TRATAMIENTO DEL VOMITING (II)

2) Transgresoras conscientes pero arrepentidas. Estas pacientes, si bien son conscientes de lo placentero de su ritual, están cansadas de ser poseídas por el demonio y en general son más bien colaboradoras y propensas a seguir las indicaciones del terapeuta. Las soluciones ensayadas en estos casos la tentativa por reducir o controlar los atracones y el consecuente vómito, con el resultado del aumento del ritual. Con esta tipología se utiliza una táctica que, en vez de basarse en el control del síntoma, altera la percepción agradable que hace irrefrenable la compulsión por comer y vomitar (técnica del intervalo):

Entonces, ¿estás realmente dispuesta a hacer de todo para dejar de ser poseída por este demonio? Pues bien, a partir de ahora y hasta la próxima vez que nos veamos yo no tengo la menor intención de pedirte que hagas un esfuerzo por no comer y vomitar, total, no eres capaz, hazlo pues todas las veces que desees. Pero tendrás que hacer lo que te indico. Desde ahora y hasta la próxima sesión, comerás y vomitarás, comerás y comerás…como a ti te gusta tanto. Cuando hayas acabado de comer, en el momento en que generalmente tienes que ir a vomitar, te detendrás, te procurarás un despertador, lo programarás para media hora más tarde y durante media hora esperarás, sin hacer nada, sin comer nada más, ni sólido ni líquido. Cuando suene el despertador correrás a vomitar, ni un minuto antes, ni un minuto después.

Si se consigue hacer que esta prescripción sea respetada, se interrumpe la secuencia temporal del ritual y de esta manera se altera su irrefrenable placer. [] De este modo nos apoderamos del síntoma a través de una maniobra terapéutica que recalca su estructura pero que, al mismo tiempo, invierte su sentido llevándolo hacia la autodestrucción. O bien, en otras palabras, se hace subir al enemigo al desván y se le quita la escalera.
Si la paciente vomitadora acepta esta prescripción, en el transcurso de las sesiones sucesivas se aumenta el intervalo a una hora, una hora y media o dos horas, hasta que, llegados a tres horas o tres y media, en general dejan de vomitar. [] La técnica del intervalo, que altera la espontaneidad de la secuencia, no sólo quita placer al acto liberatorio de vomitar, sino que, con la prolongación del intervalo de tiempo lo hace cada vez más laborioso y desagradable. De este modo, un rito basado en el placer se transforma en una verdadera tortura. Además, a partir del momento en que estas jóvenes dejan de vomitar, se normaliza igualmente su relación con la comida, en el sentido de que, temiendo engordar, dejan de darse atracones y de consumir enormes cantidades de comida.
En estos casos, paralelamente a la reducción del síntoma, vuelve a ganar terreno la vida social e interpersonal, sobre todo en una dinámica de placer en las relaciones con el otro sexo.

3) Transgresoras conscientes y complacidas. Son las menos colaboradoras, no tienen ninguna intención de dejar de comer y vomitar y tienden por lo tanto a sabotear la terapia. Con esta tipología es necesario utilizar estrategias muy indirectas. [] Hay que utilizar su narración ampliándola. Durante toda la sesión el terapeuta utiliza y recalca el lenguaje del paciente, secundando la lógica del placer:

Tienes toda la razón, el placer es lo más importante, además, es todo lo que tienes, es lo más bello.

De este modo guiará a la paciente a describir detalladamente su perversión, y en general una paciente vomitadora se presta a esto con mucho gusto.

Quiero realmente entender, ¿qué te da placer, cuáles son las comidas más ricas, de qué manera te gustan más? ¿te gustan más de día o de noche? ¿comer sola o mientras te observan? ¿comer rápidamente o lentamente? ¿Sientes el placer de la comida en la boca llena o en el estómago?

Tras lo cual el terapeuta pasa a la siguiente maniobra:

Ah, claro, te gusta muchísimo comer, aunque para mi finges ser una verdadera transgresora pero en realidad no sabes hacerlo. Es más, te diré que a mi juicio no sabes gozar como se debe. Si quieres, puedo enseñarte a gozar más, dado que tú comes lo que encuentras al azar…Como en un juego erótico, ¿no crees que es más importante la calidad que la cantidad de los coitos? así que, ¿para qué vomitar comer y vomitar tres o cinco veces al día? Yo creo que las veces en las que te sientes realmente satisfecha son pocas. ¿Por qué no seleccionamos juntos cuál es el mejor modo de hacerlo, las comidas que más te gustan, dónde te gustan más, a qué hora te gustan más? ¿Alguna vez has hecho una selección? Yo propongo que sea una vez al día hecho realmente bien. Entonces, para la próxima vez, piensa cúal es la comida que más te gusta, en qué secuencia, lugar o momento del día. Te propongo que durante esta semana, pasada la medianoche, que es la hora del sabbat de las brujas, cuando todos estén acostados, bajes descalza a escondidas, prepares mentalmente todos los platos y lo hagas de la manera más placentera y transgresora posible. Después, regresas a la cama.

Con esta táctica el terapeuta ayuda progresivamente a la paciente a delimitar la búsqueda del placer, construye junto a ella el atracón perfecto y aguijonea todavía más sus impulsos transgresores. De este modo, al enseñarle a delimitar y seleccionar el placer, obtiene el importante resultado de hacerle reducir cada vez más la frecuencia del ritual. Al aumentar la calidad de los atracones se produce una espontánea reducción de su cantidad, siguiendo la estratagema china surcar el mar a espaldas del cielo. En unos meses se las llevará a comer y vomitar una vez a la semana, de manera ritual. Entre tanto, el terapeuta trabaja igualmente a nivel relacional, guiando a las transgresoras complacidas a descubrir placeres distintos al comer y vomitar. De hecho, el límite de cada placer es un placer mayor.

(De “Las prisiones de la comida”. Giorgio Nardone, Tiziana Verbitz y Roberta Milanese. Herder)

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