ERICKSON Y EL USO DE LAS METÁFORAS

“Cuando un sujeto resiste las directivas, es posible encarar el problema comunicándose con él en términos de una analogía o metáfora. Si el sujeto se resiste a A, el hipnólogo puede hablar de B; y si A y B son relacionados en forma metafórica, el sujeto hará espontáneamente la conexión y responderá de la manera adecuada. En el intrincado marco de la inducción hipnótica, la analogía puede ser comunicada en forma verbal o no verbal. [] Si una persona está siendo hipnotizada en presencia de otra, es posible hablar metafóricamente a esta última de manera tal de inducirle un trance, siendo que aparentemente el hipnólogo no se está centrando en ella en absoluto. En la hipnosis, el enfoque analógico o metafórico resulta particularmente eficaz con sujetos resistentes, ya que es difícil soportar una sugestión de cuya recepción uno no es consciente.
Milton Erickson es un maestro en el campo de la metáfora. La manera en que escucha y observa a un sujeto, como así también el modo en que le responde, consiste en atender a los múltiples mensajes metafóricos que la gente comunica constantemente a lo largo de su interacción. []
Un ejemplo típico: si Erickson atiende a un matrimonio que presenta un conflicto respecto de sus relaciones sexuales y que no está dispuesto a discutirlo directamente, enfocará el problema en forma metafórica. Elegirá algún aspecto de sus vidas que guarde analogía con las relaciones sexuales y lo modificará, como una manera de modificar la conducta sexual. Puede hablarles, por ejemplo, de cuando comen juntos, y explorar sus preferencias. Analizará con ellos el hecho de que la mujer prefiere un aperitivo antes de la comida, mientras que el marido prefiere zambullirse directamente en la carne y las papas. O quizá la mujer prefiera una comida tranquila y despaciosa, y en cambio su marido -rápido y directo- sólo quiere terminar lo antes posible. Si la pareja empieza a conectar lo que está diciendo con las relaciones sexuales, Erickson los arrastrará a otro tema, y luego regresará a la analogía. Puede terminar la conversación con la directiva de que la pareja organice una comida placentera, que satisfaga a ambos, para una noche particular. Cuando un enfoque tiene éxito, la pareja pasa de una comida más agradable a una sexualidad más agradable, sin darse cuenta de que Erickson ha establecido deliberadamente esta meta.
La disposición de Erickson a trabajar con la metáfora no se limita al intercambio verbal sino que se aplica también a las personas que viven una existencia metafórica. Este estilo de vida es típico de los esquizofrénicos, y Erickson supone que en el caso de estos la metáfora es el mensaje importante. Cuando trabajaba en el Worcester State Hospital, por ejemplo, había un paciente joven que decía ser Jesús. Se paseaba como si fuese el Mesías, iba envuelto en una sábana y trataba de imponer el cristianismo. Erickson se le acercó en los jardines del hospital y le dijo: “Tengo entendido que sabe usted de carpintería”. El paciente no pudo contestar sino afirmativamente. Erickson lo incluyó en un proyecto especial para la construcción de una estantería y así lo derivó hacia un trabajo productivo. []
Lo que distingue con más precisión a Erickson de otros terapeutas es que, si bien comunica metafóricamente con los pacientes, no les interpreta el significado de sus metáforas. No traduce la comunicación inconsciente a términos conscientes. Ante cualquier expresión metafórica del paciente, Erickson responde de la misma manera. [] Su opinión parece ser que la profundidad y la suavidad del cambio pueden verse perjudicadas si la persona es expuesta a una traducción de lo comunicado.
El evitar la interpretación no alcanza solamente a los enunciados verbales de los pacientes, sino también a sus movimientos corporales. Erickson es famoso por su aguda observación de la conducta no verbal, pero la información que recibe conserva su carácter no verbal. Por ejemplo, una paciente dijo una vez a su terapeuta: “Me agrada mi marido”, y mientras hablaba se colocó la mano sobre la boca. El terapeuta le interpretó que debía tener algunas reservas acerca de lo que decía, ya que se cubría la boca. La estaba ayudando a darse cuenta de su gesto inconsciente. Erickson nunca formularía tal comentario, sino que aceptaría el gesto de la mujer como un modo de comunicación perfectamente válido. Traducir ese mensaje a una forma diferente sería una acción perturbadora y descortés. Lo que es peor, sería simplificar en exceso un enunciado extraordinariamente complejo. Es típico de las interpretaciones de la comunicación inconsciente -propias de las técnicas de insight- el ser absurdamente reduccionistas, como lo sería el intento de resumir una obra de Shakespeare en una sola frase.”

(De “Terapia no convencional. Las técnicas psiquiátricas de Milton Erickson”. Jay Haley. Amorrortu/editores)

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