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DIFERENCIA ENTRE FOBIA SIMPLE Y GENERALIZADA

 

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La primera clase de trastornos fóbicos está representada por este tipo de miedo patológico centrado en una realidad concreta: un animal, una situación, una fantasía, un ruido, un objeto u otras cosas, pues existen tantos miedos como puedan inventarse. En este caso la fobia puede ser limitadora solo respecto de las situaciones en las que aparece la realidad  aterradora, o puede convertirse gradualmente en una fobia difusa y generalizada que se hace fuertemente inhabilitadora respecto de cualquier aspecto de la vida del sujeto.

Cualquier cosa puede convertirse en objeto de miedo y fobia, pero se observan algunas formas recurrentes: []

-El miedo a las arañas, los escorpiones, las serpientes, etc. Una que ha aumentado mucho en los últimos añosfobias08 es la fobia a las palomas, la cual, entre las zoofobias, parece decididamente menos lógica que la fobia a los animales más peligrosos, aunque no se debe subestimar el hecho de que convivir con las palomas en la vida urbana es cada vez más frecuente.

-Los relativos a la altura (acrofobia), a los lugares cerrados ob_46c672_simeon-the-stylite(claustrofobia), a permanecer solos o alejarse (agorafobia) y a estar entre la gente (fobia social). Estas últimas muy a menudo tienden a convertirse en fobias generalizadas porque al relacionarse con situaciones de vida muy comunes la persona afectada tiene muchas probabilidades de entrar en la espiral de los intentos de solución de la evitación y la solicitud de ayuda. Y estas reacciones conducirán al sujeto a construirse en el curso de pocos meses una situación de pánico difuso e inhabilitador.

-Otra tipología muy común es la relativa al miedo a contagiarse o a infectarse a través del contacto con jeringas, sangre, suciedad, sustancias contaminantes, etc. Por lo general, deriva en un síndrome obsesivo compulsivo basado en rituales de limpieza, desinfección o una forma de manía hipocondríaca fundamentada en la continua necesidad de controles médicos.

-Otra forma de fobia simple extremadamente relevante es el miedo a perder el control o, lo que es lo mismo, el miedo a dejarse llevar. Este miedo se asocia con frecuencia a la tendencia obsesiva a tenerlo todo bajo control, que puede convertirse en un verdadero síndrome de ataques de pánico. Sin embargo, cuando se mantiene como un miedo concreto literalmente impide a la persona vivir cualquier forma de situación agradable, puesto que para gozar completamente del placer hay que abandonarse a él. Dentro de esta categoría encontramos el miedo a hablar en público, el de ruborizarse o de sudar en exceso.

A estas cuatro grandes clases de miedo se puede añadir la quinta gran tipología, que es el temor Tsunami-Gallery-HD (1)desmesurado a los sucesos catastróficos: accidentes, terremotos, aluviones, muertes, pérdidas, desengaños amorosos, etc. Este tipo de fobia se basa en el temor a un incontrolable suceso futuro que cambie su realidad actual. Representa el mejor ejemplo de cómo el miedo a un futuro que no se puede controlar influye en el presente.

Por último, entre las formas menos usuales y más creativas de fobia simple observadas en mi experiencia se encuentran algunas aparentemente absurdas como por ejemplo  la fobia a las botellas destapadas, a las sombras, a los rincones, al viento, etc.

sombrasEl rasgo constante, desde un punto de vista psicofisiológico, de todas las fobias simples es el hecho de que la persona, en determinadas situaciones para ella espantosas, manifiesta una reacción de pánico caracterizada por bloqueo de pensamientos y de la racionalidad, reacciones fisiológicas alteradas, taquicardia, respiración agitada y síntomas de desvanecimiento, todo ello asociado con la irrefrenable exigencia conductual de huir y/o pedir ayuda y protección.

El miedo al miedo que desencadena al pánico es una imagen que constituye la mejor definición de una fobia generalizada.

