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EL FOCO EN LA SOLUCIÓN: EL MAÑANA DE ANNIE

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Annie, de 28 años, entró en el despacho de Michele (M. Weiner-Davis) con un pañuelo en la mano; había estado llorando en la sala de espera. Al preguntársele “¿Qué te trae por aquí?“, respondió entre lágrimas, y con una voz apenas audible: “Mi vida se está derrumbando“. Pasó a explicar que su novio acababa de romper con ella y que estaba llevando muy mal este rechazo. Dijo que estaba siempre llorando y deprimida. Sus frases eran inconexas y mantenía poco contacto visual.

Tras una breve descripción del problema, inmediatamente Michele le preguntó: ¿Qué es diferente en los momentos en que manejas bien esta situación?” Respondió, sin dudar, que en el trabajo se sentía bien. Puesto que Annie trabajaba a jornada completa, Michele le comentó que le iba bien al menos 40 horas a la semana, una gran parte de su vida. Michele también comentó que sentirse bien 40 horas a la semana está muy lejos de estar deprimida “siempre”, tal y como había explicado al principio. Annie estuvo de acuerdo.

Puesto que Annie había identificado una excepción importante al problema presentado (sentirse bien 40 horas a photo_michele_smallla semana), Michele siguió en esta línea: ¿Cuándo, aparte del trabajo, manejas bien las cosas?” Annie contestó que le resultaba muy agradable el tiempo que pasaba con su hijo de 5 años, y que en esos ratos no tenía oportunidad de rumiar sobre su exnovio. Además, por las mañanas estaba demasiado apurada de tiempo llevando a su hijo a la guardería y yendo al trabajo como para preocuparse por su ruptura.

Por eliminación quedó claro que el único rato en el que Annie se sentía abatida era por la tarde, durante un periodo de dos horas, después de que su hijo se había acostado y antes de irse ella a la cama. Incluso admitió que al menos dos noches por semana no se sentía mal. Un cálculo rápido reveló que, en vez de estar deprimida “todo el día” estaba en realidad abatida solo 10 horas por semana. En cuestión de 5 minutos su percepción de la situación se había modificado de forma significativa.

Entonces Michele preguntó: “¿Qué es diferente las dos noches por semana en que no estás pensando en Sam?” Dijo que esas noches conseguía mantenerse ocupada visitando a su vecino, cosiendo, o visitando parientes. Ella y Michele acordaron que mantenerse ocupada era absolutamente esencial para ella mientras volvía a ver las cosas con mayor perspectiva.

La siguiente serie de preguntas se centró en otras formas de mantenerse ocupada: “¿Qué haces para divertirte?“, le preguntó Michele. Contestó que se divertía poco. Siendo madre soltera de un hijo de 5 años se sentía a menudo abrumada por la responsabilidad y pasaba largas temporadas sin relacionarse con los demás o sin participar en actividades gratificantes o que redujeran su estrés. Comentó que su familia no la ayudaba a la hora de cuidar al niño. Había perdido contacto con sus amigos desde que se había empezado a preocupar tanto por la relación con su ex novio. Además, la mayor parte de sus antiguas amistades se dedicaba a ir de copas, una actividad en la que ya no quería participar.

Michele sintió curiosidad y preguntó si Annie había tenido y superado un problema con la bebida. Annie le dijo que había participado como interna en un programa de tratamiento el año pasado y que desde entonces, exceptuando uno o dos pequeños retrocesos, había conseguido no beber. Michele empleó esta información para destacar otro de los lados fuertes de Annie, señalando que no había recurrido a la bebida durante esta época estresante.

Finalmente Michele preguntó: “¿Cuál será la primera señal de que las cosas están en vías de solución?” Annie contestó que, en vez de pensar en su ex novio durante las noches, tendría pensamientos agradables. Se diría a sí misma: “Todo saldrá bien”.

¿Qué es diferente las tardes en las que sabes, Annie, que las cosas van a salir bien?

¿Qué es diferente las tardes en las que sabes, Annie, que las cosas van a salir bien?

Tras una pausa para consultar con el equipo, Michele transmitió el siguiente mensaje a Annie: “El equipo está muy impresionado de que hayas venido aquí para resolver esta situación de una vez por todas. También nos impresiona todo lo que estás haciendo: mantener un trabajo a tiempo completo, ser una buena madre, ser madre soltera sin mucho apoyo, y seguir sin beber pese a todo esto. Nos asombra la cantidad de cambios por los que has pasado recientemente: dejar antiguas amistades, romper con tu novio y dejar el alcohol. Eso es mucho cambio en poco tiempo. ¡No es extraño que a veces las cosas parezcan fuera de control! Necesitamos algo más de información y tenemos una tarea para ti. Desde ahora y hasta la próxima vez que nos veamos, queremos que observes y te fijes en lo que es diferente las tardes en las que sabes, Annie, que las cosas van a salir bien“.

