LA IMPORTANCIA DEL RITUAL

Paul Watzlawick (izq.), John Weakland (centro, con anteojos) y una sonriente Mara Selvini Palazzoli (1979)

“El ritual es la síntesis más universal y elegante en que pueden combinarse todas las diversas intervenciones descritas en este libro. []
Tal vez una de las enfermedades de la época moderna sea que llevados por la hybris de nuestro hemisferio cerebral izquierdo, hemos desterrado en buena parte de nuestras vidas el ritual. []
Serían muchísimas las personas que podrían aceptar mucho más rápidamente y con algo menos de sufrimiento el fracaso de su matrimonio, si la banal firma al pie del documento de divorcio pudiera revestirse de un ritual moderno. []
Hasta donde alcanzan mis conocimientos, la utilización consciente, planificada hasta en sus menores detalles, del ritual, fue introducida por vez primera en la terapia de la comunicación por Mara Selvini y sus colaboradores, del instituto de la Familia de Milán. Según esta autora, un ritual familiar es << una acción o serie de acciones, acompañada de fórmulas verbales, que se lleva a cabo con participación de toda la familia. Como todo ritual, tiene que consistir en la secuencia, sujeta a ciertas normas, de unos determinados pasos en un determinado momento y en un determinado lugar >>. Y añade: []

se trata más bien de un contrajuego que, una vez jugado, destruye el juego anterior. Con otras palabras, lleva a la sustitución de un ritual insano y epistemológicamente falso (por ejemplo del síntoma anoréxico) por un ritual sano y epistemológicamente correcto”



Añadimos aquí la descripción resumida de uno de sus ejemplos:


Un niño, cuyo electroencefalograma mostraba una perturbación cerebral mínima, fue llevado a una terapia de familia, porque su psiquiatra se negó a seguir el tratamiento. El niño parecía inaccesible al psicoanálisis y mostraba una agresividad poco menos que intolerable. Al cabo de 4 sesiones con los padres, dos en presencia del niño, llegaron los terapeutas a la convicción de que, aparte los conflictos intensos entre los cónyuges, el muchacho se hallaba inserto en una situación de doble vínculo de la que no podía liberarse. Declarado <<enfermo>> por los neurólogos y atiborrado de dosis masivas de tranquilizantes, abandonado por el psiquiatra como casi sin remedio, se le trataba en su casa como un perturbado mental y se le permitía, por consiguiente, comportarse de una manera que los padres no consienten a ningún niño en su sano juicio: dar fuertes puntapiés a su madre en la cara cuando ésta le ponía los zapatos; atacar con el cuchillo de mesa; arrojar los platos de sopa sobre el vestido de su madre, etc. En cambio, se le presentaban, en sermones y quejas inevitablemente prolijas, las “fechorías” que cometía, cuando se comportaba como un niño normal de su edad. Los terapeutas advirtieron de inmediato que su primera tarea consistía en eliminar aquella situación de doble vínculo, mediante el recurso de destruir la convicción de los padres de que su hijo era un <<enfermo mental>>. Pero también comprendieron que no podrían conseguir este objetivo con aclaraciones verbales, que hubieran sido inmediatamente rechazadas. Decidieron, pues, prescribir el siguiente ritual familiar: aquella misma noche, después de cenar, toda la familia [] debía dirigirse en procesión al cuarto de baño, donde el padre debería recoger todos los frascos de medicinas del niño, y dirigiéndose a éste, debía decirle en tono solemne: <>
A continuación, debería ir vaciando, uno tras otro, todos los frascos de medicina, echando su contenido al water y repitiendo en cada frasco: <>. A pesar del miedo de la madre de que, sin sus calmantes, el niño acabaría por matarla, el ritual fue tan eficaz que llevó a la desaparición del comportamiento agresivo. “


(De El lenguaje del cambio. Nueva técnica de la comunicación terapéutica”. Paul Watzlawick. Herder Editorial)

