CHAT-MANÍA: LA DEPENDENCIA DE LAS RELACIONES VIRTUALES

 

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Acudió a nosotros una mujer joven con un bebé plácidamente dormido en su cochecito, ignorante por suerte del drama familiar que se estaba consumando entre sus padres. En efecto, la joven madre expuso una situación muy difícil. Desde hacia algunos meses su marido se pasaba noches enteras y buena parte del día chateando dentro de grupos sobre las insatisfacciones de pareja. Los participantes intercambiaban opiniones y consejos acerca de cómo gestionar o superar la insatisfacción de sus relaciones. La mujer, que había entrado en sus archivos sin que el marido lo supiera, explicaba que las conversaciones virtuales habían pasado del intercambio de opiniones a las fantasías romántico-eróticas con proposiciones de posibles encuentros.

Por si esto no bastara, el joven había declarado que no se sentía maduro para ser padre y rechazaba completamente su papel, evitando cualquier tipo de contacto con su hijo recién nacido. Finalmente, a causa de esta implicación virtual, el hombre había empezado a tener problemas en su trabajo y se arriesgaba al despido por su falta de eficiencia.

ciberdelincuencia-seguridad-hackerLa situación era realmente dramática y la mujer se sentía casi culpable porque había sido ella la que había regalado el ordenador al marido y lo había enseñado a navegar.

Preguntamos a la joven madre qué había intentado hacer para resolver la situación. [] Ella le había propuesto ir a un psicoterapeuta pero el marido lo había rechazado bruscamente, diciendo que no era un enfermo que necesitara una cura, sino tan solo un hombre que estaba descubriendo cosas nuevas. Después del intento fracasado la mujer trató de reconducirlo hacia sus responsabilidades de padre y marido, con extenuantes sermones y escenas de lloros y celos. Entretanto, controlaba a escondidas el chat del marido, apuntando cuánta intimidad había con sus compañeros y sobre todo compañeras. Estas reacciones no habían hecho más que aumentar la separación entre los dos. []

La primera indicación terapéutica a la mujer fue la que usualmente se da a la parte rechazada de una pareja en crisis. Le prescribimos que intentara comprender las exigencias del marido y que evitara el error de intentar volver a llevar las cosas a como estaban antes de que Internet irrumpiera en su vida. Después de aconsejarle que diera las excusas pertinentes a su marido por la falta de respeto a su nueva necesidad de vida, le pedimos que declarara la intención de retirarse dignamente dejándole espacio para realizar sus deseos actuales. [] Es más, le sugerimos que desapareciera deliberadamente de su casa sin previo aviso, cada día a una hora distinta, dejándole solo una nota informativa, muy general, enganchada en la puerta.

Después de dos semanas la joven nos explicó que su marido, evidentemente algo celoso, se había mostrado irritado respecto a su comportamiento. Dijo también que su marido continuaba chateando impertérrito pero que había pedido consejo durante el chat (que la mujer espiaba) sobre cómo gestionar a su mujer, que tenía extraños comportamientos que podían hacer sospechar la presencia de otra persona. Los consejos recibidos no fueron demasiado tranquilizantes lo que incrementó la perplejidad y las dudas del hombre.

Invitamos a la mujer a continuar en la dirección tomada, evitando absolutamente cualquier referencia, en los diálogos con su marido,  a sus chateos o a sus problemas familiares.1405331653_604963_1405332815_noticia_normal

A la entrevista siguiente acudieron madre, hijo y padre. El hombre solicitó entrar primero y dijo estar muy preocupado por su mujer. [] Manifestó la preocupación de que su mujer estuviese viviendo otra relación alternativa a la pareja.

