El del campesino que compró una cabra, una col y un lobo

En los últimos quince años, en nuestro Centro de Terapia Breve Estratégica de Arezzo, hemos desarrollado una técnica sumamente refinada para conducir una entrevista clínica y transformar incluso una conversación particular en una forma efectiva de cambio terapéutico.

Como veremos en detalle, el primer componente lo representan las preguntas estratégicas orientadas a desmontar las percepciones, creencias, paradojas y contradicciones que alimentan los circuitos mentales patológicos.

Un segundo componente, igualmente importante y que a veces en el curso de los diálogos terapéuticos lo anticipa, lo representan las paráfrasis reestructurantes, o el devolver al paciente a una especie de síntesis de sus declaraciones o de sus respuestas a las preguntas, para verificar que el terapeuta ha entendido lo que él ha expuesto.

El propósito es crear acuerdos progresivos tanto sobre la definición detallada del problema como sobre las modalidades a través de las cuales esto se mantiene y se alimenta. Así, sin forzar directamente al paciente, lo llevaremos a desplazar su punto de vista respecto de la situación problemática y a resaltar de qué modo sus intentos de combatirla acaban alimentándola.

Indirectamente, crearemos así en el paciente nuevas visiones que literalmente lo conducirán a descubrir el funcionamiento de la trampa que en un primer momento él ha construido, para terminar después atrapado en ella. El efecto de este descubrimiento suele representar una “iluminación” que abre a percepciones y reacciones alternativas.

Con esta finalidad, como muestran los ejemplos, el lenguaje que se utiliza es lógico y también es analógico, es decir, tanto indicativo y explicativo como performativo y evocador. Durante el diálogo terapéutico se alternan detalladamente análisis lógicos explicativos con analógicas, metáforas, ejemplos y aforismos evocadores.

Todo ello con el objetivo de comunicar a través de la activación de los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo, tanto a escala intelectual como emotiva, con el fin de provocar un cambio efectivo en el plano de la percepción y de la comprensión. Este resultado es necesario para conseguir que la persona logre seguir de modo riguroso las indicaciones terapéuticas.

Tras esta crucial fase inicial del tratamiento, se pasará a prescribir la técnica terapéutica construida ad hoc para esta tipología de trastorno. En otras palabras, se procederá de modo que el sujeto pueda aplicar constantemente contra las dudas y los dilemas que lo inmovilizan, la estratagema terapéutica capaz de bloquear de inmediato este proceso perverso. Como veremos, esta maniobra terapéutica específica es la explicitación pragmática de cuanto se ha expuesto hasta el momento; es decir, bloquear las respuestas patológicas para inhibir las preguntas patógenas.

El paciente deberá atenerse constantemente a la regla de “detener” todo intento de responder a las cuestiones inducidas por la , a fin de quitarle alimento a esta última y disolverla.

Pero ¿por qué bloquear las respuestas en lugar de las preguntas provocadas por la duda? Si un terapeuta sugiriese, como lamentablemente sucede a menudo, no plantearse preguntas o intentar bloquear la duda, con mucha probabilidad provocaría una ulterior paradoja de “pensar que no se piensa” y de “controlar lo que no se puede controlar”, terminando por alimentar lo que se desearía eliminar. Debe optarse, por lo tanto,  por un camino aparentemente más tortuoso, que permita lograr la extinción de la duda induciendo a la anulación de las cuestiones mediante el bloqueo de las respuestas.

Para aclarar este aspecto recurramos a un ejemplo popular. Un campesino fue al mercado atravesando con una pequeña barca el río que separaba su terreno de la ciudad y, haciendo un buen negocio, compró una cabra, una col y un lobo, sin tener presente que en el camino hacia casa tropezaría con un serio problema. Llegado al río, el campesino se dio cuenta de que en la pequeña barca solo cabía, además de él, una de sus compras: “¿Cómo puedo salvar la cabra y la col?”. Si llevase primero la cabra y luego la col, mientras volviera a recoger el lobo la cabra se comería la col; si llevase primero la cabra y luego el lobo, el lobo se comería la cabra mientras el campesino estuviera ocupado en traer la col.

No existe una solución inmediata y directa a este problema, mientras que reflexionando se puede encontrar una más tortuosa y que prevé un salto lógico respecto del razonamiento común. En efecto, nuestro campesino puede cruzar el río primero con la cabra y luego con el lobo, pero después debe volver con la cabra y dejarla de nuevo en la otra orilla, en la que deberá embarcar la col para luego depositarla junto al lobo y, finalmente, volver atrás para recoger la cabra. Solo así salvará la cabra y la col.

Sobre estos pasos, desde un punto de vista estratégico bloquear las respuestas para inhibir las preguntas y anular las dudas significa, en lugar de combatir directamente lo que provoca el problema, optar por una solución aparentemente tardía y más compleja, capaz sin embargo de disolver la complejidad del problema y permitir su resolución.

En la filosofía de las estratagemas significa “salir después para llegar antes” y “hacer subir al enemigo al desván y retirarle la escalera” (Nardone & Balbi, 2008).

(Extraído de aquí)

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