SESIÓN 2

Annie entró con un aire de confianza que llevó a Michele a pensar que había tenido una buena semana. Sus sospechas se vieron confirmadas; Annie dijo que había tenido una “semana fantástica”. Cuando le preguntó: “Bien, ¿qué fue de diferente las tardes en que sabías que las cosas iban a salir bien, y qué hiciste para que la semana fuera fantástica?“, Annie replicó que había salido todas las noches con su hijo y que lo había pasado realmente bien. Fue a cenar a casa de una vecina amiga suya en dos ocasiones. También estuvo paseando calle abajo para saludar a un joven del barrio que le había gustado. Este hombre estaba reparando su coche cuando ella apareció, pero hizo una pausa para charlar con ella y con su hijo. También había ido a visitar a algunos familiares esa semana y los encontró comprensivos y simpáticos. Esto le resultaba especialmente sorprendente. Cuando se le preguntó: ¿Cómo te explicas la diferencia en su conducta?“, respondió: “Supongo que me siento mejor y por eso soy más sociable con ellos“. Su madre incluso se había ofrecido a cuidar al niño.

Además, Annie había sacado su vieja máquina de coser y empezado a coser de nuevo, algo que no había hecho durante mucho tiempo. Se llevaba mejor con su hijo. Estaba orgullosa de que sus compañeros de trabajo le hubieran pedido ayuda y de que se le estuviera teniendo en cuenta para un ascenso.

Debido a sus logros Annie valoró la semana con un 8 en la escala de 1 a 10, y dijo que se sentía más relajada. Finalmente, añadió que no había llorado ni una sola vez durante esos días. Ese fue el aspecto más sorprendente de la semana. []

"¡Piérdete!"

“¡Piérdete!”

La tarea era una continuación del último elogio: “Fíjate en las cosas que hagas en las próximas dos semanas y que valores con 8“. Se concertó otra sesión para dos semanas más tarde.

SESIÓN 3

Michele comenzó la entrevista con: “Bien, ¿cuáles son las cosas 8 que has estado haciendo estas dos semanas?” Annie dijo: “Todo ha sido 8”. Sacó dos folios en los que estaban minuciosamente anotados los eventos de la semana. Había estado con amigos y familiares, iniciando un programa de gimnasia, disfrutaba en el trabajo y había empezado a salir con el joven al que había conocido y que vivía en su calle. Tras tan solo dos semanas, su relación era ya muy buena. A su hijo también parecía gustarle él. Annie estaba encantada de haber salido de su concha con tanta rapidez. []

Michele preguntó: “¿Quién, aparte de ti, se da cuenta de lo bien que lo estás haciendo?” Annie contestó enseguida que su jefe le había comentado sus progresos. Antes de la sesión, Annie había dicho a su jefe que seguramente la terapeuta le diría que “se perdiera”.

Tras la pausa, el equipo dijo a Annie: “¡Eres una chica sorprendente! ¡¡Todos ochos!! Realmente controlas tu vida y sabes exactamente qué hacer para que siga adelante. Solo nos queda una cosa que decirte: ¡piérdete!

 

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone
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EL PLACER QUE IMPIDE SENTIR

“Imaginemos, por ejemplo, una joven mujer que empieza una nueva relación con el hombre de sus sueños. Por fin ha encontrado a aquel que parece que encarna todo lo que siempre ha deseado en un hombre y ya se siente fuertemente implicada en la relación. El deseo de que esta relación funcione es tan fuerte que la mujer es incapaz de “sentir” hasta el fondo que de la otra parte no hay el mismo entusiasmo y la misma implicación. Puesto que lo desea mucho, aún percibiendo la escasa implicación del otro no es capaz de traducirlo como tal y acaba por interpretarlo como “miedo a la relación” o “dificultad en dejarse llevar” o, con el más sublime de los autoengaños femeninos: “no me busca porque está demasiado loco por mí”. Nos encontramos frente a una incapacidad de sentir a causa del placer, que tiene como recaída una incapacidad estratégica en la gestión de la relación. En lugar de ponerse en el rol de quien debería hacerse desear -cosa que podría llevar gradualmente al hombre a dejarse implicar con más fuerza- la mujer es muy apremiante en la relación y literalmente corre el riesgo de hacer que el hombre de sus sueños “se escape”. En este caso, en que la dificultad está en el plano de sentir de manera adecuada, la primera estratagema que hay que utilizar es crear de la nada. Puesto que no podemos saber si la persona “siente” correctamente o no, es decir, cuál es la percepción adecuada respecto a la situación que está viviendo, la intervención ha de ser de descubrimiento, o sea experimental, orientada a desvelar “cómo funciona” la relación.
En esta óptica, se invita a la persona a que escoja un como si para que sea una guía operativa de lo que haga y, en virtud de esto, descubrir si sentía correctamente o no. En este caso, la mujer podría decirse:

Cuando él no me telefonea o no me busca como quisiera siento que quizás podría no estar implicado en la relación. Sin embargo, esto podría estar relacionado con su inseguridad o miedo y no necesariamente con nuestra relación. Como no tengo la respuesta a esta duda, me pregunto: ¿qué haría, cómo me comportaría como si estuviese segura de que siento lo correcto cuando siento que él no está bastante implicado?

La lógica de la maniobra es la de escoger una sola entre las percepciones discordantes de la realidad que la mujer está viviendo y hacer como si fuese correcta. En efecto, no sólo la persona no sabe cuál es la percepción correcta, sino que su columpiarse entre la una y la otra acaba por ofuscar todavía más su capacidad de sentir. Eligiendo de forma voluntaria una única percepción como si fuese la adecuada, por lo tanto, la mujer introduce un cambio en sus propios comportamientos que producirá cambios concretos en la relación y la ayudará a comprender mejor cómo funciona el mecanismo. Es como si se lanzaran globos-sonda que ayudaran a comprender cómo está hecho el territorio. Al comportarse como quien no se siente del todo deseada, de hecho, la mujer empieza a disminuir sus llamadas telefónicas, a dejar de proponer a su pareja que se vean o que se vayan juntos de vacaciones, es decir, se coloca en la posición de quien espera ser buscado en lugar de perseguir. Este cambio de actitud, estratégicamente seleccionado en la vía del como si, puede, por lo tanto, producir dos efectos: llevar al hombre a perseguir más a la mujer porque nota que “se aleja”, o guiarlo a separarse a su vez porque realmente no está interesado. En el primer caso la mujer podrá obtener finalmente el efecto deseado (una mayor implicación del hombre); en el segundo, acabará por descubrir que el otro no está en verdad implicado en la relación y que, por tanto, desgraciadamente, “sentía” correctamente. En este punto será libre de decidir cómo actuar de la manera más eficaz, al haber superado la incapacidad de base. Una vez más, vuelve a la mente el imperativo estético de von Foerster:

Si quieres ver aprende a actuar

(De “Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos”. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder)

LA MUJER CON ARMADURA

Minerva de Klimt

“Me asomé desde la puerta de mi despacho a la sala de espera para que entrara el siguiente paciente y vi venir hacia mí a una joven que parecía caminar sobre nubes, como si no fuera una persona, sino algo etéreo en movimiento. Era una anoréxica de las llamadas crónicas, puesto que estaba en ese estado desde hacía muchos años. []
La joven me contó que estaba en los 40 kilos desde hacía ya 8 años, que había hecho otras recuperaciones en hospitales y clínicas especializadas, que se había sometido [] a diferentes formas de tratamiento psicológico, y que, además, durante aproximadamente dos años había sido hospitalizada. [] Ninguno de los anteriores tratamientos le había dado un resultado positivo. []
La paciente me comunicó que decidió dirigirse a mí por el consejo de una excompañera suya anoréxica que conoció dentro de una clínica [] y que le contó que había conseguido hacer frente con éxito a su problema con mi ayuda. La ex compañera contactó con ella después del tratamiento del mismo modo que lo intentó con las otras 7 pacientes anoréxicas que formaban parte del grupo [] y que establecieron una fuerte unión entre ellas. La amiga llegó a su casa llorando, ya que ellas dos eran las únicas supervivientes: las otras 7 habían muerto. Esta noticia le perturbó de tal manera que [] le acabó decidiendo. []
Para este caso, como para todos los de trastorno anoréxico estructurado, fue importante establecer durante el primer encuentro una relación muy emotiva, en la que la paciente no se sintiera ni juzgada, ni rechazada, ni empujada directamente a comer. []
La sesión culminó con la siguiente prescripción:

