EN BUSCA DE SOLUCIONES

“Un caso de Michele (Weiner- Davis) ilustra otro aspecto de esta orientación centrada en las soluciones:
Una pareja fue a ver a Michele debido a su “monstruo” de 3 años. Janet, la madre, aseguró inmediatamente a Michele que su hija Mindy no era como los otros niños de su edad. Janet era una mujer culta de unos 30 años, que leía todos los artículos y libros sobre ser padres que le caían en sus manos. Estaba convencida de que la conducta detestable de su hija se salía de los límites normales de los “terribles 3 años”. Indicó que Mindy incordiaba todo el día, nunca aceptaba un “no”, interrumpía constantemente a los adultos, tenía rabietas sin ningún motivo, pellizcaba a su hermana cuando estaba sola y se negaba a irse a la cama por la noche. (La lista de quejas era en realidad mucho más larga.)
La pequeña traía de cabeza a toda la familia. Janet estaba segura de que lo que causaba la conducta intolerable de Mindy era su falta de capacidad como madre. Janet no sólo se sentía incapaz, sino también extremadamente culpable por no mostrar siempre sentimientos de cariño hacia Mindy, algo que ella creía que sentían todas las buenas madres. Para empeorar las cosas, Mindy se portaba bien en presencia de otras personas y recibía mucha atención de ellas, lo que convencía aún más a Janet de que ella era la causa del problema. Esto, a su vez, aumentaba sus sentimientos de incapacidad y alienación.
Ken, el padre, estaba también preocupado por su “monstruo”, en especial debido a que se sentía bombardeado por los informes negativos acerca de él en cuanto llegaba a casa por la noche.
También iba todos los días a comer a su casa, un acto de valor o de masoquismo, ya que mientras comía recibía un aluvión de detalles sobre la guerra Mindy-Janet. Pensaba que el matrimonio se estaba resintiendo del hecho de que Mindy fuera el único tema de conversación. Echaba de menos los ratos divertidos que solía pasar con Janet.
Durante la primera sesión parecía imposible conseguir que la pareja interrumpiera su letanía de quejas y se centrase en un punto de partida. Sin embargo, Janet hizo de pasada un comentario que sugirió un posible inicio. Contó que era capaz de predecir qué tipo de día tendría Mindy simplemente según cómo su hija se levantara por la mañana. Michele estaba deseosa de explorar más este tema.
Janet explicó que todas las mañanas la despertaba la voz de Mindy anunciando: “Mamá, ya estoy despierta”. A oídos de Janet, el saludo mañanero parecía unas veces de buen humor y otras sonaba quejumbroso. El tipo de saludo que recibía a su vez Mindy dependía de cómo Janet evaluaba la voz de su hija. Si le parecía alegre, Janet sabía que tendría un buen día. En estos casos entraba en la habitación de Mindy y empezaba la pequeña cantinela cotidiana que habían inventado:
“¿Cómo está la pequeña niña de mamá?” “Estoy bien”. “¿Quién quiere a Mindy?” “Mamá”. Entonces Janet y Mindy pasaban unos momentos juntas antes de bajar a desayunar. Habitualmente, el resto del día era relativamente pacífico.
Si a Janet la voz de Mindy le parecía quejumbrosa, iba a su cuarto con aprensión y rabia, y no empezaba la pequeña cantinela. Por supuesto, en ese caso Mindy confirmaba las predicciones de Janet y empezaba a quejarse, lo que marcaba el inicio de un día lleno de batallas.
Michele preguntó a Janet si estaría dispuesta a hacer un experimento. Sugirió que, tanto si Mindy se levantaba de buen humor como si se levantaba malhumorada, Janet entrase en la habitación de Mindy simulando que ésta estaba contenta. Esto significaba que Janet debía sonreír y empezar la canción inmediatamente, independientemente del humor de Mindy. Janet pensó enseguida que eso era una idea interesante y se mostró dispuesta a intentarlo.
A la semana siguiente, la pareja informó que habían tenido una semana mejor con Mindy. Parecía haberse centrado y era más agradable tenerla cerca. Janet y Ken comentaron los efectos positivos que eso tenía sobre su relación, más ratos relajados e incluso algunas risas. Lo que más les llamaba la atención era que, pese a que la conducta de Mindy estaba aún lejos de ser perfecta, aquella semana había aprendido totalmente y sin saber cómo a controlar sus esfínteres ¡por sí sola!
Varias sesiones más tarde, al revisar los progresos habidos antes de dar por terminado el tratamiento, Janet comentó que el experimento matinal había supuesto para ella el giro decisivo. Se dio cuenta de que podía conseguir que las cosas siguieran yendo bien pese a los desafíos de Mindy. Además, Janet y Ken habían aplicado esta idea con éxito a otras dificultades que tenían con Mindy.”


(De “En busca de soluciones. Un nuevo enfoque en psicoterapia”. W. Hudson O´Hanlon y M. Weiner-Davis. Paidos)

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