En efecto, la fobia generalizada es un tipo de trastorno completamente difuso dentro del cual a menudo el sujeto ya no necesita estímulos externos para tener miedo, pues es su misma percepción de la realidad la que “inventa” por doquier el peligro y la amenaza. El miedo, en este caso, es una especie de haz de luz con el que el sujeto ilumina y colorea todo aquello que percibe. En consecuencia, el miedo se encuentra en cada situación.

Cuando una persona ha llegado a este grado de miedo difuso explica por lo general que aquello que la hace estar peor es precisamente el miedo de que se generen todas las reacciones psicofisiológicas usuales provocadas por el mismo miedo: taquicardia, vértigos, sensación de pérdida de control, sensación de despersonalización, etc.

Una fobia generalizada es por lo general el efecto de algunas de las ya citadas fobias simples más importantesansiedad-agorafobia1 (agorafobia, miedo a perder el control, etc) sobre cuya base la persona genera los intentos disfuncionales que se han descrito para manejar el miedo, los cuales no hacen más que incrementar su efecto hasta la constitución de una verdadera patología generalizada.

La persona afectada por un trastorno fóbico generalizado manifiesta en la mayoría de los casos dos tipos de miedo profundo: el de morir o el de perder el la lucidez y enloquecer. [] Estas dos modalidades perceptivas requieren diferentes tipologías de tratamiento.

La otra característica distintiva de este tipo de patología está relacionada con la situación en la que manifiesta sus momentos críticos: si la reacción de pánico es producida por situaciones específicas o si puede tener lugar en cualquier momento. En el primer caso [] las crisis de miedo están asociadas a situaciones específicas, en consecuencia los ataques pueden ser previstos y las personas tienden a organizar su vida tratando de evitar estas conocidas circunstancias amenazantes. En el segundo caso en cambio, no existe posibilidad de previsión, el ataque de pánico puede producirse en cualquier circunstancia, por lo que la persona no tiene la posibilidad de controlar las situaciones, sino que se halla continuamente bajo estrés de alerta. En estas condiciones lo que desencadena el terror no es una circunstancia externa sino la más mínima alteración del propio organismo, como una leve alteración del latido del corazón, una sensación de equilibrio imperfecto, el hecho de no sentirse completamente lúcidos, etc. Habitualmente, estas personas al asustarse e intentar controlar estas reacciones fisiológicas espontáneas acaban exacerbándolas hasta el punto de sufrir una verdadera crisis de pánico. [] En este punto, si es posible, el sujeto intentará escapar de la aterradora situación o pedirá desesperadamente ayuda a alguien. La repetición de este guión mantiene y alimenta la patología fóbica generalizada.

 

(Extraído de aqui)

(Extraído de aquí)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

MIDIENDO LÍMITES: EL MIEDO A ALEJARSE

Una patología que puede parecer a primera vista igual a la del miedo a estar solo es la relativa a alejarse solo. La diferencia entre los dos tipos de trastorno, que a veces se suman o se superponen, reside en el hecho de que, por lo que concierne al segundo tipo, no es suficiente trabajar solo sobre la dependencia de los demás, sino que se hace necesario conducir al sujeto a superar concretamente los límites en el alejamiento de los lugares seguros que el miedo le impone.
Llegó a mí una joven parisina acompañada por su madre que manifestó una casi total incapacidad para alejarse de los lugares seguros. Su forma de temor se transformaba en pánico cada vez que consideraba el lugar seguro demasiado alejado para volver a él en el caso del advenimiento de su miedo paralizador. En el primer encuentro, después de haber indagado en detalle  todas las soluciones intentadas hasta entonces sin éxito por ella y por sus familiares para resolver el problema, se le administró junto con la “reestructuración del miedo a la ayuda“, la siguiente prescripción:

