CONVENCER A LOS DEMÁS PARA CONVENCERSE UNO MISMO

“Para huir de la tiranía de la duda y de la inseguridad el hombre ha elaborado diversas estrategias. En la literatura psicológica encontramos dos en particular, tan frecuentes como para poder ser definidas como un vicio de forma psicológica del hombre moderno: la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger (1953) y el autoengaño del convencer a los demás para convencerse a uno mismo.
La disonancia cognitiva se refiere al fenómeno de crisis emocional que se manifiesta cuando, tras realizar una elección, surge la duda relacionada con las otras opciones de elección.[]
Lo que se observa en la mayoría de las personas que compran un coche es la tendencia a indagar, releer y hablar de las cualidades del automóvil, así como de los defectos de los modelos en competencia. Este autoengaño cognitivo permite reforzar la creencia de haber efectuado la mejor elección y anula las sensaciones de ansiedad y angustia derivadas de la duda de haber realizado una elección desafortunada. []

Leon Festinger

Cuando el sujeto tiende autilizar de modo generalizado este recurso mental para aplacar sus dilemas  interiores, el fenómeno se transforma en rigidez mental e incapacidad crítica, bajo forma de psicopatología obsesiva. Esta forma se entiende como un trastorno caracterizado en general por obsesiones, imágenes mentales, ideas fijas, que persiguen y se introducen en la mente de manera insidiosa. [] Cuando surgen estas dudas se recurre a menudo a rituales de control o a medidas preventivas que acaban convirtiéndose en un trastorno obsesivo-compulsivo. []

Convencer a los demás para convencerse a uno mismo puede definirse como un autoengaño interaccional ya que su matriz es de tipo exclusivamente intersubjetivo. El fenómeno consiste en la arrogancia  con la que el sujeto trata de convencer a los demás de la validez de ciertos argumentos, convicciones o acciones cuyo objetivo es tranquilizar al sujeto mismo sobre la validez de su propio punto de vista. Por ejemplo, traiciono a la pareja, hablo con un amigo e intento convencerlo sobre los buenos motivos por los que he cometido tal desliz. Cuanto más consigo persuadirlo, más reduzco mi sentido de culpa, hasta convencerme de haber actuado correctamente y que tal vez podría haberlo hecho antes. Basándose en este grotesco fenómeno, algunos individuos que han cometido acciones malvadas consiguen transformarse en víctimas y, por lo tanto, presentarse como inocentes. También en este caso, los secuaces de la pureza del pensamiento podrían objetar que el razonamiento racional coherente y congruente libera de estas medidas del intelecto. Desgraciadamente, sin embargo, como la historia y la vida cotidiana nos demuestran, intentamos convencer a los demás de la validez de los principios de la razón para confiar en este método.

Si este mecanismo se generaliza en todas las situaciones y no solo en los momentos críticos, nos encontramos ante una psicopatología de tipo histriónico y paranoico. Teóricamente afín a la histeria o al trastorno narcisista de la personalidad, la persona histriónica se caracteriza por la emotividad excesiva con tendencia a evadir responsabilidades emocionales y por una continua y constante búsqueda de atención y aprobación, a menudo a través de una actitud seductora-provocadora. Estos sujetos son facilmente influenciables por ser manipuladores y dependientes de los demás, egocéntricos, inmaduros en sus relaciones y con una débil identidad personal aunque aparentemente muestran una gran seguridad. Adoptan a menudo una actitud teatral y desinhibida y no pocas veces presentan rasgos paranoicos. Los sujetos con actitud paranoica creen que todo el mundo va contra ellos y no se fían de nadie. El estado paranoico más comprobado es aquel en el que creen ser perseguidos o espiados, o que los demás pueden tener malas intenciones con ellos, hasta llegar a psicosis con contenidos delirantes. Un error de una persona es interpretado como un engaño, una ocurrencia graciosa se convierte en un ataque, un cumplido llega a ser un modo elegante de expresar una crítica o un ofrecimiento de ayuda, aunque se reciba de una persona querida, se transforma en una declaración de incapacidad.”

(De “Pienso, luego sufro. Cuando pensar demasiado hace daño. Giorgio Nardone y Giulio De Santis. Paidos Contextos)

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