la justificación de la propia renuncia y, precisamente, no sucede que la derrota sea real: creer que no se puede hacer ya es no poder hacerlo. En este sentido, evitaciones sucesivas y repetidas en el tiempo pueden llevar a la renuncia. Esto nos indica que la persona se construye una creencia, que se convertirá en una profecía que se autodetermina como ingrediente añadido a un fracaso garantizado. [] El comportamiento ralentizado, cansado y desmotivado, que no responde a lo que el paciente sabe que tiene que hacer, pero no lo consigue, confirma y alimenta la creencia de que es él quien está equivocado; el mundo es correcto.[…]

Siguiendo la estratagema de “crear de la nada”, se puede intentar llevar a la persona a que descubra los recursos que cree que nunca ha tenido. Hemos de producir una creencia antagonista a la que mantiene el problema.
La técnica del como si” [] se prescribe al paciente de este modo:

Desde hoy hasta la próxima vez que nos veamos, quisiera que usted dedicara todos los días algunos minutos a pensar qué haría de diferente de lo que ahora hace “como si” el problema no existiera. Entre todas las cosas que piense, quisiera que escogiese la más pequeña pero concreta y la llevase a cabo. Cada día una cosa diferente; tráiganos la lista de todo lo que ha hecho.

 

Es evidente el objetivo de esta prescripción: abrir nuevos escenarios de ideas y actuar enseguida, aún consciente del autoengaño, haciendo algo concreto. Sin embargo, para evitar la paradoja del “sé espontáneo”, en este caso “sé capaz”, se prescribe que se lleve a cabo solo algo mínimo.

Se debe valorar caso por caso la utilización de eventuales técnicas de problem solving (técnicas específicas que rompen la persistencia del problema), especialmente en presencia de rumiadura mental consistente y una lamentación dirigida a terceros. En este caso nos guiamos por estratagemas como “si quieres enderezar alguna cosa aprende a retorcerla aún más” o “apagar el fuego añadiendo leña”. La aplicación más frecuente de estas estratagemas es la del “ritual nocturno” y “la conjura de silencio”.

 

<<Cada día daremos media hora de espacio a sus problemas (prescripción del ritual familiar o nocturno). De aquí a la próxima sesión, todas las noches, antes o después de cenar, tendrá que hacer algo muy importante. Han de estar todos juntos; todos estarán sentados; él de pie. Ponga un despertador para que suene media hora más tarde. Ustedes permanecerán en religioso silencio, escuchando, usted tendrá media hora para hablar de todo lo que quiera, de lo que le hace estar mal, podrá lamentarse cuanto quiera de todo lo que quiera, ellos le escucharán en religioso silencio, sin decir palabra. Cuando suene el despertador, STOP, se deja para la noche siguiente. A lo largo de todo el día han de evitar hablar del problema, si no, mientras más se habla de ello, más nos arriesgamos a hacer como si se regase una planta con fertilizante, la hacemos crecer más; hay que evitar hablar de ello fuera del espacio nocturno>>.

 

La prescripción del púlpito del deprimido o ritual familiar, bloquea el intento de las personas cercanas de pedir al paciente que haga lo que no puede, exponiéndolo aún más a la convicción de incapacidad. Al mismo tiempo, permite a la persona expresar todos los sentimientos de culpa, autorreproche, autoconmiseración, llevándolos al agotamiento en cuanto ejecuta como prescripción lo que se cree involuntario.
Al final de la sesión se le pide al paciente que vuelva a pensar que, como escribía Goethe, “La renuncia es un suicidio cotidiano”.

(De “Las caras de la depresión”. Emanuela Muriana, Laura Pettenò y Tiziana Verbitz. Herder Editorial)




 

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