El hombre declaró que posiblemente tenía la culpa, pero que no se merecía una traición. []

Le preguntamos qué podría hacer voluntaria y deliberadamente para empeorar la situación. [] La mejor manera de enderezar algo es aprender primero todos los modos para torcerla aún más. Entonces dijo que para empeorar la situación sería suficiente continuar chateando horas y horas, alimentando la intimidad con otras personas en vez de con su mujer y continuar rechazando el contacto con su hijo. []

Las indicaciones fueron las siguientes:

Chatear tres veces al día durante una hora; por la mañana antes de ir a trabajar, en el descanso para la comida y por la noche. Pero todo esto, además de hacerse obligatoriamente durante una hora, tenía que hacerlo no él solo, sino con su mujer; y ésta tenía que tener libertad de chatear como el marido. []

Hablando con la mujer, acordamos que continuara desapareciendo de vez en cuando dejando las notas en la puerta, pero reduciendo la frecuencia. Además, tenía que participar activamente en la perversión del marido divirtiéndose en enviar algún mensaje picante a otros componentes masculinos del chat. Le explicamos que de aquel modo haríamos presión sobre los celos de su marido para transformar la perversión agradable en algo peligroso para la seguridad de la pareja.

man-skull-font-b-hair-b-font-digital-art-fantasy-dark-horror-art-skull-4-sizesDos semanas después la pareja volvió en condiciones completamente diferentes: el marido declaró el malestar que había tenido al realizar aquella prescripción aparentemente tan sencilla. Dijo que para él había sido insoportable ver a su mujer participar en el chat, tanto que en los últimos tres días había rehusado seguir la prescripción porque se había vuelto demasiado desagradable.

Sin dar ninguna explicación destacamos la importancia de la prescripción justamente en dirección a la transformación de su percepción de aquello que antes era tan arrebatador para él. En esta línea mantuvimos la prescripción pero reducida a dos únicos chats de una hora al día.

En la entrevista siguiente el marido declaró que este juego era una tortura [] y que había pedido a su mujer reducir el char diario a solo una hora; la mujer obviamente había aceptado de buen grado

Les dimos a los dos un tirón de orejas por no haber respetado nuestras prescripciones. Les indicamos que en las próximas dos semanas tenían que pasar a un solo chat diario, como ya hacían.

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El tratamiento estaba dando sus efectos, paralelamente a reducir la compulsión a chatear la pareja había recuperado su intimidad sexual y el hombre había gradualmente a desarrollar las funciones paternas, tanto que, durante la última entrevista, cuando el bebé empezó a llorar en su cochecito el padre lo cogió y lo acarició para calmarlo.

Dos semanas después la pareja expresaba en el cruce de sus miradas, en la similitud de sus sonrisas, una complicidad nunca anteriormente observada. []

La mujer en la última entrevista dijo que quizás, como dice el proverbio, “no hay mal que por bien no venga“: aquella desgraciada contrariedad había servido para hacerlos mejores.

 

(Extraído de aquí)
(Extraído de aquí)
Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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UNA COMPULSIÓN EXTRAVAGANTE: LA BLASFEMIA MÁS OFENSIVA

 

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Un colega psiquiatra-psicoterapeuta me llama para fijar una cita urgente. Se siente aplastado por el peso de una compulsión irrefrenable que ha anulado totalmente su vida.

Cuando nos vemos me cuenta que desde hace dos años se le ha ido consolidando una fijación: cuál puede ser la mayor blasfemia, la más ofensiva, la más radical, la más extrema…Además de ser psiquiatra es una persona extremadamente religiosa y dirige un grupo de catecúmenos, o sea, es un modelo de creyente.

Precisamente su religiosidad y sus estudios en este terreno han propiciado la aparición de ese dilema tan mortificador. El colega me explica que al principio su curiosidad lo había llevado a preguntarse cuál podía ser la peor blasfemia con objeto de prevenirla. Pero esta investigación filológica y lingüística rápidamente se transformó en una obsesión, en virtud de la cual se le ocurren las blasfemias más extravagantes y vulgares. Cuenta que asaltan constantemente sus pensamientos voces de blasfemadores que compiten por la primacía. Como experto en problemas mentales y consciente de lo que está sucediendo, ha buscado una solución para detener el flujo imparable de la compulsión mental, pidiendo ayuda a un prestigioso colega, también fervoroso católico, y a un padre benedictino conocido por su sabiduría. Ambos están de acuerdo en que, para liberar la mente del fiel de la intrusión de la compulsión blasfema, además de la oración, los sacramentos y una terapia farmacológica, es necesario acabar con las dudas decretando con toda certeza cual es la peor blasfemia. Tras unos días de atenta reflexión, el padre benedictino convoca al psiquiatra y le comunica que tras haber realizado profundas investigaciones ha llegado a la formulación del enunciado más sacrílego y ofensivo para la religión católica, pero que por motivos obvios no puede pronunciarlo. Sin embargo, recorre junto con el médico los pasajes lógicos y de fe con los que ha llegado a esa conclusión. Este descubrimiento tiene un efecto fulgurante: de repente, la lucha entre las voces de los blasfemadores y el intento de contrarrestarlas con la oración desaparecen de su pensamiento, pero en su lugar se instala el enunciado de la “peor blasfemia” y el terror de pronunciarla.images