Muy bien, creo que deberíamos tener una medida lo más rigurosa posible de tus límites; por tanto, quiero que de aquí a la próxima cita cada día midas efectivamente tu límite. A este fin cada día a la misma hora sal con tu madre o con tu chico y dirígete a un lugar con espacios amplios y largas calles; una vez allí, deja a la persona que esté contigo en el punto más visible; luego aléjate caminando hasta el punto en que empieces a tener miedo; una vez allí detente. No debes ir en absoluto más allá. Solo quiero que midas tu límite. Gírate hacia el punto seguro y antes de regresar espera un minuto, durante el cual quiero que te concentres en observar y medir, anotando en un cuaderno todas tus reacciones de ansiedad y miedo, así podrás referírmelo. Después de esto, antes de encaminarte para regresar allí donde se encuentra la persona que está contigo, das diez pasos caminando hacia atrás; hecho esto, vuelve al punto de partida. Cada día repites este ejercicio en diferentes lugares y en distintas direcciones, así conoceremos tus límites y si éstos se mantienen o cambian.

Como comprenderá el lector, esta prescripción es solo aparentemente una indagación cognoscitiva, puesto que representa ya una importante intervención terapéutica. En la siguiente cita, la joven contó que había realizado de manera meticulosa su tarea, describiéndola así:

Todos los días fui en coche con mi madre o con mi chico a un punto de la ciudad donde hay una plaza y grandes calles que convergen en ella, dejé a la persona y me alejé hasta

que el miedo comenzaba a hacerse sentir. Me di cuenta de que estoy en condiciones de alejarme mucho más de lo que creía y, además, con los días la distancia se ha incrementado. Pero lo más sorprendente fue que, cuando permanecía quieta, tenía miedo de sufrir un ataque de pánico, pero escuchándome, tratando de sentir mi ansiedad, sentía que ésta no crecía; es más, me sentía decididamente tranquila. También he dado siempre los diez pasos hacia atrás, sin ningún temor, pero trataba de hacerlos de un modo no demasiado evidente porque me daba vergüenza. En efecto, un par de veces me ha ocurrido que algunas personas me miraron de una manera extraña.

Después de haber redefinido junto con la paciente los efectos de esta prescripción, proseguí pidiéndole que continuara con el mismo ejercicio, con una sencilla variante:

Dado que lo has hecho tan bien, cada vez habrás llegado a tu límite, y tengo curiosidad por saber si siempre es el mismo o si cambia; deberás esperar dos minutos observando tus reacciones, después de lo cual darás cincuenta pasos hacia atrás más allá de tu límite y luego volverás allí donde la persona te espera.

En la siguiente sesión contó que las cosas habían ido aún mejor que la vez anterior y que, en realidad, sus límites se habían ampliado mucho, que el miedo nunca se había presentado. El único problema había sido dar los cincuenta pasos hacia atrás porque le daba vergüenza. Por consiguiente, había puesto en práctica una pequeña variante. Había empezado a caminar hacia atrás al superar el límite y luego se había girado, pensando que en caso de miedo se pondría de nuevo a caminar hacia atrás. Pero esto nunca había sucedido.
Me congratulé con la joven por su simpática variación sobre el tema y, sobre todo, por las capacidades expresadas al seguir al pie de la letra mis consignas, y proseguí como sigue:

Como en el circo los ejercicios se hacen gradualmente más complicados, de aquí a la próxima sesión quiero que hagas algunos añadidos a tus tareas anteriores: esta vez, una vez que hayas llegado al límite diario, deberás permanecer quieta durante cinco minutos, siempre tratando de comprobar tus reacciones, después de lo cual los pasos hacia atrás o hacia adelante, como tú prefieras, más allá del límite, deberán ser esta vez cien.

Dicho esto la paciente me hizo una observación en verdad curiosa, considerada la situación inicial: me preguntó si, al alejarse de su acompañante, podía doblar también las esquinas y cambiar de calle y dirección, puesto que ahora ella se alejaba tanto que era difícil encontrar en la ciudad calles tan largas que le permitieran la completa ejecución de la tarea de manera rectilínea.

