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AFORISMO

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Fotograma de “Carrie” (1976), de Brian de Palma

“Las consecuencias de la cólera pueden ser mucho más graves que su causa”

MARCO ANTONIO

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

LA RABIA: ESTRATAGEMAS DE INTERVENCIÓN

“Esta categoría comprende tanto la rabia dirigida hacia los demás como la dirigida hacia uno mismo. La rabia conlleva a menudo la incapacidad de no reaccionar que se traduce en el exterior en agresión y en el interior en castigo.
La intervención más inmediata para transformar la rabia destructiva en recurso consiste en hacerla fluir canalizándola. Igual que frente a una riada, en lugar de construir un dique para contenerla, se abren muchos canales para que fluya.
Ejemplo magistral de este tipo de estratagema es el mito de Yu el Grande. Éste, encontrándose de muy joven ante la necesidad de afrontar el cíclico problema de las inundaciones periódicas del Río Amarillo, en lugar de hacer construir diques cada vez mayores (como habían hecho con escasos resultados sus predecesores), ordenó que se cavasen agujeros, fosas y canales alrededor de la ciudad, para que las aguas del río pudieran correr sin destruir nada. Además de esto, hizo construir a lo largo de los canales los primeros molinos de agua, que le permitieron utilizar su fuerza para moler el arroz y otras sustancias. De este modo Yu, gracias a esto, fue denominado “el Grande”, venció al enemigo sin oponerse, capturando su fuerza para después utilizarla en beneficio propio, es decir, creó el vacío para hacer entrar el lleno. (Nardone, 2003b).

Emil Cioran con su mujer, Simone Boué

Imaginemos la típica situación de la persona incapaz de mantener con constancia la estrategia elegida para relacionarse con su pareja en cuanto que no es capaz de reaccionar a causa de la rabia que éste le provoca. En estos casos, habitualmente, la Solución Intentada Redundante es padecida, en el plano de la relación, con fuerte impacto sobre la estrategia y sobre la comunicación. Por ejemplo, la mujer que, tras haberse aguantado un poco, vuelve a echar en cara de forma agresiva al marido que no le presta todas las atenciones que cree merecer. Cuando la rabia llega a un cierto límite, a pesar de haber experimentado todo lo eficaz que podría ser tratar a la pareja con amabilidad, la mujer no consigue no reaccionar, explota con rabia y acaba por invalidar la estrategia mantenida con esfuerzo durante una semana.
La aplicación de la estratagema, en este caso, consiste en pedirla a la persona que, cada día, coja papel de carta y un lápiz y le escriba una carta a su pareja, poniendo en ella toda la rabia que siente, desahogándose de las peores cosas que quisiera decir, sin ningún tipo de censura. Al concentrar toda la rabia en las cartas, la persona la expresa y al mismo tiempo la canaliza, obteniendo como resultado el redescubrir que la otra persona quizás noes tan negativa, más bien, poco a poco, al correr la rabia y el rencor, la persona llega a encontrar en él otros aspectos positivos. Y esto, gradualmente, le permitirá poder elegir no reaccionar de manera disfuncional frente a ciertas situaciones, y mantener con constancia la nueva posición adoptada, hasta la completa superación de su Solución Intentada Redundante.
El mismo proceso, obviamente, se puede utilizar si la persona hacia la que sentimos rabia es un colega, nuestro jefe o un subordinado. Esta estratagema es aplicable también en los casos en que uno sienta rabia consigo mismo: insultarse cada día por escrito permite a la persona hacer que fluya toda la rabia y volver a hacer las paces con todo aquello que no le gusta de sí mismo o de lo que ha hecho. Como ha expuesto de forma magistral Émile Cioran en su Ejercicio de admiración (1986):

Cuando se detesta a alguien hasta el punto de quererlo liquidar, lo mejor que se puede hacer es coger un folio y escribir muchas veces que X es un asqueroso, un bellaco, un monstruo, y nos daremos cuenta enseguida de que lo odiamos menos y que casi no pensamos en la venganza. Es más o menos lo que he hecho en relación conmigo mismo y con el mundo. La recopilación la he extraído de los bajos fondos de mí mismo para ultrajar a la vida y ultrajarme. ¿El resultado? Me he soportado mejor, como mejor he soportado la vida.