En nuestra entrevista la situación es tan grotesca como complicada. No obstante, la experiencia con muchos otros casos igualmente dolorosos y complicados me sugieren que intente aplicar un contrarritual terapéutico que tenga en cuenta la lógica y la estructura del trastorno y se ajusta a estas, pero reorientándolas hacia su autodestrucción. Partiendo de esta base metodológica, declaro que para liberarse de ese tormento, como sabe también el médico por su condición de experto psicoterapeuta, es necesario “externalizarlo”: debe arrojar fuera de su mente la “peor blasfemia” pronunciándola o escribiéndola. Pero para él es imposible, porque supondría realizar un acto blasfemo. El paciente confirma que efectivamente esta es la situación y que por esto se siente atormentado, sin encontrar salida alguna.

Entonces, y tras haber constatado la exigencia de exteriorizar el enunciado mental compulsivo y al mismo tiempo su imposibilidad de hacerlo, le propongo una manera peculiar de exteriorizar la “peor blasfemia” sin pronunciarla, esto es:

neneZurdo_01“Querido colega, existe un modo de sacar de tu mente ese enunciado terrible sin que te resulte blasfemo. Coge esta pluma y este papel y escribe la formulación lingüística al revés, o sea, empezando por la última letra. De este modo la escribirás sin pronunciarla directamente”. El colega me mira entre atónito y consternado, luego coge la pluma y con ciertas dudas empieza a escribir letra a letra el enunciado. Una vez acabado le ordeno:

“Ahora léela tal como la has escrito…puedes hacerlo, porque ya no tiene el sentido de antes”. Obedece y lee el enunciado al revés, una frase sin sentido. Luego declara: “Es extraño, me siento como liberado…” Le respondo: “Claro, la has escrito sin escribirla, la has pronunciado sin pronunciarla, pero la has sacado de tu mente…Desde ahora hasta nuestro próximo encuentro tienes que llevar siempre en el bolsillo este papel y leerlo al menos cinco veces al día, cada tres horas aproximadamente lees esta frase. Si en algún momento piensas en la “peor blasfemia”, lee cinco veces la frase”.

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Diez días más tarde vuelvo a ver al colega que, sonriente y estupefacto, declara que ha eliminado totalmente la compulsión mental gracias a la fórmula mágica. Y además también me explica por qué este extraño contrarritual ha funcionado. Hace unos días ha estado estudiando algunos de mis libros y ha entendido de qué modo hemos opuesto a la ritualidad compulsiva una ritualidad terapéutica, tras el rito de paso de exteriorizar al revés lo que no habría podido hacer de una manera directa. Por último, él creía que era un caso único e irrepetible y en cambio en mis libros ha encontrado ejemplos muy parecidos con los que he utilizado la misma estratagema terapéutica.

(Extraído de aquí)
(Extraído de aquí)

 

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta oficial del Centro di Terapia Breve Strategica dirigido por Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

COMPULSIONES PLACENTERAS: SI QUIERES HACERLO, HAZLO MEJOR

 

Una mujer distinguida (Klimt)
Una mujer distinguida (Klimt)

Una mujer distinguida, muy elegante y decididamente perfumada entró en mi consulta con paso leve, como una bailarina, se sentó mientras se quitaba el precioso sombrero y los largos guantes como una perfecta diva; después, mirándome con dulzura expuso su problema.

Doctor, estoy aquí porque me han hablado bien de usted…

A lo que inmediatamente repliqué:

No se si estaré en condiciones de ayudarla, tendré que ganarme su estima, no me la conceda antes...

También me han dicho que era encantador…-insistió a señora.