De aquí a cuando nos volvamos a ver quisiera que hicieras sólo una cosa por mí, una cosa que me ayudará a conocerte mucho más que tantas charlas. Por las noches, cuando te vayas a la cama, sobre la almohada y como última acción del día, coge papel y escribe una carta que me dirigirás a mí. Me gustaría que la comenzaras con “querido doctor”, y después quisiera que me escribieras todo lo que se te pasara por la mente, pasado, presente o futuro, memoria, fantasía o realidad, todo lo que se te pase por la cabeza. Cuando la hayas terminado de escribir, firma la carta, la metes en un sobre y la cierras sin releerla, y la próxima semana me las traes todas.

Esta prescripción contempla dos efectos: el primero es consolidar la relación terapéutica, creando un contexto de exclusividad de la relación misma; el segundo, mucho más importante, es provocar en la persona abstinente la agradable sensación de comunicarse íntimamente con alguien. Este último efecto, si se obtiene, representa una primera hendidura en la armadura, forjada con la abstinencia de cualquier sensación, dentro de la que la anoréxica se ha aprisionado. []
La joven, en el encuentro siguiente, llevó las 7 cartas y manifestó que,[] una vez que comenzó, se soltó incluso contándome cosas que le habría avergonzado decírmelas personalmente. [] Me dijo que, después de mucho tiempo, había sentido la necesidad de tener contactos sociales. []
Aproveché la ocasión para sugerirle que[]:

Cada vez que te encuentres en un sitio con gente, compórtate como si fueras una mujer seductora, de las que están seguras de sus encantos. Por ejemplo, lanza alguna mirada y quizás alguna sonrisa, tengo curiosidad por comprobar qué efecto te producirá.

En el tercer encuentro  [] me contó que para ella fue francamente agradable representar el papel de una mujer llena de encanto y que las miradas y sonrisas que lanzaba la mayoría de las veces eran correspondidas con otras tantas sonrisas y miradas de complicidad, lo que le resultó verdaderamente placentero. []

“La pequeña transgresión diaria”

Quisiera que hicieras otro experimento, aunque tengo que advertirte que éste te parecerá más peligroso. Quisiera que de aquí a la próxima vez que nos veamos te concedas, cada día, una pequeñísima transgresión a tu rígido orden de alimentación. Te pido algo pequeño, por ejemplo una chocolatina, [] una de esas cosas que tú sabes que te gustan pero a las que tienes tanto miedo. Te pido que lo hagas a escondidas, sin que los tuyos lo sepan; será nuestro pequeño secreto.

En el encuentro siguiente la joven se presentó con un look mucho más femenino, un nuevo corte de pelo y una expresión francamente más abierta. Me contó [] que había conocido a muchas personas y que ya no se sentía en peligro entre la gente. []Por último, me contó que también había realizado la temida prescripción. Tras el miedo de las primeras veces esta costumbre se había vuelto agradable y cada día se había una pequeña, pero sabrosa transgresión alimentaria. [] Le sugerí que aumentara un poco la dosis de lo que ahora no le parecía espantoso sino agradable, que intentara incrementar su habilidad al relacionarse con los demás y que añadiera a la pequeña transgresión alimentaria una segunda transgresión. []
A lo largo de aproximadamente 3 meses, la joven incluyó en sus comidas lo que más le gustaba y su peso se recuperó completamente; también su estética había evolucionado a la vez que representaba el papel de mujer seductora. [] De este modo, representar el papel “como si” le había llevado a concretar esta realidad. Esta terapia representa la construcción de una realidad inventada que ha producido efectos específicos.
La prueba final del cambio radical por parte de la ahora ex anoréxica fue establecer una relación amorosa. []
No hay que olvidar que los grandes cambios se obtienen a través de pequeñas transformaciones y alteraciones del rígido equilibrio patológico, que hacen que surja en la paciente lo que de forma natural posee. Como dice el Bhagavad Gita,

 El abstinente huye de lo que desea, pero se lleva su deseo consigo.”

