CONDUCTA OBSESIVA COMPULSIVA: EL ESCRITOR BLOQUEADO

“Kirk era un biólogo soltero de 35 años que pidió ayuda porque tenía grandes dificultades para escribir.


Kirk: Quiero ser mi propio jefe y escribir, pero siempre me distraen otras cosas. Me pongo a leer el Boletín del club de la naturaleza en el periódico; me voy a correr y tardo una hora y cuarto; a lo mejor hablo con alguien por teléfono o me pongo a leer el correo comercial, como las revistas o algo que me permita decirme a mí mismo que estoy ocupado cuando en realidad sólo estoy haciendo el ganso. Parece que necesito hacer cosas que tengan muy poco o nada que ver con mi objetivo. Me engaño a mí mismo. [] Tengo una tendencia a perderme en los detalles, soy un obsesivo compulsivo. Cuando empiezo a leer, digo la palabra , y entonces leo la primera palabra de la frase. Por ejemplo, si es , digo . Lo hago varias veces antes de leer la frase. O bien hago otras cosas por el estilo. Eso sólo es un ejemplo. [] Me siento mal si no me ocupo de los detalles de estas cuestiones secundarias. Si me envían algo por correo, siento que tengo que leerlo, aunque sepa que es una pérdida de tiempo.


Si escribir o cualquier otra actividad no fuera importante para él, lo más probable es que no hubiese tenido ningún problema con sus rituales.


Terapeuta: Dice que ha sido así desde hace un tiempo. ¿Qué ha hecho para intentar cambiar la situación? Sobre todo nos interesa saber lo que no ha funcionado.
Kirk: Hice varias cosas con la esperanza de que me ayudaran. [] Probé la hipnosis, [] también intenté cosas como hacerme calendarios y listas de actividades cotidianas y eso funcionó un poco. Creo que lo que no funcionó fue porque en realidad no lo llevé a cabo. Lo de fijar plazos y seguir los calendarios no lo intenté en serio a pesar de que empezó a funcionar un poco.


Cuando un paciente dice que algo empezó a funcionar o funcionó parcialmente pero que no siguió practicándolo, es fácil deducir que es que no se ha esforzado. También se puede pensar que el paciente en realidad no quiere resolver el problema en cuestión: que hay una especie de agenda oculta o que el problema tiene una función necesaria para el individuo o la familia.


Kirk: Me siento como si una parte de mí no quisiera hacerlo. Hay una parte que quiere y otra que parece resistirse. [] Creo que lo que me ayuda un poco, a veces, es pensar que me voy a morir y que tengo un tiempo limitado. Eso parece ponerme en marcha. [] Cuando me siento obligado, trabajo.
Terapeuta: Parece que si no se pone a investigar y escribir es por una combinación de al menos dos factores: por las cosas que se siente obligado a hacer, como leer el correo comercial, y luego por las otras que disfruta y que prefiere a investigar.

El terapeuta disponía de suficiente información sobre la solución intentada; básicamente consistía en la orden <<¡Tengo que ponerme a trabajar!>>. Aunque Kirk la expresaba de muchas maneras diferentes, eran todas variantes del mismo tema: se marcaba plazos, se hacía calendarios y listas de tareas [] y se prometía que <>.
Teniendo esto en cuenta, el terapeuta enmarcó las actividades del paciente como un conflicto entre emplear el tiempo en cosas que prefería hacer en contraste con las que tenía que hacer. En problemas como el de Kirk, por muy necesaria que sea la tarea, a menudo también es aburrida, laboriosa y poco atractiva, de un modo parecido a otras tareas más comunes como pagar facturas, contestar cartas, hacer los deberes y limpiar la casa. Según nuestra experiencia, suele ser este aspecto poco atractivo de las tareas lo que las convierte en una barrera para mucha gente.
La manera en que Kirk intentó solucionar el problema es bastante común. El paciente intenta vencer la barrera forzándose a sí mismo y al mismo tiempo <> para abordar su trabajo, intentando conseguir que le apetezca hacerlo.
Durante el resto de la terapia se aplicó la estrategia de sustituir la solución intentada de Kirk por la contención o el aparente bloqueo de sus esfuerzos para dedicarse a la investigación. []
El terapeuta sugirió que podía tener desventajas y que había que explorarlas antes de trazar un plan para abordar el problema. Tras la tercera sesión, cuando Kirk empezaba a mostrarse impaciente y deseoso de resolver el problema, el terapeuta le propuso llegar a un acuerdo. Kirk podría trabajar, pero sólo un poco. En concreto, el terapeuta le dijo que debía sentarse en el lugar donde solía trabajar, anotar la hora a la que se sentaba y, tras no más de una hora, debía levantarse y no volver a trabajar durante el resto del día. Además, debía hacerlo sólo dos veces a la semana.
En la siguiente sesión, Kirk dijo que estaba encontrando maneras de hacer trampas y de trabajar más de la cuenta. El terapeuta se mostró preocupado de que procediera demasiado deprisa y le dijo que era importante ir despacio. Kirk le preguntó si se podía ampliar el límite de tiempo de modo que pudiera trabajar diez o quince minutos más. El terapeuta se mantuvo firme y no le dio más de media hora y concertó la siguiente cita para al cabo de tres semanas. []
En la sesión de seguimiento tres meses después de la última, Kirk dijo que ya no le preocupaba tanto su productividad. Seguía dedicando media hora cada día a la investigación.
En la segunda sesión de seguimiento, un año después de la última, Kirk mantenía el cambio: escribía más y le habían publicado un artículo”


(De “Cambiando lo incambiable. La terapia breve en casos intimidantes”. Richard Fisch y Karin Schlanger. Herder)

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