Como cualquier lector con un poco de experiencia podrá intuir, esta paciente era muy seductora y, por tanto, solo en apariencia colaboradora.

klimt_judith_400Expuso su problema afirmando que era algo muy embarazoso para ella, puesto que contrastaba con su estilo personal. En efecto, el trastorno era una clásica forma de irrefrenable compulsión de procurarse pequeñas torturas: la paciente se comía, hasta hacerse sangre, la cutícula de los dedos; además, se rascaba los talones con las uñas hasta despellejarlos; también, de vez en cuando se pinchaba con agujas la palma de la mano causándose dolorosas heridas. Obviamente todo esto estaba en claro contraste con la fina y elegante imagen que ofrecía. Por tanto, este trastorno, además de ser incontrolable y fastidioso, aunque agradable en su ejecución, le creaba muchos problemas en las relaciones interpersonales, dado que al avergonzarse de ello tendía a evitarlas. []

Le dije a la mujer que podía ayudarla, pero que tenía algunas dudas respecto del hecho de que probablemente mis indicaciones le parecerían decididamente ilógicas o incluso ridículas. Por consiguiente, me declaré bastante escéptico en cuanto a mi capacidad para ayudarla.klimt_emilie_floge

Este tipo de comunicación, como comprenderá el lector, era una útil maniobra retórica para transformar su disposición hacia mi en real colaboración. En efecto, la paciente respondió diciendo que, considerada la estupidez de sus problemas, ninguna propuesta terapéutica podía ser estúpida. Después continué:

Bueno, considerando eso, quiero que siga al pie de la letra mis instrucciones hasta cuando volvamos a vernos, dentro de dos semanas.

Ante todo quítese de la cabeza la idea de conseguir no torturarse, porque esto me parece que no se puede plantear; es más, lo que quiero es que usted aprenda a hacerlo mejor…puesto que solo si aprende a hacerlo bien conseguiremos luego cambiar las cosas…por tanto, quiero que cada vez que comience a comerse la cutícula de los dedos lo haga con método y de manera rigurosa, o sea, que comience por el meñique y pase por todos sus dedos; aunque usted tuviera la intención de comerse una sola cutícula, deberá empezar por el meñique, pasar al anular, luego al medio, al índice y por fin al pulgar. Luego pasará a la otra mano, empezando siempre por la cutícula de la uña del meñique.

Pero ¡así me machacaré de verdad!-me advirtió ella.

La mujer escucho horrorizada la prescripción
La mujer escuchó horrorizada la prescripción

Eso no es todo, aún falta lo mejor…-advertí, continuando con la prescripción-. Eso por lo que se refiere a la cutícula de las manos. Por lo que se refiere a sus talones, cada vez que empiece a despellejarlos deberá también en este caso usar un método preciso. O sea, deberá comenzar por la derecha, yendo hacia la izquierda y luego volviendo a la derecha y luego hacia la izquierda, en toda la planta de su pie, haciendo lo mismo con ambos pies.

Pero, perdone, doctor, así me despellejaré todo el pie , no solo el talón-dijo ella.

Precisamente, quiero que lo haga meticulosamente y de manera completa -insistí de nuevo-. En fin, en cuanto a su juego con las agujas, quiero que haga lo siguiente. Cómprese una caja de agujas y téngala siempre consigo; todos los días a la misma hora, elija la que le resulte más cómoda, coja una aguja de la caja por vez y pínchese la palma de la mano; decida usted cuánto debe presionar, si hacer o no hacer que le salga sangre; lo importante es que presione una vez con cada una de las agujas.

Después de haberme mirado horrorizada durante toda la prescripción, la distinguida señora afirmó que todo eso le parecía muy extravagante, pero que de todos modos intentaría realizarlo al pie de la letra.