Aprovechando esta solicitud, le respondí que de ahora en adelante tendría una completa libertad para manejar sus alejamientos. Y añadí que si quería podría comenzar a alejarse sola incluso directamente desde casa, sin ir a buscar lugares como los designados en un principio. A la cuarta sesión la paciente contó que había hecho el ejercicio partiendo siempre desde su casa, para no molestar a su chico o a su madre. Añadió también que estaba muy sorprendida por las distancias que había recorrido, puesto que se había dado cuenta de que en cada ocasión permanecería fuera más de media hora. Por último, dijo que nunca había caminado hacia atrás, pero que había ido más allá del límite de la aparición del temor caminando naturalmente hacia delante. Haciendo esto había observado que, cuando se detenía durante cinco minutos para comprobar sus reacciones, el temor se desvanecía y, por tanto, estaba en condiciones de proseguir más allá del límite sin ningún problema y sin tener que realizar el extraño ritual de caminar hacia atrás. Es más, también contó que, a veces, una vez que había ido cien pasos más allá de su límite había sentido el deseo de ir aún más allá.
Después de estos informes la evolución de la terapia fue, sencillamente, la de pedirle que continuara con sus alejamientos, deteniéndose cada vez en el punto donde el temor surgiera para evaluarlo hasta que desapareciera, para luego proseguir más allá del límite a su voluntad.

Después de dos semanas, la joven dijo con entusiasmo  que había pasado sus mejores días desde que apareciera su patología, siete años antes, puesto que se había movido libremente por París, manifestando sólo algunos momentos de leve temor, que enseguida desapareció después de evaluarlo. Se había sentido por primera vez liberada del miedo y capaz de afrontarlo con éxito. En este punto, como es importante hacer en estos casos, se le explicó en detalle a la paciente qué se había hecho con ella, comentando los tipos de estratagemas utilizados para conducirla a recuperar sus recursos personales y la confianza en sus capacidades. A la siguiente cita, después de un mes, volvió sola, sin ningún acompañante. ¿Qué mejor prueba podía haber de su curación que llegar de París a Arezzo sin tranquilizadoras compañías? []
En las posteriores sesiones de control mostró su completa rehabilitación posterior, contando que incluso había hecho sola algunos agradabilísimos viajes.

(De “Más allá del miedo. Superar rápidamente las fobias, las obsesiones y el pánico” Giorgio Nardone. Paidós)

Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone

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DEL MIEDO PATOLÓGICO ES POSIBLE CURARSE RÁPIDAMENTE

Fotografía realizada por un anónimo expaciente agorafóbico
que demuestra, además de haber superado su miedo al exterior, su enorme talento