(De Coaching estratégico. Cómo transformar los límites en recursos. Roberta Milanese y Paolo Mordazzi. Herder)

LA CÓLERA QUE NO PERMITE EL LUTO

“F. tenía 31 años y estaba embarazada de 8  meses, cuando a medianoche se despertó al oír el timbre de la puerta: dos policías le informaron que L., su marido de 35 años, acababa de perder la vida en un accidente de tráfico mientras viajaba en compañía de 2 amigos.
A continuación le explicaron a la joven que los tres (incluido su marido) habían dado positivo en los test de alcoholemia y cocaína, única causa de un accidente aparentemente absurdo.
Cuando se somete a terapia ha pasado más de un año desde aquella noche, pero [], como ella misma afirma, <>.
Afirma con rabia y cierta dosis de agresividad que no consigue perdonar a su marido el hecho de haber bebido y consumido drogas con una mujer en casa que esperaba un hijo. []
La rabia parece que no deja espacio al dolor; parece que no le permite elaborar la pérdida del marido, el cual, precisamente en virtud de esa sensación, se halla presente en todo momento en la mente de la mujer, que parece que no puede dejar de <> a rencorosos soliloquios dirigidos a él. []
Mientras la rabia inunda la mente de la persona golpeada, no hay espacio para ningún otro tipo de trabajo. Es preciso hacer que fluya, de modo que pueda gestionar las restantes sensaciones que, en su interior, seguramente, se abrirán paso. Para obtener esto, se le dio una prescripción particular, que habitualmente se formula así:

<>

A través de esta medida, llamada epistolario de la rabia , la persona expresa y canaliza funcionalmente las peores sensaciones basadas en la cólera y el rencor, evitando por tanto mantenerlas vivas dentro de sí como una llama que quema implacablemente. Citando a Marco Antonio: <>. []
Lo que queda, agotada la rabia, es un fuerte dolor y la conciencia clara de que la persona amada ya no volverá. En este punto, el proceso terapéutico entra de lleno en la elaboración del dolor de luto.
F. vuelve a la segunda cita tres semanas después y, apenas se sienta, se echa a llorar desesperadamente. Entrega diez cartas, diciendo que [] ya no experimentaba rencor, sino solamente una profunda angustia y nostalgia frente al marido desaparecido. [] Confiesa, además, que nunca ha tocado sus cosas y que lo ha dejado todo como estaba la noche del accidente. []
El terapeuta destaca en este punto que el dolor del luto, a diferencia de otras sensaciones, nunca se cura del todo, sino que se decanta poco a poco. Lo que se puede hacer no es <> sino acompañarla en la elaboración de esta pérdida.
Se le prescribe, pues, una medida llamada galería de los recuerdos, que consiste en lo siguiente:

<> []

F. vuelve a la cita siguiente diciendo que inicialmente estuvo muy mal, que lloró, pero que poco a poco encontró agradable esta zambullida melancólica en los recuerdos (por otra parte, lo que llamamos melancolía no es más que el conjunto de dolor y placer relativo a algo que ya no nos pertenece). []
Esta tarea, además, conduce a la persona a percibir y aprender que existe un dolor fisiológico, sano, que no hay que ver como enfermizo, que nos hemos de conceder cada vez que la melancolía aflora. No existe un plazo para el luto, pero sí un modo de afrontarlo, gestionarlo y vivirlo que ayuda a la persona que lo sufre a salir adelante y encontrar poco a poco, en aquel dolor, el sentido de las cosas pasadas”

(De “Cambiar el pasado. Superar las experiencias traumáticas con la terapia estratégica” .Federica Cagnoni y Roberta Milanese. Herder Editorial)

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