PAUL WATZLAWICK: EL DELICADO ARTE DE REESTRUCTURAR

“Es sábado por la tarde y todos los chicos están de vacaciones, excepto Tom Sawyer, que ha sido condenado a enjabelgar treinta yardas de vallas de nueve pies de alto. La vida le parece vacía y la existencia una carga. No es solamente el trabajo aquello que encuentra intolerable, sino especialmente la idea de que todos los chicos que pasen se reirán de él por tener que trabajar. En este sombrío y desesperado momento, refiere Mark Twain, le ilumina una súbita inspiración. Nada menos que una grande y magnífica inspiración.
A los pocos instantes acierta a pasar por allí un chico, aquel ante el cual Tom teme más hacer el ridículo.
-Hola chico, con que trabajando ¿eh?
-¡Cómo! ¿Tú por aquí, Ben? No me había dado cuenta.
-Me voy a nadar. ¿No te gustaría venir? Pero ya veo que tienes que trabajar, ¿no te gustaría? ¡Apuesto a que te gustaría!
Tom contempló un momento al otro chico y le dijo:
-¿A qué llamas trabajar?
-¿Cómo? ¿Es que eso no es trabajo?
Tom reanudó su tarea de enjabelgar y contestó negligentemente:
-Bueno, puede que lo sea y puede que no le sea. Todo lo que sé es que le gusta a Tom Sawyer.
-Vamos, ¿no querrás decir que te gusta esto?
La brocha continuaba moviéndose.
-¿Gustarme? Bueno, no sé por qué no habría de gustarme. ¿Es que un chico tiene ocasión de encalar una valla todos los días?
Esto lanzó nueva luz sobre el asunto. Ben dejó de mordisquear su manzana. Tom hacía oscilar la brocha elegantemente de un lado a otro, dio un paso atrás para observar el efecto, agregó un toque aquí y allá, volvió a observar con ojo crítico el efecto obtenido. Ben observaba cada uno de sus movimientos y se mostraba cada vez más interesado, cada vez más absorto. De repente dijo:
-Oye, tom, déjame blanquear un poco.

Hace media tarde, la valla tiene tres capas de pintura y Tom está literalmente rebosante de riqueza: un chico tras otro ha repartido con él sus bienes por el privilegio de pintar parte de la valla. Tom ha tenido éxito reestructurando su ingrata faena y convirtiéndola en un placer por el cual hay que pagar y sus amigos, como un solo hombre, han seguido este cambio en cuanto a la definición de la realidad.”

(De “Cambio“. Paul Watzlawick. Weakland y Fisch. Herder)

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