       Nunca somos tan miedosos o atrevidos como imaginamos ser


                                            LA ROCHEFOUCAULD

“Incluso la más arraigada fobia puede ser desbloqueada y resuelta rápidamente. Es importante subrayar que la intervención , aparentemente mágica, no es en absoluto una forma de magia, sino sólo la aplicación de rigurosas y repetibles técnicas terapéuticas puestas a punto durante el trabajo con miles de casos de personas afectadas por graves trastornos fóbicos-obsesivos.
En efecto, la primera forma de conocimiento de verdad importante que el lector interesado debe hacer suya es que las patologías fóbicas en todas sus formas, desde los miedos concretos a las fobias generalizadas, pueden ser curadas y resueltas eficazmente y en poco tiempo. Las investigaciones de Isak Marks (1978-1998), por ejemplo, han demostrado desde los años setenta, que una terapia bien construida estaba en condiciones de resolver en el curso de unos seis meses cerca del 70% de los trastornos fóbicos; los trabajos de Barlow (1990), actualmente conocido como uno de los máximos estudiosos de la especialidad, demuestran claramente que el 83% de los casos de trastornos fóbicos pueden resolverse eficazmente con una terapia que no supere los doce meses. Las investigaciones de este autor demuestran repetidamente cómo, mediante una forma de tratamiento construido ad hoc , el 88% de los casos de patología fóbica generalizada (nardone, 1993, 1998; Watzlawick-Nardone, 1997) se resolvió con una duración media de 7 sesiones (dos o tres meses). Incluso en algunas formas de trastorno fóbico, como la agorafobia y los ataques de pánico, se alcanzó el 95% de casos resueltos (Nardone, Watzlawick, 2000) siempre en el curso de pocos meses.
Estos datos no quieren ser, desde luego, una vez más, una exhibición de las capacidades de ilustres estudiosos y terapeutas, sino una importante declaración orientada a aquellos que, siguiendo la estela de creencias o, peor, de mistificadoras publicaciones sobre el tema, consideran que es imposible curarse definitivamente de los ataques de pánico o de un trastorno obsesivo-compulsivo, puesto que tales falsos conocimientos conducen a quien está afectado por este tipo de trastorno, por encima de todo, a la desesperada resignación caracterizada por la pérdida de la esperanza de no poder curarse nunca y vivir libre de las cadenas del miedo. Por tanto, dar a conocer que la investigación científica de tipo empírico-experimental en el ámbito clínico demuestra inequívocamente que es posible curarse tanto de los miedos concretos como de los trastornos fóbicos generalizados, despeja el terreno de la desesperación al tiempo que abre a todas las personas afectadas por estas patologías la posibilidad de superar los límites dentro de los cuales el miedo los bloquea.
Al respecto, la American Psychological Association, en su último informe relativo a los resultados de las terapias sobre los trastornos psíquicos y de la conducta (Hubble-Miller-Duncan, 1999), muestra claramente que cerca del 50% de los pacientes puede curarse mediante terapias de entre 5 y 10 sesiones de duración (dos-tres meses); el 25% con terapias de entre 10 y 25 sesiones (tres-ocho meses); y sólo el restante 25% requiere terapias más prolongadas. Los autores afirman con claridad que estos datos oficiales no son, desde luego, una toma de posición en favor de las así denominadas “terapias breves”, sino que, más allá de los prejuicios ideológicos y de los intereses corporativos, esto representa exponer la realidad de los hechos. Lo que significa que la mayoría de las patologías pueden curarse rápidamente y no necesitan, pues, ni de psicoterapias que duren muchos años, ni de permanente dependencia de psicofármacos, sino más bien de pragmáticas y claras terapias psicológicas construidas ahd hoc. Por consiguiente, esta nueva y nítida demostración abre la posibilidad, para la mayoría de las personas afectadas por estos trastornos, de poder ser curadas sin excesivos costes económicos y existenciales. En efecto, es bueno aclarar que el coste más elevado que paga una persona bloqueada por el miedo al someterse a una terapia no es, desde luego, el económico, sino el existencial, en tanto que su vida está limitada y condicionada por el miedo. Por ejemplo, una persona agorafóbica, que no está en condiciones de salir sola, ni de quedarse sola, paga al miedo el tributo de la propia posibilidad de vivir, en la misma línea una persona obsesionada por el hecho de tener una enfermedad, la hipocondríaca, no consigue disfrutar de su existencia porque está continuamente atenazada por el miedo a la enfermedad; así como el sujeto obligado por una fobia a repetir complicados rituales obsesivos pierde la mayor parte de su tiempo intentando defenderse de la fobia, convirtiéndose literalmente en un esclavo de sus obsesiones.
En todas estas situaciones, la diferencia entre la posibilidad de ser curados eficazmente en mucho o en poco tiempo reside en la calidad de la vida vivida por estos sujetos. Por desgracia, durante décadas los estudiosos de las terapias de la mente han subestimado la importancia de la eficiencia de una intervención terapéutica, cuando en realidad ésta hace que una intervención eficaz sea aún más válida, en el plano del éxito terapéutico, en tanto que devuelve lo antes posible a la persona tratada la libertad de disfrutar de la vida. El primer conociminiento útil para quien tiene problemas relativos a miedos, pánicos y fobias, por tanto, puede ser resumido por un aforismo de Honoré de Balzac:

La resignación es un suicidio cotidiano

y con una cita de Shakesperare:

Otra fotografía realizada por el mismo autor. Una imagen de la libertad.