ALGUNAS INTERVENCIONES DE MILTON ERICKSON

-“Nos cuenta Erickson que ya desde niño tuvo que ayudar a su padre en los trabajos de la granja y que muchas veces su padre creaba una ilusión de alternativas dejándole, por ejemplo, elegir libremente entre dar de comer primero a los cerdos o a las gallinas. La elección no consistía en si él quería o no echar de comer a los animales, sino sólo en cual de los dos trabajos (que tenía que hacer de todas formas) prefería hacer “primero”.
Erickson recuerda también que comenzó a utilizar este método en la escuela, al poner a sus condiscípulos ante la elección de dos posibilidades, cada una de las cuales habrían rechazado si se les hubieran ofrecido individualmente, no las dos a la vez. []
La ilusión de alternativas es a menudo una parte esencial de las inducciones a trance, por ejemplo:
<<¿Quiere usted entrar ahora en trance ahora o más tarde?
>>
<<¿
Quiere sentir que los párpados sean cada vez más pesados, hasta cerrarse, o se quedarán cómodamente abiertos?>>[]
El denominador común de todos estos ejemplos consiste, por supuesto, en que en todos ellos se da implícitamente por evidente la entrada en el trance.

-En cierta ocasión acudió al consultorio de Erickson la madre de una muchacha de 14 años; la muchacha estaba convencida de que tenía los pies demasiado grandes y por eso se iba aislando. [] Cuanto más intentaban convencerla con buenas palabras, más se aferraba ella a su idea de que sus pies eran deformes. Erickson concertó una visita con la madre, con la supuesta finalidad de someter a un examen médico a la madre misma. En el transcurso de la exploración, Erickson pidió a la muchacha que trajera una toalla, que se quedara detrás de él y tuviera la toalla preparada. Poco después, dio un paso atrás y “sin querer” le dio un buen pisotón. Ella lanzó un grito de dolor. Entonces Erickson se volvió y dijo acremente: <<Si tus pies fueran lo bastante grandes para que un hombre los pudiera ver, no habría pasado esto.>> Y afirma que esta sola intervención fue suficiente para provocar el deseado cambio en la imagen que la muchacha tenía de sí misma.

-Si Erickson tiene que habérselas, en una terapia matrimonial con una mujer que interrumpe constantemente y que, además, responde siempre por su marido, sin dar a éste ocasión para despegar los labios, dice a la mujer más o menos lo siguiente: <<Sé muy bien que usted quiere ahorrar tiempo y ayudarme. Con todo, necesito también la opinión de su marido. ¿Tiene por casualidad una barra de labios? >> (Por supuesto, casi siempre la tiene.) <<Bien, acaso esto le parezca ridículo, pero permanezca usted, por favor, con la punta de la barra suavemente apoyada en su labio superior. Cuando haga yo algunas preguntas a su marido, notará usted que sus labios se mueven un poco, exactamente como si quisieran decir algo. Creo que encontrará usted este fenómeno muy interesante.>> Al describir esta intervención, explica Erickson: <<Con esto, conseguía yo dar a sus labios una legítima finalidad. Ella no lo entendió, por supuesto, pero en conjunto lo encontró divertido>> 


-Una paciente gravemente depresiva, que vivía sola, le dijo al principio de la primera sesión que él era su última esperanza y le declaró, como en un ultimátum, que le daba tres meses de plazo para que la ayudara. Si la terapia no le servía de utilidad, se quitaría la vida. En vez de intentar lo mismo o más de los mismo ya intentado sin provecho con anterioridad, a saber, quitarle de la cabeza, con persuasivas palabras, la idea del suicidio, Erickson pasó directamente a hablar el lenguaje de la paciente y le propuso, en monólogos prolijos y monótonos típicos para él, de forma despaciosa y, por supuesto, sin el menor sarcasmo, que empleara aquellos tres meses en hacer todas aquellas cosas que había deseado hacer desde hacía tres años, pero que no se había atrevido a hacer o creía que no podía permitirse. Como hacía ya muchos meses que había abandonado por completo el cuidado de su persona, iba mal vestida y despeinada y era la viva estampa de la desidia, le propuso, en primer término, que visitara un salón de belleza para vivir al menos una vez lo que para las mujeres más favorecidas por el destino era la cosa más natural del mundo todos los fines de semana. De igual manera, y sin relación inmediata con el suicidio con que amenazaba, le sugirió que se gastara tranquilamente su dinero en elegantes vestidos, en manjares exquisitos y otros lujos similares. Es fácil de adivinar el resto de la historia. Al mantenerse Erickson dentro del marco del ultimátum que aquella mujer le había trazado, sin someterlo nunca a discusión, consiguió, mediante muchos pequeños pasos, sacarla de aquel marco y modificar de este modo su visión del mundo”.

(De El lenguaje del cambio. Nueva técnica de la comunicación terapéutica. Paul Watzlawick. Herder Editorial)

1 81 82
A %d blogueros les gusta esto: