Hemos visto que en los métodos en los que los individuos tienen que luchar contra la de tomar lo que sea que les preocupa (bebidas alcohólicas, caramelos y otros dulces “prohibidos”, drogas de la calle), estos en general al final acaban cediendo. Hemos especulado que la acción aparentemente tan sencilla de luchar con la tiende a abocar al fracaso porque expresa una orden de “No lo hagas” para resistir la tentación mientras que al mismo tiempo se transmite otra orden de “Hazlo“, expresada por la propia substancia no deseada; es decir, creemos que uno no puede acatar una orden de “No lo hagas” a menos que haya otra alternativa de “Hazlo“.

Así, es difícil que surta efecto el eslogan de Nancy Reagan “Di que no a las drogas” a menos que también haya un “En cambio di que sí a [otra cosa que no sea la droga] “. En lucha entre “Siento la tentación” y “pero no debo ceder“, la tentación es, lógicamente, una orden mucho más fácil de seguir. Uno no puede dejar de estar sentado si no hace otra cosa, ya sea ponerse en pie, tumbarse, tirarse al suelo o lo que sea, como acción alternativa.

¡Hazlo!

Nuestro colega John Frykman, que hace unos años trabajó con adictos a la heroína en la sección de Haight Ashbury de San Francisco, desarrolló este principio al tratar a sus pacientes con resultados sorprendentes eficaces y duraderos. De hecho, les proponía realizar una sencilla acción alternativa cada vez que se enfrentaban a la tentación de inyectarse. (…) Le pedía al paciente: Si en el momento en que la tentación es más fuerte hubieras dicho: “No, gracias” a tu amigo, te hubieras dado la vuelta y marchado, ¿eso te habría enseñado algo sobre tu resistencia a volver a tomar? Aunque esta pregunta se formuló como una manera de que el adicto determinara si había superado su hábito, contiene la sugerencia implícita de una acción alternativa: di “no, gracias” y después da media vuelta y márchate; si lo haces, controlarás la tentación. Atribuimos la eficacia del enfoque de Frykman a que ofrece al yonki una alternativa sencilla e inmediata a ceder a la tentación. (…)

Otra alternativa sería determinado tipo de acción, por ejemplo: “Cuando sienta la tentación, salga a la calle y dé una vuelta a paso ligero para fortalecer su cuerpo en lugar de debilitarlo“. Esta alternativa pone el énfasis en hacer algo para el propio cuerpo y no solo en huir del impulso. (…)

¡No lo hagas! ¡No hagas caso a ese!”

 

En la tercera sesión vimos a Judy y George juntos y les propusimos una tarea para poner a prueba la capacidad de Judy de controlar la bebida. (…)

Judy tenía que marcarse sus propios límites, a diario, de lo que significaba controlar la bebida. Sin embargo, como no debía facilitarle las cosas, George tenía que animarla a beber más allá del límite que ella se había fijado; le dijimos que podía hacerlo de un modo explícito (Veo que necesitas relajarte; ¿no te apetece una copa? ) o implícito. (…)

 

Decidimos usar lo que en retrospectiva vimos que era un tipo de prueba similar a la empleada por Milton Erickson y Jay Haley en su trabajo clínico. Es decir, si algún día Judy sobrepasaba su límite, George y ella estaban obligados a beber el fin de semana. Nos sentimos optimistas con esta idea porque George iba a encargarse de llevarla a cabo (él tenía que servir el vino en dos copas e instar a Judy a beber, una copa tras otra) y, de este modo, se desviaría claramente del “Debes parar de beber“.

   (Extraído de aqui)

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