 No existe noche que no vea el día”

(De “Más allá del miedo. Superar rápidamente las fobias, las obsesiones y el pánico. Giorgio Nardone. Paidós.)
Mi agradecimiento y felicitación a mi querido expaciente “X”

MIEDO AL MIEDO

“Este tipo generalizado de trastorno fóbico (ataques de pánico con agorafobia) se mantiene gracias a las soluciones intentadas de evitación y solicitud de ayuda. Aquellos que sufren de esta patología evitan constantemente exponerse a los presuntos peligros o, si no, requieren la presencia constante de una persona en la que confían con el fin de enfrentarse a ellos.
Nuestra investigación ha mostrado que cuando una persona pide ayuda y la recibe, esta solución intentada confirma y alimenta el problema. Para interrumpir con rapidez este círculo vicioso, hemos ideado una reestructuración específica y elaborada:

Bien, antes que nada hay algo sobre lo que quiero que piense durante la próxima semana. Quiero que piense que, cada vez que usted pide ayuda y la recibe, está recibiendo, al mismo tiempo, dos mensajes. El primer mensaje obvio es <. El segundo mensaje, que es menos obvio pero más fuerte y más sutil, es . Por favor, fíjese que no le estoy pidiendo que deje de pedir ayuda, porque sé que en este momento usted no es capaz de dejar de pedir ayuda. Solamente le estoy pidiendo que piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, contribuye a mantener y empeorar sus problemas. Pero, por favor, no se esfuerce en evitar pedir ayuda, porque aún no es capaz de dejar de pedir ayuda. Sólo piense que cada vez que pide ayuda y la recibe, está ayudando a que las cosas empeoren.

La técnica utilizada aquí es el miedo contra el miedo. El miedo a incrementar la gravedad del problema es mucho peor que los miedos que llevan constantemente a la persona a pedir ayuda. Cada miedo está limitado por un miedo mayor. [] Utilizamos un tipo de comunicación paradójica, que fuerza la incapacidad del paciente a actuar sin ayuda. En otras palabras, inducimos a la persona a actuar, sin pedirle directamente que lo haga. La prescripción se da normalmente al final de la primera sesión, junto con el diario de a bordo:

“Diario de a bordo”
para los ataques de pánico

 Para esta tarea usted necesita un bloc de notas de bolsillo en el que ha de copiar el esquema que le he preparado: fecha y hora, lugar y personas presentes, situaciones y pensamientos, síntomas y reacciones. Este bloc de notas se convertirá en un compañero inseparable, que ha de llevar consigo todo el día; y, cada vez que sienta que está empezando a tener uno de sus ataques de pánico o nota que tiene miedo, sacará inmediatamente su bloc de notas y anotará la fecha, el lugar…¿de acuerdo? Sin embargo, es importante que lo lleve a cabo correctamente en el momento en que siente que está teniendo el ataque, no antes, ya que entonces se trataría de una fantasía; tampoco después, porque sería un recuerdo…Necesitamos que lo haga en el momento exacto para tener una especie de fotografía de la situación. Así, aunque tenga la misma sensación cien veces, saque cien veces el bloc de notas y anótelo en el momento exacto, ¿de acuerdo?