Dos semanas después la paciente contó que se había quedado sorprendida por el efecto de las tareas, puesto que había aplicado al pie de la letra las tres prescripciones y aquello no le había agradado en absoluto. No porque la tortura fuese mayor que las anteriores, sino sencillamente porque al tener que realizarlas de la manera prescrita ya no eran tan placenteras e

Helene y Gustav Klimt
Helene y Gustav Klimt

irrefrenables, sino que se habían convertido en algo desagradable y por consiguiente rechazable. Ante esta afirmación pedí explicaciones, fingiéndome sorprendido del “mágico

efecto” de mis indicaciones. Ella expuso con más detalle el hecho de que ahora su primer deseo irresistible había cambiado, era como si se hubiera roto un hechizo, y desde la primera ejecución prescrita, en los días siguientes solo con imaginar que debía comerse las cutículas, dedo por dedo, o el despellejamiento metódico del pie de derecha a izquierda, o tener que pincharse la palma con una decena de agujas, la inmediata reacción era el rechazo total. En otros términos, la irresistible compulsión por la tortura se había transformado en una desagradable tortura prescrita y por tanto rechazable.

Klimt portando su gato
Klimt portando su gato

 

En efecto, la manera más eficaz de romper una compulsión irrefrenable es ritualizarla mediante un preciso contrarritual terapéutico. Una vez más hacer subir al enemigo al desván y luego quitar la escalera y lanzar el ladrillo para recibir el jade. []

La distinguida señora volvió a verme después de algunos meses y como corresponde a tan noble estirpe, venía seguida por dos personas, sus servidores, que me entregaron un precioso regalo.

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(Extraído de aquí)

 

COMPRAS COMPULSIVAS ONLINE: RELATO DE UN CASO

Una mujer de 35 años, con buen aspecto y muy cuidadosa con los detalles de su look entró en nuestro estudio y comenzó literalmente a vomitarnos su malestar; acompañaban a la cascada de palabras unos movimientos de cabeza, de las manos y del tronco que aumentaban la expresión de su extrema ansiedad y agitación. La mujer pedía ayuda desesperadamente para su compulsión en la compra de joyas, objetos preciados, accesorios, etc., a través de Internet. Dijo que no solo desde hacía algunos meses estaba dilapidando su sueldo de empleada, sino que había dejado a cero la cuenta corriente de la familia. Y naturalmente se habían producido importantes conflictos con el marido y con los hijos, que le acusaban de ser una loca irresponsable, pero no habían sido en absoluto capaces de frenar su irresistible tentación.

El marido, que utilizaba el ordenador en su trabajo de vendedor, había puesto una contraseña para evitar el acceso a su mujer, pero ésta siempre conseguía superar el obstáculo. Entonces el marido había cerrado con llave la habitación donde estaba el ordenador, pero ella había encontrado una llave de recambio para abrirla. A continuación, el marido la había obligado a dirigirse a mi. La mujer, con el típico estilo del jugador de azar, hablaba con desenvoltura de su propio problema, casi como si lo que estaba ocurriendo no dependiese de ella; definía su manía como una especie de rapto incontrolable que la llevaba inexorablemente a comprar. Dijo también que los intentos del marido, en lugar de reducir su deseo, lo habían exaltado.

El placer de enfrentarse al desafío es un fenómeno normal en estas personas. Después de haber indagado el fenómeno que nos proponía y de haber observado todas las características de la patología definida como “compras compulsivas”, preguntamos a la mujer si estaba verdaderamente dispuesta a trabajar para resolver su problema. Ella, como sucede en la mayoría de los casos, respondió que lo intentaría pero que estaba segura del fracaso de cualquier tipo de ayuda, ya que sentía la tentación tan arrebatadora que hacía imposible cualquier resistencia. En este punto llamamos al marido y le pedimos su ayuda, explicando que lo que le íbamos a pedir que hiciera le parecería realmente extraño. Él expresó su

Nada de sermones

deseo de colaborar de cualquier modo para resolver la dramática situación que había surgido en su familia en prescribimos al marido que interrumpiera todos los sermones a la mujer con relación al problema, explicándole que aquella dinámica acababa por exacerbar el problema en vez de reducirlo. Y le pedimos también que cesara cualquier acción represiva en la relación con su mujer, manteniendo como única restricción el control del uso del dinero por parte de ella. Lo que tenía que hacer era ofrecerle que, cada día, dispusiera de 5 euros para sus compras. Mientras estábamos explicando esto al marido, la mujer intervino diciendo que la cantidad le parecía irrisoria, pero le contestamos que ella tenía, no la posibilidad, sino la obligación de gastar diariamente 5 euros en compras a través de la Red. Esta prescripción tenía que respetarse al pie de la letra. La mujer miró al marido con una sonrisa sádica haciéndole notar que, en el fondo, los médicos, al contrario que él, no le estaban impidiendo hacer sus compras. Repetimos al marido que los 5 euros tenían que gastarse obligatoriamente cada día, ni un céntimo más ni un céntimo menos. En efecto, la mujer había preguntado si era posible acumular dinero evitando la compra diaria para hacer una semanal.

