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LA VERGÜENZA DE TENER O HABER TENIDO MIEDO

                                     

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                                                             Fue el miedo lo que lo volvió audaz

                                                                                 OVIDIO

La mayoría de las personas se avergüenzan profundamente de sus miedos, como si fuera posible verse libre de ellos. Desde luego, hay una gran diferencia entre los temores manejables y las fobias irrefrenables que necesitan de terapias especializadas. Pero como el lector habrá visto claramente, la matriz de los dos fenómenos es la misma: es el sujeto el que con las mejores intenciones provoca el peor de los efectos. O sea, en el intento erróneo de combatir su miedo lo alimenta hasta hacerlo incontrolable.

Como antes se ha dicho, una dosis manejable de miedo es fundamental para nuestra existencia. No solo eso, sino que la mayoría de las veces, gracias a nuestros miedos, nos aventuramos más allá de nuestros límites y descubrimos recursos hasta entonces desconocidos.

Henri de la Tour-d'Auvergne-Bouillon, vizconde de Turenne, mariscal general de los campos y ejércitos del rey

Henri de la Tour-d’Auvergne-Bouillon, vizconde de Turenne, mariscal general de los campos y ejércitos del rey

Al respecto el valiente general Turenne afirmó: Desde luego que me comporto como un valiente, pero siempre tengo miedo.

En efecto, el miedo reorientado se convierte en un recurso y la mayoría de nuestros actos de valor están generalmente impulsados por el miedo. Puesto que solo el hecho de reconocer y de aceptar lo que nos da miedo nos ofrece la posibilidad de no quedarnos paralizados, inmóviles y abatidos. Si luego este miedo es enfrentado, nos damos cuenta de que esa sensación irracional ha sido un estímulo para impulsarnos más allá de nuestros límites.

Como dice un antiguo Koan japonés: El miedo de no estar a la altura nos obliga a subir un peldaño cada día.

En cambio, quien niega su miedo se arriesga, en palabras de Shakespeare, a batirse con su propio miedo como un loco que trata de ahuyentar a su sombra.

Salto 2

Por tanto, la vergüenza de tener o de haber tenido miedo no solo carece de fundamento sino que puede convertirse también en el trampolín de lanzamiento para aquellos comportamientos que llevan a la formación del miedo patológico.

Por el contrario, la fragilidad asumida se convierte en una fuerza.

Solo quien ha tenido miedo puede ser valiente, lo demás solo es inconsciencia.

(Extraído de aquí)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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LA ANSIEDAD NO ES MIEDO Y VICEVERSA

“Una de las más marcadas confusiones que un lector atento puede observar en las numerosas publicaciones relativas a las patologías fóbicas es, sin duda, la relativa a la superposición de distintas formas de patología psicológica, como si todas fueran lo mismo. [] La superposición más recurrente es aquella que se da entre miedo y ansiedad, como si las dos realidades fueran lo mismo. Así se olvida que el miedo es una percepción que desencadena una emoción que, a su vez, genera una reacción fisiológica. La ansiedad es sólo el efecto psicofisiológico de esta percepción-emoción. No sólo esto sino que, a menudo, no se tiene en cuenta que la ansiedad, como activación del organismo, hasta un cierto nivel, permite que éste haga frente al miedo. Sólo más allá del nivel de umbral, que es distinto para cada individuo, éste se transforma en pérdida de control de las propias reacciones y puede conducir al pánico.
Por consiguiente, la ansiedad es una reacción que surge como efecto de la percepción del miedo. La ansiedad, en el caso de que su nivel se eleve demasiado, puede transformarse en la causa del miedo. En este caso el efecto se transforma en causa. Pero este tipo de interacción circular entre miedo, ansiedad y pérdida de control sólo es típica de las fobias generalizadas. []
Todo esto significa que un trastorno fóbico no puede ser asimilado a un trastorno de ansiedad, puesto que es un tipo de patología distinto que puede producir como efecto también un trastorno de ansiedad, o que, al contrario, puede ser también el producto de un trastorno de ansiedad. No obstante, al superponer las dos formas de trastorno nos estamos olvidando de que la primera es una forma de percepción y la segunda es una reacción fisiológica. Esta diferenciación es fundamental en la óptica del tratamiento de las patologías basadas en el miedo, en tanto que, si ansiedad y miedo fueran lo mismo, para extinguir un miedo debería ser suficiente reducir la reacción ansiosa de los sujetos, pero como Damasio y Gazzaniga (1999), dos de los mayores estudiosos en neurociencias, demuestran en sus experimentos, reducir la ansiedad de un sujeto puede inhibir sus reacciones, pero no altera sus percepciones y, en consecuencia, el miedo permanece. Damasio usa, en un artículo en la prestigosa revista Nature, una iluminadora analogía al afirmar que inhibir las reacciones fisiológicas del miedo a través de sedantes, o incluso de intervenciones quirúrgicas en determinadas zonas del cerebro, es como escayolar completamente a una persona y luego someterla a estímulos para ella espantosos: no podrá reaccionar, pero tendrá, de todos modos, quizás aumentada, la percepción del miedo; más aún, su imposibilidad de reaccionar incrementa su sensación de incapacidad de manejar esta emoción.
Como comprenderá el lector, en las terapias del miedo, el hecho de someter el miedo a la ansiedad conduce a estimar necesario curar el trastorno de ansiedad para resolver el trastorno fóbico. Estas tipologías de intervención usualmente producen una mejora sintomática inicial, seguida de un empeoramiento después de algunas semanas, a veces más grave que los síntomas iniciales (Nardone, 1994a). Esto se explica por el hecho de que al inhibir la ansiedad la persona primero se siente mejor, pero luego, dado que la percepción del miedo sigue existiendo y extendiéndose, llega a la pérdida total de control y a la desconfianza en sus propios recursos, que son inhibidos precisamente por el tratamiento que inhibe las reacciones de ansiedad.
En consecuencia, es necesario seguir el camino inverso: resolver el trastorno fóbico para reducir también las reacciones de ansiedad, o sea: cambiar las percepciones de la realidad del sujeto para cambiar sus reacciones, y no al revés.”

(De “Más allá del miedo. Superar rápidamente las fobias, las obsesiones y el pánico”. Giorgio Nardone. Herder)

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