MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO Y DEMÁS PATOLOGÍAS DEL BLOQUEO DE LA ACTUACIÓN

“Con el nombre de patologías del bloqueo de la actuación (performance) nos referimos a todas aquellas acciones que se han de dejar de hacer debido a un exceso de ansiedad y miedo al fracaso de la persona. Incluyen el miedo escénico, el miedo a hablar en público, el quedarse en blanco en exámenes o entrevistas, fiascos deportivos y sexuales, o el bloqueo de otras actuaciones, en las que la persona siente que ha de probarse a sí misma.
En nuestra experiencia muchas de las terapias del bloqueo de la actuación son realmente parecidas a las utilizadas en los trastornos fóbicos y obsesivos. De hecho, la principal solución intentada que mantiene el problema es intentar mantener el control, lo que irónicamente lleva a la pérdida de control. Como puede observarse, es la típica solución intentada en el síndrome del pánico, por lo que la estrategia terapéutica utilizada es entrenar al paciente para que pierda el control voluntariamente y así, paradójicamente, pueda mantenerlo. []

Éste era el caso de un directivo de marketing, de 50 años, de una importante empresa italiana. Telefoneó a nuestro centro para pedir una cita urgente. Fijamos la cita para el día siguiente, en la que confesó que estaba abrumado por un problema que amenazaba con destruir su vida profesional. En los últimos meses le aterrorizaba hablar en público. Por lo tanto, a lo largo de éstos había inventado toda clase de excusas para evitar hacerlo. Hasta entonces, había realizado discursos con seguridad en convenciones frente a cientos de colegas. [] Estaba completamente desesperado porque una semana después de nuestra entrevista tenía que proponer, durante una convención, el plan de marketing de la compañía, y esta vez no tenía escapatoria.
Cuando le preguntamos acerca de su mayor miedo, respondió que tenía miedo a que su mente se quedara en blanco mientras estaba presentando la exposición frente a los exigentes directivos de la compañía. Esto le crearía una gran vergüenza a él y a su empresa.
El problema apareció durante uno de los muchos congresos al que estaba invitado a hablar, cuando fue testigo de una grave crisis de ansiedad de un colega suyo. Desde entonces, estaba aterrorizado por la posibilidad de que le sucediese lo mismo a él. []
Reunida toda la información, le dimos al paciente la prescripción siguiente:

Desde ahora hasta el día de la convención, quisiéramos que realizara esta tarea. Cada día, durante la pausa de la comida, cogerá un despertador o puede utilizar un teléfono móvil y lo pondrá para que suene media hora más tarde. Durante esta media hora, se aislará en su oficina, se sentará en una cómoda silla, y durante el tiempo estipulado se esforzará en evocar sus peores fantasías; imagínese frente a cientos de ejecutivos exigentes que no pueden perder el tiempo, imagine que ha de empezar su discurso pero no recuerda cómo comienza ni lo que tiene que decir. Su mente está en blanco, todos le están mirando, esperando sus palabras, y usted empieza a sentir el pánico. Empieza a sudar…Si siente que tiene necesidad de gritar, grite, pero durante la media hora ha de esforzarse en traer a su mente sus peores fantasías. Tan pronto como suene la alarma, STOP, la para, suspende el ejercicio, para los pensamientos y sensaciones que había provocado, sale de la oficina, se lava la cara y reanuda sus actividades.

De este modo, el paciente es invitado a realizar esta tarea diariamente hasta el gran día.

El día de la presentación, nos gustaría que hiciera lo siguiente. En la hora antes de su exposición intente llevar a su mente todas sus peores fantasías posibles; no necesita aislarse, hágalo mentalmente. Concentre toda su ansiedad en esa hora antes de la exposición. De este modo se sentirá mucho menos ansioso más tarde. Cuando sea la hora de hablar, si siente que está bien, siga adelante y haga su exposición. Si todavía siente que tiene tensión, ocupe su lugar y empiece diciendo <Queridos colegas, voy a pedirles que me excusen por adelantado si empiezo a ruborizarme, a sudar, o pierdo el hilo de mi tema porque últimamente no me encuentro demasiado bien>Después, presente su informe.

El hombre reaccionó diciendo que nuestra última petición haría que se sintiera avergonzado frente a sus colegas. Nuestra respuesta fue que si nos hacía caso al pie de la letra podía tener una agradable sorpresa, que no podíamos revelarle por anticipado.
Volvimos a verle después de dos semanas, pero nos había telefoneado unos días antes de nuestra sesión para darnos las gracias y hacernos saber que las cosas habían ido muy bien.[]
Así, en este caso, una de las soluciones  intentadas más ineficaces fue intentar mantener el control sobre la situación evitando discursos en público y evitando pensar en lo que podría suceder con la intención de limitar este miedo. Sin embargo, intentar no pensar sobre algo es la mejor manera de pensar aún más sobre ello. []
Normalmente, cuanto más intenta uno sentirse mal, menos atemorizado se siente. Éste es el efecto más frecuente y, de una manera similar, continuamos guiando a nuestros pacientes a que utilicen esta técnica para que aguanten sus momentos más críticos. [] La idea es hacer que toquen el fondo con el fin de volver a la superficie cada vez que empiezan a sentir que se están ahogando en su propio miedo.
Además, en este caso incluimos una ilusión de alternativas. En nuestra segunda prescripción, destinada al día de la presentación, dimos al paciente la posibilidad de escoger entre dos tareas: la primera era muy amenazadora y difícil de poner en práctica -declarar el secreto más atormentador-; en comparación, la segunda parecía menos amenazadora y fácil de cumplir -hablar en público-. Por lo tanto, forzamos a la persona a comprometerse hacia una tarea que, si se hubiera presentado como única opción, probablemente habría sido considerada como insuperable.

Se necesita mucho más valor para declarar
nuestra fragilidad que para esconderla

También en aquellos casos raros en los que los pacientes optan por declarar su secreto se obtiene el mismo resultado. Los pacientes informan de que, inmediatamente después de la confesión, se evaporan todas las tensiones, permitiéndoles llevar a cabo su discurso con notable tranquilidad.
Por desgracia, el habitual intento de controlar la propia tensión lleva a la pérdida de control.
Por el contrario, cuando declaramos nuestra fragilidad, se convierte en nuestro punto de fuerza. [] Utilizamos el proceso que ha llevado a la construcción de una patología, pero si lo reorientamos en la dirección opuesta, lo conducirá a su autodestrucción: Similia similibus curantur. []
Una persona que declara tranquilamente su fragilidad a los demás no sólo no parece frágil sino que resulta fuerte, porque se necesita mucho más valor para declarar nuestra fragilidad que para esconderla.

(De “Conocer a través del cambio”. Giorgio Nardone y Claudette Portelli. Herder)

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