El diario de a bordo es una prescripción que se da en la primera sesión en el tratamiento de los trastornos fóbicos, con la intención de desplazar la atención del paciente, en un momento de necesidad, de los síntomas a la ejecución del ejercicio, aunque es presentado al paciente como un medio para controlar el ataque de pánico (es la estratagema surcar el mar a espaldas del cielo).
Normalmente en la segunda sesión los pacientes nos informan de que en ningún momento han solicitado ayuda en la semana anterior;  la mayoría de las veces han empezado a hacer las cosas por sí mismos, [] sin experimentar miedo alguno.
Cuando la solución intentada principal es la evitación, invitamos al paciente a que piense que haciéndolo así podría parecer una ayuda en el momento de necesidad, pero, en realidad, esta conducta terminará por confirmar su incapacidad frente a la situación temida, la cual aumenta más su miedo. Así, en estos casos, se invita al paciente -no se le impone- a que evite evitar. []
Otros pacientes revelan que normalmente tienden a evitar situaciones de miedo y llegan a un punto en que sienten la necesidad de ponerse a prueba forzándose a enfrentarse a situaciones de miedo planificadas, con la intención de medir sus propios fracasos. A estos pacientes [] se les induce a comprender que su particular solución intentada está, finalmente, manteniendo y empeorando su miedo. []
Después del primer cambio importante, obviamente son necesarias toda una serie de maniobras terapéuticas posteriores para alcanzar la solución definitiva. []
La segunda fase de la terapia se preocupa de los intentos del paciente por mantener el control de sus reacciones. Para ello, los pacientes tienden a evitar incluso el pensar acerca de sus miedos, pero esto, paradójicamente, los lleva a pensar aún más en ellos. Hemos establecido una prescripción específica para cambiar este sistema perceptivo-reactivo (la prescripción de “la peor fantasía“):

La prescripción de elección
para la mayoría de los miedos:
“La peor fantasía”

Le voy a dar ahora una tarea que le parecerá más bien extraña e incluso más absurda de la que acaba de realizar. Sin embargo, como acordamos, ha de seguirla al pie de la letra. [] Bien, cada día, a la hora acordada, usted cogerá este despertador y lo pondrá para que suene media hora más tarde. Durante esta media hora, se aislará en una habitación, se acostará o sentará en un sofá y durante este tiempo es esforzará voluntariamente en evocar sus peores fantasías relativas a su problema, pensando que está solo, que siente cómo le entra el pánico…Usted permanecerá en este estado durante el resto de la media hora. Tan pronto como suene la alarma, stop, la para, suspende el ejercicio, deja los pensamientos y las sensaciones que ha provocado, sale de la habitación, se lava la cara y vuelve a sus actividades habituales.

La prescripción sigue el proverbio de los antiguos chinos, para apagar el fuego hay que añadir leña. O, como reza una máxima islámica, enfrentándose al propio miedo, uno se vuelve audaz.
En la sesión siguiente, [] la redefinición se expresa como sigue:

Muy bien. Usted ha aprendido a modular y gestionar su trastorno. Así como usted puede provocar de forma voluntaria los síntomas, también puede limitarlos, y cuanto más pueda provocarlos durante un tiempo dado, más podrá limitarlos y hacerlos desaparecer. Cuanto más pueda usted provocarlos durante la media hora, mucho mejor será capaz de controlarlos durante el resto del día []

En la tercera fase de la terapia, el paciente será conducido a utilizar esta reacción paradójica directamente en el momento de necesidad, cuando surja el miedo. Esto hará que pueda hacerlo desaparecer. Cuando la persona ha conseguido esta capacidad, la guiamos a que se exponga a las situaciones temidas previamente evitadas. Muy a menudo, los pacientes lo hacen de forma espontánea, cuando han recuperado la confianza en sus recursos. Este proceso, en su totalidad, lleva a una completa recuperación de los trastornos fóbicos”

(De “Conocer a través del cambio”. Giorgio Nardone y Claudette Portelli. Herder Editorial)

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