En la cita siguiente la situación de la pareja había dado un vuelco en relación con la primera entrevista: ahora era la mujer la que tenía una expresión afligida y el marido otra satisfecha, como el que ha superado un desafío. La mujer nos vomitó encima de nuevo un río de palabras, diciendo que lo habíamos estropeado todo, que ya no era lo mismo, y que la había tomado con nosotros por lo que habíamos hecho y por lo que habíamos permitido que hiciera su marido. Dijo que comprar por obligación cada día algo por valor de 5 euros no era en absoluto un placer sino una tortura cruel, y que se había dado cuenta inmediatamente desde la primera compra; hasta tal punto que hubiera querido dejar de seguir la prescripción pero el marido se lo había impuesto por obligación. Felicitamos a este último por haber seguido nuestras indicaciones al mismo tiempo que pedíamos excusas a la mujer, diciendo que, por desgracia, la medicina había de ser muy amarga. De este modo, prescribimos a la pareja que mantuvieran las anteriores indicaciones con una sola variante: si la mujer quería, podía saltarse la prescripción un día sí y otro no; la cantidad ahorrada había de invertirse al final de dos semanas en un regalo para el marido. La mujer manifestó una vez más su disconformidad, diciendo que, en verdad, le parecía fuera de lugar tener que regalar algo a su actual torturador. Nosotros le recordamos la posibilidad de elegir entre “la tortura diaria” y la otra oportunidad. Volvieron después de dos semanas: el marido, victorioso, y humilde y sometida la mujer. Nos explicaron que durante la primera semana la mujer había decidido someterse a la tortura diaria antes que alternar para ahorrar el dinero y hacer un regalo al marido, pero después de 7 días, asqueada, había optado por la segunda posibilidad. El marido, con orgullo, nos mostró una caja de sus bombones preferidos que le había comprado su mujer con los ahorros que había obtenido por los días de abstinencia. Les indicamos que mantuvieran la terapia en las dos semanas siguientes ya que desde nuestro punto de vista ésta sólo se había llevado a cabo en su mitad.
los últimos meses. Una vez asegurada su colaboración,

Esta vez la mujer no opuso resistencia, sino que declaró que en ella misma estaba madurando la conciencia de haber sido objeto y sujeto al mismo tiempo de una especie de encantamiento maléfico del cual sentía la necesidad de salir. En nuestro cuarto encuentro el marido presumió, con una sonrisa, de la corbata que su mujer le había regalado al término de las dos semanas de haber seguido completamente nuestra prescripción, afirmando además que su mujer no había comprado por primera vez cosas inútiles en internet sino cosas útiles para el hogar. [] Los dos habían vuelto a mantener relaciones sexuales y a pasar los fines de semana juntos haciendo cosas agradables. La mujer había comenzado a reasumir responsabilidades en relación con sus dos jóvenes hijos, quienes a su vez habían reemprendido el diálogo interrumpido con su madre. En ese momento dijimos que podíamos reducir la dosis de la medicina amarga pero aumentando la dosis de los regalos. Así que le prescribimos la obligación de hacer una compra cada tres días mientras que, con el dinero ahorrado al término de las dos semanas, la mujer tenía que hacer un regalito no solo al marido sino a cada uno de los miembros de su familia. []
El tratamiento siguió adelante añadiendo, sesión tras sesión, un día más de espacio entre una compra obligatoria y otra. Después de unos seis meses, de acuerdo con los dos cónyuges, se interrumpió la terapia ya que el problema había sido resuelto.

(De “Perversiones en la red. Las patologías de internet y su tratamiento“. Giorgio Nardone y Federica Cagnoni. RBA Integral)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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