(De “Más allá de la anorexia y la bulimia”. Giorgio Nardone)

PRESCRIPCIONES PARA UN DEPRESIVO RADICAL

 

PRIMER TIPO DE DEPRESIÓN:

“Esta definición (la de depresivo radical), decididamente fuerte, ha sido escogida precisamente para indicar la intromisión y la persistencia del sufrimiento ínsito en su naturaleza. Es la forma más fácil de reconocer, quizás la más difícil de tratar; caracterizada por la generalización del pensamiento negativo, [] se distingue por la temporalidad: es decir, todas las personas que la sufren dicen haber estado siempre así. []
Se supone que se ha construido una creencia, con características muy precisas, a la que la persona se adhiere, perpetuando el doloroso sistema disfuncional. [] <<Total…no lo consigues, no eres capaz, tienes mala
suerte, no tienes recursos para…>> o <<Total…no puedo, no soy capaz[.]>> Derrotas sucesivas, no importa si son sólo temidas o reales, construyen la creencia en la propia <<debilidad>>, en la propia desventaja, con comportamientos relacionados y repetidos que acaban siempre por confirmarla y reforzarla. La derrota se convierte en la prueba irrefutable de la propia incapacidad y la justificación de la propia renuncia y, precisamente, no sucede que la derrota sea real: creer que no se puede hacer ya es no poder hacerlo. En este sentido, evitaciones sucesivas y repetidas en el tiempo pueden llevar a la renuncia. Esto nos indica que la persona se construye una creencia, que se convertirá en una profecía que se autodetermina como ingrediente añadido a un fracaso garantizado. [] El comportamiento ralentizado, cansado y desmotivado, que no responde a lo que el paciente sabe que tiene que hacer, pero no lo consigue, confirma y alimenta la creencia de que es él quien está equivocado; el mundo es correcto.[…]

Siguiendo la estratagema de “crear de la nada”, se puede intentar llevar a la persona a que descubra los recursos que cree que nunca ha tenido. Hemos de producir una creencia antagonista a la que mantiene el problema.
La técnica del como si” [] se prescribe al paciente de este modo:

Desde hoy hasta la próxima vez que nos veamos, quisiera que usted dedicara todos los días algunos minutos a pensar qué haría de diferente de lo que ahora hace “como si” el problema no existiera. Entre todas las cosas que piense, quisiera que escogiese la más pequeña pero concreta y la llevase a cabo. Cada día una cosa diferente; tráiganos la lista de todo lo que ha hecho.

 

Es evidente el objetivo de esta prescripción: abrir nuevos escenarios de ideas y actuar enseguida, aún consciente del autoengaño, haciendo algo concreto. Sin embargo, para evitar la paradoja del “sé espontáneo”, en este caso “sé capaz”, se prescribe que se lleve a cabo solo algo mínimo.

Se debe valorar caso por caso la utilización de eventuales técnicas de problem solving (técnicas específicas que rompen la persistencia del problema), especialmente en presencia de rumiadura mental consistente y una lamentación dirigida a terceros. En este caso nos guiamos por estratagemas como “si quieres enderezar alguna cosa aprende a retorcerla aún más” o “apagar el fuego añadiendo leña”. La aplicación más frecuente de estas estratagemas es la del “ritual nocturno” y “la conjura de silencio”.

 

<<Cada día daremos media hora de espacio a sus problemas (prescripción del ritual familiar o nocturno). De aquí a la próxima sesión, todas las noches, antes o después de cenar, tendrá que hacer algo muy importante. Han de estar todos juntos; todos estarán sentados; él de pie. Ponga un despertador para que suene media hora más tarde. Ustedes permanecerán en religioso silencio, escuchando, usted tendrá media hora para hablar de todo lo que quiera, de lo que le hace estar mal, podrá lamentarse cuanto quiera de todo lo que quiera, ellos le escucharán en religioso silencio, sin decir palabra. Cuando suene el despertador, STOP, se deja para la noche siguiente. A lo largo de todo el día han de evitar hablar del problema, si no, mientras más se habla de ello, más nos arriesgamos a hacer como si se regase una planta con fertilizante, la hacemos crecer más; hay que evitar hablar de ello fuera del espacio nocturno>>.

 

La prescripción del púlpito del deprimido o ritual familiar, bloquea el intento de las personas cercanas de pedir al paciente que haga lo que no puede, exponiéndolo aún más a la convicción de incapacidad. Al mismo tiempo, permite a la persona expresar todos los sentimientos de culpa, autorreproche, autoconmiseración, llevándolos al agotamiento en cuanto ejecuta como prescripción lo que se cree involuntario.
Al final de la sesión se le pide al paciente que vuelva a pensar que, como escribía Goethe, “La renuncia es un suicidio cotidiano”.

(De “Las caras de la depresión”. Emanuela Muriana, Laura Pettenò y Tiziana Verbitz. Herder Editorial)




 

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